Mosler MT900 Supercharged

3 julio, 2007, modificada el 11 enero, 2011 por

Bajo su afilada carrocería se esconde un poderoso motor V8 sobrealimentado con un compresor Roots, que rinde la friolera de 630 CV.

9

9




Pocos coches de calle están basados en un GT de competición con un pedigrí tan nutrido como el del Mosler MT900R. Bajo su afilada carrocería se esconde un poderoso motor V8 sobrealimentado con un compresor Roots, que rinde la friolera de 630 CV. Si añadimos que carece de ayuda alguna a la conducción y que su peso apenas supera la tonelada nos daremos cuenta de que estamos ante uno de los supercoches más salvajes del mercado, el Mosler MT900 Supercharged.


Hay coches capaces de concentrar todas las miradas allá por donde pasan y el Mosler MT900 Supercharged es uno de ellos. Su espectacular carrocería, su enorme alerón y su pintura naranja lo convierten en un imán a la hora de llamar la atención. Se mire por donde se mire, en parado parece una nave espacial y en marcha todavía llama más la atención por la brutalidad del sonido que emiten sus escapes. Bajo su capó trasero se esconde un V8 de 5,7 litros derivado del motor LS6 que montaba el Corvette C5 con 405 CV.

Para esta ocasión, Mosler ha desarrollado una evolución que, entre otros cambios, cuenta con un compresor Roots que aumenta la potencia hasta 630 CV. Las cifras del Mosler asustan casi tanto como su línea de carrocería, pasa de 0 a 100 km/h en sólo 3,1 segundos y logra una velocidad punta de 370 km/h. Concebido y fabricado en Florida (Estados Unidos), el MT900 Supercharged es el modelo más potente creado por Mosler desde que iniciara su producción en el año 2001, cuando lanzó al mercado las primeras unidades de su MT900S de 405 CV con motor V8 atmosférico.

¡PISTA POR FAVOR!
En la calle, el MT900 Supercharged es bastante torpe, su motor V8 de 5.665 c.c. y la caja de cambios secuencial Getrac de seis relaciones prefieren moverse a un ritmo más elevado, aborreciendo el tráfico urbano. Además, sus suspensiones son duras como una tabla y su carrocería alcanza los dos metros de ancho (la cota de su anchura máxima es exactamente de 2.006 mm), lo que provoca que la ciudad no sea un medio donde moverse con un Mosler. En carretera se defiende siempre que el asfalto no esté muy bacheado y que las condiciones climatológicas acompañen, con sólo 1.240 kilos de peso, con tracción trasera y sin ningún tipo de ayuda electrónica es un aparato bastante delicado de llevar.

Sin embargo, hay un lugar en el que se siente como pez en el agua, el asfalto liso y abrasivo de un circuito de competición. La pista es el hábitat natural del MT900 Supercharged, allí podremos exprimir al máximo todo su potencial, por algo este proyecto empezó con la idea de crear un coche para competir. La intención de Warren Mosler era la de crear un coche que ganara carreras a nivel internacional y que pudiera comercializarse en la calle a un precio «razonable», y con este modelo lo ha conseguido, ya que este Mosler de 630 CV es tan rápido como un Ferrari Enzo y además su precio de 240.000 euros es mucho más económico que los 700.000 euros del de Maranello, ¡toda una ganga! En los circuitos de medio mundo hay bastantes Mosler compitiendo, pero en la calle es muy difícil encontrar un MT900 matriculado y nosotros lo hemos encontrado.

OPORTUNIDAD ÚNICA
Entrar en su habitáculo no es tarea fácil, son necesarias una serie de maniobras que parecen más propias de un contorsionista que de un conductor. La ventanilla lateral es la mínima expresión del término, por lo que en los peajes lo mejor es abrir la puerta, desabrocharnos los cinturones y volver a cumplir con todo el ritual para acomodarnos después de pagar. Con los arneses de seguridad de cuatro puntos bien atados emprendemos nuestra marcha para esta especial prueba. Engranamos primera con la palanca del cambio secuencial de seis marchas y vamos soltando el embrague con dulzura, tal y como nos han aconsejado. El coche empieza a moverse a trompicones, y eso es porque todavía no tenemos al embrague dominado y que entre las manos tenemos una transmisión pensada para la competición.

