Mercedes-Benz SL 280

20 Febrero, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Desde hace medio siglo, los Mercedes Sport Leicht -deportivos ligeros- o SL, son objeto de codicia en todo el mundo. Su última entrega se corresponde con una puesta al día del modelo aparecido en 2001. Lo probamos con el motor de acceso a la gama, un 3 litros V6 suave y confortable, aunque poco prestacional.

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Los SL son una leyenda en sí mismos. Aunque tienen competidores como los Aston Martin V8 Roadster, BMW Serie 6 Cabrio o Lexus SC 430, llevan 55 años poblando los garajes de acaudalados propietarios en lugares tan dispares como Dubai, Hamburgo, Los Angeles o Tokio, y desde su origen han supuesto una de las máximas expresiones del lujo biplaza con el cielo por techo. Su imponente presencia roadster evidencia éxito en la vida, al menos en lo económico, de eso no hay duda.


En total hay 5 generaciones de SL que en 2008 se completaron con un restyling de la última, nacida en 2001. Esencialmente, la puesta al día aparejó un refresco estético, con nuevo frontal -faros, calandra de una sola barra horizontal, como en los SL originales, capó y branquias laterales tipo SLR-, cambios interiores menores -que no obstante procuran un aspecto aún más lujoso y moderno a partir de un nuevo volante, revestimientos y paneles revisados, nueva telemática…- y un plantel mecánico revisado. En suma, la marca sacó brillo a una de sus joyas más preciadas.

Interior

A partir de una longitud, una batalla y una anchura considerables -4.562, 1.820 y 1.315 mm-, el SL ofrece un habitáculo de tamaño generoso, con dos únicas plazas en las que otros tantos adultos viajan a sus anchas. Las butacas, con reglaje eléctrico completo, son formidables, tanto por firmeza como por sujeción. Si acaso la posición de los reposacabezas, un tanto avanzada, no convence a todos. Por cierto, pueden añadir calefacción para nuca -tres posiciones-, llamada Airscarf -730 euros-, ideal en los meses más gélidos para circular descapotados.


Tampoco está de más formalizar la compra incluyendo el paravientos. Cuesta 525 euros, pero con él puesto y las ventanillas subidas se pueden mantener conversaciones circulando sin techo a 140 km/h sin subir la voz ni padecer turbulencias o remolinos.

Por lo demás, el puesto de conducción es perfecto, con una posición de volante -regulable eléctricamente en opción-, pedales y mandos excelente para cualquier talla. A todo ello, las piernas van algo tendidas -es un coche bajito, de sólo 1.317 mm de altura, que no facilita entrar y salir-, pero no como para incomodar en viajes o mancharse en días de lluvia. Eso sí, faltan huecos para objetos cotidianos tipo gafas, cartera o móvil. En cuanto a la calidad, es simplemente perfecta: materiales robustos, acabados tan rigurosos como suntuosos… Parece hecho para durar años sin dar pegas, y a buen seguro así será.


A todo ello, la capota de chapa -garantiza una estanqueidad impecable una vez puesta- se pliega en 18 segundos, en parado y con el estor del maletero que aisla la carga bien situado. Para enseres el SL reserva 339 litros -ojo, con el techo puesto-, que a priori no están mal. Lo malo es que el hueco es poco profundo e irregular por el engranaje electrohidráulico de la capota. Detrás de los asientos hay un par de cofres, y sobre ellos se pueden llevar maletas ligeras o bolsas al contar con un amarre específico. Bajo el piso hay una rueda de emergencia desinflada con el correspondiente compresor para llenarla en caso de necesidad.


