Range Rover 3.6 TdV8 Vogue

17 Enero, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

La principal novedad del Range Rover TdV8 es precisamente el motor, que, respecto al V6 de 177 CV, sube la potencia hasta los 272 CV

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Hay todoterrenos, todoterrenos de lujo y una tercera categoría que roza el cielo, que es en la que milita el Range Rover TdV8 de nuestra prueba o el Mercedes GL. No sólo nos transporta a otro mundo, sino que habla por nosotros cuando callamos. Es un modelo de los que se definen con frases como «es otra historia».


Estéticamente, el Range Rover no ha recibido grandes cambios exteriores, tampoco los necesitaba; aunque sí los retoques justos para actualizarlo y hacerle ganar en atractivo de cara al cliente. Así, en la edición 2007 cambia la rejilla frontal y la toma de aire inferior; en el lateral, las branquias y la luz de la intermitencia, que ahora es blanca; y en la zaga, el cambio más importante se centra en la incorporación de nuevas ópticas. En el interior, la parte superior del salpicadero –que estrena sistema de climatización y ventilación– es nueva, para así cumplir con las últimas normas de seguridad. Asimismo se ha optimizado el espacio para los objetos, al tiempo que se han cambiado las molduras de las puertas y los instrumentos disponen de nuevos gráficos.


En materia de seguridad, los airbags laterales pasan de las puertas a los asientos y se dota al Range de airbag de rodilla. La consola central –de líneas más limpias– acoge el freno de aparcamiento electrónico y la ruleta del Terrain Response, que permite seleccionar entre cinco programas: conducción general; hierba, gravilla o nieva; arena; barro o surcos; y avance lento sobre rocas. Junto a ella encontramos el botón para pasar de marchas largas a cortas y viceversa, y el de la suspensión neumática electrónica, que nos permite variar la altura.


Pero la principal novedad del Range Rover TdV8 es precisamente el motor, que, respecto al V6 de 177 CV, sube la potencia hasta los 272 CV (un 54%) y el par máximo hasta los 65,3 mkg (un 64%), además de ser mucho más silencioso. Inyección directa por raíl común, dos turbos de geometría variable –uno por bancada– e intercooler constituyen la base de esta joya mecánica, que utiliza inyectores piezoeléctricos capaces de suministrar 1.700 bares de presión, un 30% más que la anterior generación, lo que mejora la combustión, reduce las emisiones y el ruido y proporciona una respuesta inmediata al acelerador. Otra importante novedad frente al TdV6 la encontramos en el cambio, que en el TdV8 es automático-secuencial CommandShift de seis relaciones, frente a las cinco marchas del anterior.


Una combinación que permite al Range acelerar de 0 a 100 km/h en 8,7 segundos, recorrer el kilómetros desde 40 km/h en D en 28 segundos y recuperar de 80 a 120 km/h en D en sólo 6,2 segundos, según los datos facilitados por nuestro Correvit. Unas mediciones que, junto a los 200 km/h que alcanza de velocidad máxima (autolimitada), no están nada mal, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de un todoterreno que pesa la friolera de 2.710 kilos. Óptimo también es su comportamiento, que en autopistas y autovías nos traslada con la comodidad de una berlina de alta gama, aunque con la sensación de seguridad que ofrece el viajar mirando por «encima del hombro ».


Además, como la suspensión se regula automáticamente en función de la velocidad, los balanceos de la carrocería no atontan a los pasajeros, que agradecerán el silencio y confort de marcha y el lujoso y amplio habitáculo, en el que disfrutarán de su completo equipamiento de serie. Y si en carretera se muestra como una gran berlina, en el campo es el rey gracias al Terrain Response, que configura –en virtud del programa elegido– los sistemas de tracción y control del vehículo, incluidos la altura de marcha, el par motor, el control de descenso de pendientes y el control electrónico de tracción y transmisión. De serie, además, equipa diferencial central electrónico, mientras que el diferencial trasero –también electrónico– es opcional. Ambos mejoran su agilidad fuera de la carretera.


Capaz de ascender por «paredes» de hasta 45º, no hay trialera que se interponga al Range Rover, a no ser que sea tan angosta que impida su paso o que esté tan embarrada que el peso y las ruedas de asfalto le pasen factura. Impresiona cuando circula por pendientes laterales de hasta 35º. O cuando vadea por cauces de agua de hasta 500 mm de profundidad. Aunque si algo sorprende sobremanera es cuando el control de descenso de pendientes actúa sobre el ABS y el par motor y hace bajar las casi tres toneladas del Range con la lentitud de una tortuga y la seguridad de un acorazado. Equipado hasta la cejas, «tierno» con los pasajeros y camaleónico en cuanto a su utilización, el Range Rover TdV8 es otra historia. Su precio, también.

  • En marcha



  • Interior y maletero



  • Valor de compra



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