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Primera prueba del nuevo Jeep Wrangler 2019

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04 de julio, 2018

El Jeep Wrangler es uno de esos modelos eternos, como el Porsche 911, el Mercedes Clase G o el Lada Niva, coches que apenas han cambiado sus líneas maestras a lo largo de los tiempos, pero que han sabido adaptarse. Ahora vamos a ver en qué cambia el nuevo Wrangler que llega con una imagen muy seductora.

Existen cosas en la actualidad que uno no entiende muy bien por qué siguen existiendo. Un ejemplo evidente que me viene a la mente son los lapiceros de alta gama de Faber-Castell. Objetivamente son un anacronismo en la actualidad, pero muchos siguen sucumbiendo a los encantos de plasmar sus ideas sobre un papel con ellos. En el mundo de las cuatro ruedas también hay ejemplos como el Porsche 911 o el protagonista de esta presentación: el Jeep Wrangler.

Nadie se imaginaba en 1941 que aquella mula con ruedas iba a servir para algo en tiempos de paz, pero el Jeep no sólo sobrevivió a la guerra sino que se adaptó a las modas sin apenas cambiar sus líneas básicas. Gracias a esa capacidad de adaptación, la marca americana ha multiplicado por seis su volumen de ventas en los últimos 8 años, vendiendo en 2o17 nada menos que 131.000 unidades.

Para mantenerse adaptado a las modas es para lo que ha llegado el nuevo Jeep Wrangler 2019 que estará en los concesionarios españoles a partir de septiembre de este año. Su aspecto se ha modernizado con unas líneas más suaves aunque retomando soluciones estéticas del pasado, su interior es más confortable, sus mecánicas más eficientes y menos ruidosas y su equipamiento está al día en materias como la seguridad activa o la conectividad.

Con una gama compuesta por 3 niveles de acabado (Sport, Sahara y Rubicon) dos motores (2.2 diésel de 200 CV o 2.0 gasolina de 272 CV), dos tipos de carrocería (corto o largo) y 3 tipos de techo, el Wrangler 2019 llega dispuesto a conquistar a más compradores todavía.

Vídeo de la gama del nuevo Jeep Wrangler 2019

 

Nuestra valoración: 7,0

Diseño 8

Motor 7

Comportamiento 7

Interior 7

Equipamiento 7

Consumos 6

Destacable

  • Imagen icónica
  • Cualidades 4x4
  • Muy personalizable

Mejorable

  • Precio elevado
  • Sin reposapié
  • Comportamiento en carretera

Ver ficha técnica y equipamiento

Diseño: Cambiar lo justo para parecer el mismo

Los cambios han buscado darle un toque más moderno, pero que recuerde todavía más al Jeep original.

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Los diseñadores del nuevo Jeep Wrangler se han tenido que enfrentar a la paradoja de Lampedusa: cambiarlo todo para que nada cambie. Siempre que hay que actualizar un icono se corre el riesgo de resultar demasiado continuista o ser un sacrílego. En este caso han hecho un buen trabajo, aunque esto va en los gustos de cada uno.

El nuevo Jeep Wrangler tiene un aspecto claramente más moderno y refinado, pero lo han hecho recurriendo a soluciones estilísticas de generaciones anteriores. Por ejemplo, los faros delanteros son ahora más grandes y “muerden” las lamas de los extremos de la peculiar coraza de 7 franjas verticales, como en los Jeep CJ anteriores a 1953.

También el corte rectilíneo de los pasos de rueda proviene del diseño original de los Willys, mientras que de las series TJ de mediados de los años 90 se ha tomado el contorno trapezoidal de la coraza frontal.

Otro guiño que me encuentro en la nueva generación del Jeep Wrangler a sus ancestros está en el interior de los faros: son redondos, pero dentro hay una pieza rectangular que me recuerda a las carcasas que se utilizaban en los modelos militares para tapar parte de sus faros y que su luz no fuese vista por la aviación enemiga, dejando sólo una pequeña rendija horizontal para emitir luz.

En esta generación la luz proviene de sendos LED, tanto para la luz de cruce como para las largas y las de marcha diurna, que pasan a estar ubicadas en el extremo de las aletas delanteras.

Sus acabados han mejorado y el Wrangler 2019 se percibe como un coche más sofisticado. Sí, sigue teniendo las bisagras de las puertas a la vista, los cierres rápidos del capó delantero y unas formas trazadas a escuadra y cartabón, pero todo está mejor rematado y de forma más homogénea.

Existen dos carrocerías disponibles para el Jeep Wrangler: la corta de 3 puertas y la larga, denominada Unlimited, de 5 puertas. Ambas están disponibles con dos tipos de techos que podremos desmontar por completo en apenas 20 minutos, uno de lona blanda y otro de fibra de vidrio. A estas dos opciones se suma una tercera, sólo disponible para los modelos Unlimited, que consta de un techo de fibra que podemos desmontar por completo si queremos dejar el Jeep sólo como una jaula con ruedas, o bien, con un techo de lona retráctil de apertura eléctrica.

