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Porsche Cayman 2013: la prueba

25 Octubre, 2013, modificada el 9 Agosto, 2017 por

Tras probar sus virtudes en una primera toma de contacto, nos habíamos quedado con ganas de más. Por fin, ha llegado nuestra oportunidad: hemos estado al volante del nuevo Porsche Cayman durante nada menos que una semana. Suficiente para enamorarnos de él… y, como en las mejores historias de amor, querer pulir algún que otro detalle.

No valorado

Destacable

  • Diseño.
  • Chasis.

Mejorable

  • Pulsadores del cambio en el volante.
  • Consumo.

Un Porsche siempre será un Porsche: objeto de deseo, garante de sensaciones deportivas y, a la vez, distinguido caballero, con clase. El máximo exponente es el 911 (¿hay cifra más mítica para los amantes del automóvil?), pero su hermano pequeño se renueva para hacerte dudar de tus convicciones.

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Las líneas musculosas están muy cuidadas para no romper la armonía. Todo encaja a la perfección, no hay "añadidos" ni formas que desentonen.

Hasta ahora, estábamos acostumbrados a las líneas suaves y redondeadas de su frontal, pero en esta versión el Porsche Cayman gana músculo y adopta unos faros más angulosos y agresivos. Aumenta la distancia entre ejes -nada menos que 60 milímetros-, la anchura (otros 40 mm) y se rebaja la altura en 10 mm: el resultado es un vehículo pegado al asfalto, con una presencia llamativa y poderosa. La verdad es que no soy capaz de dejar de mirarlo. El perfil es sencillamente espectacular, sin necesidad de alerones o postizos; sólo formas puras que hace que las cabezas se giren.

En el interior del Porsche Cayman

Dejemos algo claro: quien se gasta más de 60.500 euros en esta clase de coche no está pensando, precisamente, en su sentido práctico. Aquí manda el corazón y éste no entiende de sus dos pequeños maleteros (uno bajo el capó y otro en la trasera, suficientes para el equipaje de un fin de semana), sus dos plazas -la familia tendrá que montar por turnos- y unos asientos tan pegados al suelo que casi te obligarán a dejarte caer en ellos. Girarás la llave de contacto, el motor emitirá un rugido sordo, tus pulsaciones se dispararán… Y sabrás que has acertado.

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En el habitáculo, materiales y acabados cuidados. Destaca la profusión de botones en la consola central.

Cuando vuelvas del “paseo” (ahora iremos con esa parte), quizá tengas tiempo de echar un vistazo más detenido al habitáculo. Destacan los materiales, acabados y ajustes correctos, asientos deportivos que se aferran a tu cuerpo para que no se mueva en los apoyos, pequeños huecos para los objetos cotidianos y botones, multitud de ellos. La marca sigue con su filosofía de “un botón, una función”, lo que te evita navegar por diversos menús hasta que encuentras lo que buscas, pero sobrecargan la consola central, parecida a la cabina de un avión. Hay un pulsador para desconectar el Start&Stop, otro para endurecer la amortiguación, otro para desplegar el alerón… Y eso sin contar los “habituales”, como los mandos que manejan el sistema de sonido o la climatización.

Porsche Cayman: en carretera

Entre tantos botones están, por supuesto, los del cambio automático de doble embrague PDK. Se trata de una transmisión rápida, que obedece tus órdenes al instante, muy cómoda… Pero no tiene el sistema habitual de levas tras el volante, sino unos pulsadores en la parte delantera y trasera del mismo para que subas marchas y las bajes con cualquiera de las dos manos. Aquí hay dos botones para la misma función y, aunque todo es cuestión de acostumbrarse, las primeras veces habrá equívocos.

Manejar el cambio en modo secuencial mediante la palanca es una solución mejor, aunque la herencia del grupo Volkswagen hace que subamos marchas empujando hacia la consola central y las bajemos tirando hacia nosotros, justo al contrario del sistema que marcan los coches de carreras. Si en los vehículos de competición se hace así es porque se trata de la forma intuitiva y correcta, no nos cansaremos de repetirlo. Y cierto es que en el uso normal del Porsche Cayman no nos vamos a jugar un puesto en ningún podio, pero sí podemos ir deprisa. Mucho.

Vídeo: Porsche Cayman

Tenemos a nuestra disposición el motor de entrada a la gama, un 2.7 con 275 CV (10 más que en la versión anterior) y 6 cilindros cuyo sonido casi te trasladará al nirvana sin necesidad de recurrir a artificios como cajas de resonancia o amplificadores en el escape. Escuchar cómo sube de vueltas te pone los pelos de punta… y te abstrae de tal forma que tendrás que estar muy atento al velocímetro si quieres mantenerte dentro de los ritmos legales: es muy fácil sobrepasarlos sin que te des cuenta. Por suerte, pisar el freno y quedarte “clavado” es todo uno, gracias a unos discos más grandes y unas pinzas más resistentes.

Lo mejor llega en las carreteras de montaña, donde la excelente puesta a punto del chasis brilla como se merece. El motor central propicia un reparto de pesos casi perfecto (46:54), la propulsión trasera es una ayuda inestimable en los virajes más cerrados, que encararás con convicción. Cambios de apoyo, curvas rápidas, otras más lentas… Da igual cómo se retuerza la carretera: el Cayman saldrá airoso de la situación. ¿Quieres más? La suspensión se endurece con los modos Sport y Sport Plus, las sensaciones deportivas se incrementan, la seguridad con la que se afronta el trazado sube de forma exponencial. Pero no puedo evitar pensar que, si te gusta conducir, el cambio manual sería la guinda a esta experiencia.

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No te cansarás de rodar y rodar; cuantas más curvas enlaces, mejor.

Aunque el sistema de recuperación de la energía de frenado, la dirección electromecánica y el mencionado Start&Stop ayudan a contener el consumo de combustible, en nuestro recorrido el marcador baja con cierta rapidez… El dato medio oficial habla de 7,7 l/100 km, pero la cifra que hemos obtenido es un poco más alta. Buscamos una estación de servicio, pero no nos vale cualquiera: tiene que tener surtidor con gasolina de 98 octanos. Esta mecánica necesita delicatessen…

¿Será el Porsche Cayman tu próximo coche?

Si pienso en el Porsche Cayman, dos tipos de propietario se me vienen a la cabeza: jóvenes sin cargas familiares y veteranos que quieren un coche “de capricho” para evadirse de vez en cuando. En cualquier caso, ambos tienen cuentas corrientes saneadas, ya que el desembolso inicial es elevado… Y el mantenimiento, también. Pero esa admiración que despiertan las cosas bellas por muchas veces que las contemples, ese cosquilleo en el estómago cuando lo pones en marcha, esa sensación de poder al enlazar curvas sabiendo que el límite está muy alto… Eso no tiene precio.

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2 Comentarios

Noemí Alonso 25 Octubre, 2013

Si no “llegas” al mítico 911, este Cayman no desmerece en absoluto. Su chasis está tan bien pensado que la efectividad en las curvas es proverbial. No querrás carreteras que no sean de montaña.

Rubén Fidalgo 25 Octubre, 2013

Lo que te gastas de más en el Cayman te lo ahorras en peajes 😉

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