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Prueba del Mini Cabrio Cooper S

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25 de agosto, 2016

Mini ha renovado por completo la versión descapotable -Cabrio- de su icónico modelo. El Mini Cooper S mantiene la esencia, la deportividad y las 4 plazas, suma novedades que aumentan la practicidad pero "derrapa" en elementos técnicos que nos parecen poco oportunos en un coche de este precio. No te pierdas nuestra prueba, ¡te lo contamos todo!

El Mini Cabrio Cooper S reúne, por una parte, la exclusividad y el glamour de la marca; por otra, suma la deportividad intrínseca del modelo junto con el extra que le proporciona el apellido “Cooper S” y sus 192 CV y características deportivas; y, por último, añade mejoras en su capota. Al final, mantiene las 4 plazas –las traseras pequeñas, todo sea dicho- en una envoltura muy especial.

Hay pocos coches que reúnan el encanto y la distinción de un Mini. Además, y sin ser barato, lo hace si recurrir a unas tarifas prohibitivas. Si, además, le quitamos el techo y lo hacemos descapotable, la exclusividad gana muchos enteros y, con 4 plazas, podemos contar con los dedos de una mano a los rivales… y nos sobran dedos.

En esta prueba hemos descubierto cosas muy interesantes. Por un lado, hemos visto que tiene detalles prácticos que nos harán la vida más fácil, también hemos encontrado defectos difícilmente subsanables; pero no es menos cierto que es un coche con carácter bajo su capó, que nos puede hacer quedar bien en un restaurante de lujo y en una carretera de montaña.

Con un precio de 31.250 € seguro que estáis pensando que es caro. Y no os falta razón, pero si echáis un vistazo a los precios del Volkswagen Beetle Cabrio de 220 CV, es decir, 28 CV más potente que el Mini, tal vez os lo penséis dos veces a la hora de elegir uno u otro.

Nuestra valoración: 7,5

Diseño 8

Motor 8

Comportamiento 9

Interior 7

Equipamiento 6

Consumos 7

Destacable

  • Practicidad del maletero
  • Prestaciones/Deportividad
  • Calidad de acabado

Mejorable

  • Crujidos estructurales
  • Plazas traseras
  • Modos de conducción opcionales

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: De lo mejor del coche, y no hablamos de belleza.

En conjunto, el maletero ofrece mucha practicidad.

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Cambiar un icono automovilístico es, si nos permitís, más difícil que cambiar el fresco de la Capilla Sixtina. Sí, porque tú das “pinceladas al azar” a aquella maravilla y se dan cuenta el que lo ha hecho y tres amigos suyos muy estudiosos. Pero como, por ejemplo, se te ocurra cambiar el Porsche 911, el Fiat 500 o el protagonista de esta prueba… se va a dar cuenta hasta la señora del tercero que sólo baja a la calle a comprar verdura. Y, claro, va a opinar –y, posiblemente, a criticar- todo el mundo. Así que, conscientes de ello, los diseñadores hacen aquello tan conocido en tierras de nuestro compañero Rubén Fidalgo: “más vale no meneallo”.

El Mini Cabrio ya va por su tercera generación y, de la misma manera que la versión cerrada, ha evolucionado adaptando su imagen a la modernidad, usando materiales y tecnologías del momento, pero manteniendo su imagen de clásico atemporal.

Pero eso no importa, tiene que seguir pareciendo un Mini. Y eso que este coche es completamente nuevo. Por ejemplo, las dimensiones exteriores del nuevo Mini Cabrio han variado en comparación con el modelo anterior. Concretamente, es 98 milímetros más largo, lo que significa que ahora mide 3.821 milímetros. Aunque, concretamente, los Mini Cooper S Cabrio y SD Cabrio son 3.850 milímetros de longitud -y el Cabrio JCW, 3.874 mm-.

La versión Cooper S tiene diferente ando de vías que del resto de la gama.

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Del mismo modo,  es 44 milímetros más ancho, es decir, tiene una anchura de 1.727 milímetros; mientras que la altura es ahora de 1.415 milímetros, lo que corresponde a un aumento de 1 milímetro. La batalla –o distancia entre ejes- creció 28 milímetros y es ahora de 2.495 mm.