Una de las grandes bazas del Wrangler es que es un coche que se presta a mil y una personalizaciones. En Jeep saben que eso es un filón de dinero extra, así que ¿para qué dejarles este trozo del pastel a otros fabricantes?. Para el Wrangler hay disponible un enorme arsenal de accesorios en el catálogo de Mopar para convertirlo en lo que queramos.

Además de los tipos de carrocería y las posibilidades de su capota, existen dos Jeep Wrangler claramente diferenciados. Por un lado tenemos los acabados Sport y Sahara, pensados para los que van a hacer un uso más convencional. Su aspecto es más refinado, sus suspensiones y neumáticos más apropiados para conducirlo a diario y su equipamiento más “lujoso”. A ellos hay que sumar el Rubicon, con una imagen más ruda gracias a sus aletas de plástico negro, sus paragolpes más prominentes y recortados para mejorar los ángulos de ataque y salida, sus llantas calzadas con neumaticos de tacos y sus ejes Dana 44 reforzados y con suspensiones específicas para un uso intensivo fuera del asfalto.

Interior: Más práctico y atractivo

El interior ha mejorado mucho en materiales y confort.

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El mayor trabajo de adaptación a los tiempos modernos llevado a cabo en el Wrangler está en el interior. Se ha mantenido la esencia y el estilo clásico con una instrumentación y unos mandos principales que se disponen de forma que dan una sensación de horizontalidad al diseño, pero también se ha diseñado una gran consola central en la que agolpar elementos como la gran pantalla capacitiva de 8,2 pulgadas del sistema multimedia, los mandos de la climatización y los bloqueos de los diferenciales y elevalunas.

El resultado es atractivo y le da un agradable toque reto al aspecto del nuevo Wrangler. La insonorización ha mejorado una barbaridad y ahora es un coche mucho más cómodo para viajar, pero sigue habiendo deficiencias un poco inexplicables. Por ejemplo, el conductor carece de reposapiés, que es fundamental en cualquier coche, pero más todavía en un 4×4 en el que vamos a acabar en posturas en las que hay que asegurarse bien en el asiento.

También los plásticos que forran la estructura tubular de la carrocería son ahora más duros, algo incomprensible si tenemos en cuenta que están ahí para suavizar los posibles golpes que nos demos contra ellos.

En cuanto a cotas de confort no hay grandes variaciones. El espacio sigue siendo el mismo, más bien escaso en proporción a la longitud y anchura de la carrocería, pero se han añadido algunas soluciones prácticas como más huecos donde dejar cosas, etc.

Los acabados y los materiales tienen mejor aspecto que antes, pero no esperes encontrarte el salpicadero y los paneles de puerta de un BMW X3 aunque estés pagando lo mismo por este coche. Tanto los plásticos como los ajustes son más propios de un leñador de Montana que de un melindroso muniqués.

El maletero tiene ahora unos prácticos raíles con fijaciones para poder sujetar la carga, pero sigue teniendo el incómodo portón de apertura lateral y con el cristal independiente que ha caracterizado a todas las generaciones del Wrangler.

Motor: Adaptados a Euro 6c

Hay dos mecánicas: diésel de 200 CV y gasolina de 272 CV.

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El nuevo Wrangler abandona por completo las mecánicas de más de 4 cilindros para adaptarse a los tiempos y prepararse para incorporar en 2020 las versiones híbridas enchufables del Wrangler.

Por ahora, la gama de motores disponibles para el Wrangler se ciñe al motor 2.0 turbo de gasolina que rinde 272 CV y el 2.2 turbo diésel de 200 CV.

Ambos motores van siempre acoplados a la caja de cambios de 8 marchas automática con convertidor de par que ya conocemos en otros Jeep, pero en este caso disponen de reductora y, por primera vez, todos los Jeep Wrangler cuentan con diferencial central, de modo que podremos conducir con tracción total también en carretera. Además, conectar la tracción total con reparto automático de par se puede hacer en marcha a velocidades de hasta 72 km/h.

Si necesitamos bloquear el diferencial central porque las condiciones de adherencia son muy bajas (barro, nieve, hielo…) podemos hacerlo y todavía nos queda el recurso de las marchas cortas si tenemos que enfrentarnos a terrenos muy abruptos y trialeras. En el caso de elegir las versiones Rubicon, a todo esto se suma la posibilidad de poder bloquear el diferencial trasero o el delantero y el trasero. En estas condiciones se desacopla la barra estabilizadora delantera para ganar más recorrido de suspensiones en los ejes y que el Jeep Wrangler se adapte mejor todavía al terreno.

