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Prueba del Mitsubishi L200 automático: ideal para quien busque un 4×4 auténtico

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11 de septiembre, 2019

Ponemos a prueba la versión tope de gama del pick up de Mitsubishi. Con un equipamiento de serie muy generoso, unas capacidades 4x4 fuera de toda duda y un motor que ofrece un buen nivel de prestaciones, el Mitsubishi L200 automático con acabado Kaiketi es una buena opción para quien busque un todoterreno de verdad.

El Mitsubishi L200 de la prueba es, junto al Toyota Hilux y el Ford Ranger, uno de los pick up con más tradición en nuestro mercado, donde las ventas de este tipo de vehículos, al contrario de lo que sucede en países como Estados Unidos o Australia, han sido históricamente muy bajas. En los últimos tiempos, sin embargo, las ventas de pick up han experimentado cierto repunte en España, algo que se puede explicar por dos cosas fundamentalmente: el cambio de normativa de la DGT y el crecimiento del mercado SUV.

Aunque siguen estando considerados como vehículos industriales a efectos de fiscalidad e ITV, la DGT, siguiendo la directiva 2007/46/CE del Parlamento Europeo, cambio en 2017 la clasificación de las pick up, aplicándoles desde ese momento las  mismas  normas  de circulación que a los vehículos tipo turismo. De esta manera, las pick up pueden, entre otras cosas, circular a 120 km/h en autovía, hacer uso de carriles en sentido contrario al habitual o utilizar los carriles VAO.

Por otro lado, la proliferación de vehículos de tipo SUV ha hecho que los todoterrenos de verdad casi hayan desaparecido del mercado, reduciéndose la oferta, en la mayor parte de los casos, a modelos de un importe elevado, como es el caso del Mercedes Clase G, el Jeep Wrangler o el Toyota Land Cruiser. En este sentido, el reciente Suzuki Jimny y las pick up emergen como una opción muy razonable para quién busque un auténtico 4×4 a un precio más asequible.

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Para la prueba del Mitsubishi L200 hemos contado con la versión tope de gama, que monta un motor diésel de 181 CV asociado a un cambio automático. Además, esta configuración va ligada al sistema de tracción Super Select 4WD II que, más avanzado que el de la variante con motor 154 CV y cambio manual, cuenta con diferencial central, lo que nos permitirá circular por carretera con la tracción total conectada.

Equipamiento y precio del Mitsubishi L200 automático

Asimismo, el motor de 181 CV solo está disponible con el acabado Kaiketi, el más alto de la gama, por lo que el equipamiento de serie es muy generoso e incluye, entre otras cosas, faros bixenón, cámara de visión trasera, navegador, climatizador bizona, tapicería de cuero… Muy completo. El precio, sin descuentos, de esta versión se sitúa en torno a los 35.000 euros, una tarifa muy razonable si tenemos en cuenta el equipamiento y capacidades offroad.

Si quieres conocer más detalles, sigue leyendo la prueba del Mitsubishi L200 automático.

Nuestra valoración: 7,3

Diseño 7

Motor 8

Comportamiento 7

Interior 7

Equipamiento 8

Consumos 7

Destacable

  • Prestaciones y capacidades 4X4
  • Equipamiento y confort a bordo
  • Relación precio/producto

Mejorable

  • Ruido de la mecánica
  • Estribos laterales inútiles
  • Frenos de tambor traseros

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: tope de gama

El Mitsubishi L200 de doble cabina tiene una longitud de 5,2 metros.

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El Mitsubishi L200 de la prueba contaba con el acabado tope de gama Kaiketi, que incluye ciertos aditamentos estéticos que ayudan a dulcificar el aspecto del coche, alejando su imagen de la de un rudo vehículo de trabajo: carcasas de los retrovisores, manillas de las puertas y parrilla con acabado cromado, protector inferior delantero en color plata, llantas de aleación de 17 pulgadas, pasos de rueda ensanchados, lunas tintadas y paragolpes trasero con escalón incorporado.

Mención aparte merecen los estribos laterales. Aunque le sientan bien estéticamente, suponen más un incordio que una ayuda, ya que reducen la altura libre al suelo y, por tanto, el ángulo ventral, además de dificultar la colocación del gato en caso de pinchazo.

El acabado Kaiketi incluye también de serie, y en exclusiva, unos faros bixenón con luces led de circulación diurna que ofrecen una iluminación excelente de la carretera, por lo que resultan un equipamiento muy recomendable.

