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Prueba del Ford Edge 2.0 TDi 180 CV Titanium 2016

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17 de enero, 2017

Sometemos a un profundo examen al Ford Edge, un modelo que destaca por su relación precio/producto/equipamiento y que ofrece un interior muy confortable a sus pasajeros. Lástima que algunos detalles bajen la nota.

Con el Ford Edge, la marca americana completa su oferta de modelos SUV por la parte alta, con un modelo de buenas dimensiones y bien equipado a un precio competitivo. Aunque ha sido diseñado para ser un modelo global, este modelo se produce en exclusiva en la planta que Ford posee en Canadá.

Tras la toma de contacto con el Ford Edge, llega el momento de examinar a fondo la versión diésel de 180 CV con cambio manual y acabado Titanium, con un precio de partida justo en el umbral de los 40.000 euros. A la hora de encontrar rivales, si nos fijamos en su precio, podemos mirar hacia las versiones más equipadas de un VW Tiguan, por ejemplo. Si tenemos en cuenta el tamaño del Edge y su calidad de rodadura, está más cerca de un Touareg.

Lo más destacable de este SUV de gran tamaño de Ford es su excelente confort para viajar, con un interior muy silencioso, amplio y cómodo. Tras esta semana de convivencia, me ha dejado claro que el Ford Edge es una alternativa excelente y que ofrece mucho a cambio de lo que cuesta, pero tiene dos pecados que los humanos no solemos perdonar: su consumo es algo más elevado que el de sus rivales más directos y, aunque es un coche excelente, le falta el pedigrí que siempre suele inclinar la balanza hacia el lado vanidoso del cerebro humano frente al racional.

Vídeo prueba del Ford Edge 180 CV

Nuestra valoración: 7,2

Diseño 8

Motor 7

Comportamiento 7

Interior 8

Equipamiento 7

Consumos 6

Destacable

  • Confort de viaje
  • Interior espacioso
  • Relación precio/producto

Mejorable

  • Consumos elevados
  • Cortinilla del maletero
  • Volante repleto de teclas

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Ford Edge: evocador

El frontal del Edge es algo mazacote.

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Exteriormente, el Ford Edge tiene una imagen rotunda, con un frontal que resulta algo pesado visualmente por sus proporciones, muy alto y chato.

Pintado en el color Rojo Rubí de la unidad de pruebas, tiene un buen equilibrio entre elegancia y deportividad. El acabado Titanium se distingue por el uso de perfiles cromados en los marcos de las ventanillas y la coraza frontal, mientras que el Sport los disimula con negro satinado.

Las llantas de 5 radios dobles de 19 pulgadas (calzadas con neumáticos 235/55-19) tienen un diseño atractivo, pero es muy difícil limpiar la suciedad de los frenos que se acumula entre los radios dobles.

Las puertas son enormes – y pesadas- y dejan un cómodo acceso al interior. Los ajustes y el tacto que transmiten al abrirlas y cerrarlas es de robustez.

El portón trasero es muy amplio y cuenta con apertura automática, algo lenta de accionamiento y que no abre un ángulo generoso. Yo mido 1,85 m y casi rozo con la cabeza contra el borde del portón cuando éste está abierto, y las generaciones que me siguen son más altas que yo…

Si el frontal tiene carácter pero poca personalidad (recuerda al de otros modelos como el Evoque o el Santa Fe), la trasera es la parte del coche más identificativa gracias a sus llamativos grupos ópticos led, que van de lado al lado del coche y, además de sentarle muy bien estéticamente, nos hace muy visibles por la noche.

Los acabados y los ajustes son correctos, aunque la pintura metalizada hace muy evidentes los cambios de tono que hay entre las piezas metálicas y las plásticas, una verdadera pesadilla para los pintores.

Interior: Espacioso y cómodo

El interior es espacioso y muy confortable.

