Probamos el Rolls-Royce Dawn: lujo a cielo descubierto

Probamos el Rolls-Royce Dawn: lujo a cielo descubierto

1 septiembre, 2016

Nos acercamos hasta la factoría de Goodwood para comprobar todo lo que ofrece el Rolls-Royce Dawn: elegancia, potencia, lujo... ¡No te pierdas la prueba!

Nuestra valoración: 9,3 Excelente

Diseño 9

Sobresaliente

Motor 10

Excelente

Comportamiento 9

Sobresaliente

Interior 10

Excelente

Equipamiento 10

Excelente

Consumos 8

Notable

Destacable

  • Silencio de funcionamiento
  • Comportamiento rutero
  • Calidad de materiales

Mejorable

  • Peso elevado
  • Dimensiones comprometidas
  • Precio inalcanzable

Probar un Rolls – Royce es, en cierta manera, un ejercicio imposible. En primer lugar porque la historia y el aura de lujo que rodean a la marca hacen que uno se acerque al coche con muchos mitos en la cabeza. En segundo porque el posicionamiento de sus productos hace que casi no haya en el mercado referencias con las que compararlos. El último en llegar es el Dawn, que promete ser el más sensorial de los Rolls – Royce: un abierto de cuatro plazas sin prácticamente rivales y que cierra la primera etapa del renacimiento de de la marca bajo control de BMW. Con tantos mitos y tan pocas referencias me desplacé hasta Goodwood para visitar la fábrica de los coches más lujosos del mundo y comprobar si un Rolls – Royce puede emocionar.

Cuando en 1998 BMW consiguió el control de la firma, Rolls – Royce representaba una idea inmovilista y tradicional de la fabricación de coches donde el lujo dominaba sobre el diseño y la innovación técnica. 13 años después de presentar su primer coche la marca ha recuperado su posición como sinónimo de lujo, fabrica coches modernos que son más fieles a su historia que nunca y con cada modelo que lanza añade adjetivos a su renovado repertorio. Del Dawn dicen que es “sexy”, “fresco” y “sensorial”, y si no hubiese probado el Ghost Series II hace año y medio pensaría que es sólo una floritura lingüística. Pero sé que en Rolls – Royce están reinventándose a base de releer cuidadosamente su propia historia y, nada más verlo en vivo en el patio de la fábrica de Goodwood, con su capota abierta y enseñando su tapicería de cuero naranja entendí que en efecto éste es un coche especial.

Diseño Mira al pasado para construir su futuro

El Rolls - Royce Dawn tiene una longitud de 5,3 metros.
El Rolls – Royce Dawn tiene una longitud de 5,3 metros.
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A pesar de calcar las cotas del Wraith y llevar en su interior las entrañas del Ghost, el diseño del Dawn tiene suficiente personalidad como para distinguirse de sus hermanos, con un frontal y un tercio trasero prominentes, y un parabrisas enmarcado por unos pilares A tan inclinados que parecen los de un “concept car”.

El aire de familia con el coupé es innegable pero en la marca afirman que el 80% de los paneles de la carrocería son nuevos, una diferencia se percibe de forma sutil pero nítida. El trabajo de Ian Cameron y Giles Taylor al frente del diseño de la marca ha conseguido una rara cuadratura del círculo: que, a pesar de su aspecto muy moderno, en sus formas y líneas se pueda leer mucha historia. Por eso aunque su inspiración declarada es el exclusivo Dawn de 1950, del que sólo se fabricaron 28, en su carrocería también hay ecos de otros abiertos de la marca como el longevo Corniche (1967 – 1987) o los rarísimos Silver Cloud III Drophead Coupé de H. J. Mulliner (1962).

