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VÍDEO| Prueba del Mercedes-Benz GLB 200: el enemigo en casa

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10 de diciembre, 2020

Mercedes-Benz amplía su cartera de SUV con su opción más modular: el GLB que se sitúa a escasos centímetro del GLC pero empleando la plataforma del GLA. Nosotros hemos probado la versión de gasolina intermedia, el GLB 200. Así va.

Quien todavía no entienda la importancia que tienen los SUV en el mercado, basta con ver la oferta disponible actualmente en Mercedes-Benz. La firma de la estrella ha sido, tradicionalmente, una marca enfocada a las berlinas. Piensas en ella y a la mente te vienen modelos como las Clases C, E, S, CLS, etc. Sin embargo, su transformación hacia los todocaminos ha sido tal que hoy en día propone nada menos que ocho alternativas.

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La última en llegar, el GLB que protagoniza esta prueba a quien podríamos considerar como un Frankenstein dentro de la marca… pero en el buen sentido. ¿Por qué digo esto? Porque como contaremos más adelante no solo ofrece un diseño similar al del extinto GLK con reminiscencias incluso del Clase G, el todoterreno por excelencia de la marca, sino que está desarrollado sobre la misma plataforma que el GLA o el Clase A pero con un componente mucho más modular.

De hecho, el GLB es el primer todocamino compacto de Mercedes-Benz que puede albergar en su interior un total de siete ocupantes demostrando, una vez más, por qué los monovolúmenes han ido perdiendo recorrido en favor de esta silueta. Ahora bien, en este caso la firma de la estrella no puede colgarse la medalla de ‘creadora’ de este segmento, el de los SUV de siete plazas de corte lujoso, pues dicho honor recae directamente sobre Land-Rover, quien hace ya casi un lustro se lanzó a dicha aventura con el Discovery Sport del cual presentó su segunda generación durante el año pasado.

Videoprueba del Mercedes GLB de 7 plazas

Nuestra valoración: 7,8

Diseño 8

Motor 7

Comportamiento 8

Interior 8

Equipamiento 7

Consumos 9

Destacable

  • Diseño con tintes de TT
  • Modularidad interna
  • Rodar de marcha confertable

Mejorable

  • Tercera fila justa y encima opcional
  • Comportamiento en vías reviradas
  • Precio de partida y con opciones

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Al estilo todoterreno

Sus formas son un cruce entre el GLK y el Clase G.

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Puede que muchos todocaminos hayan entrado en cierta sobriedad estética y aunque este GLB no sobresalga expresamente por ofrecer un diseño extravagante o diferenciador sí cuenta con elementos propios de todoterrenos de corte más puro. Hablamos por ejemplo de unos voladizos delantero y trasero cortos, de un parabrisas más vertical o pasos de rueda muy marcados.

De hecho, a poco que afinemos la vista veremos incluso que hay reminiscencias del Clase G, el todoterreno por excelencia de la firma alemana como puedan ser unos faros más cuadrados (con tecnología LED de serie y MultiBeam LED matricial en opción), e incluso a muchos puede que les recuerde al GLK de hace algunos años. Sea como fuere, lo cierto es que aunque este GLB se sitúa por nombre entre los GLA y GLC, la realidad nos dice que los 4,63 metros que tiene de largo le acercan peligrosamente al segundo, frente al que queda a tan solo 2,4 cm (mide 21 más que el GLA). Cota que completa con una anchura de 1,83 metros y una altura de 1,66 metros.

Interior: Modulable

La tercera fila de asientos es más apta para niños y, encima, es opcional.

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Como decíamos en la introducción, si los monovolúmenes han desaparecido de la faz de la tierra es por culpa de modelos como este GLB. Porque el todocamino compacto propone un habitáculo hasta para siete ocupantes con una segunda fila desplazable y un confort de marcha muy elevado.

Una de las principales virtudes de este GLB es que con una batalla 4,4 cm inferior a la del GLC haya conseguido colocar dos asientos supletorios. Y no os engañamos al emplear dicho término puesto que por forma y confort son mucho más aptos para niños o personas que no sobrepasen el 1,70 metros. El acceso no es incómodo pero no resulta natural y una vez sentados percibimos luces y sombras.

