Porsche Cayenne Diésel

18 Septiembre, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Probamos el todoterreno que no ha dejado de romper esquemas desde su aparición. Fue el primero de su casa que formó parte de un segmento distinto al del resto de sus hermanos y, también, el único en incorporar un motor turbodiésel. ¡Nos ponemos al volante del Porsche más revolucionario! 

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Desde su llegada al mercado en el año 2002, la marca de Stuttgart se propuso hacer de su todoterreno un modelo rompedor, en todos los sentidos. Decimos esto porque el Porsche Cayenne fue el primer vehículo no deportivo construido por la casa alemana y, también, el encargado de acercar la exclusividad -no por su precio- a un público más amplio, formado por padres de familia de economías saneadas.


Pero su trayectoria de emprendedor no acabó aquí y, después de un restyling, adoptó el bloque V6 3.0 TDI del grupo Volkswagen que montan el Audi Q7, el Volkswagen Touareg -rivales de nuestro protagonista- y otros modelos del consorcio. Así sumó el título de primer Porsche diésel de la historia.


La versión que nos ocupa es una de estas con mécanica de gasóleo, que se sitúa como una de los referentes entre los exitosos SUV, con los que compite por imagen y precio -a pesar de ser un TT puro con reductora, como el Range Rover Sport, y llegar más tarde al mercado con este tipo de combustible-. Entre ellos encontramos a los BMW X5 y X6 -sin olvidar el ActiveHybrid-, Lexus RX 450h y Mercedes-Benz ML.

Interior

El habitáculo, como en sus hermanos de gama, es espartano y el ambiente Volkswagen es innegable por elementos del cuadro de mandos compartidos. La calidad percibida en algunos plásticos no es la esperada en un modelo de su precio -arranca en los 64.193 euros-, pero los ajustes son perfectos.


La vida a bordo es de lo más confortable gracias a su amplitud –4.798 mm de largo, 1.928 de ancho y 1.699 mm de alto-, tanto en las plazas delanteras como en las traseras. Cinco personas viajarán sin problemas con su equipaje en un maletero de 540 litros de capacidad, además del hueco para la galleta de emergencia, que ofrece la apertura independiente de la luneta trasera.


La unidad que probamos montaba en opción pintura metalizada, llantas de 18 pulgadas, asientos de cuero -los delanteros, confort con memoria-, sistema de ayuda al aparcamiento, cristales traseros tintados, techo solar, sistema de transporte de techo, suspensión neumática y Porsche Active Suspension ManagementPASM-, navegador, sistema de sonido Bose, bluetooth, control por voz, volante multifunción de tres radios en cuero, control de velocidad, sistema de ayuda al aparcamiento -opción recomendable para hacerse con sus medidas que cuesta 889,10 €– y maletero eléctrico, entre otros. Todos estos extras elevan el precio hasta más allá de los 83.500 euros.


Comentar que el equipo de serie no incluye faros bixenón –1.712,83 €– ni climatizador automático, aunque sí una batería de airbags -que acolchan por completo el interior en caso necesario-, el control de estabilidad –PSM-, ABS, tracción total permanente –PTM– y demás elementos de confort normales hoy día.

Comportamiento y Prestaciones

Al arrancar, el motor turbodiésel -common rail- V6 de 3 litros de cilindrada se aprecia refinado -su sonido es mínimo y no vibra-. Engranamos la D del cambio automático Tiptronic S de 6 velocidades y empezamos a disfrutar. Los 240 CV de potencia, que entrega entre las 4.000 y las 4.400 rpm, despuntan a partir de las 2.000 rpm, cuando los 550 Nm de par ofrecen toda su voluntad para alcanzar los 100 km/h en 8,3 segundos. La velocidad punta también es buena, 214 km/h.


Los consumos son los normales en un coche de su tamaño –11,6 litros en ciclo urbano, 7,9 en carretera y 9,3 litros en recorrido mixto, todos a los 100 km– y las sensaciones al volante son buenas si tenemos en cuenta los 2.315 kg que pesa.

La estabilidad es intachable gracias al trabajo conjunto del PSMPorsche Stability Management o control de estabilidad-, que regula electrónicamente la estabilización del vehículo cuando vamos al límite, y el PTMPorsche Traction Management o tracción 4×4-, que reparte el par motor a la rueda donde resulta más efectivo según la situación. A esto hay que sumar los neumáticos 255/55 R18 que pegan el Cayenne al asfalto. Pero es cierto que las inercias se notan, sobre todo al frenarlo.


Nuestra unidad equipaba como opción la suspensión neumática que regula el nivel -la carrocería inclina mínimamente- y la altura del coche mediante un botón en el túnel de transmisión -delante del cambio-, y el sistema Porsche Active Suspension ManagementPASM, sólo disponible combinado con esta suspensión- que regula electrónicamente la dureza de la amortiguación según el estado de la carretera y el estilo de conducción: confort, normal y sport.


En la última posición las reacciones de este 4×4 son inmediatas gracias a la mayor sensibilidad del acelerador, al tarado firme de los amortiguadores y a la mayor resistencia de la dirección -certera-. El cambio Tiptronic S completa la diversión con un funcionamiento secuencial muy adecuado con el espíritu deportivo que atesora el Cayenne, como buen Porsche.


Fuera del asfalto la reductora del PTM transmitite eficazmente toda la fuerza de la mecánica diésel. Así este Porsche se convierte en un compañero con el que disfrutar por firmes realmente complicados y comprometidos por su dificultad para traccionar.


Queda demostrado que el Cayenne Diésel no es un SUV más con el que viajar por encima -por su altura- del resto. Es un todoterreno de verdad, deportivo y más racional gracias al bloque de gasóleo que lo impulsa.

Destacable

– Polivalencia dentro y fuera del asfalto.
– Motor refinado.
– Prestaciones deportivas.

Mejorable

– Algunos detalles interiores.
– Equipamiento de serie.
– Precio.

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