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Prueba del Ford Edge 2.0 EcoBlue ST-Line 2019

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23 de abril, 2019

Hemos probado el Ford Edge 2019, un coche recientemente renovado y que ha demostrado ser todo un ejemplo de confort y aplomo en carretera. Si quieres saber qué es lo que más y lo que menos nos ha gustado, sigue leyendo.

El Ford Edge se encuentra inmerso en el segmento más de moda en la actualidad, el de los SUV. Prácticamente todas las marcas tienen ya modelos para poder competir en el mercado, por lo que podemos encontrar opciones de varios tamaños y para todos los gustos.

El  Ford Edge se enmarca dentro de los SUV de grande tamaño, por lo que tiene como principales rivales modelos como el Skoda Kodiaq, el Kia Sorento o el Hyundai Santa Fe. Respecto a estos, el SUV de la marca del óvalo puede presumir de ofrecer una imagen y acabados más cercanos al segmento premium que sus rivales.

Este coche tiene clara orientación al mercado estadounidense y queda demostrado por su imponente presencia. De hecho, la primera generación lanzada en el año 2006, se vendió exclusivamente al otro lado del charco.

Sin embargo, fue en la segunda generación estrenada en 2016 cuando Ford decidió que era el momento idóneo para traer el Edge al viejo continente.  Recientemente, esta generación ha sufrido un lavado de cara que ha renovado ligeramente su estética, así como una actualización en sus tecnologías que le han llevado a llevarse el título de “el SUV más tecnológico de Ford”.

Lo mejor del Ford Edge es su comportamiento dinámico. Se trata de un coche ideal para hacer largos viajes sin que nuestro cuerpo lo acuse demasiado. Además, su respuesta en carreteras viradas es buena, con una dirección de buen tacto y una suspensión muy bien tarada que hace que el coche tenga cierto carácter deportivo.

En su contra juegan factores como el elevado consumo del motor 2.0 EcoBlue, teniendo gran culpa de esto sus más de dos toneladas de peso en la báscula. Además, el cambio automático de convertidor de par no nos ha convencido en exceso, puesto que pese a ofrecer suavidad en todo momento, tiene un comportamiento algo errático en el momento que elevamos el ritmo de marcha.

Nuestra valoración: 6,7

Diseño 7

Motor 6

Comportamiento 7

Interior 8

Equipamiento 7

Consumos 5

Destacable

  • Confort de marcha
  • Habitabilidad
  • Calidad de acabados

Mejorable

  • Consumo
  • Poco práctico en ciudad
  • Transmisión de convertidor de par

Diseño: Muy americano

Las grandes dimensiones del Ford Edge no son un obstáculo para ofrecer un diseño atractivo

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Lo primero que nos llama la atención al acercarnos al Ford Edge son las grandes dimensiones de su carrocería. Mide 4.834 mm de largo, 1.928 mm de ancho y 1.742 mm de alto, por lo que tiene un tamaño muy similar al de Range Rover Velar por ejemplo.

En el frontal, la primera imagen que nos llevamos es realmente poderosa, y es que si nos acercamos, el capó queda por encima de la cadera en una persona de alrededor de 1,80 metros. Destaca la amplia calandra, que ocupa casi toda su parte delantera, con un patrón de panal de abeja y pintada en color negro brillante en caso de escoger el acabado ST-Line, como el de nuestra unidad de pruebas.

El nuevo paragolpes frontal presenta unas luces antiniebla con forma de boomerang en los extremos inferiores . En cuanto a las ópticas delanteras, también son completamente nuevas  con forma rasgada que aporta agresividad al conjunto y que acogen las luces diurnas en su parte superior. Estos son Full Led y proporcionan un haz de luz excelente y muy nítido. El capó es otro de los cambios respecto a la anterior versión: tiene un tamaño importante, aunque al terminar en una forma casi recta, la visibilidad desde el interior es correcta.

