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Prueba Ford Edge 2.0 TDCI 210 CV Sport 2016

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08 de agosto, 2017

Analizamos el Ford Edge en su acabado más dinámico. Un profundo examen en el que destaca su habitabilidad y equilibrio entre el precio y aquello que aparcamos en nuestro garaje.

Ford incorpora un SUV de gran formato y cinco plazas en lo más alto de su gama de todocaminos, el Ford Edge, un modelo de generosas dimensiones, equipamiento y precio a la altura. Ésta es la segunda generación del Ford Edge, aunque la primera que se produce a nivel global. Responde a la nueva filosofía de marca de Ford y se fabrica para todo el mundo de forma exclusiva en Canadá.

Después de la toma de contacto y del análisis de la versión de 180 CV y acabado Titanium, destripamos al más dinámico de la gama de este gran SUV, el Ford Edge 2.0 TDCI 210 CV y caja de cambios automática Powershift correspondiente al acabado Sport (éste ha sido sustituido por el ST-Line). El aspecto más destacable del Ford Edge es su capacidad de para realizar viajes en un entorno perfecto de confort gracias a un habitáculo bien aislado, amplio y, sobre todo, cómodo. Tras la prueba, el Ford Edge ha demostrado ser un excelente vehículo que deja entre sus sombras un consumo superior al de sus rivales y un nivel de potencia algo justo, más tratándose de la versión más potente de la gama.

Nuestra valoración: 6,8

Diseño 8

Motor 6

Comportamiento 7

Interior 7

Equipamiento 8

Consumos 5

Destacable

  • Confort de marcha
  • Imagen imponente
  • Plazas traseras

Mejorable

  • Consumos
  • Tamaño espacio de carga respecto al de la carrocería
  • Botones del salpicadero pequeños

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Robusto

El Ford Edge posee una firma lumínica única.

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El Ford Edge extiende su diseño, de origen claramente americano, a un modelo global. Sus proporciones compactas, las líneas rectas y marcadas, unidas a unos voladizos cortos, aportan una imagen de robustez destacable, aunque a algunos pueda parecerles un poco “mazacótico”. La unidad probada de color azul kona en combinación con la parrilla y marcos de las puertas en negro satinado, cromados en el resto de versiones, acentúa la imagen deportiva del modelo.

Esta imagen se completa con unas llantas de 20 pulgadas oscurecidas con cinco radios dobles de aspecto bastante liviano. Éstas calzan neumáticos de generosas dimensiones 255/45 R20.

Las puertas de gran formato nos permiten un acceso fácil al habitáculo, son pesadas y transmiten una buena sensación de construcción robusta. El portón que da acceso al área de carga es de grandes dimensiones, siempre equipa accionamiento eléctrico, aunque su ángulo de apertura podría ser más generoso, pues queda demasiado bajo para personas de altura por encima de la media. El botón destinado a activar la maniobra de cierre queda excesivamente alto para aquellas personas de menor estatura.

Los acabados y ajustes son correctos, pero el cambio de tono entre las superficies metálicas y las plásticas es apreciable a simple vista, además de que un pulido superficial no le vendría nada mal para eliminar la “piel de naranja” con la que sale de fábrica.

Interior: Amplitud

El Ford Edge posee una imagen con mayor “empaque” respecto al Kuga.

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Uno de los aspectos más destacables del Ford Edge es su capacidad para viajar con confort, y uno de los grandes responsables de esta buena capacidad es su habitáculo, espacioso y muy confortable. En el mercado, no existen muchos modelos con una segunda fila de asientos capaz de acoger a tres adultos con comodidad, en este sí existe esa posibilidad.

Los materiales son los que son y no pretenden parecer otra cosa y es verdad que la mayoría son plásticos, aunque de buena calidad. No engañan con molduras de “madera” o “fibra de carbono” siendo únicamente un trozo de plástico con una pintura bonita. El diseño es bueno y ergonómico hasta que vamos a utilizar las teclas del climatizador, por ejemplo, que son demasiado pequeñas aun con espacio suficiente para hacerlas de mayores dimensiones. Este problema se hace más evidente con la señalización del warning, que posee una tecla de activación sumamente pequeña que cuesta encontrar.

Los asientos del Ford Edge son muy confortables, con multitud de reglajes con los que se consigue la posición ideal de conducción con cierta rapidez. La segunda fila de asientos posee regulación lumbar, con el respaldo partido en dos mitades asimétricas, por lo que, si viajan tres personas, dos de ellas tendrán que estar de acuerdo a la hora de dormir.

