Prueba del Mazda CX-5 2.2 Black Tech Edition diésel automático 2016

Prueba del Mazda CX-5 2.2 Black Tech Edition diésel automático 2016

6 febrero, 2017

Aquí tienes todo sobre el Mazda CX-5 Black Tech Edition, una versión que destaca por su diseño con acabados en negro y un equipamiento específico. Con el motor diésel 2.2 de 150 CV y la caja de cambios automática, destaca especialmente por su comodidad de uso en el día a día.

Nuestra valoración: 6,8 Bastante bueno

Diseño 7

Bastante bueno

Motor 7

Bastante bueno

Comportamiento 6

Bueno

Interior 7

Bastante bueno

Equipamiento 7

Bastante bueno

Consumos 7

Bastante bueno

Destacable

  • Diseño atractivo
  • Uso diario
  • Iluminación en carretera

Mejorable

  • Llantas demasiado grandes
  • Algunos ruidos interiores
  • Faros antiniebla inútiles

En esta ocasión, sometemos a examen a una versión con una interesante relación precio/equipamiento del SUV compacto de Mazda. Se trata de la edición Black Tech Edition del Mazda CX-5 presentada hace unos meses y que se distingue del resto de la gama por detalles de equipamiento como las llantas de 19 pulgadas, los faros full LED direccionales o los interesantes elementos de seguridad activa del sistema i-Activesense de Mazda.

Con un precio de partida de 33.520 euros de la unidad probada, su relación precio/equipamiento es buena, pero no podemos olvidar que milita en la categoría más reñida del mercado en este momento, con nuevos lanzamientos casi cada mes y con un rival tan afianzado en su posición de líder (el Nissan Qashqai) frente al que toda arma es poca para derrocar su trono.

Aunque ya hace casi 4 años que el Mazda CX-5 está en el mercado (con un ligero lavado de cara, eso sí), la verdad es que su diseño está aguantando muy bien el paso del tiempo y sigue resultando atractivo. Es uno de esos modelos que entran por los ojos a pesar de  la multitud de nuevos rivales que salen a su paso, como el nuevo Seat Ateca.

Skyactiv: Mazda tenía razón

La tecnología skyactiv está dando buenos frutos.
La tecnología skyactiv está dando buenos frutos.
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Pese a que el mercado español poco a poco va virando su rumbo y las ventas de versiones diésel se frenan mientras aceleran las de gasolina, en el segmento de los SUV siguen siendo más demandadas las mecánicas de gasóleo y las cajas de cambio automáticas cada vez ganan más terreno, por lo que hemos decidido elegir una unidad con el motor diésel de 150 CV y el cambio automático de 6 relaciones para este examen.

Mientras que la mayoría de sus principales rivales con 150 CV recurren a mecánicas más compactas, con cilindradas de entre 1,6 y 2 litros de cubicaje, este motor diésel de Mazda se va hasta los 2,2 litros. El motivo es el uso de la tecnología de Mazda Skyactiv. Sí, su motor es algo más grande, pesado y menos potente, pero gracias a ello se ahorra el tener que incorporar un caro (y susceptible de sufrir averías) sistema de depuración de gases con AdBlue para poder cumplir con las restrictivas leyes anticontaminantes. Además, es de las pocas que se ha librado de estar bajo sospecha en el caso dieselagate destapado por el escándalo Volkswagen.

 

Diseño Mazda CX-5 Black Tech Edition: negro sobre blanco

El color blanco perlado le sienta bien.
El color blanco perlado le sienta bien.
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Exteriormente no hay muchos detalles que diferencien al Black Tech Edition del resto de Mazda CX-5. Sólo las llantas opcionales de 19 pulgadas y con diseño denominado “corte de diamante” llaman la atención en esta versión de equipamiento especial.

La parte más llamativa del CX-5 es el frontal, con unos faros muy rasgados que le dan ese toque “oriental”. En el caso de esta versión, son de tecnología led en todos ellos, con buena luz en cruce y excelente en carretera, pero los antiniebla parecen una broma. Su tamaño es ridículo y su luz… también. Si encendemos las luces de posición y los antiniebla (algo que es legal y recomendable en condiciones de niebla muy densa), casi ni apreciaremos la luz de los antiniebla, que parecen casi dos luciérnagas. Sí, ya sé que los faros principales son led y tienen buena luz, pero es una luz muy blanca (que produce mucho autodeslumbramiento cuando conducimos con niebla o nevando) y, si consideran que ya llega con ellas, ¿para qué montar unos antinieblas que no sirven para nada?.

