Porsche 911 Carrera Coupé PDK

25 Noviembre, 2008, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Desde su aparición en los años 60, el 911 es el sueño de cualquier amante de las sensaciones al volante. Su imagen tiene mucho que ver, a pesar del paso del tiempo, en la fama que le ha elevado a los altares del automovilismo mundial. Para muchos un ejercicio de estilo, en su día, demasiado rentabilizado. Para otros, el encanto del pionero.

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Desde su aparición en los años 60, el 911 es el sueño de cualquier amante de las sensaciones al volante. Su imagen tiene mucho que ver, a pesar del paso del tiempo, en la fama que le ha elevado a los altares del automovilismo mundial. Para muchos un ejercicio de estilo, en su día, demasiado rentabilizado. Para otros, el encanto del pionero.


Considerado como el modelo estrella de la marca de Stuttgart, ha tenido por rivales a lo mejor de cada casa. La versión que nos ocupa lucha con modelos tan suntuosos como los Aston Martin V8 Vantage, BMW M6, Corvette, Jaguar XK o Mercedes SL, representantes de la deportividad absoluta -cada uno a su manera- con líneas diferenciadoras, y por supuesto más recientes que las del Porsche.

    Comportamiento

    La sensación a los mandos de este coupé es de conducir un coche rudo. La dirección y los pedales ofrecen cierta resistencia, pero hacen más exacta la entrada en curva y más fácil dosificar el gas.


    El nuevo cambio secuencial de doble embrague PDK y 7 velocidades que se combina con tres configuraciones distintas –normal, sport y sport plus– permite a los más tranquilos disfrutar de un paseo poco común al volante de este tipo de coches, siempre y cuando dejemos que el motor cambie solo y el programa seleccionado sea el normal. Las marchas suben con toda suavidad y la séptima llega a engranarse a 70 km/h.


    Cuando pulsamos la tecla sport la respuesta del acelerador se vuelve más inmediata y el régimen de revoluciones del motor se aprovecha mejor. A esto hay que sumar que las transiciones entre las relaciones en modo secuencial se hacen notables, como el sonido del propulsor bóxer que empieza a invadirnos.


    Pero no nos conformamos y probamos la opción sport plus, con la palanca posicionada en la M para elegir el momento de engranar la siguiente marcha. Pisamos a fondo -con el pie en la tabla- y las dos primeras velocidades se acaban si darnos cuenta, las inserciones son brutales y hay que sujetar el volante con ganas -al igual que la cabeza, que choca con el asiento en cada cambio-. Los pulsadores del volante ayudan a gobernar el 911 en esta situación, aunque nos sentiríamos más cómodos con unas levas como Dios manda.


    Es en este momento cuando somos conscientes de lo que llevamos entre manos y lo especial de su concepción -todo atrás, motor y tracción-. El morro quiere levantarse y la trasera nos empuja de forma continua y contundente.


    Llega la primera curva y nos aferramos al volante como si en ello nos fuese la vida ya que el nivel de exigencia del deportivo alemán es elevado, y más si nos empeñamos en pasos por curva fulgurantes que demandan tacto con el pie derecho y mucho ojo con el freno, aun con los controles de estabilidad y tracción conectados.


    Por ello, pensamos que aunque haya conductores dispuestos a sufrir su rudeza a diario, el Carrera es uno de esos coches que sienta mejor si se alterna con otro modelo menos radical.

    prestaciones

    El motor 6 cilindros bóxer de 3.6 litros inyección y 345 cv de potencia anuncia cifras que ponen los pelos de punta. Sus 1.520 kg pasan de 0 a 100 en 4,7 segundos y alcanzan una velocidad máxima de 287 km/h, números contundentes conseguidos gracias a sus 390 Nm de par a 4.400 rpm, y que nos hacen temblar al pensar en los consumos de este bólido de calle pensado para disfrutar en circuito.