Desde la posición de conducción del Edge tenemos mayor sensación de calidad cuando circulamos que cuando nos encontramos parados y vemos el interior. Los materiales plásticos no aportan la sensación de habitáculo cuidado, pero la calidad se muestra una vez comenzamos a circular: no hay ningún grillo, el ruido aerodinámico está bien aislado, el de rodadura también y la sensación que nos envuelve es la de estar en un gran coche.

El espacio de carga es suficiente, con formas regulares para poder aprovechar cada centímetro, el pero viene dado por los anclajes de la cortinilla cubrequipaje y los asientos de la segunda fila, porque, cuando los inclinamos y nos volvemos a incorporar, se abre un hueco entre los respaldos y el guarnecido del maletero por donde podrían colarse objetos de menor tamaño, como un paraguas.

Motor: Correcto

La imagen robusta del Ford Edge de acentúa con los detalles negros de la versión Sport.

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Se trata de un 2.0 litros turbodiésel, conocido hace tiempo y que ha sido puesto al día. Éste es un desarrollo conjunto entre el Grupo PSA y Ford, un cuatro cilindros con dos turbos de accionamiento secuencial. Esta solución permite tener dos turbos, uno de ellos de pequeño tamaño y baja inercia para reducir el lag y mejorar su comportamiento a bajo régimen, y otro de mayor tamaño que trabaja a regímenes elevados. A medio régimen trabajarían ambos con distintas cargas. Este motor cuenta con filtro antipartículas y sistema de inyección de Adblue.

Es un propulsor suave, con pocas vibraciones, que, en el Ford Edge, logra prestaciones mediocres. No es esperable que existan grandes aceleraciones, ni recuperaciones que impresionen; el Ford Edge pesa mucho, y se nota.

La caja de cambios de seis velocidades, accionable a través de unas levas (de tacto dudoso) tras el volante, siempre mantiene al propulsor en un régimen óptimo de giro para que no necesitemos llegar al kick down si queremos acelerar. Ésta es suave y las transiciones entre marchas son buenas. Algo que me ha gustado mucho es que no busca mantener constantemente el régimen de giro lo más bajo posible, sino que siempre vamos desahogados. Su mando, por otra parte, tiene un tacto algo tosco y plasticoso, además de que la situación de la posición “Sport” se encuentra a continuación de la “D”, siendo fácil confundirlas si no nos fijamos.

Nada tendremos que tocar en cuanto al sistema de tracción integral se refiere. Él solito se las apaña, y muy bien. Es un sistema bastante eficaz que logra transmitir la potencia al suelo sin pérdidas. Es de tipo Haldex con dos principios de funcionamiento, reactivo y predictivo. En condiciones ideales se comporta como un tracción delantera y, cuando es conveniente, envía par al eje trasero:

  • De forma reactiva, cuando detecta pérdidas de motricidad en el eje delantero.
  • De forma predictiva, cuando aceleramos desde parado, enganchamos un remolque, al detectar una gran inclinación o, y esta es muy interesante, cuando el limpiaparabrisas funciona a su máxima velocidad indicando que la vía está muy mojada.

Comportamiento: Noble y ágil

El Ford Edge posee una imagen más robusta que su hermano de gama el Kuga.

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Cierto es que nos encontramos ante un vehículo que siempre superará las dos toneladas de peso cuando comience a circular, y esto con la física no se lleva bien. Aun así, me ha parecido un coche bastante ágil para sus dimensiones y peso, con una tendencia subviradora bastante marcada, pero que puede llegar a sorprendernos con un ligero sobreviraje cuando cambiamos de trayectoria o si prolongamos la frenada al inicio de la curva. Los sistemas de asistencia electrónica nos permiten controlar el peso cuando llega a desmandarse.

Este buen comportamiento se logra con la plataforma sobre la que se construye, la misma que el Ford S-Max, aunque en este caso la mayor altura y el mencionado peso le restan capacidad. También las llantas de 20 pulgadas y el tarado de suspensión firme favorecen que este Edge sea un SUV de gran formato bastante dinámico y, dentro de su gama, el más ágil de todos.

También incorpora dirección de desmultiplicación variable que reduce el movimiento necesario para completar maniobras a baja velocidad, incrementándolo en función de la velocidad a la que viajemos, permitiendo mayor sensación de control en todo momento. Ésta es configurable en dureza con dos modos, deportivo o normal; ambos poseen peso suficiente para que el tacto sea agradable, en posición deportiva es menos asistida, a mí me ha gustado más esta posición.