La anchura de vías es ahora 42 milímetros mayor en el eje delantero, y 34 milímetros mayor en el eje posterior, y, en ambos casos, son 1.501 milímetros. Pero, curiosamente, es menor en los Cooper S, SD y JCW Cabrio: 1.485 mm.

Este pequeño aumento en las dimensiones no sirve para ganar un gran espacio interior. Dicho de otra manera: si no cabíais en las plazas traseras del anterior Mini Cabrio, no vais a caber en las de éste.

Un poco más beneficiado ha salido el maletero y es, aproximadamente, un 25% mayor. En concreto, son 215 litros de capacidad con la capota puesta y 160 litros con ella quitada. Además, de serie, tiene asientos traseros abatibles por mitades, lo que nos da acceso al habitáculo desde el maletero y nos permite cargar objetos largos.

La capota es de material textil con luneta trasera de cristal calefactada. No es mala pero tampoco le vendría nada mal echar un vistazo a la del Volkswagen Beetle Cabrio.

La capota “reposa” sobre el maletero aunque parte de ella está dentro de él.

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Pero, en lo que queremos fijarnos es en el nuevo diseño de la capota, concretamente en la parte trasera. Aparentemente, es una capota de lona “normal y corriente” pero hemos de alabar el trabajo de ingenio y diseño que han llevado a cabo con ella. Por una parte, mantiene el modo de “techo corredizo” que ya conocimos en la anterior generación. Antes de descapotar completamente, nos permite correr -40 cm- la parte del techo que esta sobre las cabezas de los pasajeros delanteros. Y cuando la capota está puesta –y aquí viene la novedad- la parte trasera se puede levantar manualmente para meter objetos voluminosos. Llamado “Easy-Load” –del inglés, “carga fácil”-, es un ejemplo de diseño ingenioso porque levantamos la capota como si fuera una tapa, la sujetamos con dos piezas metálicas y podemos cargar los bultos más cómoda y fácilmente. Pero, y sentimos que haya un “pero”, las sujeciones no están bien integradas en el maletero, y sobresalen demasiado cuando no las usamos. Es, no obstante, un mal menor frente al beneficio que supone la buena idea.

Estas barras no son del todo necesarias y molestan en el interior del maletero.

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Por cierto, el motor eléctrico que acciona la capota es completamente nuevo. Ahora, y por primera vez, toda la cinemática del techo es completamente eléctrica. Tarda 18 segundos en quitar y/o poner la capota y se puede accionar incluso hasta a 30 km/h. No es mucha velocidad pero ayuda lo justo si nos pilla en medio de un semáforo.

Interior: Mejor las plazas delanteras que las traseras

La fabricación y materiales empleados en el salpicadero demuestran calidad.

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Como decíamos antes, el pequeño aumento en las dimensiones exteriores sólo significa, muy a nuestro pesar, un pequeño aumento en las dimensiones interiores. Suerte que el maletero ha crecido en tamaño. De esta manera, a poco que midamos más de 1,70 m de alto y vayamos en las plazas delanteras, las plazas traseras se van a quedar poco más que para niños o testimoniales. Un detalle interesante en el que hemos reparado es en que las plazas traseras tienen los asientos con mayor forma de plaza individual, lo que redunda en mejor sujeción lateral y en un aspecto más deportivo.

Las plazas delanteras siguen siendo tan buenas como siempre. Raro será que no encontremos la postura de conducción idónea, merced a los múltiples reglajes que permiten, de serie, los deportivos asientos de esta versión “Cooper S”. Si somos altos y nos gusta ir muy bajitos y estirados, podremos hacerlo; y si somos un poco más bajos y queremos ir más altos y cerca del volante, también podremos. Además, el volante se regula en altura y profundidad.

Tras el volante están el reloj de la velocidad junto con el de las revoluciones. Además, podemos optar al “Head-up Display”.

