Mercedes-Benz GLK 320 CDI y Nissan Murano

28 Mayo, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Por unos 50.000 euros podemos hacernos con un efectivo Mercedes-Benz GLK CDI de 224 CV… o con un exótico y exclusivo Nissan Murano de gasolina equipado hasta los dientes. No parecen rivales, pero en gran medida lo son.

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A partir de sus 4.528 mm de longitud, la competencia directa del GLK radica en los Audi Q5, BMW X3, Honda CR-VJeep Cherokee, Mazda CX-7Toyota Rav4, Volkswagen Tiguan, Volvo XC60… De hecho es la propuesta de la estrella en el segmento SUV compacto. Más arriba la marca cuenta con el ML, bastante más caro y competidor del Nissan Murano, que también ha de vérselas con los Audi Q7, BMW X5 -e incluso X6, según motores-, Jeep Grand Cherokee, Lexus RX, Range Rover Sport, Porsche Cayenne, Volkswagen Touareg y Volvo XC90.


Sin embargo, un GLK turbodiésel 320 CDI, una compra muy apetecible por su relación entre prestaciones y consumo, cuesta 52.100 euros, cuando la única posibilidad mecánica del Murano, que es de gasolina -a medio plazo habrá un diésel dCi V6-, se queda en 50.600 valorando el de mayor equipamiento posible. Ojo, porque salvo por potencia y logotipo es casi un Infiniti FX37, su alter ego de súper lujo dentro de la marca. Aquí empieza el lío…

Interior

El Murano mide 4.834 mm de longitud con una batalla de 2.825 mm. La del GLK, que luce 1.689 mm de altura 1.730 el Nissan-, es de 2.755 mm. Sin embargo, dentro son 4 los ocupantes que se acomodan en condiciones para un viaje en uno y otro modelo. El nipón ofrece más anchura posterior, pero como en el alemán un tercer ocupante no irá bien al cabo de los kilómetros. Además, su maletero se queda en 402 litros, cuando el del Mercedes parte de 450.


Sin tacha por calidad, soberbia en cualquiera de los dos. El GLK es más austero, tan geométrico como anticipa el exterior. Pero la posición de conducción es casi la de un Clase C, con el volante vertical, los pedales bien situados y todo a mano. El Murano presume de esa finura que los japoneses imprimen a sus productos más exquisitos, como los Infiniti -recordemos, firma de lujo de Nissan- y Lexus.

Con ajustes de primera, todo es suave y refinado, desde el tacto de los intermitentes al mullido de sus súper butacones -poco envolventes, por cierto-. Puede que el GLK quede por delante por precisión de materiales, más técnicos, pero son diferencias casi inapreciables, y además cada marca imprime su propio sello en esta materia.


Eso sí, la equipación del Nissan gana de calle: sólo la pintura metalizada -500 euros-, o el DVD para las plazas traseras -2.400 euros- son opcionales. El resto viene todo: navegación, audio Bose, techo solar, cuero, regulación eléctrica de asientos -no en los traseros, aunque como los delanteros son calefactados- y volante -queda un poco horizontal-, Bluetooth, faros bixenón… Más que deslumbrante resulta abrumador, pues por tener tiene hasta una pintura que autorrepara pequeños arañazos, además de cámara de retrovisión y otra, en el flanco derecho, que visualiza el costado para aproximarse a paredes y bordillos sin causar daños.


Para ponerlo a un nivel parecido, el comprador del Mercedes tendrá que gastar un mínimo de 15.000 euros extra, de modo que la factura se plantará en 67.000 o 70.000 euros, porque ni cuero, ni faros de xenón, ni portón trasero motorizado, ni navegación o tan siquiera sensor de lluvia vienen de serie.

Comportamiento y Prestaciones

¿Gasolina o diésel? La cuenta no es siempre clara. Muchos optan por los segundos pensando que ahorrarán por autonomía y precio del carburante, cuando sin saberlo anticipan una suma extra en la compra que jamás amortizarán. Como decíamos, Nissan sólo vende el Murano, estéticamente refrescado a finales del año pasado, con motor de gasolina 3.5 V6 atmosférico de 256 CV y 334 Nm. Es el mismo que nutre a multitud de modelos de la marca y de Infiniti, además de algún que otro Renault: evolucionado en profundidad impulsa, entre otros, a los Infiniti G37 S y Cabrio, o bien al Nissan 370Z.


En el SUV que nos ocupa parece eléctrico a partir de un aislamiento y una progresividad impecables. El coche pesa -1.945 kg-, y en consecuencia no logra prestaciones siderales210 km/h de punta y 0 a 100 km/h en 11,6 segundos-, pero una vez se lanza mantiene cruceros elevados con naturalidad. El consumo baja un 10% frente a la edición anterior, pero sigue siendo elevado: moverse por debajo de 14 litros en uso corriente exige maestría. Por cierto, se liga a un cambio automático secuencial de 6 etapas mediante variador contínuo, revisado para mermar un 20% las pérdidas por rozamiento y lograr mayor efectividad y rapidez de respuesta.


El GLK goza de la reputada mecánica CDI de 3 litros y 224 CV -junto a 540 Nm, fijos de 1.600 a 2.400 rpm- de la que, entre otros, saben las Clases C y E. Inyección directa common rail, turbo variable… Se conecta al cambio automático secuencial 7G-Tronic mediante convertidor, lento de reacción tanto al salir de parado como al cambiar en marcha. Sin embargo, sus prestaciones son elocuentes, valorando una tara próxima a la del Murano -1.880 kg-: 208 km/h y 7,5 segundos en el 0 a 100 km/h, además de 7,9 litros a los 100 de promedio -unos 9 en conducción real-.


Suena poco -hasta en frío-, es muy fino y, de nuevo, progresivo. Puesto que además el GLK goza de un chasis derivado de la Clase C y tracción 4×4 4Matic con reparto inicial 45/55% entre ejes, su dinámica es realmente efectiva, muy monolítica. En marcha no parece que llevemos un SUV, es cómodo y vira muy plano. Sólo al frenar se sienten los kilos que lleva a cuestas, como buen todocamino que es.


El Murano también va de cine, pero consiente mayores movimientos de carrocería. En conjunto está más pensando para garantizar el confort de marcha en vías rápidas. Su tracción total cuenta con un embrague central automático, bloqueable hasta 80 km/h desde un botón, que deriva energía al tren trasero si el delantero pierde agarre. No está pensado para grandes alardes lejos del asfalto, aunque su ángulo de ataque es mejor que el del GLK –28,8º por 23-, y el de salida –25º– idéntico.

El de la estrella, con 187 mm libres al suelo –180 el Nissan- es más capaz y robusto para alejarse “de lo negro”. Como el Murano, carece de reductora, pero se guarda un as en la manga en forma de control de descensos.


¿Cuál escoger? Cuestión de prioridades, porque el Mercedes, a priori nuestra elección porque es más efectivo sobre cualquier superficie y está un poco mejor hecho, sale bastante más caro y no es tan exclusivo como el Nissan. Un SUV para acertar, que también presume de maneras próximas a una berlina, bien ejecutado y sobre todo alicatado hasta el techo.

Destacable

– Comportamiento en campo y asfalto (GLK).
– Calidad -los 2- y equipamiento (Murano).
– Motores muy refinados.

Mejorable

– Consumo elevado (Murano).
– Equipamiento justo (GLK).
– Precio alto -los 2-.

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