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Prueba del Audi Q7 3.0 TDI quattro 272 CV: puro músculo de etiqueta

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02 de agosto, 2018

Esta vez ponemos a prueba uno de los coches más señoriales que hay en el mercado: el Audi Q7 3.0 TDI. Es buque insignia de la gama SUV de Audi ha pasado por nuestras manos y te lo contamos todo sobre él.

Mucha gente se empeña en discutir si resulta más práctica la “polivalencia” de un SUV con tracción total o la habitabilidad y distinción de una berlina de lujo para un uso más o menos igualitario (hacer kilómetros y kilómetros), pero… ¿por qué perder el tiempo en eso cuando el mercado goza de un coche como este que ofrece ambas cosas? Tras haber realizado la prueba del Audi Q7 3.0 TDI quattro, hemos podido comprobar que, como es habitual en el segmento, no es ningún aventajado en las artes del todoterreno, a pesar de lo que pueda insinuar su tremenda musculatura exterior. Sencillamente ningún SUV lo es. Esos honores recaen solo en unos pocos (y cada vez en menos). Sin embargo, el Audi de nuestra prueba de hoy sobresale en todo lo demás.

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Conducimos el Audi Q7 3.0 TDI 2016 de 272 CV

Tiene una apariencia esbelta, robusta y elegante que puede hacer recordar los grandes SUVs americanos del tipo Escalade, Navigator o Suburban, aunque sus rivales más directos por mercado y prestaciones son los europeos BMW X6, Mercedes GLE, Porsche Cayenne o Volkswagen Touareg. El Audi está un poquito por encima de ellos en materia de acabados interiores y confort de marcha. No obstante, como en todos los de la lista, para disfrutarlo habrá que hacerlo a base de chequera. Pese a que la versión que examinamos tiene un precio base de 75.000 euros, nuestra unidad en concreto, equipada con un amplísimo catálogo de extras, sobrepasa los 120.000 euros.

Lujo, confort, calidad, clase y -por qué no decirlo- también ostentación. Este grupo de palabras es el que mejor define al buque insignia de la gama todocamino en la marca de los cuatro aros. ¿Pasamos a ver cómo es este Q7 más en profundidad?

Nuestra valoración: 8,7

Diseño 9

Motor 9

Comportamiento 9

Interior 10

Equipamiento 8

Consumos 7

Destacable

  • Calidad interior
  • Habitabilidad y confort de marcha
  • Paquetes deportivos del exterior

Mejorable

  • Elevado peso
  • Precio de las opciones
  • Limitadas aptitudes offroad

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Enorme gentileza

El paragolpes, con las amplias entradas de aire, y la parrilla en negro brillante corresponden a los paquetes opcionales S-Line/Black Line.

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El Q7 es un coche enorme. Llega hasta los cinco metros de largo, ronda los dos metros de ancho y tiene una altura de casi 1,75 metros. Esa altura, además, en esta unidad equipada con suspensión neumática varía al antojo del conductor. En modo Offroad, la carrocería se eleva hasta 60 mm con respecto al suelo y, en modo Dynamic o al abrir el portón del maletero, los neumáticos quedan al mismo nivel de los pasos de rueda.

En conjunto, el diseño de esta segunda generación ha dado un salto adelante en cuanto a belleza y estilo bastante grande. Todas sus líneas rectas y formas cuadradas le dan un aire muy refinado y una acertada índole estilística, sin importar desde el punto de vista en que se vea. Además, el coche que tuvimos entre manos contaba con elementos que le dan el toque deportivo que todo el mundo anhela.

El paquete estético S-Line conlleva unas aberturas a modo de falsas entradas de aire en el paragolpes que enfatizan el carácter dinámico de esta unidad y el pack Black Line ofrece una parrilla y las carcasas de los retrovisores en negro brillante que lo hacen todavía más atractivo a la vista. Eso sí, entre los dos incrementarán la factura en unos 2.400 euros.