Sus enormes puertas de apertura opuesta transforman al coche casi en una escultura mecánica cuando se accionan eléctricamente, pero no son una concesión al espectáculo: con ellas entrar y salir del coche es mucho más cómodo y elegante, algo a lo que en Rolls – Royce prestan mucha atención. La capota se pliega en sólo 22 segundos con un silencio que realmente cuesta creer por más que se lea, así que os daré una referencia: el sonido de las ventanillas al bajar unos centímetros para facilitar la operación es mayor que el de la capota misma. Con ella cerrada queda claro que este coche es algo más que un Wraith abierto: el afilado perfil de los pilares A y la línea de techo tan baja y recta recuerdan a los coupé de estilo Art Deco de los años 30 con sus características ventanillas y parabrisas estrechos, dándole un toque un tanto oscuro y a la vez atractivo. Definitivamente el lenguaje del diseño de Goodwood crece con cada lanzamiento.

Interior Uno de los lugares más exclusivos y confortables del mundo donde viajar

Lujo inigualable.
Lujo inigualable.
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Pero, también como una escultura, sus formas engañan al ojo y bajo una apariencia musculosa se esconden unas dimensiones poco comunes. Es un coche grande, pero no grande como un break, ni siquiera como uno de esos SUV de 7 plazas que véis a veces. Con sus 5’3 metros de longitud es 50 y 20 cm más largo respectivamente que sus rivales más próximos, Bentley Continental GTC y Mercedes Clase S Cabrio.

Pero, ¿Por qué tan grande? Porque hay que alojar en su interior a cuatro pasajeros que deben viajar en el más alto estándar de confort, de acuerdo a lo que se espera de un Rolls – Royce, y para ese espacio tan exclusivo se necesita un gran tamaño. Las plazas traseras no son las pequeñas butacas de un 2+2, condicionadas por el mecanismo de la capota, sino dos auténticos asientos con un espacio para las piernas menor que en un Ghost pero muy superior, por ejemplo, a un Mercedes Clase E. Sentado en las plazas traseras se entiende que en la marca digan de este Drophead Coupé que es “social”: los asientos traseros no son para ir desde el hotel a la playa sino que en ellos se podría recorrer toda la Costa Azul cómodamente.

El precio a pagar es un peso enorme, más de 2’5 toneladas, pero ese interior es un monumento a la perfección y la calidad, con cueros dignos de los mejores fabricantes de lujo del mundo y en el que todo está pensado para agasajar al conductor y sus acompañantes: luces automáticas, climatización, equipo de sonido… Los asientos traseros del Dawn son uno de los lugares más exclusivos y confortables del mundo donde viajar. Y quizá los más estilosos.

Motor Motor V12 de 565 CV y silencio absoluto

El Rolls Royce Dawn monta un motor V12 que cubica 6,6 litros.
El Rolls Royce Dawn monta un motor V12 que cubica 6,6 litros.
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De acuerdo, se trata de un coche lujoso, pero es que es un Rolls-Royce así que quizá os preguntéis ¿pero qué hay de las emociones? Para eso hay que moverse con él, y es entonces cuando el Dawn despliega sus mejores trucos.

El primero es el silencio. Tratándose de una marca que presumió en un anuncio de haber eliminado el “tic tac” del reloj, quizá no parezca una habilidad especial… pero lo es. Me dicen que con la capota cerrada el coche es tan silencioso como el Wraith y estoy seguro de que es cierto, pero la esencia del Dawn se encuentra con el techo abierto. Es ahí donde se percibe que el silencio está modulado con el mismo cuidado y precisión con el que un fabricante de deportivos modularía el tono de un escape: es un silencio mecánico que habla sobre la excelencia de su ingeniería, desde el motor a los trenes rodantes, y que en pocos minutos envuelve a sus ocupantes con una sensación de serenidad que sólo un Rolls – Royce puede transmitir. Quizá alguien se lleve las manos a la cabeza con esto, pero debo decirlo: al cabo de unos minutos circulando con el Dawn este silencio emociona.