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Si por algo destaca el interior del Edge, es por el espacio y el confort que ofrece a sus pasajeros. No hay muchos coches en el mercado en los que tres adultos puedan viajar en las plazas traseras como en este Ford, en el que ni la anchura ni la altura del túnel central suponen un problema grave.

Los materiales son correctos y su presentación también. Personalmente agradezco que no haya plásticos pretendiendo ser fibra de carbono, madera o aluminio “de mentira”. El diseño es acogedor, aunque hay teclas demasiado pequeñas en la consola central para controlar, por ejemplo, los mandos de la climatización. El extremo de este escenario de teclas demasiado pequeñas lo tenemos en la que activa los intermitentes de emergencia, casi imposible de encontrar cuando debería destacar claramente.

Los asientos son muy confortables y cuentan con multitud de reglajes, de manera que es muy fácil encontrar la postura correcta de conducción. También las plazas traseras pueden reclinar los respaldos en varias posiciones. Es una pena que no se pueda desplazar su banqueta longitudinalmente para ganar más espacio en el maletero en algunas situaciones, pero eso añadiría más kilos todavía al Edge, que ya no es una sílfide precisamente.

Sentados en el Edge, tenemos más sensación de calidad cuando rueda que cuando miramos para el salpicadero cuando estamos parados. Los materiales son correctos, pero no muy vistosos. De nuevo entramos en el campo de la subjetividad, la injusta subjetividad. El aspecto del interior del Edge es más pobre de lo que en realidad es y cuando queda clara esta cualidad es cuando empezamos a rodar. No hay ni un grillo, el sonido de la rodadura está muy aislado y el tacto general es el de un gran coche.

El maletero tiene una buena capacidad y unas formas muy regulares que hacen que se pueda sacar partido de cada centímetro de su espacio. Lo más engorroso a la hora de utilizarlo es la cortinilla que oculta el equipaje de las miradas de los curiosos. Cada vez que la abatimos, cuando la queremos cerrar, nos pasamos unos segundos intentando centrar sus anclajes para volver a colocarla.

Si necesitamos más espacio, podemos abatir los respaldos traseros, lo que nos deja un suelo plano y, además, bajo la tablilla también hay algo más de hueco pese a contar con una rueda de repuesto.

Motor: 2 litros diésel

Al motor le falta par por debajo de las 1.500 rpm.

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La mecánica 2.0 turbo diésel es ya una vieja conocida, aunque convenientemente puesta al día. Se trata del motor desarrollado conjuntamente por Ford y PSA, con 4 cilindros, turbo de geometría variable y filtro anti partículas, pero sin AdBlue.

Su funcionamiento es bueno y las prestaciones honestas, pero no podemos esperar unas aceleraciones fulgurantes pese a tener casi 200 CV bajo el pie derecho, porque hay que repartirlos entre bastantes kilos.

Por debajo de las 1.500 rpm no hay apenas par. Hay que esperar a que los gases de escape tengan energía suficiente como para acelerar la turbina y que ésta dé suficiente presión de sobrealimentación. Esto hace que en algunas situaciones sea algo incómodo de conducir. Si somos de los típicos que llegamos progresivamente a las rotondas, dejamos caer el coche de vueltas en segunda y entramos en la intersección, si pisamos el gas por debajo de 1.500 rpm, apenas se recupera y nos quedamos un poco “vendidos”.

La caja de cambios de 6 marchas tiene unos desarrollos largos, pero, si superamos las 1.500 rpm hay par suficiente como para tirar de ellos. El tacto del selector es mejorable, algo esponjoso, de recorridos largos e incómodos debido a la posición del reposabrazos.

El sistema de tracción total no tiene ninguna tecla o mando que gestionar, lo hace todo él. Esto hace que sea muy simple de manejar y no por ello menos eficaz. Se trata de un sistema tipo Haldex con dos principios de funcionamiento, uno predictivo y otro reactivo. En condiciones normales es un tracción delantera y el sistema envía par al eje trasero cuando conviene:

  • Predictivamente: al salir desde parado, al conectar un remolque, al detectar mucha inclinación lateral o longitudinal o si el limpiaparabrisas funciona a su máxima velocidad, lo que indica al sistema que la carretera estará muy mojada.
  • Reactivamente: al detectar pérdidas de motricidad en alguna de las ruedas.