Para la prueba del Mitsubishi L200, hemos contado con la variante de doble cabina, que cuenta con cuatro puertas que permiten un cómodo acceso al interior, también a las tres amplias plazas traseras, algo que suele ser motivo de queja en los pick up.

Mitsubishi comercializa también una variante denominada “Club Cab” o de cabina simple. Se distingue de la anterior porque cuenta con dos puertas convencionales y otras dos de apertura suicida que dan acceso a unas plazas traseras más angostas y solo para dos pasajeros.

La otra gran diferencia entre una y otra versión la encontramos en el espacio destinado a la carga: la de doble cabina cuenta con una plataforma de 1,52 metros de longitud, mientras que en la versión de cabina simple esta asciende a 1,85 m.

La unidad de pruebas del pick up de Mitsubishi no contaba, aunque hay dos disponibles, con ningún mecanismo para cubrir la caja. Elegirlo o no dependerá de las necesidades del conductor, ya que el carenado que ofrece la marca mejora la aerodinámica, reduce el consumo y aumenta el atractivo exterior del vehículo, pero, por otro lado, limita notablemente las posibilidades de carga en cuanto a volumen. En el caso de la unidad de pruebas, solo he echado en falta un protector de goma para la caja que evite posible golpes y arañazos que faciliten la oxidación.

Respecto a las dimensiones, el Mitsubishi L200 de doble cabina mide  5,2 metros de largo, 1,81 m de ancho y 1,78 m de alto. En cuanto a las cotas todoterreno (ángulo de ataque de 31º, de salida de 24º y ventral de 26º), la mayor limitación la encontramos, como en todos los pick up, en el ángulo de salida, que se ve limitado por el largo voladizo trasero. La profundidad de vadeo es de 600 mm, lo que supone superar en 100 mm al Toyota Hilux, uno de sus principales rivales.

Interior: una grata sorpresa

Los asideros vienen muy bien para acceder al habitáculo, ya que este queda lejos del suelo.

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La sensación al abrir las puertas y sentarse en el asiento del conductor es buena, ya que el diseño y los acabados interiores del Mitsubishi L200 están más próximos a los de un turismo cualquiera que a los de un vehículo industrial. Los materiales empleados son en su totalidad plásticos duros, pero resultan agradables a la vista y al tacto y, muy importante, están bien ensamblados, ya que no se perciben grillos ni crujidos cuando transitamos por vías en mal estado.

La buena impresión que causa el interior del Mitsubishi L200 se debe, en buena medida, al acabado Kaiketi, ya que incluye, entre otras cosas, molduras decorativas en negro y cromo, así cómo elementos de equipamiento que contribuyen a aumentar el nivel de confort y calidad percibida: tapicería de piel, asientos delanteros eléctricos y calefactados, navegador con pantalla táctil de siete pulgadas, cámara de visión trasera…

La amplitud de las plazas delanteras es sobresaliente y tenemos a nuestra disposición varios huecos donde dejar los objetos que llevemos encima. La única pega es que ninguno de ellos cuenta con un forro que amortigüe los golpes.

La postura de conducción es muy similar a la de los todoterrenos, por lo que las piernas van más flexionadas que en un turismo. En cualquier caso, es cómoda y podemos ajustarla bien gracias a los reglajes del asiento y del volante, que puede variar su posición en altura y profundidad. Además, la disposición de los mandos es buena, ya que se encuentra todo con rapidez, permitiendo manejar todas las funciones de vehículo con comodidad y seguridad.

Las plazas traseras, en esta versión de doble cabina, cuentan con espacio más que suficiente para que dos adultos viajen con total comodidad, aunque no cuentan con salidas de aire ni tomas USB o de 12 voltios pero sí con un reposabrazos con dos portalatas. Los asientos, a pesar de que los respaldos están más verticales de lo habitual, son cómodos.

El panel de instrumentos cuenta con un diseño sencillo que se lee extraordinariamente bien. Está formado por dos grandes esferas (velocímetro y cuentarrevoluciones) y una pantalla digital que muestra los datos del ordenador de viaje y, de forma permanente, la temperatura del motor y el nivel de combustible. Además, un esquema luminoso en la parte superior nos indica el modo de tracción que tenemos seleccionado: trasera, total, total con el diferencial central bloqueado o reductora con tracción total y central bloqueado.

Motor: buenas prestaciones

El motor diésel del Mitsubshi L200 sorprende por su empuje.