Esta ausencia de sonido mecánico tiene dos responsables principales. Uno es el apabullante par motor del V12, 820 Nm, que en conducción civilizada le permiten mover al coche con tan poco esfuerzo que en el indicador de reserva de potencia es raro superar el 85%. El otro es una caja de cambios automática de 8 velocidades guiada por satélite que, según la marca, se anticipa a la carretera para circular siempre en la marcha adecuada y sin brusquedades. No puedo comparar con una caja que no esté guiada por GPS pero en ésta los cambios son imperceptibles incluso a baja velocidad, siempre que circulemos con la etiqueta que un Rolls – Royce exige. Si el plan es pisar el acelerador como si fueses Dom Toretto, el retardo en la respuesta es evidente y cuando llega la reducción el motor entra en tromba con un poderoso empujón y un alarido que pueden resultar muy excitantes sobre el papel pero no encajan con el espíritu del coche. Así que, en cierto modo, la marca (como tantas otras) nos ofrece un pacto: si conducimos con estilo el Dawn nos recompensará, entre otras cosas, con ese silencio imperturbable. Y sólo es el principio.

Comportamiento Confort y rapidez definen a Rolls - Royce

Rutero incansable.
Rutero incansable.
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Decir que este coche es ágil para su tamaño y peso sería en cierta manera poner el foco en el sitio equivocado. En el Dawn los objetivos no son la agilidad y la deportividad sino el confort y la rapidez, y la diferencia es sustancial. El coche rueda con la serenidad y dignidad que se espera de un Rolls – Royce, engullendo las ondulaciones del camino y siguiendo las indicaciones de la dirección con precisión y sin esfuerzo. Sin embargo su amortiguación se siente algo más rígida que en el Ghost y el tacto de su dirección algo más rápido así que el Dawn parece más directo e inmediato. Al igual que sucede con la aceleración, guiarlo requiere un poco de etiqueta y dejarse inspirar por el coche: el gran tamaño del volante y su aro fino enseguida nos llevan a girar con suavidad, algo que permite mantener la compostura del coche y, no menos importante, sus más de 2500 kg bajo control.

Con esta receta no sorprende que en autovía el coche se sienta con un el aplomo de un crucero de lujo. Gracias a un motor prodigioso la maniobra de “adelantarse” al tráfico parece más bien el acto de desmaterializarlo. Circulando en silencio se abre uno al carril rápido y pisa suavemente el acelerador para dejar atrás algunos camiones y circulación densa, el viento inunda el habitáculo y al mirar por el retrovisor para retornar al carril no es que esté uno delante de los vehículos que iba a superar… es que ni se ven. En el tráfico a veces denso de la A27 hice varias veces esta maniobra con tanta facilidad y calma que al ver las velocidades que alcanzaba entendí que no podía publicarlas.

Pero es al salir de la A27 y adentrarnos por las estrechas y onduladas carreteras de West Sussex en dirección a la costa cuando entendemos que la magia de este coche reside en lo más inesperado. En las primeras décadas de su existencia los Rolls – Royce se ganaron una fama de ruteros imperturbables con competiciones y pruebas de todo tipo en carretera abierta desde el Alpine Trial al TT de la Isla de Man. En esta nueva etapa la marca ha interpretado este pasado con inteligencia para crear coches capaces de recorrer cualquier carretera con una comodidad inigualable, pero con una dósis de recompensa para el conductor que ya pude sentir en el Ghost y que lo cambia todo. En el Dawn, el más moderno de todos, ese punto de implicación con la carretera y la conducción queda sublimado al circular a techo abierto y sintiendo el viento a nuestro alrededor.