En cuanto a las virtudes: podemos colocar los pies bajo los respaldos y basta que desplacemos la segunda fila un par de centímetros (puede hacerlo hasta en 14 cm) para que nuestras propias rodillas no nos atosiguen. Además tenemos un puerto USB de tipo C para cargar nuestros dispositivos. En el lado negativo, la altura disponible con el techo, lo estrecho que resultan y, sobre todo, que tengamos que pagar la friolera de 1.037 € para adquirirlos. Porque aunque sea uno de sus puntos diferenciadores, no hay que olvidar que el GLB sigue siendo un modelo Premium.

Respecto al desplazamiento longitudinal de la segunda fila, los dos centímetros que hemos comentado no incidirán negativamente en el confort de sus ocupantes a nivel de espacio para las rodillas, pero serán determinantes para que esos dos pasajeros de la tercera fila viajen con más amplitud. Una segunda fila cómoda, amplia y modulable, con unos asientos exteriores anchos y la posibilidad de abatirlos en proporción 40:20:40. Solución esta que, unida a ese desplazamiento, nos permite jugar con la capacidad del maletero.

Zona que cubica 500 litros de inicio en las versiones de siete plazas (570 l en los GLB de cinco ocupantes) con unas formas regulares y una boca ancha que no se separa demasiado del suelo. Para acceder a él lo realizamos mediante un portón eléctrico con función manos libres (de serie) y ofrece un práctico hueco para depositar la bandeja cuando no la utilicemos, es decir, cuando vayan los siete asientos desplegados o cuando abatamos todos ellos. En ambos casos, el volumen resultante es de 130 y 1.680 litros (1.805 l en los de cinco plazas), respectivamente con un piso completamente plano.

De la zona delantera poco que añadir salvo la gran cantidad de huecos portaobjetos que propone, destacando el espacio delantero y la guantera del túnel central. Decimos esto porque el puesto de conducción es calcado al de los Clase A, Clase B o GLA antes citados con una doble pantalla digital unida por el mismo marco, el sistema multimedia MBUX con asistente personal o un uso excesivo del piano black que, eso sí, se entremezcla con algunas molduras de aluminio propias de los TT clásicos. La postura es muy regulable, los asientos delanteros son algo duros pero no incómodos y la visibilidad general es bastante notable.

Motor: Demasiado progresivo

El 1.33 Turbo de 163 CV tiene un buen comportamiento, pero peca de perezoso.

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De la extensa gama mecánica que le contempla y a la espera de que pueda llegar alguna que otra versión híbrida enchufable, para esta prueba del GLB hemos escogido el motor intermedio de gasolina: el GLB 200. Bajo el capó se esconde el ya conocido 1.33 Turbo de cuatro cilindros empleado por modelos de la Alianza Renault-Nissan-Daimler que genera 163 CV a 5.500 rpm y 250 Nm de par entre las 1.620 y las 4.500 vueltas.

Se trata de un bloque bastante progresivo que destaca por su finura de marcha (es casi imperceptible a velocidad de crucero y al ralentí) pero no tanto por su dinamismo. No en vano, cifra un 0 a 100 km de 9,1 segundos mientras que su velocidad punta es de 207 km/h. Datos que como ves no son para echar cohetes y que llaman más la atención si tenemos en cuenta que no ha de arrastrar un peso demasiado excesivo, pues marca 1.555 kilos frente a la báscula.

Se le asociad en exclusiva la transmisión automática de doble embrague y siete relaciones que envía la fuerza directamente a las ruedas delanteras. Si buscas la tracción total 4Matic tendrás ya que poner tus ojos sobre los dos motores de gasolina siguientes (uno de ellos firmado por AMG) o por la doble propuesta de gasóleo. En el lado negativo quizá también le saquemos que en los tiempos que corren actualmente, Mercedes-Benz no haya apostado por meter un sistema de microhibridación que le diera la etiqueta ECO.

Comportamiento: Mejor por el asfalto

Su dinámica de marcha está más enfocada al asfalto que fuera de él.

