Nissan Cube

3 marzo, 2010, modificada el 9 febrero, 2011 por

Desde luego, no pasa por ser un monovolumen más. Dirigido a inconformistas, es buena alternativa para ciudad con este motor, pero sale caro y anda poco.

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Feo, raro, furgonetilla… Durante la semana que nos hemos puesto al volante del Cube hemos escuchado toda clase de comentarios acerca de su diseño, en general no muy favorables. Desapercibido no pasa, está claro, entre otras cosas por su estética asimétrica: en el costado derecho el pilar C trasero queda oculto por un vidrio oscurecido; el izquierdo exhibe chapa y una pieza plástica negra en ese punto -el esquema se invierte en países con volante al otro lado-.

Hasta hay quien opina que parece una nave espacial, un juguete gordo o uno de esos estrambóticos prototipos que las marcas acostumbran a llevar a los salones de automoción. Pues bien, aunque no lo parezca este mini monovolumen es equiparable a los Citroën C3 PicassoFiat Idea, Honda Jazz, Kia Venga, Lancia Musa, el también Nissan Note, el Opel Meriva o el Renault Grand Modus. Sin embargo, lo peculiar de su estampa, que encandila a la juventud japonesa fascinada por los comics de Manga y todo lo que huela a electrónica de bolsillo, “dispara” en la línea de flotación de clientes dispuestos a apostar por modelos más o menos alternativos, como los Kia Soul, Mini Clubman -pese a no ser propiamente de la categoría- y Toyota Urban Cruiser.

Interior

De aspecto visiblemente cuadriculado -de ahí su nombre, del inglés cubo, y un coeficiente aerodinámico de 0,35, más bien pobre-, sus 3.980 mm de longitud, por 1.695 de anchura y 1.670 mm de altura 2.530 entre ejes-, dan lugar a un habitáculo de tamaño razonable, aunque la espaciosidad trasera no es su fuerte. Con todo, el asiento posterior se puede ajustar longitudinalmente 24 cm y la inclinación del respaldo -abatible por piezas asimétricas- en 3 posiciones, así que algo de juego sí da; hay termina su versatilidad.


Por su parte, el maletero básico, al que se accede por un portón que pivota desde la izquierda y no hacia arriba, como es habitual, parte de 255 litros, una cota racional. Lo malo es que el plano de carga queda alto.


La calidad es correcta, sin más. Por ejemplo, el tapizado, de tacto aterciopelado, es suave y agradable, pero el mullido de los asientos resulta fofo. La insonorización es manifiestamente mejorable -estos días de lluvia tenaz detectamos un ruido acusado de las salpicaduras que provocaban los neumáticos en los pasos de rueda-, no hay plásticos acolchados por ninguna parte, y para tratarse de un modelo claramente aspiracional se echan de menos detalles más cuidados, como la iluminación de la que carece la guantera -que tampoco cierra con llave- o el forro de cuero de cambio y volante -son de plástico puro y duro-. Además, los parasoles, muy grandes, quedan lejos y obligan a ahuecar la espalda para cogerlos, mientras que el tacto del cambio manual -con el motor analizado hay otro automático opcional por 1.000 euros- es áspero y trabado.


A cambio, al ir los asientos sobreelevados se entra y sale con facilidad. La posición al volante, que sólo ajusta en altura -también lo hace el asiento-, es correcta, y la visibilidad frontal muy buena -la trasera no-. Hay mandos desperdigados, como los que mueven los retrovisores -a la izquierda del volante sin iluminación-, aunque en conjunto todo aparece a la primera.

Una cosa más: el equipamiento es completo en el nivel analizado Premium, porque navegador con display táctil, sensores de lluvia y luz, cámara de retrovisión, toma USB/Aux-in -conecta un iPod y permite manejarlo desde los mandos del volante-, control de velocidad, antinieblas, ESP, 6 airbag, 4 elevalunas, acceso y arranque inteligentes Intelligent Key, llantas de aleación de 16 pulgadas, techo panorámico fijo, climatizador –monozona, es circular, llamativo y común al nuevo Micra– son de serie. Pero no es barato: 18.950 euros con la combinación analizada acabado/motor/cambio, y no puede llevar luces de cruce o xenón.

Comportamiento y Prestaciones

El propulsor analizado, un 1.6 de 4 cilindros y 16 válvulas atmosférico, es común a otros Nissan. Rinde 110 CV/153 Nm, a priori adecuados para 1.265 kg de coche. Es más, los desarrollos del cambio de 5 marchas están bien ajustados, pero en la práctica el Cube 1.6 dista de ser un “relámpago”. De acuerdo, su andar es suave y progresivo -con “pulmón” desde 4.000 rpm-, pero lento, sobre todo para recuperar velocidad si la pierde -léase adelantando-, lo que le cuesta horrores.


Así y todo, 175 km/h de punta y un crono de 0 a 100 km/h de 11,3 segundos deben ser suficientes la urbe diaria, aunque sea atravesando circunvalaciones periféricas. Si lo apuramos gasta, pero no más de 8 litros a los 100. Anuncia un razonable promedio de 6,6151 gr/km e impuesto del 4,75%-, factibles sin viajar a punta de gas. Además, si el consumo lo es todo, está disponible con un turbodiésel common rail 1.5 dCi de 106 CV y origen Renault, que además tiene mejor reprís. Pero la cuenta es clara: cuesta 1.600 euros más, que obligan a completar 84.000 km para que salga más barato de usar.


El chasis luce suspensión anterior independiente y posterior semiindependiente. Su esencia es la del Note, pero a diferencia de aquel, más sensato por donde se mire, el Cube no disfruta de un comportamiento particularmente efectivo. Al contrario, la precisión no asoma cuando avivamos el ritmo, lo que unido a una suave calibración de suspensión invita a tomárselo con calma. Tampoco ayuda la acusada asistencia de su servodirección, pese a lo generoso de los neumáticos: 195/55; los frenos, bien. En fin, no es para ir de carreras, sino para usar a diario llamando la atención por todas partes. Así que mejor aparcar complejos.

Destacable

– Producto exclusivo.
– Equipamiento. Automático disponible.
– Consumo razonable.

Mejorable

– Precio elevado.
– Detalles de acabado.
– Recuperaciones muy lentas.

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