Al explotar el aspecto más emocional del coche, como si fuése el aventurero y vividor Charles Rolls, el motor, que había permanecido en un discreto segundo plano mientras circulaba al ritmo del tráfico, se revela como el ingrediente secreto. Aparece con un aullido metálico cuando se acelera con decisión y el coche se proyecta hacia delante con una sensación inesperada y casi diría inimitable. No se trata del vértigo de una aceleración brusca envuelta en el tono crispado de un motor revolucionándose. El V12 ruge en la distancia con un timbre evocador, pero nunca molesto, y el coche se lanza hacia delante con serenidad y sin apenas movimientos de la carrocería mientras el viento inunda el coche … la forma de circular del Dawn en una carretera de este tipo es tan sugerente y emocionante que me cuesta creer que un coche de 5’3 metros y 2500 kg sea capaz de implicarme tanto. Las estrechas carreteras rurales tienen curvas ciegas o toboganes que exigen, cada poco, parar el coche. Hay que pisar el freno con firmeza y su tacto es duro pero una vez más la carrocería se mantiene firme y sin movimientos extraños. Giro el volante con suavidad, el coche se inscribe en la curva con la precisión de un plano topográfico y la recorre con serenidad hasta que, al volver a enfilar una recta, invoco de nuevo al V12. El morro se levanta levemente con el “Espíritu del éxtasis” apuntando al fondo de la carretera y el motor ruge para después soplar con su característico timbre metálico; la carretera se transforma en un túnel verde que me envuelve y el viento va entrando en el habitáculo hasta enmascarar el sonido del motor según me acerco a la siguiente curva. En carreteras secundarias con curvas no demasiado cerradas el Dawn es un regalo para los sentidos y repetimos el ritual como en un baile eterno hasta llegar a las costas inglesas del Canal de la Mancha.

Una mañana de mayo de 1973 Stanley Sedgwick desayunaba en su casa de Dunquerque, en la costa francesa del Canal de la Mancha, poco antes del amanecer. Había apostado que podía ir a comer a Marsella en coche y volver a cenar a casa en el mismo día. Esa misma noche estaba de vuelta en Dunquerque después de haber recorrido 2100 km a más de 120 km/h de media contando paradas. El coche no fue un deportivo sino un abierto legendario de Rolls – Royce, el Corniche. No caben en el mundo actual temeridades como ésta o como la de Rudyard Kipling ganando una botella de caro champán al demostrar que su Silver Ghost podía superar los 100 km/h en las carreteras francesas. Pero este Dawn captura fielmente el espíritu de una parte de la historia de Rolls – Royce que había quedado olvidada en las últimas décadas y que desde BMW han recuperado con mucha inteligencia. Por decirlo sencillamente, el Dawn es un coche atractivo y emocionante de forma absolutamente genuina. En lugar de evocar la conducción deportiva, el diseño y el tacto del coche se apoya en una época dorada de la automoción en la que un Rolls – Royce no es que fuese el mejor coche del mundo, sino que era la manera más rápida y confortable de desplazarse sobre la tierra. Podéis pensar que no deja de ser un brindis al sol, en un tiempo en el que es absurdo correr por una carretera, en el que cada vez se hacen menos viajes largos por tierra y con una clientela tan exclusiva que pueden desplazarse con su jet privado. Pero no es menos brindis al sol que el de fabricar superdeportivos con potencias de Fórmula 1 a los que apenas se puede exprimir en un circuito. Aunque dueños como Kate Moss o Drake no vayan a comprobarlo, el Dawn es un superdotado rutero, un coche capaz de circular por carretera con un estilo único, un rendimiento al alcance de un puñado de deportivos del planeta y el confort de un tren de alta velocidad.

Han pasado apenas tres horas desde que me subí al coche cuando vuelvo a cruzar el umbral de la fábrica de Rolls – Royce y enfilo el patio con el Dawn. He puesto la capota porque el cielo británico ha decidido que ya me había regalado bastante sol y el coche entra en silencio. La planta diseñada por Nicholas Grimshaw tenía el objetivo de ser invisible y sostenible, y al menos lo primero lo consigue de forma teatral y elegante: no se ve hasta que no está uno delante, camuflada entre un espeso bosque. Cierro el coche y camino hacia la recepción donde se exhibe el Dawn de 1950. Una fría llovizna me saca de la ensoñación que es conducir este coche. No sólo se siente, de verdad, como el mejor coche del mundo. Además transmite emociones de una manera que ningún otro en el mercado podría. Este coche ha barrido de mi cabeza la idea que tenía de lo que puede ser un Rolls – Royce y da sentido a lo que desde la marca vienen diciendo: que están por venir muchas cosas nuevas y excitantes con sus próximos productos. Y espero volver aquí pronto a probarlos…

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