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Prueba del BMW X1 18d S-Drive automático 2016

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05 de octubre, 2016

La nueva generación del BMW X1 es claramente mejor que su antecesora. Sí, ha perdido su tracción trasera ¿y qué?. A cambio ha ganado mucho espacio interior, es mucho más utilizable y en carretera el 99,9% de los conductores ni se enterarán de que bajo su piel hay un Mini Countryman.

Aunque para muchos pueda ser una traición que el nuevo BMW X1 adopte la tracción delantera en lugar de la trasera, la realidad es que la mayoría de los conductores “ni siente ni padece” cuando se pone a los mandos de su coche. Según un clinic (la marca llama a varios clientes y les hace preguntas sobre su coche) llevado a cabo por BMW, la inmensa mayoría de los propietarios de Serie 1 pensaban que su coche era de tracción delantera.

Con estos antecedentes y teniendo a mano el banco de órganos de Mini, la decisión más inteligente es la de aprovechar la plataforma con motor delantero transversal del Countryman y… ya tenemos el modelo de la prueba de hoy. Gracias a que el motor ocupa mucho menos espacio que en la anterior generación de BMW X1, el nuevo modelo es claramente más espacioso, hasta el extremo de resultar incluso más amplio que un X3.

He de confesar que, pese a no comulgar demasiado con la moda SUV, este BMW X1 me ha resultado mucho más agradable que el BMW 225XE probado hace unas semanas. Aunque su imagen exterior sugiere que estamos ante un todocamino, lo cierto es que en su interior hay soluciones prácticas con un enfoque muy “monovolumen” que hacen muy cómodo el día a día con él, como las banquetas traseras corredizas, unas puertas amplias de acceso y una postura que no es muy elevada pese a su condición de SUV.

La versión probada en esta ocasión es, tal vez, la más racional. Se trata del BMW X1 18d S-Drive con el motor diésel de 150 CV, tracción al eje delantero y cambio automático de 8 relaciones. Sus consumos son ajustados, sus prestaciones, suficientes y el confort y facilidad de uso que aporta el cambio automático resultan muy recomendables.

Precio del BMW X1 18d S-Drive automático

En el lado negativo está un precio elevado, que en el caso de la unidad probada pasa de los casi 35.000 euros de partida a rozar los 44.000 euros a base de añadir extras como la cámara de marcha atrás, los asientos con reglaje eléctrico, el equipo de sonido Harman Kardon… Lo que sí resulta muy recomendable es solicitar el acabado X-Line, que supone un sobreprecio de poco más de 3.000 euros y añade mucho equipamiento (las llantas de 18 pulgadas, el Head Up Display, las molduras imitando aluminio, el kit aerodinámico…) y cambian por completo el aspecto del coche.

Nuestra valoración: 7,0

Diseño 7

Motor 7

Comportamiento 7

Interior 7

Equipamiento 6

Consumos 8

Destacable

  • Mejor aprovechamiento que el anterior X1
  • Soluciones prácticas
  • Consumos ajustados

Mejorable

  • Prestaciones justas
  • Relación precio/producto
  • Sin termómetro de refrigerante

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: BMW X1 18d S-Drive automático 2016: aires de familia

El BMW X1 no varía demasiado frente a su predecesor a primera vista, pero no comparten ni un tornillo.

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Los alemanes no son muy amigos de cambios radicales cuando lanzan una nueva generación, y ésta ha sido la premisa a la hora de diseñar el nuevo X1, con muchos más cambios bajo su piel que sobre ésta. Aunque el modelo actual no comparte con el anterior nada más que el logo de BMW, hay que ver los dos aparcados juntos para darse cuenta de todo lo que ha cambiado.

Para empezar, más que las formas en sí (la verdad es que los rasgos generales de los faros, la parrilla y los grupos ópticos son muy similares), han variado las proporciones. Gracias al motor colocado transversalmente, el morro es ahora mucho más corto, lo que ha permitido adelantar bastante el puesto de conducción y ganar muchos centímetros en el habitáculo.

Si lo vemos lateralmente, los ojos se nos van a ir a las atractivas llantas de 18 pulgadas (con neumáticos 225/50-18) que son bastante ligeras y fáciles de limpiar. Los pasos de rueda enmarcados en negro y los faldones imitando aluminio terminan de darle ese aspecto campero que tanto atrae a los aficionados a los SUV.

En la parte trasera también cambian los grupos ópticos (que son LED), aunque los trazos generales son muy similares a los de la generación anterior.