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El Mitsubishi L200 está disponible con un único motor diésel turboalimentado de cuatro cilindros y 2,4 litros de cilindrada que se ofrece en dos niveles de potencia: 154 o 181 CV. Para la prueba, hemos escogido la variante más potente, que desarrolla 181 caballos a 3.500 rpm y entrega 430 Nm de par máximo a 2.500 rpm. Las prestaciones son excelentes, con un nivel de aceleración sorprendente. De hecho, la sensación es la de que estamos a los mandos de un vehículo más potente de lo que nos indica la ficha técnica. La única pega de esta mecánica es el ruido, que se cuela con claridad al interior.

Esta mecánica está asociada de forma exclusiva a una transmisión automática por convertidor de par de cinco relaciones. El cambio no es de última generación, pero cumple a la perfección con su cometido, realizando los cambios de marcha de forma suave y lo suficientemente rápido. Además, se puede manejar de forma manual  a través de la propia palanca o con unas levas de generoso tamaño situadas en la columna de la dirección (no giran solidarias con el volante) y que, por cierto, están fabricadas en metal, algo de lo que no pueden presumir muchos SUV de altos vuelos. Si decidimos manejar el cambio de forma manual, este se muestra totalmente obediente al mantener la marcha seleccionada aunque lleguemos al corte de inyección.

Asociado al motor más potente y el cambio automático, nos encontramos el sistema de tracción total conectable Super Select 4WD II, más avanzado que el Easy Select 4WD que equipan las versiones con el motor de 154 CV y cambio manual. La principal diferencia entre ambos sistemas es que el Super Select monta un diferencial central Torsen que nos permite circular con tracción a las cuatro ruedas en carretera (reparto 40/60), lo que supone un plus de seguridad cuando, por ejemplo, el asfalto está mojado y la conducción de los pick up se vuelve más delicada de lo deseable.

En sistemas de tracción más sencillos, como el Easy Select 4WD, la ausencia del diferencial central provoca que solo podamos usar el 4×4 fuera del asfalto y baja velocidad, dejando para la carretera la tracción trasera.

Cómo funcionan los distintos tipos de tracción total

Los distintos modos de funcionamiento se seleccionan a través del mando giratorio colocado en la consola y que permite elegir entre cuatro opciones: 2H (tracción trasera), 4H (tracción a las cuatro ruedas), 4HLc (tracción a las cuatro ruedas y bloqueo del diferencial central) y 4LLc (tracción a las cuatro ruedas, bloqueo del diferencial central y reductora). Con la reductora conectada, se desactiva el control de estabilidad y el ABS es menos sensible.

Para cambiar de tracción trasera a tracción total no hace falta parar y, según el manual del coche, puede hacerse hasta una velocidad de 100 km/h. En caso de querer conectar el diferencial central (4HLc), podemos hacerlo a una velocidad de hasta 40 km/h, mientras que para activar la reductora (4LLc) debemos detener el vehículo por completo.

Comportamiento: excelente 4x4

Los larguísimos recorridos de la suspensión son una de las grandes armas del L200 fuera del asfalto.

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El Mitsubishi L200 cuenta, como casi todos sus rivales, con un chasis de largueros y travesaños y una suspensión de tipo independiente en el eje delantero y de eje rígido con ballestas en el eje trasero. Esta configuración, unida al elevado centro de gravedad, condiciona para la bueno y para lo malo la respuesta dinámica del L200.

A la hora de circular por la ciudad, que no es su hábitat natural, el mayor problema reside en las generosas dimensiones de la carrocería, ya que dificultan que podamos movernos con agilidad o encontrar aparcamiento fácilmente. Dicho esto, el radio de giro es bueno, lo que nos permite maniobrar de manera más sencilla, y la cámara trasera, aunque la visibilidad es buena, resulta de gran ayuda a la hora de aparcar,  Además, el cambio automático siempre es un buen aliado para las continuas paradas y arranques en ciudad.

En carretera y autovía, el Mitsubishi L200 automático sorprende por el tremendo empuje de la mecánica, con una respuesta contundente que nos permitirá realizar adelantamientos con total seguridad. El nivel de confort, sin llegar al nivel de excelencia de costosos todoterrenos como el Toyota Land Cruiser o el Land Rover Discovery, es bueno y solo se ve perjudicado por el ruido de la mecánica y, también, por un eje trasero que, con la caja vacía, resulta un tanto rebotón.

