Mercedes R 280 CDI

23 Septiembre, 2008, modificada el 11 Enero, 2011 por

Vale para llevar a toda la familia a esquiar por una carretera nevada, pero también hace las veces de berlina de representación o de viajero incansable cargado hasta el techo. El Mercedes R es la respuesta elegante a todo usuario que quiere un vehículo modulable y práctico sin renunciar al lujo y a la exclusividad.

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Resulta sorprendente que Mercedes haya conseguido ‘colocar’ en Europa un coche diseñado y construido pensando en el cliente estadounidense, el mercado que por lógica está acaparando el mayor número de ventas de este exclusivo modelo. Sin embargo el giro importante aplicado en el planteamiento del vehículo para adaptarlo al cliente europeo al poco de ver que la cosa no funcionaba por estos lares, ha convertido al Clase R en una alternativa valiosa para el nuevo cliente de la marca de la estrella. Un cliente conquistado con un perfil en el que destaca una media de edad más reducida, unas necesidades diferentes y unas aficiones íntimamente relacionadas con el tiempo libre, sobre todo con el esquí.


El R bucea entre aguas turbulentas, adoptando características de segmentos tan variopintos como el de los SUV, el de los familiares de lujo o el de los monovolumenes ‘premium’, segmentos que no pasan precisamente por sus mejores horas. Pero lo cierto es que de la coctelera ha nacido un combinado convincente aunque de un primer sorbo, a muchos el sabor no se lo parezca. Hay que pensar que al principio el coche llegaba a Europa y también a nuestro mercado con una configuración de asientos 2+2+2 que se adaptaba mal a las necesidades del comprador de este lado del ‘charco’. Además, llegaba exclusivamente en carrocería larga, con motores desmesurados y precios astronómicos. Afortunadamente desde hace alrededor de un año, se ofrecen 13 versiones de este modelo con tracción trasera o total, carrocería corta o larga, tres configuraciones diferentes de asientos y cinco motorizaciones. Y aunque los precios en Mercedes no conocen la ‘cuesta’ de enero ni la de septiembre de este año, hay un R desde 53.700 euros (el Audi Allroad equivalente cuesta 57.000 euros).


Nosotros hemos elegido para nuestra prueba la versión más aconsejable, el R 280 CDI con tracción total, un diésel de 190 caballos que no cuesta más caro que su equivalente en gasolina por lo que se ahorra dinero desde el primer kilómetro. Eso sí, hay que decir que aunque normalmente la potencia de este V6 turbodiésel de última generación se muestra adecuada a las necesidades e incluso a la puntual vena deportiva de su propietario, hay circunstancias en las que se echan de menos 20 ‘trotones’ más. Por ejemplo, cuando, cargado, uno se dispone a adelantar a un autobús subiendo un puerto de montaña. Por eso antes de emprender una maniobra de esas características al ‘tun tun’ hay que pensar que este Mercedes cargado puede rozar tranquilamente las dos toneladas y media y aunque el motor destaca entre los de su clase por refinamiento y relación prestaciones-consumos, puede llegar a convertirse en un motor incluso modesto en función de las circunstancias.


Afortunadamente lo que falta por un lado se compensa por otro. En concreto con un cambio 7G-Tronic que es una delicia por agrado, suavidad y manejo al contar con pulsadores por detrás del aro del volante. La ausencia de palanca tradicional (los Citroën Picasso recurren a la misma estrategia) en el piso o en el salpicadero, ayuda a ganar espacio y simplifica la conducción sobremanera. El cambio en posición automático, ya es una delicia, pero a veces apetece ajustar a gusto de cada uno la marcha engranada y dejar claro a la máquina quién es el que tiene la última palabra. Y las teclas tras el volante nos permiten también ese placer.


La tracción total permanente 4Matic del Clase R es un sistema muy sencillo y ligero que recurre a la electrónica para efectuar su trabajo. Los sensores del ABS detectan pérdidas de tracción y bloquean las ruedas estratégicamente simulando el trabajo de unos diferenciales autoblocantes tradicionales. Motor16 tuvo ocasión de probar un R dotado de suspensión Airmatic con regulación de altura y tracción total en situaciones radicales y especialmente comprometidas, y comprobamos que, dotado de unos neumáticos adecuados, este híbrido de TT, familiar y berlina de lujo, no tiene nada que envidiar a muchos todoterreno de raza.


Por lo que podemos asegurar que no va a decepcionar a ningún cliente que se atreva con un puerto nevado o con un camino de cabras repleto de agujeros. Pero no hay que ir tan lejos, en viajes de autovía o autopista el R 280 CDI se mueve con nobleza y una calidad de pisada excepcional. Y en ciudad, donde su tamaño puede llegar a asustar, su excelente dirección nos permite girar con facilidad en poco espacio y su gran superficie acristalada nos permite controlar con facilidad el perímetro del coche y maniobrar en los atascos diarios con una solvencia impropia de un coche de casi 5 metros de longitud.

    Interior y maletero

    La disposición de 5 plazas en un chasis corto da mucho juego aunque la plaza central trasera sea más bien de uso temporal por su estrechez (lástima porque no hay túnel voluminoso que moleste en los pies). Pero viajando cuatro adultos ese respaldo central se abate de forma individual permitiendo transportar objetos de gran longitud como esquís, lo que evita tener que llevar portaesquís en el techo. Los asientos de los extremos también se abaten de forma individual moviendo a su vez el asiento de forma que queda enrasado con el plano de carga con un movimiento cómodo y sencillo.


    Con todo, el maletero ofrece un espacio especialmente generoso que alcanza casi los 1.000 litros de volumen hasta el techo (531 hasta la bandeja). Esa zona especialmente cuidada ofrece ganchos metálicos de sujeción, dos luces de cortesía, toma de corriente o tapa con amortiguador con acceso a otro gran hueco oculto entre otras facilidades. Y yo invertiría 700 euros en el portón trasero de apertura y cierre automático porque evita hombros dislocados y manos manchadas aunque, como otros muchos elementos, creemos que debería ser de serie en un coche de 55.000 euros, unos nueve millones de las antiguas pesetas.

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