El lateral del coche presenta unas formas redondeadas y cuenta con unas puertas de enorme tamaño, sobre todo las traseras. Esto se traduce en que el acceso a las plazas posteriores es realmente cómodo, ayudado además por el hecho de que estas se abren casi hasta los 90 grados.

En cuanto a la zaga, destaca el gran portón del maletero en un tono bicolor y las dos salidas de escape cromadas rectangulares. Además, las ópticas traseras también han sido rediseñadas, puesto que ya no están unidas por un tira de leds como pasaba en el anterior modelo. Como es habitual en los coches de última generación, dentro de ellas, encontramos los dos tubos de escape convencionales.

Los ajustes del Ford Edge son indiscutibles, con un buen alineado de todas sus partes que hace que no encontremos ningún vértice extraño si pasamos la mano por sus juntas. Además, el Blanco Oxford en el que va pintado el coche ofrece un buen acabado, por lo que tampoco vemos destellos raros o elementos menos brillantes que otros.

El maletero ofrece 602 litros de capacidad en su configuración normal y, en caso de plegar los asientos con los pulsadores que encontramos en el lado izquierdo, se queda una superficie plana con 1.847 litros de capacidad. Además, el maletero cuenta con un doble fondo, ya que debajo de la moqueta tenemos la rueda de repuesto y una estructura con varios espacios realmente útil para colocar elementos de pequeño tamaño.

Nuestro Ford Edge ST-Line contaba con unas bonitas llantas de cinco radios con una dimensión de 20 pulgadas calzadas en unos neumáticos con dimensiones 255/45 R20. Estas llantas le quedan muy bien estéticamente, aunque tener un perfil bajo hace que notemos en exceso los baches, algo que no gusta teniendo en cuenta que vamos en un SUV.

Interior: Una calidad de acabados premium

El interior del Ford Edge stá muy bien rematado

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Lo primero que nos viene la cabeza al abrir una puerta del Ford Edge es la sensación de amplitud que da, sobre todo en las plazas traseras, en las que pueden ir cómodamente tres personas con un espacio para las rodillas digno de una berlina de gran tamaño. Además, estas son calefactadas y cuentan con una toma de carga como las que tenemos en la pared de casa, por lo que podremos conectar el cargador del teléfono móvil sin necesidad de adaptadores.

El acabado ST-Line dota al Ford Edge de una gran cantidad de elementos que enfatizan la sensación de deportividad en su interior: costuras rojas en volante, asientos y paneles de las puertas, alfombrillas con los pespuntes en el mismo color o asientos en piel negra y Alcantara. Además, al abrir las puertas delanteras, las molduras de acceso son cromadas y tienen la inscripción ST-Line y  los paneles del salpicadero van recubiertos con un símil de fibra de carbono.

Una opción bastante interesante si escogemos el acabado ST-Line es instalar el techo panorámico acristalado (1.300 euros), y es que el interior de esta versión es muy oscuro, por lo que se agradece que entren los rayos de sol.

El puesto de conducción tiene una posición elevada y bastante confortable, con unos asientos que recogen muy bien el cuerpo y con un mullido perfecto para afrontar viajes de larga distancia. La sensación de calidad es muy buena en todo momento, con materiales de tacto agradable y buenos ajustes en prácticamente todos los sitios en los que nos fijemos. Llama la atención lo profundo que es el salpicadero, dejando un espacio hasta la luna delantera realmente enorme. El cuadro de instrumentos es digital, dando información completa y clara y ofreciendo distintas configuraciones al gusto del conductor.

El volante tiene un tacto muy agradable, forrado en piel perforada en los laterales. Una pega es la cantidad de botones que tiene, a los que cuesta acostumbrarse y que nos harán desviar la vista de la carretera en caso querer manipularlos.