En carreteras reviradas, salen a relucir las carencias del Mitsubishi L200, aunque, en realidad, no lo son tanto. El L200 es un coche tremendamente eficaz fuera del asfalto y, claro, esa especialización en conducción todoterreno pasa factura en carretera. El elevado centro de gravedad, la suspensión trasera por ballestas y eje rígido y las casi dos toneladas que pesa el vehículo provocan que, si avivamos el ritmo más allá de lo aconsejable, encontremos rápidamente las limitaciones. Tras enlazar dos curvas y comprobar el significativo balanceo de la carrocería y la deriva de los neumáticos, levantaremos el pie del acelerador, renunciaremos a circular con rapidez y nos dedicaremos a disfrutar del paisaje.

Fuera del asfalto, como ya hemos dicho, el Mitsubishi L200 se siente como pez en el agua. El sistema de tracción Super Select, los enormes recorridos de la suspensión y la elevada rigidez del chasis, que permite retorcerse al L200 sin problemas, hacen que los límites sean altos. En este sentido, la mayor limitación la encontraremos en el voladizo trasero y la distancia entre ejes. Si podemos evitar tocar con la panza o el parachoques trasero en el terreno, podremos salir de casi cualquier atolladero y, más aún, si cambiamos los neumáticos por unos de 4×4. Los más puristas echarán en falta un cambio manual. En ese caso, deberan renuciar al difercial central y los 181 CV de potencia.

Equipamiento: a falta de ADAS, excelente

Dadas las dimensiones del L200, la cámara de marcha atrás resulta muy útil.

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El Mitsubishi L200 estructura su oferta en base a tres acabados: M-PRO, Motion y Kaiketi. El primero de ellos está enfocado totalmente a un uso profesional, mientras que los dos siguientes ya cuentan con detalles exteriores y elementos de equipamiento más sofisticados y, hasta hace poco, inusuales en un pick up.

El equipamiento de serie del Mitsubishi L200 Kaiketi es muy generoso. Entre lo más destacado, podemos citar los siguientes elementos: acceso y arranque sin llave, climatizador bizona, tapicería de cuero, asientos calefactados y con reglajes eléctricos para el conductor, navegador integrado con pantalla de 7 pulgadas, cámara de marcha atrás, sensor de lluvia y luces, retrovisores abatibles eléctricamente, llantas de aleación y pintura metalizada.

La única pega que se le podría poner al Mitsubishi L200 en el apartado del equipamiento es la falta de ADAS (ayudas a la conducción), ya que solo contamos con avisador de cambio involuntario de carril. En cualquier caso, es un mal generalizado en la categoría.

Consumo: cifras acordes al peso y la aerodinámica

El Mitsubishi L200 pesa casi dos toneladas, lo que penaliza sus cifras de consumo.

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Los consumos homologados por el fabricante japonés son: 9,1 l/100 km en ciudad, 6,6 l/100 km en carretera y 7,5 l/100 km en ciclo mixto. Aunque algo optimistas, lo cierto es que las cifras de consumo real del Mitsubishi L200 automático nos han parecido correctas.

En ciudad, el Mitsubishi L200 automático consume alrededor de 10 litros, siendo el resbalamiento de caja automática de convertidor de par su mayor enemigo. En este sentido, es probable que la variante con cambio manual rebaje la cifra.

El consumo extraurbano, que medimos en un trayecto que alternó tramos de autovía y carretera secundaria, se quedó entorno a los 7,5-8 l/100 km.

Teniendo en cuenta el peso y aerodinámica, no nos parecen unas malas cifras. En cualquier caso, si se quiere rebajar el consumo en carretera, es conveniente acudir a alguno de los dos sistemas de cierre de la caja que ofrece Mitsubishi, ya que mejora mucho la aerodinámica.

El depósito de combustible tiene capacidad para 75 litros, lo que no otorga un buen nivel de autonomía.

Rivales: Rivales del Mitsubishi L200 automático

Vehículo

Mitsubishi L200 2.5DI-D Double Cab Kaiteki 5AT

Ford Ranger 2.0TDCI DCb.XLT Limited 4x4 Aut. 170

Toyota Hilux Cabina Doble VXL Aut.

Nissan Navara 2.3dCi DCb. Tekna Aut. 190

Precio Desde
40.350 €
Desde
39.200 €
Desde
38.266 €
Desde
45.951 €
Combustible Diesel Diesel Diesel Diesel
Cambio 5 marchas 10 marchas 6 marchas 7 marchas
Potencia (CV) 181 170 150 190
Aceleración 0-100 km/h (s) 14,0 11,8 13,2 11,2
Consumo Medio (l/100 km) 7,2 7,5 7,4 7,4
Emisiones CO2 (g/km) 189 197 195 194

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