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Primera prueba del Lexus LC 500 Cabrio: para el disfrute de los sentidos

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23 de septiembre, 2020

Por fin nos hemos podido poner al volante del Lexus LC 500 Cabrio. El modelo que expresa la máxima exclusividad de la firma nipona y que mantiene el magnífico bloque V8 atmosférico que despierta nuestras emociones más primarias. Así es conducir este LC 500 Cabrio.

Pocos vehículos han despertado tanta expectación como el LC 500 Cabrio. Desde su anuncio como concept hace algo más de un año hasta su toma de contacto realizada hace escasas horas, pocos aspectos han cambiado. La llegada del Lexus LC 500 Cabrio tiene como objetivo convertirse en el descapotable más bonito del mundo, algo que a tenor de lo comprobado durante nuestra ruta entre Sevilla y Málaga, unida a la escasa cartera de rivales a los que se tiene que enfrentar (de primeras nos salen el BMW Serie 8 Cabrio y el Ford Mustang Cabrio) parece que conseguirá.

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Pero ojo, el nuevo LC 500 Cabrio no será un producto para el pueblo pues la firma de lujo se ha marcado el ‘humilde’ objetivo de comercializar un total de 20 unidades anuales. No obstante, su fabricación casi artesanal unido a un precio de partida que arranca en los 155.000 euros (el Coupé parte d los 120.000 €) evitan que el número sea mayor…

Impedimentos al margen, la realidad dicta que Autocasión ha sido de los pocos medios que hemos podido no solo palparlo, sino también disfrutarlo por una excelente ruta organizada en la que las rectas prácticamente brillaban por su ausencia. Por eso, sin más dilación, toca analizar a fondo este LC 500 Cabrio. .

Nuestra valoración: 9,2

Diseño 10

Motor 10

Comportamiento 10

Interior 9

Equipamiento 9

Consumos 7

Destacable

  • Diseño exterior
  • Calidad de los materiales
  • Maletero inalterado

Mejorable

  • Plazas traseras testimoniales
  • Precio final
  • Consumo en conducción deportiva

Diseño: Atractivo nato

La zaga es, obviamente, la que más diferencias aporta.

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Cuando Lexus creó el LC lo hizo con esa idea de transformarlo en una obra de arte. Y vaya si lo es. No miento si afirmo que no hay un rincón de sus 4,77 metros que no inspire, evoque o atraiga. Además, los diseñadores nipones no han modificar en exceso los puntos fuertes del LC Coupé y salvo la zaga, el Coupé y el Cabrio son como dos gotas de agua. Inspirado sin duda en el LFA, además de su afilado frontal, de sus luces de conducción diurna, de sus proyectores principales o de su doble salida de escape, este LC 500 Cabrio llama la atención por sus descomunales llantas de 21 pulgadas o, claro está, por su techo de lona.

Una capota que ha sido desarrollada siguiendo los máximos estándares de calidad. Disponible en cuatro colores, está compuesta por cuatro capas que aíslan el interior de la misma manera que en el Coupé, ofrece un plegado automático que la oculta bajo los asientos traseros sin reducir ni un ápice los 172 litros de maletero. Acción que por cierto se puede realizar en 15 segundos y a una velocidad máxima de 60 km/h.

Mención aparte merecen el LC 500 Cabrio Regatta Edition que eleva un gran más exclusividad del modelo al proponer espectacular tono azul compuesto por múltiples pigmentos en el que, curiosamente, ninguno es azul pero que al juntarse dan dicho tono. Edición que también presenta un tapizado de cuero interior específico y una capota de lona exclusiva.

Interior: Máximas sensaciones

Envolente. Así es como nos sentimos al sentarnos en el LC500 Cabrio.

Envolvente y orientado al conductor. Así es el puesto de conducción del LC 500 Cabrio.

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Entrar en el LC500 Cabrio es entender el lema antes comentado de “nacido para sentir”. Si bien ya conocíamos el diseño del LC Coupé puede que sea la emoción del momento y aunque la unidad que nos ha ‘tocado’ destila sobriedad lo cierto es que nos transporta a otra dimensión. Todo está pensado para envolver a los ocupantes (siguiendo la filosofía Omotenashi), con un salpicadero orientado hacia nosotros en el que predomina la calidad. La zona central está presidida por la pantalla de 10,3 pulgadas que se maneja mediante el touch-pad táctil colocado junto a la palnca de cambios, mientras que el característico cuadro de relojes inspirado en el del LF-A sigue ofreciendo una doble vista de la esfera (en el centro o desplazada hacia la derecha).

