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Prueba del Audi SQ8 TDI: no hay nadie como él

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23 de abril, 2020

Hasta la llegada del RS Q8, el SQ8 TDI de esta prueba era la versión más deportiva de la familia Q8. Porque Audi vuelve a apostar por el gasóleo como combustible prestacional y, a tenor de lo que comprobarás en esta prueba, la jugada ha sido casi maestra.

El Q8 significó para Audi su estreno en el segmento de los SUV de corte deportivo. Con un diseño portentoso y una silueta cupé perfectamente integrada en sus cinco metros de largo, fue el encargado de introducir innumerables detalles que posteriormente se han ido viendo en el resto de integrantes de la familia Q de la marca de los cuatro aros. Al compartir plataforma con su hermano de corte familiar, el Q7, esperábamos con ansia la comercialización de su variante deportiva, el SQ8 TDI, lo que a muchos nos sorprendió fue que se liara la manta a la cabeza y decidiera sacar también una versión RS con nada menos que 600 CV bajo su capó.

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Esos son otros menesteres que esperamos analizar más adelante, por lo que estas líneas están dedicadas íntegramente al SQ8 TDI. Una versión que, como ocurre en el SQ7, suma las siglas TDI en lo que viene a ser un claro compromiso de Audi por el diésel, ese combustible tan denostado últimamente pero que ha demostrado ser tan limpio, o más, que la gasolina.

Cuáles son los rivales del Audi SQ8 TDI

Cada vez son más los integrantes del segmento de los SUV coupé de gran tamaño.

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Como decimos, con el Q8 Audi entró de lleno en la categoría de todocaminos cupé (en la que ya tiene incluso otro integrante, el Q3 Sportback), la misma que se encargó de estrenar BMW con el X6 en el 2008 y que supuso un punto de inflexión para el mercado. Tal es así que tras el bávaro, se han unido a este listado el Mercedes-Benz GLE Coupe, el comentado Audi Q8, el Porsche Cayenne Coupé o, en un nivel ligeramente superior, los Maserati Levante o Lamborghini Urus.

Si tenemos en cuenta que el V8 biturbo de 4.0 litros que más adelante analizaremos genera un total de 435 CV, vemos que el único rival directo (por emplear el mismo combustible) del SUV cupé de Ingolstadt es en realidad el propio X6, concretamente la versión M50d que desarrolla 400 CV. Si abrimos más la mano y aceptamos otros combustibles, tenemos ya el Merecedes-AMG GLE 53 4MATIC+ Coupé con 435 CV o el Porsche Cayenne S Coupé con 442 CV.

En lo que respecta a sus precios, más adelante veremos si merece o no la pena pagar los 36.750 € de más que cuesta frente a un Q8 50 TDI quattro de 286 CV pero en comparación con sus competidores, los 122.830 € de los que parte suponen un extra de 7.422 € frente a un Porsche Cayenne S Coupé, 7.130 € más que el X6 M50d (115.700 €) y 1.330 € por encima del AMG GLE 53 4MATIC+ Coupé.

Nuestra valoración: 8,8

Diseño 9

Motor 10

Comportamiento 9

Interior 9

Equipamiento 8

Consumos 8

Destacable

  • Diseño exterior con opcionales
  • Respuesta mecánica
  • Dinámica de conduccion

Mejorable

  • Precio final poco justificado
  • Demasiados elementos opcionales
  • Escapes falsos

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: como un Q8 ‘gordo’

Pocos son los elementos estéticos exclusivos que ofrece.

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Quizá uno espera que por esos casi 37.000 € de más que Audi pide por él respecto a un Q8 diésel, tuviera un modelo despampanante y más exclusivo. Sin embargo, la firma de los cuatro aros es fiel a sus principios y este SQ8 TDI bien podría tratarse de un Q8 que combinase el acabado Black line y el paquete S line.

Pese a ello, siendo justos, lo cierto es que este SQ8 TDI (al menos la unidad que ilustra estas líneas) luce una figura extraordinario. Quizá sea porque los elementos introducidos aumentan su longitud 20 mm (5.006 mm) aunque lo realidad es que toda la culpa la tienen muchos de los elementos opcionales que incorpora. Hablamos de las llantas de 22 pulgadas, las pinzas de freno en rojo, las molduras en negro o el color Naranja Dragón Metalizado… Si buscamos los detalles exclusivos de la sigla S, tendremos que poner nuestros ojos en la zona trasera. Allí veremos el logo SQ8 en la parte izquierda y el enorme difusor en el que se incrustan dos salidas de escape dobles de las cuales, atención, las exteriores son falsas y no cumplen más función que la estética.

