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Prueba del renovado Toyota Land Cruiser Limited 2018

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28 de agosto, 2018

Tras haberlo catado brevemente en su presentación, llega el momento de someter a un profundo examen al renovado Toyota Land Cruiser 2018. ¿En qué ha mejorado? ¿Ha perdido cualidades 4x4? Vamos a verlo.

Todas las marcas tienen un modelo que las identifica en cuanto se nombran. Algunas lo mantienen en producción todavía, al menos su nombre, como es el caso de Porsche con el 911. En otras, en cambio, sólo es un recuerdo, como el Tiburón de Citroën. En el caso de Toyota, es muy probable que gran parte de su imagen de marca fiable como una roca esté cimentada sobre el coche que examinamos aquí: el Toyota Land Cruiser.

De él ya te contamos nuestras primeras impresiones en la presentación del Toyota Land Cruiser 2018, pero ahora toca someterlo a un examen profundo para ver si todas las mejoras son reales o no. Después de una semana de convivencia y casi 2.000 km de ensayos, podemos concluir que el nuevo Land Cruiser ha mejorado mucho en sus puntos débiles y lo ha logrado sin perjudicar aquello en lo que ya era de los mejores, lo cual no es fácil.

El Toyota Land Cruiser se está quedando solo

En un mercado en el que cada vez hay más SUV, paradójicamente, cada vez hay menos 4×4. Los principales rivales del Land Cruiser o se han perdido por el camino (como el Land Rover Defender) o se han aclimatado tanto a la ciudad que sacarlos de ella es un crimen. Sí, el Land Rover Discovery actual no se defiende mal en el campo, pero no es capaz de seguir al Land Cruiser y mucho menos hacerlo sin romper nada. Para ser eficaz en el campo, recurre a una suspensión neumática y a un complicadísimo sistema electrónico de tracción, ambos infinitamente más delicados que los formidables muelles con amortiguadores de doble efecto, estabilizadoras desconectables y robustos ejes de transmisión del Land Cruiser, que terminan siendo más eficaces en campo, a cambio de perder de vista la trasera del Discovery en carretera.

Los otros dos grandes rivales que podemos encontrar son el Jeep Wrangler y el Mitsubishi Montero. El primero trata de forma mucho más ruda a sus pasajeros sin resultar mucho más eficaz en campo que el Land Cruiser y el segundo no ha sabido actualizarse tan bien como el Land Cruiser. En defensa del de los diamantes conviene aclarar que la diferencia de precio entre el Toyota y el Montero es muy abultada, más que las diferencias en cuanto a cualidades de ambos vehículos.

Nuestra valoración: 7,0

Diseño 7

Motor 6

Comportamiento 7

Interior 8

Equipamiento 8

Consumos 6

Destacable

  • Verdadero 4x4
  • Aislamiento acústico
  • Asistentes a la conducción

Mejorable

  • Comportamiento en carretera
  • Consumos elevados
  • Precio elevado

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Cambia lo justo

Los cambios se centran en detalles como la parrilla, los faros y los paragolpes.

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En Toyota han hecho un buen trabajo para refrescar la imagen del Land Cruiser sin tener que hacer cambios muy profundos, aunque, si nos fijamos bien, prácticamente cada panel de su carrocería es nuevo. El capó delantero tiene ahora unas nervaduras más marcadas que le dan un aspecto más rotundo; la rejilla frontal es nueva, como el paragolpes y el faldón inferior y, además, los nuevos faros son más estilizados, pero también obligan a cambiar ligeramente las aletas delanteras.

En la parte trasera sucede más o menos lo mismo. Los nuevos pilotos implican cambios en la vista lateral de las aletas traseras, el portón (que sigue siendo de apertura lateral para un país en el que se conduce por la izquierda) ha variado sus relieves y la apertura independiente de la luneta y el paragolpes también cambia.

Podría decirse que el nuevo Land Cruiser sólo conserva del anterior las puertas, el techo y el parabrisas, todo lo demás ha cambiado más de lo que parece.

El resultado es bueno y logra darle un aspecto más moderno y a la vez robusto. A su lado te das cuenta de que estás frente a un aparato diseñado para abrirse paso donde sea y que no se va a romper. Todo tiene un aspecto rotundo y elementos como las faldillas antisalpicaduras tras los pasos de rueda son de goma flexible, que aguanta mejor de lo que podamos pensar rozarlas en zonas escarpadas.

