Land Rover Freelander 2 Td4_e 2.2 SE Stop/Start

21 Agosto, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Una opción a tener en cuenta si buscas un todocamino compacto, capaz, eficiente con el consumo y poco contaminante, con la imagen premium que caracteriza a todo Land Rover.

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Conducimos el Land Rover Freelander 2 más respetuoso con el medio ambiente, que nace de la incorporación de uno de los sistemas desarrollados bajo el programa de sostenibilidad e_TERRAIN TECHNOLOGIES de la marca británica, denominado Stop/Start.

Equivalente a los Start&Stop ya conocidos y equipados en muchos automóviles del mercado -incluso con tracción total-, es la primera vez que se monta en un modelo todoterreno o todocamino -como es el caso-. 


Esta nueva versión -ya probamos a primeros de año el Td4– anuncia un ahorro de un 8% de emisiones de dióxido de carbono –15 gr/km– y 0,8 litros a los 100 km de combustible en recorrido mixto. Datos que suponen una sorpresa para su competencia más directa entre los que destacan los Audi Q5, BMW X3, Mercedes-Benz GLK, Volvo XC60 y demás representantes de las marcas generalistas dentro del nicho de los SUV compactos, como el Honda CR-V, el Subaru Forester o el Volkswagen Tiguan, entre otros. Te contamos todos los secretos de este pionero de acceso a la marca de 4×4 premium por excelencia.

Interior

El habitáculo de este Land Rover es capaz, sin más. Permite que cuatro personas viajen agusto -cinco, si los tres de atrás van apretados-, pero si los ocupantes de las plazas delanteras -muy espaciosas- superan los 1,80 metros, el hueco para las piernas de los pasajeros posteriores se hace justo. No olvidemos que hablamos de una longtitud de 4.500 mm, 1.910 mm de ancho y 1.740 de alto. El maletero admite 755 litros de capacidad -hasta el techo-, convertibles en 1.670 si abatimos los asientos traseros, además de la rueda de repuesto.


La calidad que se percibe del acabado SE -inmediatamente inferior al tope de gama HSE– no admite discusión. Los materiales del interior son robustos, de gran calidad y están perfectamente ajustados. La ergonomía podría mejorar en los siguientes aspectos: los mandos de los elevalunas y los espejos eléctricos están algo alejados de nuestra mano izquierda -situados en el montante de la puerta-, y la consola central se sitúa en una posición baja respecto a la posición de conducción -cuesta encontar el climatizador y los diversos botones del equipo de audio sin apartar la vista de la carretera-.

A modo de curiosidad, mencionar que las dos barras verticales y cromadas, que flanquean la parte central del volante, hacen de claxón. Decimos esto porque conlleva adaptación perder la costumbre de presionar el centro del aro.


Por lo demás, el Freelander 2 que nos ocupa viene de serie con alarma; controles de descenso –HDC-, dinámico de estabilidad –DSC-, de estabilidad con detección de vuelco –RSC-, de frenada en curva –CBC-, de tracción electrónico –ETC– y de velocidad de crucero; ABS y frenos de disco; asistencia electrónica de frenado de emergencia –EBA-; distribución electrónica de la presión de frenado –EBD-; tracción permanente inteligente; Terrain Response; sistema inteligente Stop/Start; retrovisores plegables eléctricos; llantas de 17 pulgadas; faros antiniebla y lavafaros; sensores de luces, lluvia y aparcamiento; climatizador automático; tapicería en cuero y alcántara; asientos delanteros eléctricos, 6 ajustes en el del conductor y 4 en el del acompañante; volante de cuero multifunción; 7 airbags, incluye de cortina en las plazas traseras y de rodilla para el conductor; isofix; ordenador de viaje y radioCD, lector de MP3, con 9 altavoces.


El precio con todo este equipamiento es de 36.950 euros, al que hay que sumar el de extras tan interesantes -presentes en nuestra unidad- como los faros bixenón por 800 euros o los cristales tintados con un coste de 460 €, además de los 2.270 euros del navegador en color con pantalla táctil y de los 450 del cargador de 6 CD’s -en el salpicadero-. El práctico bluetooth es accesorio -se monta en el concesionario-.