Todo ello sin obviar, claro está, sus asientos. Unas butacas realizadas en exclusiva para este LC 500 Cabrio que recogen a la perfección nuestro contorno y nos permiten realizar una conducción placentera a la par que deportiva. Ni que decir tiene que ofrecen todos los reglajes eléctricos que se nos antojen, mientras que, como buen descapotable, cuentan tanto con calefacción, ventilación y toma de aire situada a la altura del cuello. Un complemento perfecto para el innovador sistema de climatización inteligente que ajusta la temperatura e intensidad de manera automática detectando múltiples parámetros como la colocación o no de la capota, la cantidad de luz solar, la temperatura exterior y la velocidad del vehículo.

Tras estos butacones propios de cualquier clase Business, Lexus ha optado por mantener las plazas traseras del LC Coupé, reduciendo eso sí sus dimensiones. El objetivo era mantener la configuración 2+2 pero la realidad es que son tan testimoniales que hasta nos cuesta visualizar en ellas a niños. Por su parte, el maletero, como decíamos, no se ve penalizado y mantiene los mismo 172 litros que el Coupé, incluso si la capota está plegada, pues esta se coloca recogida tras los asientos traseros.

Motor: Larga vida a los atmosféricos

Hay que agradecer que Lexus mantenga vivo este V8 de aspiración. Una auténtica delicia de motor.

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Si las decisiones estéticas han ido encaminadas para lograr el coche más bello posible, hay que alabar igualmente la decisión de las mentes pensantes de Lexus de dotar a este LC 500 Cabrio del motor que monta. Se trata del magnífico bloque atmosférico V8 de 5.0 litros atmosférico que resiste, al igual que en el Mustang GT, a la tiranía de los motores turbo.

Encandila no solo por el rendimiento que atesora, determinado por los 477 CV de potencia que surgen a 7.100 rpm y los 540 Nm de par cuando la aguja gira a 4.800 vueltas, sino por su embriagador sonido. Basta con arrancarlo para entender el concepto de ‘memoria involuntaria’ de Marcel Proust, aquella en la que la memoria evoca recuerdos del pasado que creíamos olvidados. Porque escuchar un bloque atmosférico, y más un V8, parece ya un ejercicio utópico cuanto menos.

Pero el bramido de este bloque tanto en las aceleraciones como, sobre todo, en las reducciones de marcha, se cuela de manera exquisita en el habitáculo cuando no encuentra obstáculo que la difumine. En caso contrario, apenas notaremos su incidencia pues la marca ha implementado un sistema de cancelación del ruido (Active Noise Control) que elimina las frecuencias innecesarias para disfrutar de su sonoridad.

Socio de lujo de este V8 es la caja cambios automática de 10 relaciones DirectShift que ofrece un manejo rápido como pocas transmisiones hay hoy en día. Imperceptible en el tránsito automático y obediente al hacer un uso manual de la misma, con ella el LC 500 Cabrio acelera de 0 a 100 km/h en tan solo 5 segundos (tres décimas más que en el Coupé) alcanzando los 270 km/h de velocidad punta

Comportamiento: Sobre raíles

A pesar de su tonelaje y dimensiones, se mueve con una soltura pasmosa.

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Llegamos quizá al que es el apartado más esperado, el mismo que llevábamos meses esperando. Acomodados en sus butacones, apretamos el botón de arranque y tras sobresaltarnos con el rugido del V8 iniciamos la marcha. Los primeros compases en frío los realizamos con el modo Eco dado que el entorno en el que nos movemos es urbano (por nuestra mente se cruza el 500h híbrido que sí está disponible en el coupé) pero a poco que nos incorporamos a la autovía y apretamos el acelerador con contundencia todo rastro de hibridación se nos esfuma de la mente. El ensordecedor sonido se filtra por nuestros oídos mientras la espalda se fusiona con el respaldo.

Tenemos que ser cautos para no superar, en pocos metros, los límites legales, los mismos a los que llegamos en segunda velocidad sin inmutarnos mientras la aguja sube endemoniadamente. Reducimos el énfasis y percibimos que gracias a las 10 velocidades, circulamos a 120 km/h en un régimen de tan solo 1.500 vueltas, lo que nos asegura un consumo muy contenido (ver apartado de consumo).

Pero si por algo destaca este LC 500 Cabrio es por lo bien que se mueve en tramos revirados. De los casi 300 km de ruta realizados, el 75% discurrió por zona de montaña en la que las rectas están mal vistas. Uno puede pensar que con esta potencia y, principalmente, con su peso, no va a ser sencillo parar los 2.035 kilos que presenta ante la báscula (100 más que el Coupé). Caso error, porque este LC 500 Cabrio sorprende por su agilidad.

Es endiabladamente rápido pues pasa de 0 a 100 km/h en 5,0 segundos.

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La misma que se ha conseguido aumentando la rigidez perdida por la ausencia de techo con piezas de refuerzo estructural en la suspensión trasera, aumentando a 30 el número de piezas unidas (mediante soldadura o pegamentos de alta resistencia) así como con la implantación de tres tirantes inferiores. A ello se suma una suspensión adaptativa cuyo software ha sido revisado para este modelo y el siempre efectivo eje trasero direccional.