Los nuevos faros proporcionan una buena iluminación y los antiniebla quedan bastante protegidos en la zona en la que van; eso sí, tendremos que limpiarlos bien cuando salimos al campo, porque tienden a acumular mucho barro y suciedad sobre ellos y dejarán de ser útiles.

La unidad probada equipa las llantas de aleación de 19 pulgadas calzadas con unos enormes neumáticos 265/55-19. Su diseño es atractivo y parecen robustas, pero no son la mejor opción para salir al monte con él. Algo parecido pasa con el estribo, poco útil para facilitar el acceso a esta mole y perfecto para quedar empanzado al reducir el ángulo ventral.

Interior: Clara mejoría

El interior ha ganado en refinamiento y confort.

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Tal vez sea aquí donde más diferencias notemos en esta nueva etapa del Land Cruiser. Ahora mima mucho más a sus pasajeros. Algunos detalles para lograrlo parecen un poco improvisados, como la moldura de madera que recorre el salpicadero, que se nota algo postiza.

Las cotas interiores y la postura de conducción apenas varían, pero la calidad de los mandos y de los asientos ha mejorado, la consola central está mejor integrada en el diseño del salpicadero, la instrumentación es más visible y completa y, por encima de todo, está infinitamente mejor aislado. Se acabó el oír cada ruido de la mecánica, el bufido de los tacos de las ruedas al rodar por asfalto, la pésima aerodinámica de unos retrovisores como pantallas de cine, etc. El nuevo Land Cruiser es muchísimo más silencioso y confortable que antes.

Es una lástima que no hayan aprovechado para mejorar el acceso a la tercera fila de asientos. El mecanismo que abate la fila central es poco práctico y deja más espacio cuando nos subimos al Land Cruiser por la puerta del lado derecho que por el izquierdo.

Para su tamaño (casi 4,9 metros de largo y 1,9 de ancho), el espacio interior no es para tirar cohetes. Cinco adultos pueden ir con bastante holgura, pero los pasajeros de las dos plazas de la tercera fila deberán ser gente menuda y con una espalda a prueba de bombas, si no quieren acabar en el quiropráctico después del viaje.

Con las tres filas desplegadas, el maletero es más o menos como el de un Aygo, pero, si abatimos todos los respaldos, casi podremos meter el Aygo dentro del Land Cruiser. En este sentido es un coche muy versátil y, aunque su portón trasero es muy incómodo para meter y sacar cosas del coche, hay cosas muy prácticas, como los asientos de la segunda fila corredera, que son como en los monovolúmenes familiares.

Motor: La roca de siempre

La desconexión de las barras estabilizadoras aumenta mucho el recorrido de suspensión.

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Mecánicamente, el Toyota Land Cruiser es una auténtica mula. Se han incorporado los inevitables sistemas necesarios para superar las nuevas normas anticontaminación (sistema de tratamiento de gases con AdBlue, DPF, etc), pero el motor es prácticamente el de un vehículo industrial, pensado para durar hasta el infinito más que para rendir prestaciones.

Con casi 3 litros de cilindrada, sus 4 pistones se mueven en unos cilindros grandes como pucheros y, en colaboración con su gigantesco turbo, rinde unos tranquilos 177 CV y 450 Nm de par que sobran para que llegue a los 175 km/h de velocidad punta, 50 km/h más de lo que la lógica pide para un coche con un centro de gravedad a la altura del techo de un GT86 y con el peso en orden de marcha de 3 Aygo.

Esta roca mecánica está unida a una caja de cambios de convertidor de par que es otra de las grandes novedades. Para reducir los consumos, cuenta con función de rueda libre y 6 relaciones de cambio que podremos seleccionar manualmente si lo deseamos. Su respuesta es remolona y no muy obediente, pero casa a la perfección con el planteamiento general del Land Cruiser.

El sistema de tracción total es integral, es decir, siempre tendremos las 4 ruedas trabajando, aunque su reparto varía en función de las necesidades. Si elegimos las marchas cortas con la reductora, el sistema anula el diferencial central y deja libres las barras estabilizadoras, lo que permite unos centímetros extra de recorridos de supensión. Es realmente complicado dejar una rueda en el aire en el Land Cruiser, que se adapta al suelo como los dedos de una salamandra.

Si te entretienes un rato en ver las tripas del Land Cruiser, te das cuenta de que es un coche pensado para soportar esfuerzos extraordinarios. Nada de brazos de aluminio en la suspensión, las rótulas son como las de un camión, las barras estabilizadoras, las vigas del chasis… es como si a los ingenieros les hubiesen quitado los límites presupuestarios para ajustar a la micra en sus simuladores de cálculo y les hubiesen dicho «tú mete más hierro por si acaso».