Su funcionamiento es bueno y muy simple.

Comportamiento: Confortable y fácil

El bastidor del Edge hace gala de un buen comportamiento, pero el peso se nota.

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El Edge se sustenta sobre la plataforma del Ford S-Max y esto es una garantía de buen comportamiento. Suspensiones independientes con brazos de aluminio, buenas geometrías y una estructura muy rígida hacen que uno albergue buenas esperanzas al enfrentarse a la prueba del Ford Edge en carretera.

En ciudad resulta muy cómodo por su fácil acceso al habitáculo y por una postura de conducción elevada que permite dominar con la vista el tráfico que nos rodea. También las suspensiones son confortables y pasaremos sin problemas por los pasos de cebra elevados y bandas reductoras de velocidad, adoquinados, etcétera, pero el tamaño nos pasará factura a la hora de buscar un hueco donde aparcar o al maniobrar en los parkings, que todavía se planifican con estándares de hace 40 años, en los que un coche de 4,5 m de longitud era ya una berlina enorme.

En autovía tenemos una buena pisada y el Edge se sujeta bien en las curvas rápidas, pero se nota mucho el peso y la inercia que éste provoca, con una clara tendencia subviradora. La dirección tiene un buen tacto, aunque es un lástima no haber podido probar la de desmultiplicación variable disponible en las versiones Sport.

En zonas viradas el peso y su alto centro de gravedad juegan en su contra y el Edge es claramente más torpe que un S-Max. Esto no quiere decir que vaya mal en este tipo de trazados, pero está claro que la física impone su ley y sus limitaciones en estos escenarios. Sin embargo, el chasis y las suspensiones trabajan bien y permiten que podamos gestionar algo los cambios de masa; eso sí, los tiempos de espera son prolongados.

En el circuito de A Pastoriza salen a la luz los problemas de su enorme masa y alto centro de gravedad, unidos a unos neumáticos de medidas desproporcionadas. La maniobra de esquiva es posible gracias al trabajo del ESP, que es muy intrusivo, porque no le queda otra si quiere contener la energía cinética de este coche.

La frenada de emergencia desde 100 km/h la supera con unas buenas distancias, aunque a partir del cuarto intento empiezan a alargarse por el calor acumulado.

Fuera del asfalto no se siente demasiado cómodo. Sus cotas no son malas y tenemos una altura libre mejor que en otros rivales, pero sus neumáticos de bajo perfil, anchos y 100% de asfalto limitan nuestras posibilidades de avance. Tampoco dispone de control automático de velocidad de descenso que sí está presente en otros rivales.

El sistema de tracción total y de control de tracción son muy eficaces en sus tareas, pero el motor tiene muy poco par antes de llegar a las 1.500 rpm y esto hace que en muchas situaciones en las que debemos maniobrar a muy baja velocidad tengamos que “picar embrague”, lo que hace sufrir demasiado a este órgano mecánico. En el fondo, lo que pasa es que este modelo no está pensado para salidas del asfalto más allá de una buena pista forestal, que, sinceramente, es a lo máximo que aspira el 99% de los clientes de un SUV.

Lo que más impresiona del Ford Edge es el confort que brinda a sus pasajeros, que viajan muy cómodos y con un silencio de rodadura sobresaliente. Sin duda, el Ford Edge es uno de los coches más confortables para viajar que hay en el mercado.

Equipamiento: Completo y a la última

El equipamiento en el acabado Titanium es muy completo.