En la vista lateral y trasera, no hay cambios frente a otros hermanos de gama y la calidad de acabados y ajustes es buena y ha mejorado mucho tras el lavado de cara llevado a cabo a finales de 2014, cuando se aprovechó para rediseñar los retrovisores y el capó delantero para eliminar las vibraciones que tenían en las primeras unidades.

Interior Austeridad nipona

La postura de conducción es correcta.
La postura de conducción es correcta.
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Los interiores de Mazda siguen los patrones de la escuela alemana, con diseños austeros pero buenas calidades y unos ajustes correctos, aunque la unidad de pruebas tenía algo más de holgura de la deseable entre el panel que cubre el marco del parabrisas en el lado del conductor y el salpicadero, lo que producía algunos ruidos al pasar por zonas adoquinadas (puedes ver el detalle en una de las fotos de la galería). Sin embargo, se trata de un caso concreto de esta unidad, porque ya me he sentado varias veces a los mandos de un CX-5 y nunca me había pasado.

Una de las ventajas de las carrocerías elevadas de los SUV es que el acceso al interior es más cómodo y que sus techos altos hacen más fácil diseñar interiores espaciosos. El Mazda CX-5 ofrece un buen espacio a sus pasajeros, tanto en las plazas delanteras como en las traseras, que no podrán quejarse del hueco para sus piernas, aunque sí en la cota de anchura, pues tres adultos se sentirán como siameses en ellas.

El maletero tiene una buena capacidad y unas formas muy aprovechables. Una excelente idea es la de la cortinilla, que va anclada al portón y no hay que estar constantemente plegándola o extendiéndola cuando queremos dejar algo en el maletero. Si necesitamos más espacio, se pueden abatir los respaldos traseros con una simple palanca desde el propio maletero y queda un suelo completamente plano. Además, tenemos hueco donde dejar la cortinilla trasera cuando no la necesitemos usar en lugar de tener que dejarla en casa.

La instrumentación es clara de leer, pero se echa de menos un termómetro de refrigerante. Sólo hay dos testigos, uno azul para indicarnos que el motor está frío y otro rojo, pero lo normal es que, cuando el chivato rojo se encienda, ya no tengamos mucho margen para evitar una catástrofe. Mejor un termómetro, aunque lo cierto es que la mayoría de los conductores lo miran menos que el whatsapp mientras conducen… Así nos va.

Motor Tecnología Skyactiv

El motor diésel tiene poco par, pero sube muy bien de vueltas.
El motor diésel tiene poco par, pero sube muy bien de vueltas.
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El tiempo parece estar dando la razón al camino seguido por la marca y su tecnología Mazda Skyactiv. Su concepto es muy complejo y la tecnología empleada, más todavía; podríamos resumir diciendo que lo que han hecho es mejorar el rendimiento de lo que ya existe optimizando rozamientos internos, la dinámica de los gases dentro del motor, el diseño de las cámaras de combustión… y sacar unas potencias razonables con cilindradas razonables en lugar de exprimir los motores al máximo a base de presiones de sobrealimentación brutales.

El resultado es que la forma en la que funcionan los motores diésel de Mazda de baja compresión generan pocos NOx y sus emisiones no hacen imprescindibles costosos tratamientos de los gases de escape para que no nos envenenen.

El conductor lo que nota al usarlos es que su Mazda no tiene que repostar AdBlue como la mayoría de sus rivales y que su motor, pese a ser diésel y que sube de revoluciones con un tacto casi de motor de gasolina, respira bien por encima de 5.000 rpm (increíble en un diésel).

La caja de cambios automática de este Mazda también huye de complejidades técnicas y recurre a una probada y fiable transmisión con convertidor de par bloqueable en lugar de cambios robotizados o de doble embrague. La ventaja principal es su funcionamiento muy suave y la total ausencia de tirones en ciudad y maniobras.

En el lado negativo, su rendimiento es algo menor, porque hay pérdidas en el convertidor de par inherentes a cómo funcionan este tipo de “embragues”, lo que incrementa algo el consumo y ralentiza las reacciones del coche. Cuando pisamos el acelerador, primero hay un pequeño resbalamiento en el convertidor de par hasta que coge vueltas y se bloquea y se hacen completamente solidarios el motor y las ruedas. Entre esto y que el motor diésel de Mazda no es una bomba de par, las recuperaciones y los adelantamientos con el CX-5 se mueven en cifras más bien modestas, todavía más en la unidad de pruebas, lastrada con unos rodillos desproporcionados para su potencia, con 225 mm de ancho y 19 pulgadas de diámetro, un despropósito, aunque hay que reconocer que estéticamente le quedan perfectas.