Interior: discreto pero afinado

El interior aumenta su calidad con las molduras decorativas y tapizados… opcionales.

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En el interior pasa algo similar ya que este SQ8 TDI sigue pareciéndonos un Q8 bien customizado. Indispensables se vuelven extras como los asientos deportivos plus con tapizado en cuero Valcona romboidal, el sistema de iluminación ambiente LED, el volante deportivo achatado en su parte inferior, tapizado en cuero con ajuste eléctrico así como las molduras Carbon Vektor que le aportan ese toque exclusivo. Detalles por los que, de nuevo, hay que pasar por caja.

Porque por lo demás, el habitáculo del SQ8 es idéntico al de cualquier hermano de gama, lo cual, lejos de ser una crítica es igualmente una virtud porque si por algo destaca este SQ8 TDI es por su vistosidad y calidad de fabricación. El puesto de conducción está presidido por la doble pantalla táctil central con función háptica (emite una vibración al pulsar para simular un botón físico) y se completa con el Audi virtual cockpit y con el Head-up display. Cierto es que el cuadro de instrumentos digital ofrece una configuración deportiva, con unos gráficos más dinámicos y con sub-menús que ofrecen información adicional como un cronómetro o un diagrama de fuerzas G.

En lo referente a la habitabilidad, todo se mantiene. La zona trasera es perfectamente útil para tres adultos, incluso pese a la caída del techo, mientras que el maletero cubica nada menos que 605 litros, un dato perfecto para guardar todo lo que se nos antoje.

Motor: larga vida al diésel

Este V8 biturbo de 4.0 litros es el diésel más potente del momento gracias a sus 435 CV.

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Que paguemos casi lo cuesta un Audi A4 por tener un SQ8 TDI en lugar de un Q8 empieza a tener justificación en este apartado: el motor. Audi sigue confiando en sus mecánicas de gasóleo como corazón de sus versiones deportivas tal y como ya nos demostró con el primer SQ5 TDI o, más recientemente, con el S6 Avant TDI.

En el caso que aquí nos ocupa, el bloque es el mismo que mueve al SQ7 TDI, es decir, el V8 biturbo de 4.0 litros que genera la friolera de 435 CV y que se convierte, de facto, en el motor diésel más potente del mercado, que se dice pronto.

Más allá del potencial que genera destaca sobre todo por la increíble cifra de par que genera y que, además, surge a un régimen de revoluciones bajísimo. Hablamos de nada menos que 900 Nm disponibles desde solo ¡1.000 rpm! Cifra que se traduce en un empuje instantáneo a poco que rocemos el pedal con el pie.

El responsable de tener esta respuesta tan fulgurante no es otro que el compresor de accionamiento eléctrico (EPC) que asiste a los dos turbocompresores del V8 en el inicio de la marca y cuando el motor gira en un régimen bajo de revoluciones. El funcionamiento de los dos turbos es secuencial: a menos de 2.200 rpm se abre únicamente uno y cuando pasamos de dicho régimen, se acciona el otro, siempre asistidos por el EPC. Además, en las culatas, la admisión se sitúa en el lado exterior, mientras que el escape de ambos turbocompresores están en el interior de la V, provocando que el recorrido de los gases sea más corto y que la respuesta sea prácticamente instantánea.

Comportamiento: grande y pesado pero ágil

Pese a su tamaño y peso, es un vehículo extremadamente ágil.

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Una respuesta inmediata que se traduce en unas prestaciones para quitarse el sombrero. Porque este SQ8 TDI pese a arrastrar un peso de casi 2,5 toneladas y tener una carrocería de cinco metros de largo, es más rápido incluso que el S6 Avant TDI. Solo necesita 4,8 segundos para pasar de 0 a 100 km/h mientras que la velocidad punta está pertinentemente autolimitada a 250 km/h.

Ahora bien, lo que realmente sorprende es la agilidad con la que se mueve dada su fisonomía. No vamos a hablar de él como un auténtico trazalíneas pero ese calificativo se le aproxima bastante. El problema, de nuevo, es que para aumentar notablemente el dinamismo del SQ8 TDI hay que volver a pasar por caja y pagar los 1.515 € que cuesta el eje trasero direccional.

Podemos prescindir de él porque ya tenemos una dirección progresiva variable con un set-up más directo que en cualquier otro Q8, una tracción quattro con diferencial central autoblocante o una suspensión neumática adaptativa deportiva (empiezas a entender de dónde sale el sobreprecio), así como un potente equipo de frenos con discos ventilados delanteros de 400 mm y traseros de 350 mm, pero quien quiera sentir cómo este SQ8 TDI baila entre las curvas enlazadas deberá sumar la dirección activa a las cuatro ruedas. Un elemento que resulta incluso útil en entramados urbanos, donde como veremos en el apartado del consumo también puede desenvolverse con gracejo.