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Sobre el papel, este GLB debería reunir todas las virtudes de los Clase A, B y GLA con las aptitudes camperas de un Clase G. Una afirmación un tanto pretenciosa que puede llegar a ser cierta… en aquellas versiones que equipen la tracción total. Porque aunque el GLB está pensado para ser empleado como un coche familiar no tiene un mal comportamiento fuera del asfalto. Cuenta con una altura libre al suelo de 20 cm y aunque los ángulos de ataque, salida y ventral no son para aplaudir (18, 18,3 y 13,9 grados, respectivamente), sí es capaz de circular por paredes laterales con hasta 35 cm de inclinación. Muchos pensarán que eso lo pasa un TT con la gorra pero repito, es un SUV enfocado a la familia, y eso dice mucho a su favor.

Como también lo hace a la hora de rodar por autovía. El GLB se muestra tan Mercedes-Benz como el que más en este sentido. Es cómodo para viajar del punto A al punto B sin demasiadas florituras. Basta activar el programa Comfort del DYNAMIC SELECT (propone también los Eco, Sport e Individual), encender el control de velocidad de crucero adaptativo y dejarte llevar. En caso de afrontar una carretera secundaria o un tramo con más curvas, al GLB empieza a no gustarle tanto. No es que sea torpe pero si se le perciben más inercias de las que nos gustaría.

En este sentido, quienes discurran mayoritariamente por este tipo de vías quizá les convenga equipar la suspensión adaptativa regulable que sujete más la carrocería para evitar ese exceso de balanceos. Por suerte, los frenos actúan con contundencia y a no ser que seamos demasiado exigentes no tienden a fatigarse.

Equipamiento: Acorde a su marca

La línea AMG line le dota de mayor deportividad pero es bastante cara.

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Como buen coche Premium que es, este GLB dista mucho de lo que propone inicialmente a lo que en realidad tenemos en una unidad como la nuestra. Por los 43.125 € de los que parte esta versión GLB 200, tienes de serie asistente de frenada activo, capó activo, climatizador automático bizona, cámara de visión trasera, llantas de  selector de modos DYNAMIC SELECT, faros de LED, sistema MBUX con funciones ampliadas, sensores de lluvia y luces, radio digital, pantalla central táctil de 10,25 pulgadas cada una, control de velocidad de crucero con limitador, volante deportivo multifunción…

Ahora bien, si te ha gustado nuestra unidad y quieres optar por ella ve preparando un buen puñado de euros a para optar por algunos de los elementos que equipábamos y entre los que están la pintura designo rojo Patagonia (1.314 €), el paquete AMG Line (2.125 €) con paquete Night (207 €) que incluye llantas de 19 pulgadas o asientos de cuero ARTICO/microfibra en negro, paquete de asistencia al conductor (2.132 €), paquete Business con cuadro digital (1.276 €), el pack de aparcamiento con cámara de 360º (515 €), paquete de navegación y equipo de conectividad  (125 €), integración de Smartphone (377 €), iluminación de ambiente (408 €), asientos delanteros eléctricos con función memoria (477 €) hueco con carga inalámbrica para móviles (276 €), realidad aumentada para el navegador (490 €), faros MultiBeam LED (578 €), Head-up display (1.245 €), amortiguación regulable (1.370 €) o la comentada tercera fila de asientos.

Consumo: Casi cumple lo oficial

Es relativamente sencillo obtener las cifras de gasto oficiales.

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Dado que el empuje del motor no es excesivamente brioso, el conductor percibirá inmediatamente que lo más útil será adecuarse a sus características y priorizar el gasto de combustible. La marca homologa de media 7 l/100 km, un valor que para nada es complicado de logar siempre y cuando no seamos demasiado atrevidos con el pie derecho. De hecho, durante la prueba conseguimos medir 7,6 l/100 km en el cómputo global del trayecto, con valores cercanos a los 6,3 l/100 km cuando rodamos exclusivamente por carretera y por encima de los 10 al hacer una conducción más dinámica. Con todo, teniendo en cuenta los 52 litros de depósito de combustible y nuestro gasto, no es descabellado pensar en recorrer cerca de 690 litros entre repostajes.

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