Una cosa que me ha gustado mucho de la caja de cambios automática es que en modo manual es 100% obediente. Si fijamos una marcha se queda en ella, no intenta pasar a la siguiente aunque lleguemos al tope de vueltas, esto es vital en conducción 4×4.

En esta toma de contacto he tenido la oportunidad de probar la versión 2.2 turbo diésel. Me ha sorprendido gratamente su mayor suavidad frente al modelo que se comercializa actualmente. Ya no parece que viajemos en una máquina agrícola. Su respuesta al acelerador es suficientemente contundente y ni suena ni vibra como hasta ahora.

Comportamiento: Fiel al concepto Jeep

El Wrangler sigue siendo un tipo rudo.

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El Jeep Wrangler se ha modernizado por completo, pero no ha querido dejar de ser un 4×4 de referencia, así que conserva sus dos ejes rígidos (en el caso del Rubicon son unos robustos Dana 44 con bloqueos totales de sus diferenciales) con unas suspensiones de muelles de gran recorrido. Esto es incompatible con una marcha en carretera precisa y suave como la de un SUV a los que estamos acostumbrados. Sí, el nuevo Wrangler es mucho más confortable en carretera, pero por muy cómodo que sea un taburete siempre lo será menos que un buen sofá.

En esta toma de contacto he probado un Rubicon y un Sahara y las diferencias son evidentes. El Rubicon monta unas ruedas de tacos y tiene una mayor altura libre. Esto hace que en carretera su dirección resulte muy imprecisa debido al flaneo que se produce por la deformación del taco de la banda de rodadura. También su balanceo es mayor y no digamos el ruido de rodadura de los neumáticos. La dirección es más directa que en la generación anterior y ahora apenas da 3 vueltas entre topes.

El Sahara monta unos neumáticos más apropiados para circular por asfalto y va más cerca del suelo, de modo que su centro de gravedad es más favorable.

La respuesta del motor 2.2 diésel de 200 CV es muy agradable y mueven con suficiente alegría al Wrangler, que es capaz de alcanzar velocidades muy superiores a lo que su dinámica haría recomendable. Todo lo que sea pasar de 140 km/h con este coche es complicarse la vida, no está pensado para ello, aunque los alcanza fácilmente.

Los frenos no están mal, aunque el pedal tiene un recorrido inicial en el que apenas reacciona, como cuando conduces un coche con algo de aire en el circuito de hidráulico.

El confort de marcha ha mejorado una barbaridad y ahora se puede viajar en él a los máximos legales y mantener una conversación sin acabar a gritos.

En cuanto a sus posibilidades fuera del asfalto, sus límites están más impuestos por el sentido común y la habilidad de cada uno que por el Wrangler. Hoy por hoy es uno de los mejores 4×4 que hay en el mercado. Mientras que muchos de sus rivales han desaparecido (como el Defender), otros se han aburguesado y han perdido esa capacidad de pasar obstáculos en el campo. Sin embargo, el Wrangler sigue siendo un verdadero especialista. Mientras que en carretera y autopista casi todos sus rivales son mejores que él, cuando la cosa se complica es donde saca lo mejor de sí mismo.

Equipamiento: Muy personalizable gracias a Mopar

Mopar ofrece todo un arsenal de accesorios para equipar al Wrangler.

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El equipamiento del Wrangler es completo ya desde la versión “básica”, el Sport. Las posibilidades de personalización y de equipamiento son casi infinitas gracias al catálogo de accesorios de Mopar, que ofrece desde una gran variedad de llantas y adhesivos y molduras hasta snorkel para una toma de admisión elevada, estribos etc.

En el apartado de conectividad el Wrangler se ha adaptado a los tiempos y equipa un sistema multimedia con una gran pantalla capacitiva que se maneja fácilmente. Por supuesto, cuenta con mandos en el volante y es compatible con Apple Car Play y Android Auto, además de disponer de navegador.

También se ha modernizado el Wrangler en el apartado de seguridad activa y ahora incorpora elementos como los retrovisores con alerta de ángulo muerto, el sistema de alerta de tráfico cruzado, los sensores de aparcamiento, cámara de marcha atrás, sistema de reconocimiento de los límites de velocidad en el navegador, control automático de velocidad, etc.

Con lo que no cuenta el Wrangler, o al menos no lo tenía ninguno de los disponibles para pruebas era el control de crucero adaptativo con radar de proximidad ni el sistema de mantenimiento en el carril. Personalmente lo veo razonable, ya que son sistemas que estarían contiuamente dando averías y descalibrándose si hacemos 4×4 con el coche, ya sea por un golpe, humedad al vadear un cauce o por acumulación de barro.

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