Mazda3 1.6 CRDT: Alternativa nipona

19 Septiembre, 2011, modificada el 20 Septiembre, 2011 por

En su versión de cinco puertas, pruebo el Mazda3 más equilibrado por prestaciones, consumo y precio: el 1.6 CRDT de 115 CV de potencia. Según los acabados, el modelo está disponible entre 20.000 y 22.000 euros, precio que lo sitúa en la media de lo cuestan sus más directos rivales a igualdad de equipamiento.

No valorado

Destacable

  • Motor y caja de cambios.
  • Chasis excelente.
  • Bajos consumos.

Mejorable

  • Lagunas de equipamiento.
  • Ligero ruido aerodinámico.
  • Pantalla de navegador pequeña.

Compacto con pedigrí

Desde hace muchos años, los productos de Mazda disfrutan de una merecida reputación en cuanto a calidad, fiabilidad y agilidad. De hecho, en casi todas las encuestas realizadas entre conductores, la nipona es una de las marcas más valoradas y el compacto Mazda3, uno de los modelos mejor posicionados. Con esta brillante carta de presentación, elijo para probar la versión 1.6 CRDT de 115 CV, con carrocería compacta de 5 puertas. Monta una reciente motorización turbodiésel de pequeña cilindrada, brillante por sus buenas prestaciones y bajos consumos, acompañada de una caja de cambios manual de seis velocidades, también de estreno.

Antes de entrar a analizar el vehículo, compruebo cuál es su posicionamiento en el mercado español respecto a su más directa competencia. Este Mazda3, con equipamiento “tope” Style+, cuesta 22.000 euros, cantidad situada en la zona media-alta de la horquilla de precios de sus más directos rivales. Me refiero a los Fiat Bravo, Citroën C4, Ford Focus -modelo con el que comparte plataforma y mecánica-, Kia Cee’d, Renault Mégane, Seat León, Opel Astra, Peugeot 308 y Volkswagen Golf, principalmente.

Calidad y buenos acabados

Si desde fuera el Mazda3 transmite una imagen de producto de calidad, bien acabado y con un diseño moderno, donde se combinan aristas, líneas curvas y formas de gran tamaño, por dentro la sensación es igual de positiva. La calidad de los materiales empleados es buena -excepto algunos plásticos colocados fuera de la vista-, así como sus ajustes.

El puesto de conducción resulta óptimo, ya que todos los elementos están a mano y es muy fácil encontrar una postura correcta al volante. También la visibilidad es buena, aunque hacia delante hay que vigilar la punta del capó, pues ésta no se aprecia bien desde dentro. El diseño, sin ser rompedor, ya no es tan soso como en la mayoría de los coches japoneses de hace tiempo. En cuanto al resto de los pasajeros, pueden viajar cómoda y ampliamente cuatro adultos de 1,90 metros de altura y un menor en la plaza central, algo justa de espacio y dura de mullido. El maletero tiene una capacidad de 340 litros -ampliables hasta 1.360-, cifra normalita, pero que se compensa con una forma del vano muy aprovechable, unos asientos traseros con respaldos que se abaten y una base de carga baja -muy útil para echar el equipaje-.

El equipamiento de la versión tope de gama, denominada Style+, es correcto. Consta, entre otros elementos, de retrovisores eléctricos calefactados, sensor de lluvia, radio CD con conexión Aux., navegador con una pequeña pantalla de 4,1 pulgadas, seis airbags, anclajes Isofix para asientos infantiles, controles de tracción y estabilidad, ordenador de a bordo, climatizador, volante de cuero multifunción, llantas de 17 pulgadas y mando de apertura a distancia. Una dotación interesante, pero en la que echo de menos la posibilidad de montar luces de xenón, elevalunas eléctricos de un toque en todas las ventanillas, luz de lectura, bloqueo automático de puertas o climatizador bizona.

Un motor delicioso

Una de las joyas de este Mazda3 es su nuevo motor turbodiésel de 1,6 litros y 115 CV de potencia, fruto de la colaboración entre PSA Peugeot-Citroën y Ford (y disponible en  varios modelos de estas tres marcas, además de Volvo y la propia nipona). El Mazda3 también estrena una caja de cambios manual de seis velocidades, de desarrollos largos, que permite que el propulsor trabaje siempre en regímenes de giro realmente bajos, pero con una reserva de fuerza suficiente -270 Nm entre 1.750 y 2.500 rpm- para realizar adelantamientos sin tener que cambiar o, a lo sumo, reducir sólo una marcha. En cuanto a las prestaciones, son más que suficientes para este tipo de coche: cerca de los 190 km/h de velocidad punta y una aceleración 0-100 km/h de 11 segundos.

El consumo mínimo que anuncia Mazda en este modelo es de 3,9 litros/100 km, cifra que en realidad yo he conseguido dejar en unos infranqueables 5 litros/100 km circulando a 120 km/h en autovía. Por otro lado, el ruido que desprende esta mecánica de baja cilindrada es prácticamente inapreciable -sobre todo, a velocidades bajas- y sus emisiones de dióxido de carbono, de 117 g/km, son muy contenidas. Hay que valorar como muy positivo que el filtro de partículas no precise de mantenimiento alguno.

Otro aliado que juega a favor de este Mazda3 es su plataforma, idéntica a la que utiliza su “primo hermano” Ford Focus. Una garantía de estabilidad y equilibrio en marcha, sobre todo en carreteras con curvas, donde el japonés saca a relucir una dirección rápida y precisa, una suspensión cómoda para los pasajeros, pero que limita al máximo los balanceos, y unos neumáticos en medida 205/50 R17 de excepcional agarre. Si fuerzas el ritmo bastante, el coche en plena curva tiende a irse ligeramente de delante, aunque siempre de manera muy lenta y predecible. En estas circunstancias, ayuda el magnífico eje trasero multibrazo, que trabaja a la perfección para redondear el giro. En recta, curvas rápidas y sobre asfaltos no perfectamente lisos, el vehículo presenta una ligera inestabilidad, muy sencilla de corregir con tan sólo estar pendiente del volante. En cuanto a los frenos, cumplen siempre su cometido y es muy difícil que desfallezcan ante un trato intensivo.

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