Comportamiento Demasiadas pulgadas

Las suspensiones son demasiado blandas en el eje delantero y duras en el trasero.
Las suspensiones son demasiado blandas en el eje delantero y duras en el trasero.
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Por desgracia, los SUV tienen un enemigo (salvo los Subaru, que con el motor bóxer son capaces de mantener el centro de gravedad dentro de lo razonable) insalvable que es la altura de su centro de gravedad. Un centro de masas más alto hace que el coche tenga una mayor tendencia a balancear y, para evitarlo, hacen falta suspensiones más rígidas y barras estabilizadoras más gruesas… y esto hace que el coche sea más incómodo y crítico a la hora de conducirlo.

Para empeorar las cosas está otra moda: “llanta grande ande o no ande”. En el caso del Mazda CX-5 se combinan ambos argumentos en contra y los resuelve con cierta eficacia, pero no a la perfección.

La suspensión delantera es algo blanda para que no resulte demasiado incómodo, pero la trasera es muy seca a la hora de pasar por un badén o banda reductora de velocidad, algo que notarán claramente en los riñones los pasajeros traseros.

Como el coche va calzado con unos neumáticos muy anchos, las ruedas van muy atadas al suelo (siempre que el asfalto esté seco) y las suspensiones tienen que “sujetar” unas inercias considerables. El resultado es una carrocería que balancea mucho y con una clara tendencia a que el morro no entre en las curvas (subviraje). Aunque la dirección tiene un buen tacto y es suficientemente directa, la sensación en zona de curvas es la de ir en un coche algo torpe. Claramente no está pensado para este escenario.

En ciudad es un coche cómodo siempre que no tengamos que pasar por bandas reductoras de velocidad o pasos de cebra elevados, en los que el eje trasero rebota con brusquedad. A la hora de maniobrar, se agradece que su carrocería tenga unas dimensiones contenidas (es poco más largo que un Golf, por ejemplo) y la buena visibilidad al ir sentados algo elevados.

En autovía destaca el silencio de marcha y la nobleza de las reacciones, aunque deberemos estar atentos con viento lateral, porque sus efectos se notan claramente en la dirección. En curvas rápidas también echaremos de menos el ir sentados algunos centímetros más abajo y con menos balanceo.

Habiendo probado algunas unidades con las llantas de serie de 17 pulgadas, me ha gustado mucho más el comportamiento de éstas, mucho más homogéneo y equilibrado que el de esta unidad con las llantas de 19 pulgadas.

En el circuito de pruebas se reafirman estas reacciones sentidas en el viaje. En curvas enlazadas es muy torpe, porque los tiempos de espera son muy prolongados y ya le estamos pidiendo que entre en el siguiente giro cuando todavía no ha terminado de asentarse en el primero. Esto es especialmente acusado en la maniobra de esquiva, de la que sale airoso gracias al trabajo del control de estabilidad, de funcionamiento impecable.

La frenada de emergencia la realiza con seguridad, con distancias cortas, un buen aguante a la temperatura y una estabilidad total durante la frenada. Aunque las ruedas traseras vayan casi de puntillas, no se aprecia el menor zigzagueo por su parte.

En definitiva, este CX-5 tiene un comportamiento dinámico correcto que mejoraría con un mayor equilibrio entre neumáticos y suspensiones. Unas llantas de 19 pulgadas tendrían sentido con una suspensión dura y de recorridos más cortos. Al intentar mantener un nivel de confort razonable en un coche pensado para usar como vehículo familiar pero calzándolo con ruedas de superdeportivo, se desequilibra y su conducción es menos agradable.

Equipamiento Algunas lagunas

Los faros antiniebla no sirven para nada.
Los faros antiniebla no sirven para nada.
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El acabado Black Tech Edition toma como punto de partida el nivel de equipamiento Style+ y le añade los siguientes elementos:

  • Llantas de 19 pulgadas con neumáticos 225/55-19 y acabado en dos colores.
  • Faros Full LED direccionales.
  • Equipo de audio Bose con 9 altavoces y Bluetooth.
  • Sistema MZD Connect con pantalla táctil de 7 pulgadas (una medida que empieza a ser pequeña).
  • Navegador.
  • Cámara de visión trasera con sensores de aparcamiento.
  • Acceso inteligente sin llave.
  • Alerta de ángulo muerto.
  • Alerta de tráfico transversal trasero.

Todo esto y la pintura blanca metalizada tiene un precio de 33.520 euros, una cifra que no es un regalo, pero que no está nada mal para un coche diésel, con cambio automático, buena calidad y una imagen de marca con cierto poder de distinción.