Otro componente que acrecienta tanto la factura como la belleza exterior del Q7 son las llantas de 22 pulgadas con diseño de cinco radios en “V” pintadas en titanio mate. Están firmadas por Audi Sport (de hecho, es frecuente verlas en modelos como el espectacular RS6) y montan unos neumáticos con medidas 285/35. Sencillamente, son preciosas y, al contrario de lo que pueda parecer, no alteran para nada el ya de por sí sublime confort de marcha.

La iluminación es otra de las virtudes de este SUV alemán. Nuestra unidad equipa los opcionales faros con tecnología Matrix led de Audi (previo pago de 1.220 euros) que brinda unas garantías durante la conducción nocturna francamente positivas. Permiten circular con las luces de largo alcance activadas por cualquier tipo de vía sin deslumbrar a los conductores que circulan en sentido contrario, ya que se encargan de desconectar los módulos de leds que impactan contra ellos mientras siguen alumbrando de manera formidable el resto de la calzada.

En cuanto a los accesos, todos ellos son más que generosos y no ponen en aprieto alguno a los ocupantes a la hora de entrar en el habitáculo, con la ligera y lógica excepción de la tercera fila (un extra que también incorpora esta unidad), a la que entrar supone algo más de esfuerzo. Aun así, la inclinación de los asientos laterales de la segunda fila ofrecen un hueco correcto y, teniendo cuidado con la cabeza, acceder a las dos plazas adicionales no supondrá mayores problemas. Por otra parte, el portón del maletero es de apertura y cierre electrónico y la boca que deja para la carga es enorme… Además, como hemos citado, al abrirle la carrocería, se pega al suelo para que el umbral quede muy bajo y la carga sea todavía más fácil.

Por último, en el aspecto de los acabados y las pinturas exteriores, no hay opción a queja alguna… Todo está perfectamente enrasado, anexado y rematado, tal y como se exige a un fabricante de este calibre.

Interior: Un habitáculo de 10

La calidad de los materiales y los ajustes del interior son perfectos.

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Una vez adentrados en el habitáculo del Q7, lo que se percibe es un inmenso espacio y una sensación de calidad infinita, algo a lo que  Audi nos tiene ya acostumbrados. La exquisitez convive mano a mano con la tecnología. La configuración del salpicadero, cubierto por completo en cuero, es en absoluto horizontal y se alarga hasta la zona del acompañante, donde se añaden unas falsas salidas de aireación centrales.

La consola está en una posición muy elevada y esto mejora mucho la ergonomía de los mandos de la climatización, del sistema de infoentretenimiento y del selector del cambio. Todo queda muy a mano. Además, la pantalla central está ubicada sobre el salpicadero y se puede guardar o extraer a nuestro antojo. Esta posición es inmejorable, ya que no hay que perder la vista apenas de la carretera para consultar cualquier tipo de información en ella. Su manejo es rapidísimo y bastante fácil, gracias a la sencilla rueda con la que se manipula y al Audi Touch Pad, que permite insertar direcciones durante la marcha de modo manual o por comandos de voz sin que ello suponga un despiste por parte del usuario. El sistema de navegación se corresponde con el llamado MMI plus, que, eso sí, implica un sobrecoste de casi 4.000 euros.

Nuestra posición de conducción, como en todo buen SUV, es alta pero comodísima. En buena parte eso hay que agradecérselo a los asientos deportivos S-Line revestidos con tapicería de Cuero Valcona Negro, que recogen bien el cuerpo y tienen un mullido estupendo para devorar kilómetros y kilómetros sin fatiga.

La instrumentación tiene como protagonista al digital Audi Virtual Cockpit, que posibilita numerosos modos de visualización personalizable (velocidad, revoluciones, mapas, ordenador de a bordo…), al mismo tiempo que aumenta la seguridad, puesto que podemos seguir la navegación en la misma pantalla de 12,3 pulgadas que comanda el cuadro. Aunque tengamos que desembolsar por él 760 euros, la verdad es que es mucho más recomendable que el Head-Up Display que también equipa esta unidad y que, con una diferencia económica de 1.000 euros más con respecto a lo que cuesta el Virtual Cockpit, ofrece muchísima menos información y resulta bastante más prescindible.

