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Prueba del Renault Mégane Blue dCi 115 CV Zen: la opción sensata

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16 de febrero, 2021

Si bien el diésel cada vez tiene menos peso en modelos compactos como el Renault Mégane, nosotros decidimos comprobar si el Mégane Blue dCi 115 CV es una opción de compra razonable.

Antes de que terminara el año, analizamos en profundidad el Renault Mégane 1.3 TCe 140 CV 2020 para conocer si era mejor que el Seat León 1.5 TSI de 150 CV. Y la conclusión a la que llegamos fue que la actualización del compacto galo puede plantarle cara al español sin miedo a achantarse. No en vano, hay que recordar que hablar del Mégane es hacerlo de uno de los vehículos más importantes de la historia reciente de nuestro país. Fabricado en Palencia, fue uno de los grandes causantes de la revolución compacta generalista cuando apareció en 1996 y aunque en los últimos tiempos parece que se ha estancado en un continuismo estético y tecnológico, la realidad es que ha sabido aguantar el tirón y no perder excesiva comba frente a sus cada vez más fortalecidos contrincantes.

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Con todo, la prueba de hoy la centramos en la que es la versión de acceso a la gama. La misma que hace unos años correspondería con cualquier bloque aspirado de gasolina, de escasa potencia y con un acabado bastante justo pero que hoy en día está enfocada al diésel menos potente.

No vamos a ser nosotros quienes a estas alturas os descubramos que el gasóleo no pasa por su mejor momento en lo que a ventas se refiere. Tal es así que durante el pasado 2020, un año aciago en lo que a matriculaciones se refiere por culpa de la COVID-19, el segmento de los compactos matriculó 56.104 unidades de este combustible, es decir, 20.607 unidades menos que en todo el 2019 y 15.866 menos que los motores de gasolina.

Si a eso le sumamos el peso que está adquiriendo la electrificación o los combustibles alternativos, parece que las siglas Blue dCi en el caso de Renault pueden estar avocadas a la desaparición. Quizá por ello este Mégane Blue dCi 115 CV acapara toda nuestra atención para conocer si es rentable que siga existiendo y si merece la pena no solo ante sus competidores, sino incluso frente al TCe de 140 CV que ya analizamos.

Nuestra valoración: 8,7

Diseño 8

Motor 9

Comportamiento 9

Interior 8

Equipamiento 8

Consumos 10

Destacable

  • Diseño exterior
  • Tecnología interior
  • Consumo contenido

Mejorable

  • Espacio trasero
  • Sin levas tras el volante
  • Cuadro digital solo en acabado alto

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Gana atractivo

La zaga suma la tecnología LED.

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Para mantenerse vigente durante al menos un par de años más o hasta que Renault lance de manera definitiva el Mégane eVision, la actualización estética del Mégane es de libro. Se han revisado los puntos más importantes de sus 4,36 metros de largo para conseguir que sea más interesante cuando nuestros ojos posan la mirada sobre él.

Huelga decir que la unidad de estas líneas iba ataviada con el acabado ZEN aportando algún toque diferenciador en forma de cromados. Pero el resto se mantiene invariable al resto de la gama. Hablamos entre otros de una nueva calandra, grupos ópticos algo más estilizados pero con la característica luz LED en forma de C. Tecnología que está presente en unos grupos ópticos traseros que no cambian su forma, pero sí el dibujo interno de la propia luz. Llantas de nuevo cuño así como una paleta más amplia conforman este atuendo externo.

Interior: Una pantalla mejor integrada

El salpicadero ha ganado en calidad gracias a la digitalización.

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En el habitáculo, lo primero que llama la atención es tanto el cuadro de mandos digital como la mejor integración de la pantalla central multimedia. El primero hereda tanto el aspecto como el funcionamiento del estrenado en los Clio, Captur o ZOE. Disponible como opción únicamente para el acabado Zen, se puede configurar con varias vistas en función del programa de conducción y ofrece una buena calidad de imagen en sus 10,2 pulgadas de tamaño.

En cuanto a la pantalla central de 9,3 pulgadas, también es una opción del nivel más alto (de serie partimos con una de 7”) pero consigue mejorar la presencia visual mayor gracias a la supresión de los marcos externos. Ahora está integrada en el propio salpicadero y la calidad del propio monitor ha mejorado sobremanera respecto a su predecesor. De hecho ocurre como con el cuadro digital, es el mismo que montan los Clio y Captur. Por último, los mandos de la climatización también han mutado y derivan de los que se usan en sus hermanos pequeños.