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Como viene siendo habitual, la información de los relojes está dividida, no ya en dos partes, sino en dos zonas. La mayor de ellas está en el centro del salpicadero y la menor, tras el volante. Lo curioso es que la mayor es menos importante que la pequeña. ¿Qué queremos decir? Vamos a explicarnos. En la consola central tenemos una gran pantalla que funciona como navegador, si lo hemos pagado aparte, y de otras funciones añadidas -ordenador de a bordo, radio, conexión bluetooth, etc- . Tras el volante, en un pequeño semicírculo tenemos las revoluciones, con aguja como toda la vida, y un pequeño cuadro digital -integrado- con la velocidad y el consumo medio, entre otros. Si en Mini nos permiten la sugerencia: mejor un buen reloj de revoluciones en el centro con información digital en una pantalla.

El resultado con la configuración actual es que apenas miramos la gran pantalla y siempre que queremos saber la velocidad, miramos al pequeño cuadro digital. Así no desviamos, o lo hacemos menos, la vista de la carretera. Para más “inri” la marca ofrece, opcionalmente y por 550€, una pantalla que hace las veces de “head-up display” y que nos proporciona información de, por ejemplo, las señales de tráfico y la navegación. Como no podía ser de otra modo, emerge justo detrás de las revoluciones y lo vemos la información proyectada a la altura de los ojos. De esta manera, os podéis imaginar que miramos a la pantalla del salpicadero “cuando arrancamos el coche y para ver lo bonita que es”.

El climatizador bizona es de serie. Bajo él, encontramos en el centro el botón de arranque.

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En lo que Mini sigue marcando buenos goles es en el acabado interior. No cabe duda de que es un BMW y, desde el mullido del salpicadero hasta el tacto del cuero, pasando por la solidez con que cierra hasta la tapa de la guantera, nos hacen saber que estamos sentado en un coche lujoso. No queremos adelantar acontecimientos pero no os perdáis nuestro apartado de “comportamiento” porque ese buen hacer va a quedar empañado.

Además, y como detalles prácticos, tanto en la parte delantera como en la trasera se encuentran portavasos y varios espacios para guardar objetos. Las bolsas laterales, que se hallan en los guarnecidos de las puertas, tienen un volumen de hasta 1,5 litros. Opcionalmente se puede adquirir un “kit de vanos portaobjetos”, que incluye redes en el maletero y una red en la zona de los pies del copiloto, así como un enchufe de 12 voltios en el maletero.

Motor: Un ejemplo de lo que hay que hacer

El motor, de gasolina con inyección directa, tiene 4 cilindros, 2 litros, turbo y entrega 192 CV de potencia máxima.

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Tomado de BMW, el motor que anima a esta versión “Cooper S” está fabricado en aluminio. Tiene 2 litros de cilindrada, 4 cilindros, 16 válvulas, distribución variable –en tiempo y altura-, turbo y rinde 192 CV. Veamos todo esto en detalle.

Tanto el bloque como la culata están fabricados en aleación de aluminio. Para las versiones menos potentes, Mini emplea motores de 3 cilindros pero, esta Cooper S, es de 4 cilindros.

Los 2 litros de cilindrada son , concretamente, 1.998 cc.  Los cilindros tienen 82 mm de diámetro y 94,6 mm de carrera por lo que estamos ante un motor de carrera larga, algo que favorece al par máximo.

Tiene 4 válvulas por cilindro, lo que suman las 16 válvulas nombradas y vamos a detenernos en su accionamiento por distribución variable, denominada Valvetronic, suma, además, doble Vanos. También desarrollada y patentada por BMW, cuenta con válvulas de admisión y de escape variables. Esto quiere decir que, electrónicamente y en función de las necesidades del motor, todas las válvulas pueden variar el tiempo y la cantidad de apertura. Es como si el motor “jugara” como si fuera el obturador de una cámara de fotos.

El motor permite elevadas prestaciones al Mini Cooper S Cabrio.

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El turbo, por parte, cuenta con la técnica “twin turbo” por la que monta dos entradas de aire para hacer que éste vaya más deprisa que si fuera por una sola toma de admisión.

Así rinde 192 CV entre 5.000 y 6.000 revoluciones por minuto. Es un rendimiento más que correcto, de casi 100 CV por litro. Lo único que no penséis en “estirarlo” más allá de las 6.200 o 6.300 revoluciones por minuto porque no encontraréis respuesta y llegaréis al corte de inyección. Mejor subir de marcha a las “6 mil y poco” y aprovechar el par.