El volante, como todos los demás mandos y botones que encontramos en el interior, tiene un tacto formidable. No obstante, aunque con el paquete S-Line se puede elegir por poco más de 100 euros este modelo que cuenta con la zona inferior achatada y le da un aspecto más deportivo, es más cómodo y práctico el volante de tres radios redondo que también viene equipado con levas, muy útiles a la hora de reducir marcha o exprimir al máximo el motor diésel en modo Dynamic.

Las plazas traseras de la segunda fila también gozan de un espacio realmente amplio, hasta el punto de que pueden llegar a viajar tres adultos con un grado de confort equiparable al de un monovolumen -seguramente, mejor que incluso en un A8-. La holgura para hombros y cabeza es más que suficiente incluso para que esos tres adultos pasen de los 170 cm. Además, gozarán de climatización bizona y de banquetas con recorrido longitudinal e inclinación de respaldo en disposición 35:30:35.

El espacio para rodillas se verá condicionado a si la tercera fila de asientos (opcional y con un coste de casi 1.800 euros) está ocupada o no. De forma general, el espacio para estas dos plazas adicionales también será bueno, siempre y cuando los ocupantes de la segunda fila no sean muy corpulentos y no tengan problema en recorrer hacia adelante sus asientos.

He de confesar que no soy muy simpatizante de los SUVs de siete plazas con los fantásticos monovolúmenes que hay en el mercado y que, al fin y al cabo, terminan tocando los mismos caminos que los SUVs durante su vida útil (ninguno). Sin embargo, este Audi Q7 ha logrado llevarme a su territorio y lo ha hecho a base de obtener muy buena nota en la comodidad que ofrece a todos sus ocupantes. Su espacio interior no tiene nada que envidiar al de un monovolumen…

A todo esto, hay que destacar que el habitáculo está altamente aislado, tanto en ruido por banda de rodadura como en lo referente a motor y vibraciones, de las que no llega a penetrar ninguna. Tampoco se percibe casi nada de ruido aerodinámico, ni siquiera rodando en vías rápidas. Realmente es un coche rutero con el que recorrer kilómetros por cualquier tipo de carretera se convertirá en un placer.

Por último, en el apartado de capacidad para la carga del maletero, tampoco hay nada que reprochar. Su volumen llega a ser más que decente incluso con las tres filas de asientos en uso (295 l);  con la configuración habitual de 2+3, nos beneficiamos de 770 litros y, abatiendo la segunda fila, la cifra llega hasta unos vastos 1.955 litros. Bajo el suelo encontramos el compresor de la suspensión neumática, un gran subwoofer asociado al sensacional y carísimo equipo de sonido Bang & Olufsen (7.800 euros) y un cargador de CDs. También vemos una serie de botones en la zona izquierda del maletero que sirven para reclinar los asientos y para extraer y guardar la bola de remolque opcional de manera electrónica.

Motor: Un diésel con el carácter de un V6

El motor 3.0 TDI de 272 CV es una gozada.

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El Audi Q7 sólo está disponible con motores diésel. Sus cuatro niveles de potencia van desde los 218 CV de la variante Ultra hasta los 435 CV de la versión SQ7, esta última con motor V8. Todos los demás incorporan un bloque de seis cilindros en V. Nuestra unidad corresponde a la versión 3.0 TDI de 272 CV, que se sitúa en cuanto a potencia por debajo del SQ7 y del híbrido enchufable de 373 CV.

Este coche ofrece la potencia máxima desde las 3.250 hasta las 4.250 rpm y da el par máximo (600 Nm) desde las 1.500 hasta las 3.000 vueltas. Esto significa que tenemos la patada del V6 prácticamente en todo el régimen. El motor tiene una fuerza que es propia de su configuración y un sonido que al ralentí resulta cautivador. Luego, además, tenemos la ventaja de que en las aceleraciones no logra penetrar en el interior. Si queremos, se estira hasta poco más del límite donde deja de entregar su potencia máxima, pero hacerlo no será nada inteligente: el consumo pasará factura y realmente no nos bonificará con nada más.