    Pero para nuestra sorpresa, ya que esperábamos cifras más escandalosas, el 911 con cambio PDK se conforma con 9,8 litros a los 100 km en ciclo mixto, 14,7 en ciudad y 6,9 litros en carretera. Las 7 velocidades ayudan a desahogar la mecánica, permitiendo consumos coherentes siempre y cuando no abusemos del acelerador, algo difícil si nos dejamos encandilar por el sonido de su propulsor.


    Las recuperaciones son rabiosas y los frenos siempre están dispuestos para aumetar al máximo el espacio que nos separa del coche de delante. Al principio, el pedal es duro y tenemos la sensación de que hay que hacer mucha fuerza para que sus tremendas ruedas -de 265 mm detrás y 235 delante montadas sobre llantas de 18 pulgadas– se paren. Tras acostumbrarnos, nos parece que en este apartado estamos ante uno de los mejores coches que hemos probado.


    Por otra parte el mencionado tamaño de los neumáticos, que complementa la espectacular imagen de nuestro protagonista, da importancia a cada piedrecita suelta de la carretera que entra por el paso de rueda limitando el confort de marcha y potenciando la seca respuesta del coche.


    Por todo ello, y a pesar de no ser su objetivo primordial, la calidad de rodadura se ve perjudicada, de ahí que nosotros pensemos en él como una forma de disfrute al volante y no como único coche.

    Interior y maletero

    Como buen coupé de configuración 2+2 plazas está bastante condicionado por sus cotas –4.435 mm de largo, 1.808 de ancho y 1.300 mm de alto-. Al sentarnos en las plazas delanteras la posición adoptada es poco habitual para el común de los mortales. Las piernas, completamente estiradas, nos llevan a ver al conductor de un Mercedes CLS como si fuese en un todoterreno puro.


    Los asientos, de cuero, delanteros con ajuste de anchura consiguen sujetarnos a la perfección y mitigar cualquier impacto de las ruedas con el firme, de tal forma que la espalda no sea la gran perjudicada y siempre conservemos la posición deseada en el asiento aun en zonas muy viradas y complicadas.


    Atrás la cosa cambia y los asientos supletorios alojan a los pasajeros sobre el eje trasero con el consiguiente sufrimiento que esto significa, dureza de suspensión y más decibelios de sonido por su proximidad al vano motor. Por espacio son mejores que muchos 2+2 más altos que el que nos ocupa, pero lo ideal es utilizarlos poco.


    Por lo demás, el contacto está a la izquierda del volante -como en el resto de modelos de la marca-, el salpicadero es sencillo y está realizado en cuero como el volante, el pomo del cambio y los guarnecidos de las puertas. El techo tapizado en alcántara y detalles como el cronómetro que corona la consola central, junto con el cuadro de mandos de cinco relojes, completan el ambiente racing del Porsche 911 Carrera Coupé PDK.


    Pero hay detalles como los plásticos presentes en los tiradores interiores de las puertas, el pomo del cambio, el volante y la parte trasera de los asientos delanteros que nos dejan fríos al pensar en su precio.


    En cuanto a capacidad de maletero, los 195 litros que ofrece parecen aprovechables, si bien las plazas traseras harán de hueco complementario cuando el viaje no sea de fin de semana.

    Equipamiento

    Los principales sistemas de seguridad activa y pasiva -como los airbags y los controles de estabilidad y tracción– vienen de serie, al igual que elementos como los leds de luz diurna, los faros bixenón, el ordenador de viaje, los retrovisores eléctricos y calefactables, la dirección asistida variable, la alarma o el climatizador -que no es bizona-. 


    A todo esto hay que sumar los extras de nuestra unidad como el PASM o suspensión eléctronica -que hace más o menos firme la suspensión mediante un botón en la consola central-, el paquete sport chrono plus, el navegador, el volante multifunción, el bluetooth, el techo eléctrico y los sensores traseros de aparcamiento, entre otros. 


    Sin opciones el precio del Porsche 911 Carrera Coupé PDK se sitúa en los 96.253 euros, un precio elevado al alcance de bolsillos privilegiados que con los extras de esta unidad tendrían que sumar varios miles de euros más. Para ti, ¿cuál es el precio de la diversión?

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