Aquí no hay nada de «Magic traction selector» ni zarandajas similares, programas específicos para tierra, nieve, hielo, hierba… chorradas. A casi todas partes llegas con su formidable altura libre, sus suspensiones, su par motor y su tracción total y, donde no llegas, conectas la reductora y sigues avanzando.

Además de la posibilidad de bloquear el diferencial central y el trasero (opcionalmente), contamos con una función denominada «2nd Start» que sirve para iniciar la marcha con mucha suavidad sobre superficies con muy poca adherencia, arrancando en segunda larga.

El Toyota te lo da todo siempre para que sigas adelante y basta con tener un poco de sentido común y algo de práctica para hacerlo. No promete milagros con modos de nombre excitante «gravel & tarmac» ni cosas de esas. Se supone que en este coche sabes lo que se hace y usas las herramientas que consideras para superar cada situación.

Ahora que me doy cuenta… sí que hay modos de uso: Eco, Normal y Sport. Se supone que actúan sobre la gestión de la caja de cambios para modificar su respuesta y reducir el consumo o mejorar la respuesta al acelerador.  Sinceramente, lo único que he notado es que en modo Eco el motor se pone a ralentí en cuanto levantas el pie del acelerador y vas a vela y en Sport mantiene un poco más las marchas, pero, vamos, cualquier parecido con lo que uno tiene en mente al leer Sport es un espejismo.

Comportamiento: Mucho más cómodo, pero sigue siendo todo un 4x4

La inclinación lateral que aguanta es considerable.

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El Toyota Land Cruiser es un especialista fuera del asfalto y eso le pasa factura al rodar sobre lo negro, pero es en lo que más ha mejorado esta nueva generación del mítico 4×4 japonés.

Sigue siendo muy torpe y no le gustan nada los cambios bruscos de trayectoria, pero la dirección es ahora mucho más directa (3 vueltas de volante entre topes en lugar de 4) y ya sólo con eso resulta mucho más agradable de conducir en carretera.

Lo que más notaremos es que la suspensión es menos rebotona y, sobre todo, que hace muchísimo menos ruido dentro que antes.

En ciudad tenemos una perspectiva casi de pájaro, sentados un metro más altos que el resto de los mortales y el cambio automático facilita mucho su uso, pero su tamaño es el que es y no es el coche ideal para callejear o maniobrar en un parking, por no hablar de que su anchura hará que no podamos abrir las puertas al aparcar en batería.

A la hora de circular por autovías, resulta un coche confortable para viajar, siempre que seamos conscientes de la mole que llevamos. Frena bien y va mucho mejor que antes, pero dar un volantazo para esquivar al típico zoquete que te adelanta para tomar la salida que está justo delante de tu parachoques es muy probable que acabe en catástrofe.

Con su altura y superficie lateral, su talón de Aquiles son los vientos laterales, que zarandean bastante al Land Cruiser, aunque pese casi 3 toneladas.

En carreteras secundarias nos pedirá un ritmo tranquilo. Los 177 CV no son muchos para proporcionar unas buenas aceleraciones a la hora de hacer adelantamientos, pero tampoco uno espera más de un coche como éste.

Los trazados sinuosos se atragantan un poco y, si no queremos ir zarandeando al pasaje como si fuésemos un corcho en medio de una tempestad, mejor ir al ritmo que el sentido común nos propone. No es que balancee mucho, pero vamos muy altos y se nota cada movimiento una barbaridad.

A la hora de probarlo en circuito, se nota que en Toyota saben las limitaciones de este coche y han hecho que el control de estabilidad no se la juegue. En cuanto las aceleraciones laterales son mínimamente preocupantes, el ESP se activa y nos dejará el coche casi parado por completo.

Aun así, la maniobra de esquiva a 80 km/h que ensayamos en el circuito te deja el corazón palpitando… Las inercias de esta mole son enormes y, por mucho que el ESP trate de contener el bandazo, el Land Cruiser juega en el filo.

El Discovery es mucho mejor en carretera que el Land Cruiser (que es mejor que el Wrangler y el Montero en asfalto), pero no saca tanta ventaja como la que luego recupera el japonés en cuanto salimos del asfalto.

Como 4×4, no hay rival para este coche, salvo que nos vayamos a productos claramente específicos para este tipo de conducción.