Aunque se trata de un modelo de estilo 4×4, el BMW X1 18d no tiene una altura libre al suelo excesivamente elevada, lo cual mejora su comportamiento dinámico. Los bávaros han preferido hacer una carrocería alta pero no muy alejada del suelo. Esto supone un beneficio para el habitáculo, que tiene una cota interior de altura excelente.

Las puertas son muy cuadradas y abren un buen ángulo, lo que deja un cómodo acceso al interior. Los acabados y ajustes de las piezas de la carrocería tienen buen aspecto y el tacto de los tiradores de las puertas da una agradable sensación de estar ante un coche robusto. Además, se iluminan por la noche al acercarnos al coche con la llave inteligente, dando luz en el perímetro del coche. Esto es práctico porque nos evitará tropezar con el bordillo de la acera o pisar “una mina” de esas que algunos amos de animales de compañía no recogen.

Interior: Mucho más amplio que el anterior X1

En el interior hay algunos cambios estéticos, pero la mayor diferencia está en su mayor amplitud.

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Si en el exterior los cambios son sutiles, en el interior la cosa cambia mucho, aunque más por su mayor espacio que por un diseño claramente diferenciado. Lo más llamativo es la nueva forma de la capilla para la instrumentación y la pantalla del sistema multimedia, que deja de estar cubierta y es similar a la del BMW Serie 3 2016 y otros modelos rivales como el Audi A4 2016.

El BMW X1 18d de la prueba tiene los asientos y parte del salpicadero en un atractivo color tabaco que forma parte de la tapicería de piel X-Line y que le sienta francamente bien, rompiendo con el luto impuesto por los materiales negros, tan de moda entre las berlinas alemanas.

La postura de conducción ideal se consigue fácilmente gracias a la multitud de reglajes de los asientos (eléctricos y con memoria de manera opcional) y columna de dirección. La instrumentación es muy legible y tenemos un ordenador de a bordo muy completo, lástima que no hayan pensado que la temperatura del motor sea un dato importante, una mala costumbre que se está extendiendo entre los fabricantes.

La ergonomía y la distribución de los mandos es bastante buena y todo lo principal queda a mano.

Las plazas traseras tienen unas buenas cotas, tanto para las piernas como para la cabeza. Aunque no hay muchas estrecheces para 3 adultos atrás, la forma del asiento hace que resulte incómodo para el de la plaza central. Tampoco el cinturón de seguridad de este pasajero – que viene desde una esquina del techo- resulta cómodo.

Las mesitas plegables en los respaldos delanteros son una opción poco práctica. Apenas se usan y ocupan bastante espacio para las rodillas. Se pueden regular en altura e inclinación y se quitan fácilmente si no las vamos a usar.

El maletero tiene unas formas muy regulares que permiten aprovechar cada centímetro de su capacidad. El portón deja un umbral de carga bajo, al ras con el paragolpes, y en esta unidad es de apertura automática (opcional). Si necesitamos ampliar el espacio de carga, podemos desplazar hacia delante los asientos traseros. Si no es suficiente, podemos poner los respaldos un poco más verticales y, si todavía no nos llega, podemos plegarlos. La verdad es que el BMW X1 está muy bien resuelto desde el punto de vista práctico y hace cómodo el día a día con él.

Motor: BMW X1 18d S-Drive automático 2016: con 8 marchas

El motor ahora va colocado transversalmente y la tracción es delantera.

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El motor diésel de 4 cilindros va situado de forma transversal en el BMW X1 18d, lo que permite un mejor aprovechamiento del espacio interior. En este caso, el motor de 150 CV diésel está asociado al cambio automático de 8 velocidades, que tiene un funcionamiento impecable. Tal vez no sea tan rápido como los de doble embrague, pero es infinitamente más suave y, sobre todo, cómodo de utilizar en las maniobras a baja velocidad, aparcamiento, etc.

Aunque por fuera resulta bastante ruidoso, la verdad es que el interior está muy bien insonorizado y apenas lo escucharemos.

La respuesta de la mecánica es correcta, aunque en los adelantamientos uno espera algo más de reprís en un coche que anuncia 150 CV.

Como es costumbre en BMW, este modelo incorpora una tecla que modifica el comportamiento del motor y la caja de cambios con varios modos de funcionamiento:

– Normal: el sistema busca un buen compromiso entre confort y prestaciones, con cambios suaves entre cada marcha.