Está asociado a una caja de cambios tiptronic de convertidor de par con ocho velocidades que hace unas transiciones suaves y bastante rápidas. Además, al notar una carga mayor en el acelerador, de forma instantánea reduce marcha. De todos modos, para hacerlo todavía más rápido, podemos recurrir a las obedientes levas que hay tras el volante.

Por supuesto, contamos con el reputado sistema de tracción quattro que convierte al Q7 en un coche todavía más estable. Cuenta con el Audi Drive Select y sus cinco modos de conducción: Efficiency, Comfort, Auto, Dynamic e Individual.

Comportamiento: Un barco para la carretera

La longitud del Q7 sobrepasa los cinco metros.

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El comportamiento dinámico del Audi Q7 está encauzado a ofrecer a sus ocupantes el más alto grado de confort en viajes. En autovías, es un auténtico depredador de kilómetros y lo hace además sin que suponga ni una mínima parte de suplicio para los que viajan en su interior. Esta unidad, a pesar de equipar unas enormes ruedas en llantas de 22 pulgadas, no se muestra para nada desequilibrada. La suspensión neumática es la gran estrella en este aspecto: en los modos de conducción  Auto o Confort se adapta al terreno según las condiciones del mismo y esto hace que vaya atravesando todas las irregularidades que encontremos a nuestro paso sin que casi resulte perceptible para los pasajeros. Además, los asientos con el Cuero Valcona terminan de rematar la jugada.

Esta misma suspensión permite también rebajar la carrocería en el modo Dynamic para así obtener un centro de gravedad más bajo y reducir los balanceos de carrocería, a la par que mejoramos la estabilidad. Hay que decir que el comportamiento en estas circunstancias es muy bueno para estar hablando de un coche de más de dos toneladas, aunque es evidente -y por otro lado también normal- que vamos a encontrarnos con bastante subviraje al enfrentar curvas cerradas a una velocidad algo alegre.

De igual modo, cuando queramos entrar a un camino de tierra, el modo Offroad levantará la carrocería lo suficiente como para que no sea una preocupación el hecho de que pueda existir algún roce con los bajos. Eso sí, con unas llantas de más de 2.000 euros y unos neumáticos de perfil tan bajo, no será muy recomendable pasarse de aventurero…

Por supuesto, sistemas como la tracción quattro o el eje posterior direccional resultan aliados que mejoran todavía más la conducción de este gigante señorial. Este último se nota, sobre todo, en las maniobras que podamos realizar en entornos urbanos. No será nada fácil intentar aparcar con una “mole” de más de cinco metros de largo (una vez que hayamos encontrado una plaza pública), pero el eje trasero direccional lo hará mucho más fácil.

La dirección es muy suave, asistida y lo bastante precisa como para que no se eche en falta más respuesta. Se endurece cuando nos sale la vena deportiva con el modo Dynamic, pero no se vuelve más informativa. Tampoco es un coche ideado para eso. Su tacto y su funcionamiento son ideales para hacer con el coche lo que el coche te pide que hagas con él (viajar y viajar).

Por último, las bondades del motor V6 de 3 litros diésel son infinitas. Nos beneficiamos de patada en todo el régimen y de una respuesta casi instantánea, pero, además, el par disponible que tenemos en el régimen de vueltas más demandado es brutal. El ronroneo del encendido y el poder que se vaticina al escucharlo también son una delicia. Es un coche pesado, sí, pero tiene una potencia más que adecuada para moverlo con agilidad. Eso sí, habrá que tener cuidado con el pie en el acelerador si no queremos que los consumos también queden por los aires…

Equipamiento: A base de extras y dinero

El Audi virtual cockpit permite varios modos de visualización en la instrumentación.

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El Audi Q7 con el motor que monta esta unidad está disponible, como decíamos, por 78.000 euros. Sin embargo, nuestro coche de pruebas está equipado hasta arriba de extras y su precio se acerca peligrosamente a los 130.000 euros.