La carrocería del Mini Cabrio mantiene la linea de cintura recta de sus antepasados.

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Queremos fijarnos, además, en este nombrado par máximo. Rinde 280 Nm de par desde sólo 1.250 rpm, y lo mantiene constante hasta las 4.600, esto nos da un empuje enorme y le permite ganar velocidad a poco que pisemos el acelerador. Además, podemos circular en marchas largas con respuesta y reduciendo los consumos. Como detalle adicional, el Mini Cooper S Cabrio cuenta con función de “sobre presión” por la que, cuando pisamos a fondo, consigue, de manera temporal, 20 Nm supletorios de par máximo –hasta llegar a 300 Nm-. Esto favorece, por ejemplo, la respuesta del motor para realizar adelantamientos por carretera.

Comportamiento: Para ciudad y montaña

Los modos de conducción, opcionales, pueden hacer que el coche se comporte en curva de manera diferente.

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No seremos nosotros los que nieguen el comportamiento deportivo de que hace gala Mini con sus coches; y menos con la versión Cooper S. Se trata de un coche con el que podemos correr mucho y, hasta cierto punto, con bastante confort. Lejos quedan las reacciones secas de los Mini de la primera generación –nos referimos a la de 2001-, el actual Mini es un coche mucho más confortable que, habiendo suavizado sus maneras, sigue siendo un coche incisivo a la entrada de la curva, con un tren trasero rápido y la dirección muy directa para hacer cambios de dirección con apenas un gesto de muñeca.

De este modo, y con casi 200 CV bajo el pedal derecho y un peso de 1.275 kilos –conductor aparte-, podemos devorar curvas en una carretera de montaña con el cielo por techo. La llegada por autopista a esta ansiada carretera puede que sea un poco más aburrida. No es un coche con el que “devorar kilómetros” con el confort por bandera y a poco que quitemos la vista de la carretera o dejemos de estar centrados en el volante –cosa que no debería pasar- veremos como pierde la trayectoria y tenemos que estar corrigiendo nuestro rumbo con el volante. Perjuicios de una dirección tan directa. Por su parte, ir sin capota no produce molestias ni malestar especial. El viento no molesta y podemos charlar en un tono de conversación normal.

El Mini Cooper S Cabrio alcanza 230 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 7,2 segundos.

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Pero, en cuanto lleguemos a las curvas de la carretera de montaña, dicha dirección nos servirá para hacer casi todos giros con total facilidad. Es directa y precisa y, a poco que seamos suaves, enlazaremos las curvas con facilidad. Además, contamos con diferencial con control electrónico lo que, apoyado en el control de tracción, ayuda al Mini Cabrio Cooper S a salir mejor de las curvas cuando aceleremos, paliando la pérdida de tracción.

Antes dijimos que el buen hacer interior estaba empañado por algo que os contaríamos en este apartado. No queremos haceros esperar más y nos apena comunicar que hemos notado muchos crujidos y grillos provenientes del chasis. Incluso rodando por autopista, en muchos baches se notaban estas torsiones de la carrocería. Al llegar a zonas bacheadas y de curvas de la carretera de montaña la situación, claro, no mejoró. Nos ha resultado sorprendente porque pensábamos que en coches de este precio, reputación y año de fabricación estos problemas estaban superados.

En control electrónico del diferencial ayuda al Mini Cooper S Cabrio a traicionar a la salida de las curvas.

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Hemos tenido una unidad asociada a la nueva caja de cambios manual de 6 marchas. Con menos ruidos y vibraciones que la anterior, es una verdadera maravilla por precisión y rapidez. Además, un sensor de detección de las marchas puestas permite adaptar automáticamente las revoluciones, igualándolas si vamos a reducir de marcha, para cambiar de marchas de manera especialmente deportiva, como si hiciéramos nosotros la maniobra del doble embrague.

La caja de cambios de 6 marchas funciona estupendamente. Nos gusta por su precisión en la inserción de marchas y su tacto deportivo.