En ciudad es confortable, filtra muy bien las irregularidades del terreno: guardias tumbados y badenes dejan de existir; y la dirección de desmultiplicación variable hace fácil girar en las esquinas. En autovías y autopistas, su pisada es noble y se sujeta bien en curvas rápidas, aunque es donde más se nota su tendencia subviradora.

A la hora de afrontar carreteras reviradas, con fuertes frenadas y cambios rápidos de dirección, el Edge refleja su capacidad. La plataforma trabaja bien, aunque se dejan sentir los kilos y las transferencias de masa se notan. A la hora de frenar, la mordiente es suficiente, pero, tras unos kilómetros, la fatiga hará aparición en forma de sobrecalentamiento. También debo decir que mucho más tarde de lo que me esperaba y de una forma progresiva y nada alarmante.

Mejor no sacarlo del asfalto, los grandes neumáticos con bajo perfil acompañados de las llantas de 20 pulgadas nos desaconsejan salir al campo. Aunque sus cotas son buenas, incluso mejores que las de algunos rivales, los neumáticos de carretera y la ausencia de cualquier asistente para la conducción off-road nos indican que no será buena idea ir más allá de una pista forestal en buen estado.

Lo mejor el Ford Edge, sin duda, es su confort. Niveles de rodadura sobresalientes, sin ruidos, con suficiente espacio para cada ocupante. El Ford Edge es uno de los SUV más confortables para viajar presente en el mercado.

Equipamiento: Completo y con posibilidades

Los faros LED adaptativos del Ford Edge poseen un tono azulado muy intenso en su iluminación.

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Cuatro son los niveles de acabado para el Edge, en caso del Sport ha sido sustituido por el ST-Line, aunque sin cambiar su posicionamiento en la gama. El Ford Edge ST-Line con motor de 210 CV y caja de cambios automática powershift parte de 51.311 €, alcanzando los 59.250 € en la unidad probada. Ésta incorporaba extras como el color Azul Kona, cuero perforado, techo panorámico, asientos climatizados o faros led adaptativos.

Es una suma elevada, para muchos muy elevada para tratarse de un Ford, pero el Edge llega a valerlos. Tendremos competidores con mayor tradición en el mercado premium o con mayor pedigrí, pero el Ford Edge es una propuesta equilibrada entre equipamiento y precio.

La unidad de pruebas equipaba el sistema multimedia SYNC2, sustituido por el SYNC3 a comienzos de año. A mí me ha parecido algo lento e incómodo de utilizar, aunque en su favor debo decir que es fácil emparejar el teléfono móvil y siempre permanece correctamente conectado.

El asistente de aparcamiento automático de Ford se sitúa en la cima de los sistemas electrónicos destinados a tal fin. Su funcionamiento es extremadamente eficaz y permite aparcar con márgenes muy pequeños en relación al tamaño del coche.

La unidad probada estaba equipada con la luces led adaptativas. Éstas nos permiten circular siempre con las luces de carretera activas y un dispositivo proyecta una sombra en la carretera para evitar deslumbrar al tráfico, ya sea que circule en nuestro sentido como en el contrario. Son eficaces y permiten que los viajes nocturnos mejoren su seguridad y nos fatiguemos menos. Uno de los opcionales más recomendables del modelo.

Consumo: Por encima de la media

La gran superficie frontal del Ford Edge no ayuda en los consumos.

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Cuando te presentas ante un vehículo de dos toneladas, una aerodinámica no muy pulida, grandes neumáticos y tracción total, no esperas que consuma poco. Pero sí es cierto que, frente a rivales equivalentes como un Touareg o incluso de mayor tamaño y peso, como un Range Rover Sport, consume entre un litro y 0,6 litros más.

Mientras que el consumo urbano homologado por la marca esta en los 6,5 l/100 km, la cifra de consumo real del Ford Edge con motor de 210 CV ha estado por encima de los 8 l/100 km. El peso en este caso ha jugado en contra del bisonte americano.

Para carretera el fabricante ha logrado homologar 5,5 l/100 km, mientras la cifra real obtenida durante la prueba ha sido de 6,8 l/100km en circulación normal por carreteras limitadas entre 70 y 100 km/h.

Cuando abordamos un viaje y ponemos el control de crucero a 120 km/h reales, la cifra de consumo se vuelve a disparar hasta los 7,8 litros de carburante necesario para recorrer 100 km.

El depósito de combustible del Ford Edge es generoso y nos deja 69 litros de capacidad con los que completar una autonomía entre 700 y 800 km entre repostajes.

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