Probamos el Mazda MX-5 1.8 Iruka: La potencia no lo es todo

23 Junio, 2011, modificada el 30 Junio, 2011 por

Hay vida más allá de los caballos que rinde un motor. Te digo esto porque el chasis y los ajustes son tan importantes, o más, que la potencia para definir el carácter deportivo de un coche. Te lo demuestro al volante del roadster más vendido de todos los tiempos.

No valorado

Destacable

  • Cambio manual muy deportivo.
  • Motor picante.
  • Posición de conducción.

Mejorable

  • Consumos sensibles.
  • Maletero pequeño.
  • Suspensión blanda al límite.

Pruebo el roadster más vendido de todos los tiempos. Título merecido, junto con el de “uno de los más distinguidos”, por conservar características olvidadas en la mayoría de os modelos actuales, tanto en su nicho como en el resto de coches del mercado. Te hablo de agilidad, equilibrio y ligereza, tres cualidades fundamentales para disfrutar de la conducción en estado puro.

Debido a su precio y tamaño, este Mazda MX-5 tiene enemigos muy diferentes -sin ser de su mismo nicho-, que van del Mini Cooper Cabrio a los Audi TT y BMW Z4, por citar a los representantes descapotables más comunes entre los roadsters, junto con los Mercedes-Benz SLK, Nissan 370Z Roadster y Porsche Boxster. Sé que de estos, al único que se acerca a la mecánica que te propongo, y no llega por falta de potencia, es al representante de los cuatro aros -de cotas algo mayores-. ¡Pero cuidado! Aunque no llega a las cifras prestacionales de los premium más básicos, ¿cuántos de ellos pesan 1.150 kg y están propulsados por el eje trasero?

Pequeño, pero bien resuelto

Este biplaza bajísimo de ergonomía perfecta tiene un habitáculo de los más pequeños en los que me he sentado -pasa de los 4 m de longitud por muy poco-; pero tampoco te hace falta más con 1,80 m de estatura -si eres más alto, al asiento le queda carril para desplazarse, pero la altura al techo es comprometida-. Aunque sí echarás en falta más maletero, sus 150 litros de capacidad se te quedan cortos sólo con hacer la compra. Por lo demás, la calidad de costumbre en otros Mazda: buena realización y ajuste de los materiales, sin llegar a estándares premium, en un ambiente bastante soso.

El equipamiento de la nueva edición especial probada, llamada Iruka, incluye de serie todo lo necesario -además de cromados en los tiradores de las puertas, los antiniebla y la parrilla, cuero gris en asientos calefactables, luz de freno en óptica blanca y llantas de aluminio pulido de 17 pulgadas-, excepto sensores de luz y lluvia y faros de xenón. El único color disponible es el Dolphin Grey -el de las fotos, como un gris verdoso- y sólo se vende en Internet a un precio de 24.900 euros, con techo duro retráctil y eléctrico que tarda 12 segundos en abrirse o cerrarse.

Varios ases en la manga

El motor es un 4 cilindros atmosférico de 1.8 litros y 126 CV de potencia a 6.500 rpm. Pero no te fíes, a pesar de tardar cerca de 10 segundos en acelerar de 0 a 100 km/h (que lo hace en primera y segunda) y no llegar a los 200 km/h de velocidad máxima, este coche transmite sensaciones casi tan buenas como los modelos que he citado al principio de la prueba. Eso sí, los 10 litros en ciudad, 6 en carretera y 7 de media -a los 100 km- que anuncia en sus consumos, se convierten en 10 l/100 km en carretera abierta y de montaña si lo que quieres es disfrutar.

El coche invita a que lo exprimas, ya que estira hasta las 7.200 rpm -más o menos- y, sin sonar exagerado, gusta escuchar su ronquera bajo de vueltas. Este sonido se agudiza a medio y alto régimen, pero en cualquier caso, su escape no engaña y suena lo que empuja su mecánica, de buen rendimiento en la parte baja del tacómetro, brillante a medio régimen y suficiente a altas revoluciones. Los frenos, sorprendentes por su aguante, son progresivos y tienen buen mordiente.

La suspensión es confortable y el agarre bueno, pero en cambios de apoyo bruscos la carrocería acusa el hundimiento del morro, lo que no significa que sea inestable. Si pisas alegremente el acelerador en curva el sobreviraje está garantizado; en las rápidas, la trasera llega a insinuarse un poco por la ligereza del conjunto cuando vas al límite. Y por si esto fuera poco, monta unos controles de estabilidad y tracción bastante permisivos, pero yo lo disfrutaría más con unos amortiguadores más duros y muelles más cortos.

La dirección también es cómoda, pero exacta; aunque si me quedo con algo, es con el cambio manual de 5 velocidades con una palanca y recorridos cortos, de relaciones ajustadas, con una segunda y tercera realmente contundentes -esta última es fundamental en adelantamientos- y tacto deportivo y equilibrado. Es decir, suave, preciso y con algo de resistencia en la inserción. Vamos, perfecto para no dejar de jugar con él e ir buscando en todo momento el máximo rendimiento mecánico.

Este Mazda MX-5 1.8 es un roadster amable que saca el genio que se espera de un conjunto ágil y ligero. Y no te dejes llevar por el ego, sus 126 CV son suficientes.

3 Comentarios

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