Quizá lo más llamativo sean los asientos, que parecen haber ganado en mullido lo cual se traduce en un elevado confort de marcha y en una mejor sujeción en todas las situaciones. A ello se suma una sensación calidad mucho mayor, con plásticos blandos en general y molduras de buen tacto en las puertas. Por lo demás, en lo que respecta a la habitabilidad no hay cambios y este Mégane mantiene sus virtudes y defectos intactos, incluyendo un maletero de 386 litros de capacidad.

Motor: Suave y silencioso

El dCi de 115 CV es la única opción diésel que se oferta.

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Llega el gran protagonista de esta prueba. Quizá no descubramos tampoco nada de un bloque que lleva años proporcionando éxito a la firma del rombo. El bloque 1.5 Blue dCi con sello made in Spain es todo un veterano en estas lides. Optimizado lógicamente con el paso de los años para cumplir las diferentes normativas anticontaminación, en lo que a rendimiento se refiere cumple sobradamente.

Genera 115 CV de potencia cuando la aguja gira a 3.750 rpm aportando además un par máximo de 260 Nm desde las 2.000 vueltas. Su empuje es progresivo y es cuando rozamos las 2.000 rpm cuando empezamos a notar dicho empuje. Socio de lujo es la caja de cambios automática EDC de doble embrague y siete relaciones que si bien tiene un sobrecoste de 1.871 € frente a la manual de seis velocidades es indispensable para garantizar el confort de marcha. Además, ha mejorado sustancialmente su respuesta tanto a la hora de retener como en rapidez al aumentar de relación en el modo Sport.

Comportamiento: Equilibrado

Es un coche cómodo en cualquier circunstancia.

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Unido a la buena respuesta del motor diésel está la dinámica del Mégane. En esta actualización no hay cambios severos y el compacto galo mantiene su perfecto equilibrio de marcha. Prima el confort con una suspensión que filtra perfectamente las irregularidades y una dirección suave de buen tacto que por suerte ya no resulta tan blanda como en anteriores generaciones.

El chasis también se muestra ágil y es relativamente sencillo rodar con rapidez por un tramo revirado. Pese a la suavidad de su esquema de amortiguación no hay exceso de balanceos cuando aumentamos el ritmo. El programa Sport del My Sense incrementa ligeramente el nervio del coche y permite que la caja EDC estire un poco más el régimen de revoluciones. Es relativamente sencillo enlazar curvas sin perder un ápice de seguridad, mientras que los frenos cumplen con contundencia.

Únicamente en los virajes lentos en los que la caja de cambios se ve superada por la situación (se arreglaría de manera sencilla con unas levas tras el volante), el motor da muestras de vaguería, pero el comportamiento general es bastante aceptable.

Equipamiento: Compensa

El acabado Zen es el único que nos permite optar por determinados elementos.

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Hablar del acabado Zen es hacerlo del más alto de la gama con permiso de los nuevos R.S. Line. Como nivel más completo, su dotación es igualmente alta con la pertinente subida de precio frente al Intens (el intermedio). Sin embargo, más allá de los 1.974 € que pagamos de más, la realidad es que dicho nivel nos abre la puerta a optar por elementos ya vistos como la pantalla multimedia o el cuadro digital, entre otros muchos… aunque sea pagando aparte.

Si bien en comparación con el Intens si trae de serie los sensores de aparcamiento delanteros y traseros, los faros antiniebla LED, la alerta por cambio involuntario de carril, el asistente de luces de carretera, el freno de mano eléctrico, el parasol con espejo y luz, el retrovisor interior autocrómico, la antena de tiburón, la pantalla central de 7” con EASY-LINK, el Renault MultiSense, el volante de cuero, el detector de fatiga o el reconocimiento de señales de tráfico.

Consumo: Lo justo y necesario

La caja EDC consigue contener el gasto.

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Cuando uno echa un ojo al dato oficial del consumo medio, piensa que los 4,6 l/100 km son bastante irrealizables. Pero en marcha y a poco que sepa sacar rendimiento al sistema My Sense, verá cómo es posible cuanto menos acercarse a él. Cierto es que circulando sin preocupaciones, haciendo un uso mayoritario del modo Comfort el gasto medio rondo los 6 l/100 km.

Si ya empezamos a rodar con el programa Eco, somos conscientes del contexto y queremos aumentar nuestro ahorro, será sencillo ver valores de entre 5,1-5,4 l/100 km de media, haciendo especial hincapié en el consumo por autopista, de menos de 5 litros con facilidad. En entorno revirado y con el programa Sport así como en zona urbana no bajaremos en ningún momento de los 7 l/100 km.

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