El equipo de audio tiene una buena calidad de sonido y su manejo es muy sencillo e intuitivo a través de los mandos del sistema multimedia. Aunque su pantalla de 7 pulgadas es de buena calidad y suficientemente rápida de respuesta, la verdad es que en el mercado actual las pantallas están ya en las 9 pulgadas de tamaño.

Personalmente habría preferido contar con tapicería de cuero con asientos calefactados en lugar de las llantas de 19 pulgadas, pero son más vistosos los aditamentos externos que los interiores y entiendo que hayan preferido elegir unos neumáticos de 19 pulgadas para hacer más visible el nivel de equipamiento de esta versión especial.

 

Seguridad

Equipamiento de Serie

  • ABS
  • Faros antiniebla
  • Pack Style+
  • Faros Full LED: Luces delanteras y traseras con tecnologia LED
  • Airbags frontal, lateral y de cortina
  • Sistema de asistencia a la frenada en ciudad (SCBS)
  • Sensores de parking delanteros y traseros
  • Cámara de visión trasera
  • DSC w/ Tire pressure Monitoring System
  • Coming/Leaving Home Lights
  • Luces diurnas y antiebla LED (con detalles cromados)
  • Hill Hold-Asistente arranque cuesta

Confort

Equipamiento de Serie

  • Dirección asistida
  • Elevalunas eléctricos delanteros y traseros
  • Volante y pomo en cuero
  • Tapicería tela
  • Retrovisor interior fotosensible
  • Asientos traseros abatibles 40:20:40
  • Luces direccionables (AFLS)
  • Acceso sin llave (Keyless Entry)
  • Asientos traseros abatibles con ventilación plazas traseras
  • Apoyabrazos delantero
  • Control de velocidad de crucero
  • Esp
  • Llantas aleación 19´´
  • Sensores de lluvia y luces
  • Apoyabrazos central trasero
  • Climatizador automático bi-zona
  • Freno de Mano Electrico : EPB
  • Acceso inteligente sin llave (Smart Keyless)

Equipamiento Opcional

  • 520 €Pintura metalizada
  • 670 €Pintura metalizada Premium Soul Red

Multimedia y Audio

Equipamiento de Serie

  • Equipo de Sonido Bose de 9 altavoces
  • MZD Connect: Pantalla táctil 7´´ & HMI
  • Bluetooth (phone/audio), Lector CD, 2 USB y 1 toma Aux
  • Ordenador de abordo
  • DAB (Radio Digital)

Consumo Depósito de combustible escaso

Los consumos del CX-5 son correctos pero están muy penalizados por sus desproporcionados neumáticos.
Los consumos del CX-5 son correctos pero están muy penalizados por sus desproporcionados neumáticos.
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Una vez más, los consumos reales medidos durante la prueba y los homologados difieren de manera notable. En defensa de la unidad probada es conveniente aclarar que los valores oficiales se miden con unidades básicas de equipamiento y, en este caso, las llantas de 19 pulgadas y el equipamiento de esta versión suponen un lastre importante que se deja notar en las cifras de consumo.

Mientras que el gasto homologado en ciudad es de 6,2 l/100 km, el consumo real del Mazda CX-5 durante la prueba ha sido de 7,2 l/100 km pese al buen funcionamiento de su sistema Start & Stop, el más eficaz del mercado.

El consumo oficial en carretera es de sólo 4,7 l/100 km, un valor que podremos ver en el ordenador de viaje si todo está a nuestro favor (terreno llano, sin tener que hacer adelantamientos y manteniendo un ritmo tranquilo por debajo de 70 km/h), pero, con una conducción natural, el consumo medio del Mazda CX-5 en carretera (con cruceros entre 70 y 100 km/h) se sitúa en los 5,5 l/100 km.

En autopista, con el control de crucero a 120 km/h, el consumo que veremos en el ordenador de viaje será de 6,7 l/100 km.

Con estas cifras y un depósito de combustible de 56 litros, la autonomía del Mazda CX-5 ronda los 700 km.

Rivales

CX-5 2.2DE Black Tech Edition 2WD Aut. 150

Desde
33.520 €

Diesel

Automático
marchas

Qashqai 1.6dCi N-Vision 4x2 XTronic

Desde
31.500 €

Diesel

Automático
6 marchas

130

11,1

4,9

128

Kadjar 1.2 TCe Energy Zen EDC

Desde
27.755 €

Gasolina

Automático
7 marchas

130

10,0

5,6

126

Ateca 2.0TDI CR S&S Style DSG-7 150

Desde
30.240 €

Diesel

Automático
7 marchas

150

8,5

5,0

115

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