La primera prueba de fuego la encontramos a escasos 20 metros del inicio de nuestra andadura, el escalón que describe la salida del garaje, de apenas centímetro y medio de altura; para evitar cualquier mal mayor lo abordamos con toda la precaución del mundo, cruzando la dirección al máximo para bajar primero la rueda derecha y luego la izquierda, no es cuestión de exponer el fondo plano a las primeras de cambio. Tras sortear el obstáculo con éxito rotundo proseguimos la marcha. A partir de la segunda marcha todo sucede con más tranquilidad, el coche se comporta de una manera más dócil y hasta podríamos llegar a decir que cómoda. Ofrece nada menos que 81,6 mkg de par máximo –cortesía del compresor Roots–, por lo que, en núcleos urbanos, a muy bajas revoluciones podemos movernos en segunda y tercera acariciando el pedal del acelerador con suavidad.

Si nos pasamos con la presión sobre el pedal derecho tendremos un buen susto por la inmediata respuesta de esta mecánica de ocho cilindros sobrealimentada. La emoción nos embarga al entrar en la autopista, las vías rápidas son lo más parecido a un circuito –no interpreten mal mis palabras–, ya que ofrecen un asfalto en buenas condiciones, rectas largas y curvas de radio ancho; eso sí, a diferencia de en los circuitos aquí hay restricciones de velocidad máxima y al volante del Mosler podemos perder todos los puntos de nuestro carné de una sola vez. A la salida del peaje –después de haber puesto a prueba la capacidad de flexión de nuestra columna al pagar con la tarjeta– podemos disfrutar de su brutal aceleración.

Aunque al no tener un cronómetro a mano no podemos asegurar si acelera de 0 a 100 km/h en 3,1 segundos, sí que podemos dar fe que nuestra espalda quedó totalmente incrustada al asiento hasta llegar a la velocidad máxima permitida. Jamás habíamos sentido un empuje tan fuerte como con el del MT900 Supercharged, olvídense de todas las atracciones de feria y de todos los aviones en los que se han montado, porque esto sí que es aceleración pura. El aislamiento del habitáculo no es muy bueno, por no decir que es casi inexistente; tanto el rumor del viento como todo el sonido que emerge del motor y de la transmisión se convierten en la banda sonora del Mosler.

Los 2.500 euros del equipo de sonido Pioneer sería mejor invertirlos en neumáticos, pues les podemos asegurar que escuchar a su cantante favorito será toda una epopeya con el vehículo en marcha. La única utilidad del sistema de audio es su pantalla de color retráctil, de gran ayuda si la combinamos con la cámara de visión trasera, una solución técnica casi obligada para aparcar con total seguridad un vehículo de tan reducida visibilidad trasera y de más de dos metros de ancho. A esta cámara nosotros le encontramos en la prueba otra interesante utilidad, usarla para ver cómo nos despegábamos del frontal de los otros usuarios de la vía cuando aceleramos con decisión, sin duda, es uno de esos momentos que a uno se le quedan guardados en la retina para toda la vida.

TACTO DE CARRERAS
La aceleración del Mosler es tan salvaje como su capacidad de deceleración. En ambos ejes monta discos de frenos ventilados y perforados de acero de 355 milímetros de diámetro con pinzas de seis pistones delante y de cuatro detrás de la marca Wilwood. El tacto del pedal del freno es cien por cien de carreras; con sólo acariciarlo ya aplicamos una buena presión de las pastillas sobre los discos, en un caso extremo podremos detenerlo por completo en muy pocos metros gracias tanto a la efectividad de este sistema de frenos como al reducido peso del vehículo, poco más de 1.200 kilos sobre la báscula.

Merece la pena recordar que se trata de uno de los supercoches más ligeros del mercado, pues la mayoría de sus rivales superan holgadamente los 1.400 kilos. Las suspensiones de dobles triángulos superpuestos hacen que el conductor crea que el coche forma parte de la carretera –es como si fuésemos sobre raíles–, con unos amortiguadores tan duros que permiten rodar a gran velocidad con total seguridad. Paralelamente, la aerodinámica del vehículo se encarga de mantener el coche pegado al asfalto en todo momento, el enorme alerón trasero y el fondo plano con difusor en su parte trasera se encargan de sacar el máximo partido al aire que lo envuelve.

Tras intensas horas al volante de este deportivo, el sueño termina y tenemos que devolver sus llaves. Una lástima, la verdad, ya nos habíamos acostumbrado a la brusquedad de su transmisión, a su compleja maniobrabilidad y a sus espeluznantes prestaciones. Difícilmente encontrarán otro automóvil en el mundo capaz de ofrecer unas sensaciones tan extremas por tan aquilatado precio como el Mosler MT900 Supercharged.

    0 Comentarios

    Suscríbete a nuestro boletín

    Al suscribirse aceptas las condiciones del Aviso legal y la Política de privacidad de Autocasion.com

    Ir arriba