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Prueba del Peugeot 3008 1.6 THP 165 CV GT Line 201761

Prueba del Peugeot 3008 1.6 THP 165 CV GT Line 2017

28 Febrero, 2017 por

Elegimos la mecánica de gasolina para esta prueba ahora que todo apunta a que los diésel pronto dejarán de ser la alternativa más recomendable. Así se comporta el Peugeot 3008 con el motor de 165 CV y cambio automático de 6 marchas en acabado GT Line.

Nuestra valoración: 6,8 Bastante bueno

Diseño 8

Notable

Motor 8

Notable

Comportamiento 6

Bueno

Interior 5

Correcto

Equipamiento 7

Bastante bueno

Consumos 7

Bastante bueno

Destacable

  • Diseño atractivo
  • Confort de viaje
  • Relación prestaciones/consumo

Mejorable

  • Consola central demasiado alta
  • Nula capacidad fuera del asfalto
  • Precio

Que la categoría SUV es la reina en este momento ya nadie lo duda y por ello Peugeot se ha dejado de medias tintas y ha acabado con la ambigüedad del anterior 3008, a medio camino entre un monovolumen y todocamino. El Peugeot 3008 de la prueba de hoy es claramente un SUV, al menos en lo que a estética se refiere.

La nueva estrategia de posicionamiento del 3008 es todo un acierto y las ventas de este modelo están disparadas hasta el punto de haber bastante lista de espera en algunos acabados, como en el del caso de este análisis del GT Line.

Lo cierto es que, si tenemos en cuenta el sobreprecio que hay que pagar por el GT Line frente al Allure, queda claro que se trata de una de las versiones “más rentables”. Sólo por el mayor confort de los asientos ergonómicos que puedes ver en la galería de fotos ya merece la pena pagar los euros de más que cuesta esta versión frente al Allure.

Si por fuera queda claro que es un SUV, si nos salimos del asfalto es más que evidente que este coche no está pensado para nada más extremo que una excursión de picnic. Pese a su sistema Grip Control -que modifica la respuesta del control de tracción en función del tipo de superficie que pisemos-, la capacidad de motricidad en cuanto dejamos de estar sobre el asfalto es mínima y su faldón delantero está muy expuesto a golpes, así que mejor no intentar salirse del buen camino.

i-Cockpit 2

El i-Cockpit evoluciona en el 3008.61
El i-Cockpit evoluciona en el 3008.

En  un mercado en el que todos los coches se parecen bastante entre sí (cada vez hay que cumplir más requisitos de aerodinámica, seguridad, plataformas unificadas…), las marcas buscan cómo diferenciarse unas de otras y en Peugeot han pensado que lo mejor es hacerlo en el interior, que, al fin y al cabo, es donde más tiempo pasamos en el coche.

Por ello han apostado por un puesto de conducción muy particular que denominan i-Cockpit que se caracteriza principalmente por:

  • Volante pequeño.
  • Instrumentación elevada que se ve por encima del aro del volante y no a través de éste.
  • Pocas teclas y comandos mediante pantalla táctil.

En esta nueva generación del 3008, han dado una vuelta de tuerca más y han afinado algunos aspectos. Para empezar, se han dado cuenta de que se “habían pasado quitando botones”. Ahora añaden algunas teclas que dan acceso directo a funciones como el climatizador, el navegador o la radio, en lugar de tener que navegar siempre dentro de la pantalla táctil. Estas teclas las han colocado en una consola central que funciona mejor para la vista que para la mano, es decir, es más bonita que práctica. Las teclas son todas iguales y hay que apartar la vista de la carretera para identificarlas (están muy abajo y alejadas del campo de visión del conductor) y el hueco que hay por delante de la palanca de cambios tiene un acceso incómodo. Cada vez que quieras coger algo de allí, pulsarás sin querer la tecla de desempañado del parabrisas, o la de la luneta o la del cierre centralizado… o te arañarás el dorso de la mano.

Lo que es el puesto de conducción en sí no varía tanto y mantiene esa posición del volante pequeño y cerca de las rodillas, pero añade una sorpresa que te cuento en el apartado de interior de esta prueba.

El diseño del 3008 ha cambiado radicalmente.61
El diseño del 3008 ha cambiado radicalmente.

Sobre gustos no hay nada escrito y reconozco que los míos son muy particulares, por lo que me cuesta mucho juzgar la apariencia de un coche. Sin embargo, en el caso de este Peugeot me parece que el salto adelante estético frente al anterior 3008 es evidente. La gente se queda mirándolo y en general gusta bastante.

La unidad de pruebas cuenta con el acabado GT Line, que incrementa ese atractivo con elementos como las llantas de aleación de 18 pulgadas, los faldones, las dos salidas de escape integradas en el paragolpes trasero (que hacen que parezca más bajo y ancho) y los distintivos de la versión. El resultado es muy positivo y el 3008 gana en apariencia con este nivel de acabado. El sobreprecio es considerable, pero, si tenemos en cuenta el mejor equipamiento y algunos detalles que veremos a continuación, puede que resulte el más “rentable”.

El frontal es algo “barroco”, con una parrilla de formas complejas y unos faros full LED que, además, proporcionan una luz excelente, entre los mejores LED que he tenido ocasión de probar. También su asistente de luz de carretera se ha mostrado eficaz a la hora de pasar de largas a cruce para no deslumbrar al tráfico contrario.

En la zaga, los protagonistas son “los zarpazos del león”, esas tres luces verticales que se han convertido en una seña de identidad de los modelos de la marca francesa y que se ven francamente bien.

Si el diseño es atractivo, la calidad constructiva tampoco está nada mal. Las piezas ajustan correctamente, las puertas están bien alineadas, la pintura no cambia de tonalidad en las superficies metálicas y en las plásticas… la verdad es que el 3008 causa una buena impresión.

La altura es ideal para que entrar y salir de él resulte cómodo, pero el faldón delantero está más pegado al suelo de lo que parece y deberemos tener cuidado al aparcar en batería y si salimos del asfalto, pues queda muy expuesto a golpes.

El portón trasero tiene apertura “manos libres”, pero lo cierto es que su funcionamiento es algo errático y muchas veces acabas por soltar las bolsas y abrirlo pulsando el botón como toda la vida, cansado de “pasar la patita por debajo de la puerta” sin que aquello se abra, como si los cabritillos pensasen que uno es el lobo.

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Rubén Fidalgo

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