En cuanto al equipamiento, es correcto -regulación neumática de lumbares, maletero de apertura/cierre eléctricos, climatizador doble, audio con mandos en el volante y toma Aux-in, alarma, sensores de lluvia y luz…-, pero hay un sinfín de opcionales -todos caros- entre los que no faltan el tapizado de cuero, Keyless-go de acceso y arranque -nada menos que 1.545 euros-, faros direccionales -los bixenón vienen de serie-, extintor, navegador… capaces de regruesar la factura original de forma exponencial. Eso sí, el coche llegó demasiado pronto a tecnologías de las que no puede disfrutar, como el asistente por cambio involuntario de carril o el de presencia de obstáculos en ángulo muerto, el control de velocidad con rádar de proximidad y lectura de señales -que sí monta la Clase E de nueva creación- o un freno de mano electromecánico en lugar del de pedal -con gatillo a la izquierda del volante para liberarlo- que a estas alturas, por bien que funcione, no deja de parecer obsoleto en un coche de este porte. El futuro SL subsanará todo ello, y no tardará mucho en llegar.

Comportamiento y Prestaciones

El SL que nos ocupa se sirve de un bloque de gasolina de 3 litros y seis cilindros configurados en V. Es atmosférico y rinde 231 CV, junto a un par máximo de 300 Nm, fijo de 2.500 a 5.000 rpm. A priori no es una fuerza sideral, sobre todo valorando que el coche arroja 1.815 kg, pero en la práctica no se desenvuelve mal. De hecho cubre los primeros 100 km/h en menos de 8 segundos, y alcanza un máximo de 250 km/h con un promedio homologado de 9,4 litros cada 100 km. Nosotros no hemos bajado de 10,5 siendo muy benevolentes con el acelerador, pues a nada que nos animemos es fácil irse a 14/15 litros.

Una cosa más: como única alternativa se liga al cambio automático y secuencial 7G-Tronic -siete velocidades y levas de volante opcionales por 375 euros-, con modos de funcionamiento automático puro, deportivo y manual, seleccionables en un botoncito junto a la palanca. El último apura el motor hasta 6.500 rpm antes de pasar de marcha, y también permite acometer reducciones fuertes, que no salvajes. Su funcionamiento es satisfactorio en líneas generales, sobre todo porque el convertidor de par actúa con eficacia, con un resbalamiento en la transición de marchas realmente mínimo -entran con celeridad y sin tirones de ninguna clase-.


Así pues, y aún sin estridencias, un buen escalón de acceso, por así decir -casi 90.000 euros tal cual sale de fábrica-, de mecánica suave, silenciosa y progresiva, capaz de garantizar un dulce rodar con la brisa por compañía. No es un misil; esa misión queda encomendada a otros SL, como los rabiosos AMG -a partir de 168.000 euros-.


Su dinámica es muy eficaz, no sólo por lo avanzado del chasis, con suspensiones independientes en ambos trenes, sino por la fortaleza del mismo y de un bastidor convenientemente regruesado -ya lo evidencian los anchos montantes y los umbrales de las puertas- que permite ir tan bien abiertos como cerrados, sin grandes diferencias en este sentido.


Llevarlo rápido es fácil, pero de paseo se goza todavía más a bordo. Al menos en esta variante no es un coche ratonero -ofrece suspensión adaptativa ABC por algo más de 4.900 euros-, pero siendo como es muy cómodo -filtra de cine baches y rotos del asfalto- apenas consiente balanceos en tramos virados, su dirección es precisa y los frenos electrohidráulicos contundentes -más aún cuando se les coge el aire, porque el tacto del pedal resulta algo esponjoso en su primer recorrido-. En todo caso, las autovías y los espacios despejados son su entorno predilecto aunque, por si acaso, no falta el consabido auxilio electrónico de la mano de un ESP bien calibrado.

Destacable

– Calidad de construcción.
– Dinámica eficaz y confortable, cerrado o descapotado.
– Prestancia incuestionable y valor residual.

Mejorable

– Rendimiento y prestaciones sólo correctas.
– Ciertos opcionales deberían ser de serie.
– Visibilidad a coche cerrado para maniobrar.

1 Comentario

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