El resultado, un auténtico trazalíneas que no ofrece concesiones tanto si la curva es rápida como si hay que acometer un vértice tirando de volante. Se mueve sobre raíles gracias a una de las direcciones más directas de su categoría, incluso en enlazadas continuadas aunque hay que estar atentos en los giros más cerrados para que el eje trasero direccional no nos enrosque en la curva. Los frenos, por su parte, cumplen de sobra con las exigencias de una zona tan sinuosa y apenas dan muestras de fatiga pese al amplio tonelaje que han de mover.

De obligado cumplimiento en este tipo de tramos es la activación del programa Sport S+ que modifica los parámetros del vehículo para obtener siempre la respuesta más contundente. Menos exigente pero igual de emocionante es el modo Sport S que reduce ligeramente la sonoridad del V8. La guinda la pone la opción de desconectar el ESP de manera parcial siendo también obligatorio aumentar la concentración pues es solo recomendable para aquellos conductores ágiles de manos.

Lexus ha sabido compensar los 100 kilos extra y propone un comportamiento excelente.

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Para asegurar el máximo confort cuando se circula con la capota plegada, cuenta con dos paravientos traseros. Uno fijo de cristal que reduce en un 67% la formación de turbulencias cuando circulamos por debajo de los 60 km/h y otro más robusto que suprime el uso de las plazas traseras eliminando cualquier turbulencia cuando rodamos a 120 km/h.

En lo que a comportamiento se refiere poco podemos decir de un coche que estaba parado, así que tendremos que esperar a principios del año que viene cuando vengan las primeras unidades. No obstante, en este apartado Lexus nos ha dado ciertas pinceladas que nos hacen entender el trabajo realizado.

Desde la marca nos aseguran que este LC500 Cabrio no tendrá nada que envidiar al Coupé en términos dinámicos pues han conseguido aumentar la rigidez perdida con piezas de refuerzo estructural en la suspensión trasera, aumentando a 30 el número de piezas unidas (mediante soldadura o pegamentos de alta resistencia) así como con la implantación de tres tirantes inferiores .

El LC500 Cabrio monta la suspensión adaptativa cuyo software ha sido revisado para este modelo y así paliar igualmente los 100 kilos extra de peso que cifra frente al coupé. Además para asegurar el máximo confort cuando se circula con la capota plegada, cuenta con un paravientos trasero que reduce en un 67% la formación de turbulencias. Lo que no cambian son los cuatro modos de conducción disponibles, Eco, Normal, Sport y Sport+ que varían la respuesta del conjunto y podrán seleccionarse mediante el ‘cuerno’ situado a la derecha del cuadro de instrumentos.

Equipamiento: Todo de serie

El único extra es el deflector trasero.

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Dado que el precio de partida del LC500 Cabrio supone un incremento de 35.000 € frente al LC 500h Coupé, Lexus ha querido que los clientes que opten por él no tengan demasiados quebraderos de cabeza en lo que a configuración se refiere. No hay lugar a los extras a excepción del deflector trasero y todo en el Gran Turismo Cabrio entra dentro del equipamiento de serie. Desde la íntegra sincronización móvil hasta el sistema de purificación del aire que inhibe de bacterias y malos olores al habitáculo, pasando por el comentado sistema de climatización, la tapicería de cuero, la regulación eléctrica de los asientos, el sistema de sonido Mark-Levinson con 13 altavoces especialmente desarrollado para el modelo, las llantas de 21 pulgadas, el Head-up Display o el completísimo elenco de asistentes a la conducción englobados bajo el Lexus Safety System+ y entre los que se encuentra un capó activo, airbags laterales más grandes o barras antivuelco.

Consumo: Un Jekyll y Mr. Hyde

Es el menos importante de los apartados, pero el consumo no es para nada malo.

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Hablar del consumo en coche de estas características es casi hasta insultante. Intentar que el V8 sea un motor eficiente es casi un insulto a su creación, pero ello no implica que no sea posible (de ahí el modo ECO que ofrece). Empezando por el oficial, Lexus homologa un gasto medio bajo ciclo WLTP de 11,7 l/100 km, valor que podemos ser capaces de ver en el ordenador de abordo si decidimos ‘capar’ toda funcionalidad del V8 y disfrutar de un día de sol por cualquier zona costera.

En autovía y autopista es relativamente sencillo incluso ver valores inferiores a los 9 litros e incluso por ciudad no superaremos los 13 l/100 km yendo tranquilos, pero será en un tramo serpenteante, con el programa Sport+ activado, la transmisión en modo manual y la aguja subiendo hasta las 7.000 vueltas donde más agradecido se sentirá este V8… a costa eso sí de ver cómo el gasto medio sube hasta nada menos que los 21 l/100 km.

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