Comportamiento y Prestaciones

La mecánica a la que se vincula el nuevo sistema Stop/Start es la turbodiésel de 4 cilindros en línea y 2.2 litros con common rail que rinde 160 CV de potencia y 400 Nm de par a 2.000 rpm. Estas cifras se traducen en reacciones ágiles a pesar de sus 1.775 kg de peso y su Cd -coeficiente aerodinámico frontal- de 0,39, que tiene mucho que decir en su insuficiente insonorización. El 0 a 100 lo hace en 11,7 segundos y su velocidad punta es de 181 km/h, cifras suficientes para este tipo de vehículo, al que no le cuesta acelerar ni mostrarse dinámico una vez lanzado. Tanto, que su dirección -exacta- y el cambio manual de 6 velocidades de recorridos cortos y precisos con el que se ofrece -para esta versión no hay automático- dan sensación de conducir un turismo, a pesar de su tarado blando de suspensión que favorece un elevado confort de marcha y provoca inercias esperadas en un modelo de sus características -durante pasos por curva elevados y frenadas enérgicas-.


Fuera del asfalto se comporta gratamente, a pesar de que esta versión monta neumáticos de baja resistencia a la rodadura, gracias al Terrain Response -no tiene reductora- o mecanismo que adapta la tracción total inteligente mediante un selector al alcance de nuestra mano en el túnel de la transmisión que permite elegir entre varios programas, según el tipo de terreno: normal, hielo, barro o roderas y arena. Además, para hacer más fácil y completa nuestra aventura ofrece un control de descensos –HDC– y un programa de estabilidad –DSC– desconectable que funcionan a la perfección; apoyados por unos ángulos de ataque de 31º, ventral de 23 y de salida de 34 grados, una altura libre al suelo de 21 cm y a una capacidad de vadeo de medio metro. Así el Land Rover Freelander 2 se alza como uno de los todocamino más capaces de su categoría.   


En ciudad, ante el primer semáforo en rojo, o durante un atasco en autopista, al volante del Land Rover Freelander 2 Td4_e 2.2 SE Stop/Start, el motor se apaga automáticamente cuando pasamos la palanca del cambio a punto muerto y soltamos el embrague. Cuando se ilumina la luz verde o empiezan a avanzar el resto de vehículos del atasco y pisamos el embrague para meter primera, vuelve a arrancar. Este sistema inteligente se activa cada vez que se pone la llave en el contacto, pero se puede desconectar mediante el botón ECO -en el salpicadero-. Con la radio, el climatizador y demás sistemas -navegador, bluetooth…- en funcionamiento, el motor vuelve a ponerse en marcha cuando el sistema de monitorización de la batería detecta que se abusa de su carga.


Los consumos que anuncia la marca son de 6,7 litros en ciclo combinado, 8,5 en el urbano y 5,7 en carretera -todos ellos a los 100 km-, y las emisiones de 179 gr/ km. Cifras que confirman la afirmación de que este es el Land Rover que menos gasta fabricado hasta el momento, y también el primero con Certificado de Fin de Vida -el 85% del vehículo es reciclable y el 95% de dichas partes, reutilizable-. Durante nuestra prueba el promedio que mostraba el ordenador de viaje era de 8,5 litros a los 100 km tras recorrer 920 km en carretera, 30 km por ciudad, 30 km en recorrido mixto y 2 km fuera del asfalto -todos ellos con el climatizador puesto y a ritmo ágil-.


Una opción a tener en cuenta si buscas un SUV compacto, capaz, eficiente con el consumo y poco contaminante. Eso sí, aunque sea el Land Rover más ecológico no te creas que conducirás un utilitario para serpentear por la ciudad.

Destacable

– Motor suave y voluntarioso.
– Comportamiento en carretera y campo.
– Calidad interior.

Mejorable

– Peso elevado.
– Maniobrabilidad.
– Faros bixenón opcionales.  

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