– Sport: los cambios son más rápidos y bruscos, el pedal del acelerador se hace más sensible y la transmisión mantiene las marchas hasta un régimen mayor de vueltas. De este modo se da prioridad a las prestaciones frente al confort o los consumos.

– Eco-pro: en este modo el pedal del acelerador es mucho menos sensible y la caja de cambios busca el desarrollo más largo posible. Además se activa el dispositivo de rueda libre cuando levantamos el pie del acelerador (siempre que no llevemos el control de crucero activado). En el indicador de consumo nos advierte de los kilómetros extra de autonomía que conseguimos usando este modo.

Además de estos modos de funcionamiento, el BMW X1 automático tiene la posibilidad de accionar de manera manual-secuencial la caja de cambios, con un movimiento lógico (reduce empujando la palanca hacia delante y sube marchas tirando de ella hacia atrás, como nos pide el cuerpo).

El agrado de utilización y la facilidad de uso que proporciona esta transmisión son dos factores que me parecen decisivos para recomendar esta opción frente al modelo manual.

Comportamiento: Fácil y cómodo

La tracción delantera del nuevo BMW X1 aporta más ventajas que inconvenientes en esta versión.

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Puede que para muchos sea toda una traición que BMW haya renunciado a la tracción trasera en sus modelos pequeños (todo apunta a que la futura Serie 1 y, posiblemente, también la Serie 3 sean de tracción delantera). Personalmente no lo considero así, aunque entiendo que se merezcan un “zas, en toda la boca” tras años pregonando que jamás harían un coche de tracción delantera y mofándose de Mercedes por su primer Clase A. Ya lo dice el refrán, no digas nunca de este agua no beberé…

Polémicas a un lado, la realidad es que los coches actuales -cargados de controles electrónicos y con suspensiones cada vez más perfectas- tienen un comportamiento más condicionado por el tipo de neumáticos y la gestión de dichos controles que por el tipo de tracción que posean. Por ello me parece más que razonable abrazar las ventajas que tiene la tracción delantera que seguir rindiendo pleitesía a un concepto que, en este tipo de coches, carece de sentido.

El BMW X1 de esta prueba es un coche bastante cómodo y, sobre todo, fácil de conducir en cualquier situación.

En ciudad resulta sencillo moverse gracias a su buen radio de giro y al cambio automático, que nos permitirá olvidarnos del incómodo pedal del embrague en los atascos. La visibilidad es buena en líneas generales y el start & stop funciona correctamente. Como sus dimensiones son bastante compactas, tampoco supone un problema moverse en los aparcamientos ni encontrar un hueco en el que meternos.

En carretera, las suspensiones del BMW X1 18d filtran bastante bien las irregularidades, y eso que la unidad de pruebas montaba las ruedas tipo Run Flat (puedes seguir conduciendo aunque pinches), con una carcasa muy rígida que resta bastante confort. Las prestaciones del motor son correctas y el cambio funciona francamente bien en casi todas las situaciones. Eso sí, a la hora de realizar un adelantamiento, deberemos tener algo de precaución porque sus recuperaciones no son fulgurantes.

Tampoco la caja de cambios me parece eficaz en estas situaciones. Cuando pisamos el acelerador a fondo, baja demasiadas marchas y se revoluciona en exceso. Estos motores diésel proporcionan mejores aceleraciones en el rango intermedio del cuentavueltas que tan arriba, de modo que en medio del adelantamiento nos hará un cambio de marcha y perderemos tiempo. Mejor poner el selector en modo manual y colocar una marcha en la que dejemos el motor en el entorno de las 3.000 rpm como máximo antes de iniciar la maniobra, así aprovechamos todo el par que ofrece.

El comportamiento en curva es suficientemente ágil. No estamos en un coupé, así que tampoco podemos pedirle unas reacciones instantáneas, pero no defrauda en este apartado y me ha gustado mucho más que el BMW 218d Active Tourer y el BMW 225 XE que, pese a compartir idéntica plataforma, tenía una puesta a punto del chasis mucho más descompensada que este X1.

En autopista, en curva rápida se nota bastante el balanceo de la carrocería, pero la trayectoria la mantiene con cierta seguridad. La dirección es muy directa y tiene un tacto excelente, es uno de los mejores apartados del chasis de este coche, con un eje delantero bastante eficaz.

En el circuito de pruebas, la maniobra de esquiva a 80 km/h hace saltar el ESP aunque el asfalto esté seco. La causa es un centro de gravedad algo más elevado que en una berlina y unas suspensiones con bastante recorrido, a las que hay que dar tiempo para acomodarse, por lo que los cambios bruscos de masas se le atragantan.

