Mini Clubman Cooper D

12 Febrero, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Un Mini no tiene porqué ser sólo capricho: en versión Clubman aporta una buena dosis de practicidad gracias a su mayor longitud y la portezuela extra que adosa al flanco derecho. Con motor de gasóleo consume poco -en parte por la tecnología EfficientDynamics- y anda bien.

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La reinvención del Mini ha sido, y es, un éxito comercial rotundo: más de 1,2 millones de unidades vendidas en todo el mundo desde que BMW cogiese las riendas de la marca evidencian que ha calado, y que lo ha hecho de verdad. Es evidente que el coche, ante todo, es un capricho, eso sí, de excelente factura. Su habitáculo es casi biplaza a nada que las butacas delanteras viajen un poco retrasadas, y el maletero es realmente pequeño.

Estos condicionantes suponen un serio handicap para clientes que lo ven con ojos de deseo, pero que por sentido práctico -muchas veces por motivos familiares- terminan decantándose por modelos tipo Audi A3 Sportback y Volkswagen Golf 5 puertas. De ahí que la marca recuperase el Clubman de los 60, un pseudo familiar de diseño singular que resuelve la papeleta diaria de mucho mejor modo.

Interior

El Clubman amplía los 3.70 metros que el Mini normal mide de largo a 3.95. Y lo mismo la batalla, que pasa de 2.47 a 2.55 metros. El resultado son unas plazas traseras estrechas para tres ocupantes -sin coste se puede solicitar configurado para cuatro pasajeros-, pero válidas para dos y con espacio suficiente para las piernas, en la línea de un utilitario medio.

A ellas se accede, por el lado del conductor, abatiendo el asiento, o por el del copiloto haciendo lo propio y, simultáneamente, abriendo una portezuela trasera -de movimiento opuesto a la marcha- adicional a la delantera. Eso sí, primero hay que abrir ésta porque la segunda carece de tirador exterior.

El hueco resultante, como muestran las imágenes, es generoso, lo que facilita no sólo entrar sino alcanzar, por ejemplo, a una sillita infantil. En cuanto al maletero, pasa de los 160 litros del Mini normal a 260 -930 abatiendo los asientos traseros-. A ellos se accede no por un portón, sino por dos hojas similares a las de los furgones ligeros, llamadas Splitdoor, de movimiento vertical.

Por lo demás, el puesto de conducción es simétrico al de cualquier otro Mini, con sus virtudes y defectos. Técnicamente bien concebido en cuanto a posición de volante -ahora ajustable como el asiento en altura y extensión-, pedales y cambio, dispersa mandos como los del control de estabilidad DSC, los elevalunas, el cierre centralizado, los antinieblas… Una solución más o menos vistosa -son cromados-, pero poco práctica. Lo mismo que el enorme velocímetro central, reminiscencia del pasado que obliga a desviar la vista para supervisar la velocidad o atender indicaciones de testigos y chivatos.

Por cierto, el equipamiento es bastante completo, aunque puede duplicar el coste del coche recurriendo a la interminable lista de opciones que ofrece, en la que encontramos desde climatizador de una zona -con unos mandos de lo más incómodo-, hasta navegador, volante multifunción, distintos guarnecidos internos para techo y puertas -el cuero se pone en 1.404 euros-, techo solar doble, keyless -507 euros-, suspensión más dura -195 euros-, control de crucero, llantas de 17 pulgadas -como en nuestra unidad de pruebas, por 1.209 euros-, Bluetooht con puerto USB -409 euros-, faros bixenón… La verdad es que se puede personalizar tanto -junto a lo anterior ofrece adhesivos exteriores, combinaciones de color carrocería/techo…- que será difícil dar con otro Clubman igual al nuestro.

Comportamiento y Prestaciones

La mayor distancia entre ejes y una calibración de suspensiones ligeramente más progresiva, confiere un confort de marcha superior a cambio de una agilidad no mucho menor. Sigue siendo un automóvil firme que casa mal con los rotos del asfalto y esos parches tan abundantes en las vías patrias, pero al menos viajar en él no se convierte en una tortura. De cualquier modo, un cuadro de suspensiones independiente, único en el segmento, le permite una eficacia envidiable, con una pisada de coche grande que llama la atención, hasta forzando las cosas en virajes muy cerrados. Otra cosa: calza neumáticos antipinchazo tipo run-flat que presciden de rueda de repuesto -se puede pedir como opción, pero casi anula el maletero-.

Su dirección, electroasistida, es rapidísima, y los frenos contundentes, pero dosificables. El cócktel se adereza en este caso con una motorización de gasóleo que cumple bien, pero sin estridencias. Se trata de la única opción de este tipo en la gama, un propulsor de 1.6 litros y 109 CV 240 Nm de par máximo entre 1.750 y 2.000 rpm, que ante fuertes aceleraciones pasan a 260 gracias a la función overboost-, desarrollado por PSA, que logra un tope de 193 km/h con un correcto 0 a 100 km/h de 10,4 segundos.

Presente en modelos de Citroën, Ford, Mazda, Peugeot y hasta Volvo, se conecta a un cambio manual de seis relaciones -en opción automático con las mismas marchas y levas de volante- delicioso por tacto y precisión. Permite un andar solvente y una capacidad razonable para adelantar. Y gasta poco, pero no tan poco como dice la marca: de los 4,1 litros cada 100 km de promedio homologados nosotros no hemos conseguido bajar de 5,7 alternando una conducción urbana no especialmente espesa con tramos de autovía y circunvalación.

A este valor contribuye el programa EfficientDynamics, que en el Clubman aporta parada y arranque automáticos -se puede apagar-, alternador desconectable -como la bomba del agua, el compresor de la climatización y la asistencia de la dirección, que sólo actúan cuando se precisan-, recuperación energética para cargar la bataría en frenadas, cubiertas de baja fricción… El toque picante lo pone el botón Sport, que aviva la respuesta del acelerador y atenúa la asistencia del volante para practicar una conducción más dinámica.

Destacable

– Calidad y comportamiento.
– Carrocería más versátil frente al Mini corto.
– Posibilidad de configurarlo a medida.

Mejorable

– Precio elevado.
– Mandos muy desperdigados.
– Rumorosidad mecánica en frío.

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