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Con cuatro niveles de acabado disponibles,el Ford Edge Titanium de 180 CV con cambio manual tiene un precio de tarifa de 39.775 euros que ascienden hasta rozar los 47.000 euros con extras como el color Rojo Rubí (1.000 euros), 2.200 euros del cuero perforado, 1.300 euros del techo panorámico o los 1.550 euros de los faros led adaptativos (una opción que te recomiendo casi como obligatoria por la seguridad que aporta).

Aunque es una suma que para muchos puede ser elevada para un Ford, la verdad es que el coche lo vale. Si nos ponemos a igualar equipamiento en sus rivales, la factura se dispara más que en este canadiense y a cambio no tenemos un coche mejor que él, aunque tal vez sí con más “campanillas”.

La unidad de pruebas todavía equipaba el sistema multimedia SYNC2 que va francamente bien, es fácil de manejar, de casar con nuestro móvil y no se cuelga. La pantalla táctil tiene unas buenas dimensiones y es rápida de respuesta. En los modelos que se venden a partir de enero ya se equipa el sistema SYNC3, que va todavía más allá y mejora muchísimo en lo concerniente al manejo mediante comandos de voz.

Otro apartado en el que Ford está claramente por encima de la media es en el asistente de aparcamiento automático. Funciona mejor que en muchos rivales de precio muy superior y es capaz de aparcar a la perfección en espacios con un margen poco mayor que el tamaño del coche.

La unidad de pruebas equipaba las luces LED adaptativas. Con ellas circulamos siempre con las luces largas conectadas y un dispositivo apantalla la luz para proyectar una sombra en la carretera y evitar deslumbrar al tráfico, tanto al que circula en sentido contrario como el que lo hace delante de nosotros. Su funcionamiento es muy eficaz y hace que los viajes por la noche sean mucho más seguros y con menos fatiga para nuestros ojos y cerebro. Una opción muy recomendable, sin duda.

Consumo: Su configuración pasa factura

Los consumos del Edge están por encima de sus rivales.

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El peso, la aerodinámica, los enormes neumáticos y la tracción total pasan factura en este apartado al Ford Edge con unos consumos claramente por encima de la media de su categoría. Por ejemplo, el VW Touareg con motor de 204 CV probado hace unos años en situaciones similares marcó unos valores casi un litro inferiores a los que he obtenido con este Ford.

Mientras que el consumo urbano homologado por la marca es de 6,4 l/100 km, la cifra de consumo real en ciudad del Ford Edge ha estado por encima de los 8 l/100 km. No cabe duda de que sus casi 2 toneladas de peso son un lastre importante en esta medición.

En carretera, Ford homologa un consumo de sólo 5,4 l/100 km, mientras que el consumo real en carretera del Edge ha sido de 6 l/100 km a cruceros entre 70 y 100 km/h. No es una mala cifra, pero es algo superior a sus principales rivales.

En autopista, con el control de crucero fijado en 120 km/h reales, el consumo medido ha sido de 7,6 l/100 km. Aquí la aerodinámica juega un papel fundamental y la enorme superficie frontal de su corto capó y su ancho parabrisas actúan como un paracaídas.

Con estos valores de consumo y un depósito de 64 litros de capacidad, la autonomía del Ford Edge roza los 800 km.

 

Rivales

Vehículo

Ford Edge 2.0TDCi Titanium 4x4 180

Land-rover Evoque 2.0TD4 HSE 4WD 180

Mitsubishi Outlander 220DI-D Motion 4WD

Volvo XC70 D5 Momentum Aut. AWD 220

Precio Desde
47.625 €
Desde
55.699 €
Desde
34.749 €
Desde
50.449 €
Combustible Diesel Diesel Diesel Diesel
Cambio 6 marchas 6 marchas 6 marchas 6 marchas
Potencia (CV) 180 180 150 220
Aceleración 0-100 km/h (s) 9,9 10,0 10,2 8,2
Consumo Medio (l/100 km) 5,8 4,7 5,3 5,8
Emisiones CO2 (g/km) 149 125 139 153

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