El color de carrocería Blanco Carrara tiene un sobrecoste de 325 euros; la tapicería de cuero, de 1.460 euros; los asientos delanteros, de 420 euros; el sistema de estacionamiento con sensores y aparcamiento automático, de casi 500 euros; el Audi phone box con cargador por inducción, de 560 euros; el Virtual Cockpit, de 760 euros; el equipo de sonido de Bang & Olufsen, de 7.800 euros; el climatizador tetrazona, de 1.000 euros; el cierre servoasistido de puertas, de 810 euros; la cámara de visión trasera, de 570 euros; el eje trasero direccional, de 1.460 euros; el enganche para remolque, de 1.715 euros; los faros Matrix led, de 1.220 euros; el Head-Up Display, de 1.765 euros; la iluminación interior ambiente, de 345 euros; las inserciones en aluminio y madera Beaufort, de 2.045 euros; las llantas, de 2.730 euros; el acceso y arranque sin llave y la alarma, de 1.840 euros; el sistema MMI, de 3.735 euros; el paquete Black Line, de 1.035 euros; el paquete interior de cuero completo, de 8.000 euros; el paquete deportivo S-line, de 1.395 euros; la Alcantara que recubre el techo, de 1.890 euros; la suspensión neumática adaptativa, de 2.605 euros; el techo panorámico de cristal, de 2.225 euros; o la tercera fila de asientos, de 1.765 euros, entre otros.

Todo ello, por supuesto, está enfocado a mejorar la experiencia de conducción y el disfrute del coche. Todos los elementos, además, cuentan con un funcionamiento espectacular. No obstante, aquellos que no puedan hacer frente a semejante factura deberán saber que lo más recomendable -desde mi punto de vista- podría ser la iluminación Matrix led por las garantías de seguridad que ofrecen mientras conducimos de noche; el cuadro de instrumentos digital, que aúna en una sola pantalla toda la información necesaria para el conductor; y quizá el sistema de navegación MMI.

Evidentemente, los paquetes estéticos y las llantas le hacen ser todavía más atractivo a la vista y el cuero de los asientos incrementa más aún el confort de marcha, pero ya es algo que resulta muy positivo de serie. La suspensión neumática es otro importante plus que hay que tener en cuenta a la hora de querer un alto nivel de comodidad en cualquier terreno.

Otros elementos, como el revestimiento completo del interior en cuero (salpicadero, paneles de puertas, consola central…) o el equipo de sonido de Bang & Olufsen, por sus precios, son sólo dignos para los afortunados clientes que no tienen problema alguno en gastarse tales cantidades para satisfacer esos caprichos.

Consumo: Dentro de lo aceptable

La parte trasera tiene una configuración muy horizontal.

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Durante nuestra prueba hemos podido apuntar que en carreteras secundarias, dosificando bastante el gas, se acerca a los 7 l/100 km de consumo medio. En viajes por autovías a límites legales, la cifra se estabiliza en unos 8 l/100 km. Es en el centro de las ciudades donde, como siempre, los números se disparan hasta sobrepasar en algunos casos los 10 l/100 km. Teniendo en cuenta el coche que es, sus proporciones y sus pesos, son consumos ajustados. Eso sí, si nos olvidamos de tener especial atención con el acelerador, las cifras aumentarán de un modo contundente.

Tomando de referencia estos consumos, con un depósito para 75 litros de gasóleo, obtendremos una autonomía que rondará los 850 km.

Rivales: Rivales del Audi Q7 3.0 TDI quattro 272 CV

Vehículo

Audi Q7 3.0TDI Black line ed. Q. Tip. 200kW(9.75)

Bmw X6 xDrive 30dA

Mercedes-benz GLE 350d 4Matic Aut.

Porsche Cayenne Diesel Platinum Edition Aut.

Precio Desde
81.494 €
Desde
82.050 €
Desde
70.600 €
Desde
84.557 €
Combustible Diesel Diesel Diesel Diesel
Cambio 8 marchas 8 marchas 9 marchas 8 marchas
Potencia (CV) 272 258 258 262
Aceleración 0-100 km/h (s) 6,3 6,7 7,1 7,3
Consumo Medio (l/100 km) 6,2 6,0 7,5 6,6
Emisiones CO2 (g/km) 163 183 191 173

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