La posibilidad de desconectar las estabilizadoras hace que las suspensiones tengan un recorrido tan grande que sea muy difícil dejar alguna rueda en el aire. Esto garantiza una excelente motricidad y agarre. La reductora, la potencia del motor, la motricidad y la larga batalla permite que trepemos por pendientes de casi el 100%. El único límite está en su ángulo de salida: con un largo voladizo, es fácil apoyar el coche en el parachoques trasero cuando atacamos una rampa muy angosta.

A la hora de bajar esa misma rampa, la caja de cambios automática no es el mejor aliado aunque tengamos reductora. El Land Cruiser incorpora un sistema de control automático de la velocidad de descenso que actúa sobre los frenos. Es fácil de usar, pero resulta brusco con sus golpes de freno. Sigo prefiriendo ir sujeto por la compresión de los cilindros y una transmisión manual sin un convertidor de par patinando.

Básicamente, se podría decir que el Toyota Land Cruiser, si cabe, pasa.

Equipamiento: No falta de nada

La nueva coraza oculta el rádar del control de crucero adaptativo.

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El acabado Limited es el tope de gama y su equipamiento es muy extenso: pintura metalizada, tapicería de piel con asientos calefactados y ventilados, cámara de marcha atrás con sensores de aparcamiento, llantas de aleación de 19 pulgadas, climatizador independiente para las plazas traseras… No echaremos nada de menos en cuanto al cuidado a los pasajeros.

En materia de seguridad se han puesto mucho las pilas en un coche que básicamente tiene la estructura de un vehículo de hace varias décadas, con un chasis de vigas. Toyota ha sabido integrar elementos como el control de crucero adaptativo o la alerta de ángulo muerto…, pero asistentes como el que impide que nos salgamos del carril no están disponibles, entre otras cosas porque su dirección asistida sigue siendo hidráulica en vez de eléctrica.

El apartado del sistema multimedia del Land Cruiser también se ha actualizado y cuenta con una pantalla táctil de buenas dimensiones y bien integrada en el panel, que dispone de Android Auto, Apple Car Play, etc. También cuenta con navegador, pero su funcionamiento es un poco desquiciante por lo lento que es su refresco. Muchas veces alerta de que estamos llegando a un cruce cuando ya es demasiado tarde para tomarlo.

Con un precio de partida de más de 70.000 euros, es un coche caro y puede que a algunos clientes les decepcione su diseño algo tosco y la falta de ciertos sibaritismos, pero aquí lo que se paga es una mecánica robusta, unas soluciones fiables y duraderas y una herramienta para abrirse camino donde otros piden auxilio, y esas cosas son caras.

Consumo: El peso y la aerodinámica se pagan

Los consumos son normales para un coche de este peso y mala aerodinámica.

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Los consumos han mejorado, en gran parte gracias al mejor rendimiento de la nueva caja de cambios y a su modo de rueda libre, pero no nos engañemos: es una mole que tontea con las 3 toneladas y que corta el viento con la sutileza con la que una motosierra corta un queso de pata de mulo.

Aunque Toyota homologa un consumo urbano de 9,2 l/100 km, la realidad es que es difícil bajarlo de los 11 l/100 km en uso real.

En carretera, el valor oficial es de 6,3 l/100 km, un valor que sólo veremos con viento a favor y sin nadie más en la carretera. En cuanto nos movemos en la vida real y tenemos que hacer algún adelantamiento, lo normal es ver consumos medios de 7 l/100 km con cruceros entre 70 y 100 km/h.

En autopista a 120 km/h el consumo sube hasta los 8,8 l/100 km, un valor elevado, pero más bajo que el que pude medir en un Renault Koleos con cambio automático CVT, por ejemplo.

Con estos valores y una piscina de 87 litros de gasóleo, la autonomía del Land Cruiser supera los 750 km con relativa facilidad.

Rivales: del Toyota Land Cruiser D-4D Limited 2018

Vehículo

Toyota Land Cruiser D-4D Limited Aut.

Land-rover Discovery 2.0TD4 HSE Luxury Aut.

Jeep Wrangler 2.8CRD JK Edition Aut.

Mitsubishi Montero 3.2DI-D Kaiteki 5AT 190

Precio Desde
75.000 €
Desde
77.500 €
Desde
50.550 €
Desde
52.000 €
Combustible Diésel Diésel Diésel Diésel
Cambio 6 marchas 8 marchas 5 marchas 5 marchas
Potencia (CV) 177 180 200 190
Aceleración 0-100 km/h (s) 12,7 10,5 10,7 11,1
Consumo Medio (l/100 km) 7,8 6,2 9,0 9,3
Emisiones CO2 (g/km) 207 163 237 245

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