Pero volviendo a la carretera abierta o a un tramo de montaña, lo cierto es que este SQ8 TDI es una delicia de conducir. Incluso el sonido emitido por el V8 TDI es cautivador con un ligero gorgoteo en las aceleraciones contundentes… que son casi todas porque gracias al EPC el temido turbo lag (retardo) casi desaparece por completo. Si queremos aumentar aún más la efectividad del chasis, aquí sí tendremos que ‘aflojar la pasta’ e incorporar el tren de rodaje advanced (en el que ya se incluye además el eje trasero direccional) con un diferencial deportivo que nos inscribe de manera más efectiva incluso en la curva.

Ni que decir tiene que el funcionamiento del cambio tiptronic de ocho relaciones es excelente y aunque en modo manual no nos deja apurar demasiado el régimen para proteger el motor, se muestra rápida y precisa en modo automático siendo imperceptibles los cambios de marcha.

En esta amalgama de sensaciones podemos incluso omitir el montaje de los frenos carbocerámicos. Primero porque su factura asciende a los 11.205 € y segundo porque para que sean tan efectivos como se espera han de coger temperatura con rapidez y eso no lo lograremos en ningún punto más que en el circuito.

Ya puesto a nombrar zonas poco probables por las que este SQ8 TDI rodará, el campo. Sí, cierto es que la suspensión neumática le otorga cierta versatilidad para sortear caminos o zonas algo escarpadas, pero ni sus neumáticos de perfil bajo ni su filosofía están pensados para ello.

Equipamiento: prepara la chequera

Para lucir como nuestra unidad, hay que realizar un desembolso extra muy alto.

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Como hemos comentado, quizá muchos esperaban que por esos 122.830 €, este SQ8 TDI fuera cargado hasta los dientes.  Y aunque sí ofrece de serie algún que otro elemento que justifica su precio, más allá del comentado motor, lo cierto es que para obtener una unidad como la nuestra es necesario hacer un desembolso extra considerable.

En concreto hablamos de más de 35.000 € en opciones que provocan que la factura se eleve hasta más allá de los 155.000 €. Entre otros están algunos ya comentados como la pintura Naranja Dragón (1.385 €), los asientos deportivos plus (1.450 €), las molduras Carbono Vektor (1.120 €), las llantas de 22 pulgadas (1.915 €), el Head-up display (1.835 €)…

A estos se suman muchos que consideramos deberían formar parte de la dotación estándar como la función eléctrica de los asientos (645 €), el Audi phone box con carga inalámbrica (660 €), el climatizador de cuatro zonas (525 €), el aislamiento acústico de las ventanas (660 €), los faros Matrix LED (1.820 €), la cámara trasera (625 €), los cristales traseros tintados (595 €), la iluminación de ambiente (330 €) o la cubierta eléctrica de maletero (345 €). Todo ello sin contar los opcionales pensados para mejorar la dinámica de conducción como hemos visto anteriormente.

Consumo: la etiqueta influye

El sistema micro-híbrido reduce el consumo y le dota de la etiqueta ECO de la DGT.

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Nos hemos guardado para este apartado el hablar del sistema micro-híbrido que monta gracias al cual luce con orgullo la etiqueta ECO de la DGT, reportándole un sinfín de beneficios y ventajas (acceso sin límite al centro urbano, bonificación del 50% en las zonas SER…). Somos conscientes de que hablar de una mole de 2,5 toneladas, cinco metros y 435 CV con dicho sello es paradójico, pero Audi ha sabido sacarle partido a este sistema. Una tecnología mediante batería de 48 voltios que no solo aporta un extra de potencia en determinados momentos, sino que al estar conectado al motor hace las veces de alternador y motor de arranque, llegando a desconectarlo durante 40 segundos y entre 55 y 160 km/h. Por su parte, el sistema Stop&Start puede conectarse desde los 22 km/h mientras que en las frenadas, la batería de pueda recuperar hasta 8 kW de energía.

Esto traducido en consumo se aproxima a un ahorro de 0,7 l/100 km según las estimaciones de Audi. En nuestra prueba hemos comprobado cómo la incidencia de la orografía y de nuestras intenciones afecta en el gasto. Me explico. Para un uso a diario, el SQ8 TDI es capaz de gastar tan poco como un Q8 50 TDI, rondando los poco más de 9 l/100 km. En un uso intensivo por carretera podemos bajar incluso de los 7/100 km, mientras que en tramos revirados en los que queramos exprimir al máximo el potencial del coche, fácilmente veremos superaremos los 13 l/100 km.

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