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No estaría de más que Mini proporcionara un equipo de frenos opcional de mayores prestaciones que los que monta de serie la versión Cooper S. No son malos, no queremos decir eso, pero dadas las prestaciones del coche, no estaría de más unos mejores. Si sois seguidores de autocasion.com ya sabréis que nunca, o casi nunca, nos parecen bien los frenos de un coche. Sí que tienen, como muchos otros, función de compensación de “fading”, paliando el hundimiento del pedal del freno cuando hemos abusado de él, por ejemplo, bajando un puerto de montaña. Otra cosa que nos gusta es que tienen función de secado. Cuando circulamos con lluvia, el coche, automáticamente, hace mínimas e imperceptibles frenadas para secar los frenos y que, en caso necesario, estén en óptimas condiciones de uso.

Equipamiento: Versión alta de gama

Según consumos homologados, el Mini Cooper S Cabrio consume de media 6,1/100 km.

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El Mini Cooper S Cabrio es uno de los más altos de gama, solo superado por la versión John Cooper Works, que tiene 211 CV y un equipamiento deportivo y de confort específico. Por ejemplo, monta mejores frenos de serie.

Las plazas delanteras son aptas para ocupantes de cualquier tamaño.

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Centrándonos en la versión Cooper S, sí que hallamos un gran equipamiento de serie, con todo lo exigible a un coche actual de su precio. Podemos encontrar, además, climatizador bizona, faros de LED para luces de cruce y carretera y para pilotos traseros, bluetooth, volante multifunción y pantalla táctil de 6,5 pulgadas y asientos deportivos.

Si miramos al equipamiento opcional, podemos encontrar un enorme abanico de posibilidades. Por ejemplo, podemos encargar la capota con la bandera inglesa (con fondo negro y dibujo de Union Jack, por 650 €), los asientos de cuero por 1700 €, las llantas de hasta 18” por 1.300 euros, navegador por 850 €, pintura metalizada -500€- y numerosos paquetes de equipamiento.

Consumo: Se puede mejorar

Circular desacapotado a velocidades legales con el Mini Cooper S Cabrio no supone problemas para los ocupantes.

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Para la potencia del coche, los consumos del Mini Cooper S Cabrio son muy contenidos. En esto tiene mucho que ver que el motor es “pequeño”, con apenas 2 litros de cilindrada, y que la eficiencia y cifras que arroja son muy buenas. De esta manera, y teniendo en cuenta que los consumos homologados con imposibles de conseguir en una conducción real, el Mini Cooper S Cabrio homologa un consumo urbano de 6 l/100km; uno extraurbano de 4,5 l/100 km y uno medio de 5,1 litros cada 100 kilómetros. Echando un vistazo a su reducido número de rivales y centrándonos, de nuevo, el en Volkswagen Beetle Cabrio, vemos que la versión de gasolina, con 1,4 litros, turbo y 150 CV, homologa un consumo medio de 5,7 litros a los 100. Esto supone más de medio litro más de consumo medio que el Mini Cooper S Cabrio.

En un uso diario, el consumo medio es netamente superior, llegando a rozar los 7 litros a los 100 km. Y eso que tratamos de hacer una conducción eficiente. De esta manera, y con sólo 40 litros de capacidad de su depósito, nos tememos que la autonomía no será superior a los 600 kilómetros.

Rivales

Vehículo

Mini Mini Cabrio Cooper S

Abarth Abarth 595C 1.4T-Jet Competizione 132kW

Volkswagen Beetle Cabrio 2.0 TSI R-Line DSG 162kW

Mazda MX-5 2.0 Style+ Soft Top

Precio Desde
32.250 €
Desde
30.399 €
Desde
36.845 €
Desde
27.800 €
Combustible Gasolina Gasolina Gasolina Gasolina
Cambio 6 marchas 5 marchas 6 marchas 6 marchas
Potencia (CV) 192 180 220 160
Aceleración 0-100 km/h (s) 7,2 6,7 6,9 7,3
Consumo Medio (l/100 km) 6,0 6,0 6,9 6,9
Emisiones CO2 (g/km) 139 159 160 161

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