Mitsubishi Montero: Diamante pulido

19 Octubre, 2011, modificada el 11 Septiembre, 2015 por

Pruebo la quinta generación de un mito, el Mitsubishi Montero largo, con el único motor disponible en la actualidad, el 3.2 DI-D turbodiésel de 200 CV, asociado a una caja de cambios automática de 5 velocidades. Hábil sobre el asfalto, aunque limitado por su peso, en campo muestra unas posibilidades a las que muy pocos coches pueden llegar.

No valorado

Destacable

  • Precio ajustado.
  • Polivalencia.
  • Comodidad.

Mejorable

  • Peso.
  • Instrumentación anticuada.
  • Consumo.

Cada vez que pruebo un todoterreno, pienso en que debería comprarme uno. Aunque sólo sea por disfrutar de él en el campo, ya merecería la pena. Y cuando escribo todoterreno lo hago con letras mayúsculas. Aquí no entran ni SU, ni gaitas. Ojo, que no le haría ascos a un Porsche Cayenne o a un Volkswagen Touareg. Pero si de lo que se trata es de superar obstáculos difíciles, me quedo con un Montero o con su competidor directo, el Land Cruiser.

Tanto el Mitsubishi como el Toyota son modelos casi únicos, vehículos ‘totales’. Ambos cuentan con una amplia experiencia sobre tierra y, con el tiempo, han sabido adaptarse a las necesidades actuales en lo que respecta a comodidad en marcha, prestaciones sobre asfalto y equipamiento tecnológico.

El Montero, conocido en la mayoría del planeta como Pajero -Shogun en Reino Unido-, lleva en el mercado desde el año 1982. El modelo actual pertenece a la quinta generación, una puesta al día de 2006. La principal modificación introducida en su evolución ocurrió en el año 2000, cuando el Montero cambió el tradicional chasis con largueros (que actualmente monta el Land Cruiser) por un bastidor monocasco con suspensiones independientes -esquema similar al de cualquier vehículo-. Una solución acertada, aunque criticada por los más puristas: aducen un peor comportamiento en tierra. Algo cierto, pero a medias: el coche es menos flexible, algo positivo en asfalto, si bien lo limita algo en campo (muy poco).

Demasiado grande para la ciudad

Para sacar mis propias conclusiones, hice un viaje bastante completo. Callejeé por Madrid, con dificultad, dado el tamaño del vehículo, pero con la comodidad que aporta el motor turbodiésel DI-D de 200 CV, siempre lleno de fuerza, en colaboración con el cambio automático y secuencial de 5 velocidades INVECS II. Aunque hay que dosificar el gas para evitar trompicones, en ciudad se maneja bien gracias a la excelente visibilidad que aporta su puesto de conducción elevado y al excelente radio de giro de la dirección. A la hora de estacionar se agradece el sistema de asistencia de parking trasero, que evita que golpeemos la parte posterior, sobre todo la inmensa rueda de repuesto que cuelga del portón. Aquí se agradecería que dicho sensor también estuviera operativo en la zona delantera.

Tomo una vía rápida y me doy cuenta de lo cómodo que resulta para viajar. Las suspensiones, altas y blandas, te mecen como si estuvieras en una cuna y engullen cualquier rotura del asfalto. El propulsor permite alcanzar velocidades elevadas y mantener unos buenos cruceros, incluso en pendientes pronunciadas. Estas prestaciones disminuyen en el momento en el que cargas el coche: por mucho motor que llevemos, el Montero no puede luchar ni contra su peso -2.300 kilos-, ni contra una aerodinámica poco efectiva. En estas circunstancias, es imposible bajar de los 11 litros/100 km de consumo medio.

Se acerca la diversión. Tomo el desvío hacia mi carretera de montaña preferida y empiezo a notar los efectos de la inercia. Si entramos rápido en una curva, la carrocería comienza a balancearse: algo lógico, pero no preocupante. El coche tiende a irse de delante y las ruedas pierden algo de mordiente. Si le buscas las cosquillas, es fácil provocar un deslizamiento controlado del eje posterior. Pero los neumáticos de serie, unos Dunlop mixtos Grandtrek AT20 265/60 en llanta de 18 pulgadas y perfil muy bajo, me hacen tirar la toalla. Tampoco ayuda la dirección, lenta y poco directa.

Máxima efectividad off road

Me desquito en una pista de tierra. Aquí mantengo la tracción al eje trasero, el indicado para moverse en carretera. El coche es previsible y te permite ir rápido, muy rápido, y divertirte en la salida de las curvas, aunque conviene ir con tiento por el hándicap que suponen su peso y neumáticos. Llegan los primeros obstáculos serios y decido utilizar el sistema de transmisión Super Select II. Elijo la tracción a las cuatro ruedas, en marcha hasta 100 km/h; así, el eje delantero recibe el 33% de la fuerza del motor (hasta el 50%, si se detectan pérdidas de agarre).

Antes de llegar a una trialera compruebo las bondades del sistema 4×4. El coche va mucho más sujeto en curva y se puede ir más deprisa. Ante las primeras zonas de poco agarre, decido bloquear el diferencial central. Hay que hacerlo obligatoriamente en parado. Ahora, la fuerza se transmite al 50% entre los dos ejes; circulo muy despacio, pero solvento sin dificultad la situación. Aparece la prueba de fuego: unos inmensos desniveles con tierra suelta. Me detengo otra vez y opto por el último modo de la transmisión: bloqueo central y reductora activados. Esto, junto con unos buenos ángulos de ataque delantero y trasero -no tanto los laterales-, me permite superar desniveles de vértigo y moverme entre pendientes muy inclinadas con seguridad.

Grande, alto y ancho

Antes de irme, echo un vistazo a la carrocería para comprobar que todo está en orden. Me doy cuenta de la inmensidad del Montero. Esta versión de 5 puertas mide 4,9 metros de longitud y 1,9 de alto y de ancho. La sensación se repite dentro, donde 5 adultos pueden viajar de manera cómoda y con mucho espacio a su disposición. El maletero no es para tirar cohetes: 415 litros ampliables hasta los 1.120 con los asientos posteriores abatidos.

Este acabado Motion, el tope de gama, viene muy bien equipado, con prácticamente todo lo que puedas necesitar, incluidas unas magníficas banquetas -calefactables y con regulación eléctrica las delanteras, que mezclan piel y tela de gran calidad-. Echo de menos un navegador, aunque a cambio este Montero cuenta con un completísimo ordenador de viaje donde no faltan brújula, altímetro y barómetro, entre otras informaciones útiles para los más aventureros.

De vuelta a casa, me concentro en bajar el consumo. Llego a unos interesantes 9 litros/100 km, cifra alejada de los cerca de 18 que me he dejado, de media, en mi incursión campera. Un gasto importante, pero que compensa, con creces, lo bien que me lo he pasado en tierra y lo cómodo que viajo en estos momentos. Posiblemente te guste el Montero, ¿a quién no?, pero yo te lo recomendaría si verdaderamente vas a sacarle todo su potencial mecánico.

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