La frenada de emergencia desde 100 km/h se hace con total seguridad, sin zigagueos en el eje trasero y con distancias razonables para detenernos. El control de estabilidad hace bien su trabajo, de forma eficaz y sin movimientos parásitos.

En definitiva, el BMW X1 tiene un buen comportamiento en carretera, es seguro y muy fácil de conducir. En carretera jamás encontraremos inconveniente a la “traición” de BMW, sólo si apuramos al máximo podríamos sacar algo de partido a tener un eje trasero motriz que nos ayudase algo a redondear los giros con el gas, pero no es una conducción natural en carretera abierta, ni para la mayoría de los conductores.

Equipamiento: Opciones caras

El equipamiento de esta unidad es muy completo, lo que suma bastantes euros a la factura final.

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La unidad de pruebas añade un buen puñado de euros a su factura a base de sumar extras como la tapicería de cuero, el pack X-Line, el portón trasero eléctrico, etc. Esto hace que pasemos de los apenas 35.000 euros de partida a casi 44.000 euros que cuesta el X1 que puedes ver en la galería fotográfica.

Me parece “rentable” hacerse con el pack X-Line, con un buen puñado de extras muy recomendables, como el Head Up Display, sensores de aparcamiento, los acabados interiores o el kit aerodinámico con las llantas de 18 pulgadas, que cambian por completo el aspecto del coche.

Los faros full LED tienen una excelente iluminación, no tan buena como algunos modelos bi-xenón que he tenido ocasión de probar, pero dentro de los que emplean LED están entre los mejores. Además, el asistente de luz de carretera funciona bastante bien y evita de manera eficaz deslumbrar al tráfico que comparte la carretera con nosotros. También proporcionan una buena luz lateral en los giros en ciudad.

Algo más prescindible me parece el equipo de sonido Harman Kardon. Su calidad no admite crítica, con un sonido muy nítido en todas las plazas  y reforzado por unos altavoces de graves situados bajo los asientos delanteros, pero se trata de una opción cara.

En resumen, el equipamiento del BMW X1 es suficiente para su precio, pero, si queremos completarlo con opciones, además de una lista interminable y complicada de elegir, tendremos que asumir un sobreprecio considerable.

Consumo: Aprovechando cada gota de combustible

Esta motorización diésel de 150 CV logra unos consumos muy contenidos.

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Aunque los valores homologados para este BMW son muy optimistas y alejados de los reales, la verdad es que las cifras de consumo real durante la prueba se pueden considerar muy buenas.

Donde más divergencia respecto al valor oficial encontramos es en ciudad. BMW homologa un consumo de 5,1 l/100 km, mientras que el valor real medido en la prueba ha sido de casi 7 l/100 km. En su defensa he de aclarar que los días de pruebas hizo un calor extremo, con el climatizador trabajando a marchas forzadas y casi sin posibilidad de hacer uso del start & stop.

En carretera, si no usamos el control de crucero que anula la rueda libre y somos cuidadosos con el acelerador, es posible acercarse mucho a la cifra oficial de 3,9 l/100 km. Con una conducción natural y cruceros entre 80 y 100 km/h, es fácil sacar medias ridículas de apenas 4,3 l/100 km, un valor excelente.

En autopista, con el control de crucero fijado en 120 km/h, la aerodinámica y la ausencia de la rueda libre harán que los consumos suban hasta los 6,4 l/100 km, un aumento en el que también tienen algo de culpa las ruedas opcionales con llantas de 18 pulgadas y 225 mm de anchura.

Con estos valores y un depósito de 51 litros de capacidad, la autonomía del BMW X1 roza los 1.000 km.

Rivales

Vehículo

Bmw X1 sDrive 18dA

Mini Mini Countryman Cooper SD Aut.

Seat Ateca 2.0TDI CR S&S Xcellence 150

Mercedes-benz GLA 200d Style 7G-DCT

Precio Desde
35.827 €
Desde
32.307 €
Desde
30.939 €
Desde
34.368 €
Combustible Diesel Diesel Diesel Diesel
Cambio 8 marchas 6 marchas 6 marchas 7 marchas
Potencia (CV) 150 143 150 136
Aceleración 0-100 km/h (s) 9,2 9,4 8,5 9,1
Consumo Medio (l/100 km) 4,3 5,7 5,0 4,2
Emisiones CO2 (g/km) 114 149 114 108

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