La consola central tiene el mismo diseño que encontrábamos en los coches de la marca de anterior generación, por lo que no da la misma sensación de modernidad que cuando entramos en el nuevo Ford Focus, por ejemplo. Sin embargo, la principal diferencia es que la marca ha limpiado de botones toda esta zona, dejando sólo algunos para controlar el sistema de climatización o algunos controles del sistema de sonido.

En el túnel de transmisión, la anterior palanca de cambios tradicional ha sido sustituida por un selector en forma de ruleta similar al que utilizan Jaguar o Land Rover en sus modelos. En ella, podemos seleccionar la posición que queremos, y un pequeño botón circular en su parte superior en la que se activa el modo sport.

Por último, el interior del Ford Edge cuenta con una gran cantidad de huecos para poder vaciarnos los bolsillos: uno en la parte superior del salpicadero, un enorme cofre entre los asientos delanteros u otro tras la botonera de la consola central.

Motor: Potencia más que suficiente

El motor 2.0 EcoBlue tiene dos escalones de potencia: 190 y 238 caballos

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El motor probado en esta versión es el diésel 2.0 EcoBlue con doble turbo capaz de desarrollar 238 caballos. Este va asociado a una caja de cambios de variador de par de ocho relaciones, que sustituye a la Powershift de doble embrague de la anterior generación, y un sistema de tracción integral inteligente.

 

Ford ofrece este motor en dos niveles de potencia: 190 y 238 caballos. La principal diferencia entre ambos es que el menos potente monta un solo turbo, y la versión probada tiene dos. Después de comprobar su funcionamiento durante una semana, nos atrevemos a decir que merece la pena optar por la versión más potente, puesto que para mover las más de dos toneladas que pesa el coche se necesitan caballos.

El motor 2.0 EcoBlue ofrece potencia en cualquier momento que lo necesitemos, aunque la caja de cambios de convertidor de par se muestre algo lenta en algunas ocasiones. Cuando vamos relajados, esta se comporta con total suavidad.

Sin embargo, en algunas ocasiones, puede darnos la sensación de que la transmisión no sabe muy bien qué marcha engranar, por lo que parece que se atraganta. Esta tiene una opción sport, con la que podremos engranar una y otra marcha con unas levas situadas tras el volante, aunque con esta opción se resalta más aún la lentitud de ésta, ya que desde que le damos la orden hasta que engrana la marcha pasa más tiempo del deseado.

Las prestaciones que ofrece este motor no están nada mal si tenemos en cuenta el tamaño del coche y, sobre todo, su elevado peso encima de la báscula. El Ford Edge 2.0 EcoBlue es capaz de alcanzar los 100 km/h en 9,6 segundos y tiene una velocidad máxima de 216 km/h.

Comportamiento: Noble en todas las situaciones

El comportamiento del Ford Edge es bastante bueno en casi cualquier situación

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Si hay algo que destaca en el comportamiento del Ford Edge es su confort de marcha y su aplomo. Las grandes autopistas son su territorio predilecto, y es que se nota que su desarrollo está pensado para las enormes carreteras del continente americano. Sus 238 caballos nos permiten ir desahogados en todo momento, contando con un empuje más que suficiente como para poder completar un adelantamiento con totales garantías.

Su suspensión de tipo McPherson en el eje delantero y multibrazo con muelles helicoidales en el trasero es cómoda y absorbe las irregularidades del terreno sin rechistar, aunque tiene la suficiente firmeza como para que el coche no balancee en exceso. Ford ha trabajado en esto en el ST-Line, puesto que la amortiguación es específica, haciéndola más efectiva en curvas. Como hemos dicho antes, está algo penalizado por las grandes llantas sobre las que va calzado, pero sigue siendo todo un ejemplo de coche ideal para completar largas distancias.

 

El comportamiento es noble en todo momento, con una dirección con un tacto directo que permite llevar el coche donde queremos. En carreteras reviradas, sus reacciones son mejores de las que cabe esperar en un coche de más de dos toneladas. Tiene una cierta tendencia subviradora, aunque su electrónica lo vuelve a meter en el sitio sin ningún problema.

En cuanto a la tracción integral inteligente, actúa de manera completamente autónoma, repartiendo la fuerza del motor en todo momento al eje que más adherencia tenga en ese momento. El coche no ofrece reductora o sistema de descenso de pendientes, por lo que su uso fuera del asfalto queda restringido a pistas de tierra o de nieve en las que, con totales garantías, el Ford Edge se desenvuelve sin problemas.

Equipamiento: Completo en caso de escoger el paquete ST-Line

La calidad de acabados es notable

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El Ford Edge 2019 ha añadido a su equipamiento algunos elementos que no estaban en la anterior generación, como por ejemplo el control de crucero adaptativo con función Stop&Go, capaz de mantener el vehículo en el carril de manera autónoma (500 euros y de serie en el pack ST-Line).

El acabado ST-Line que hemos probado trae de serie elementos como el detector de ángulo muerto, faros LED dinámicos adaptativos con sistema antideslumbramiento, cámara de visión delantera o alerta de tráfico cruzado. Además, cuenta con alerta de cambio involuntario de carril, asistente pre-colisión, detector de ángulo muerto o sistema de reconocimiento de señales.

El sistema de infoentretenimiento ha sido actualizado respecto a la anterior versión. Cuenta con una pantalla de ocho pulgadas en la que podremos controlar una gran cantidad de parámetros del coche. Esta lleva instalado el sistema SYNC 3 y es compatible con Android Auto y Apple Car Play. Una de sus principales novedades es la aplicación FordPass Connect, que permite localizar el coche en un aparcamiento, comprobar el carburante que nos queda en el depósito e incluso arrancar el coche desde fuera. Su diseño es limpio y sencillo de utilizar, con unos iconos de tamaño considerable que hacen que su uso sea bastante intuitivo.

En cuanto a los elementos de confort disponibles, el conductor podrá disfrutar de asientos delanteros con calefacción y ventilación, así como los traseros y el volante también calefactados. Además, el brillante equipo de sonido B&O con 12 altavoces suena de maravilla y, lo que es mejor, viene de serie en el acabado ST-Line.

En conclusión, el Ford Edge justifica su precio en todo momento (desde 53.875 euros con el acabado ST-Line y el motor 2.0 EcoBlue). Un comportamiento muy bueno en prácticamente todas las situaciones excepto en ciudad, donde queda algo penalizado por sus largas dimensiones. El motor empuja muy bien cuando se lo pedimos, aunque la caja de cambios de convertidor de par prefiera un ritmo sosegado. Sin embargo, no iban a ser todo rosas, y es que el punto negativo se lo lleva el consumo, siendo el principal motivo el elevado peso que tiene el conjunto.

Consumo: Penalizado por su elevado peso

El consumo queda penalizado por las más de dos toneladas que pesa el Edge

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Este es el principal punto de flaqueza del Ford Edge, y es que su elevado peso unido al sistema de tracción integral, hacen que en un uso normal, sea prácticamente imposible bajar los consumos de los 9 litros.

La ciudad no es el hábitat natural de este coche, por lo que si la frecuentamos habitualmente, no nos debe sorprender que el marcador suba hasta los 10 litros a los 100 kilómetros. En carretera y circulando a velocidades legales, este se estabiliza en torno a los 8 litros.

Según estos datos y después de haber circulado cerca de 800 kilómetros en los que se alternaron todo tipo de vías y ciudad, el consumo final se quedo en unos elevados 9,2 litros. Este consumo medio se queda muy por encima de lo que promete el Ford, ya que según sus consumos oficiales, la media de este motor es de 6,8 litros a los 100 kilómetros.

El Ford Edge tiene un depósito de 64 litros, por lo que es capaz de completar una distancia de alrededor de 700 kilómetros sin necesidad de pasar por la gasolinera.

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