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Land Rover Freelander 2: Calidad y precio

20 Julio, 2011 por

Me pongo al volante del benjamín de la familia Land Rover, ahora “restilizado”, en versión de dos ruedas motrices, más racional para el uso habitual que la mayoría de compradores suele hacer de este tipo de vehículos. Este acabado básico ofrece una gran relación entre calidad y precio.

No valorado

Destacable

  • Relación entre calidad y precio.
  • Motor y prestaciones.
  • Habitáculo espacioso y bien equipado.

Mejorable

  • Dirección muy blanda e inmediata a alta velocidad.
  • Consola central baja y vertical.
  • Luneta trasera no practicable.

El Land Rover Freelander 2 ya tiene renovación para este año, muy leve respecto a su antecesor, para mantener su status frente a los Audi Q5, BMW X3, Infiniti EX, Mercedes-Benz GLK y Volvo XC60; por lo menos hasta que llegue el Land Rover Range Rover Evoque que, en mi opinión, acabará con él por ser más moderno y de precio similar.

Con este restyling estrena paragolpes delantero, rejilla en la parrilla frontal, ópticas anteriores y posteriores, un listón cromado en el portón del maletero, llantas de aleación y color en el logotipo de la marca británica -ahora, con las letras plateadas-.

Interior sin sorpresas

En el habitáculo también hay cambios, aunque el acabado mantiene la calidad y los ajustes premium que esperas. A pesar del nuevo cuadro de instrumentos, la consola central se mantiene bastante vertical y no es todo lo ergonómica que me gustaría. Si cambias de emisora de radio o ajustas la temperatura del climatizador en marcha, tienes que apartar la vista de la carretera.

Por lo demás, sigue igual de espacioso; cinco adultos de talla media-alta van cómodos con su correspondiente equipaje: el maletero, polivalente y con una gran boca de carga (algo elevada), ofrece 405 litros -755 con la bandeja enrollable recogida-, convertibles en 1.670, si abates el respaldo del banco trasero.

La unidad que he probado tiene el acabado S, básico y muy completo por los 31.280 euros que cuesta. Tiene radioCD, entrada auxiliar de audio, ordenador de viaje, volante multifunción, climatizador bizona, retrovisores exteriores eléctricos y plegables, faros antiniebla delanteros, lavafaros -a pesar de que las luces son halógenas-, sensores de luz y lluvia, llantas de 17 pulgadas, paquete de iluminación, arranque por botón, ABS, controles de estabilidad -DSC con detección de vuelco, RSC- y tracción, asistente a la frenada de emergencia, distribución electrónica de la frenada, control de frenada en curva, 7 airbags -incluidos los de cortina y rodilla, este sólo para el conductor-, control de crucero, Stop/Start, alarma e isofix en las plazas laterales traseras. El coche de las fotos montaba como opción la pintura metalizada -742 euros-, el bluetooth -556 euros- y el volante de piel -156 euros-.

Comportamiento: Hay pocos como él

Los 150 CV de potencia a 4.000 rpm del bloque transversal de 4 cilindros y 2.179 cc dan bastante de sí, ya que dispones de 420 Nm de par desde 1.750 revoluciones. Por debajo de dicho régimen, este motor turbodiésel common rail sube bien de vueltas y siempre está dispuesto a empujar, aun siendo algo rumoroso y tosco.

Se luce con unos buenos registros prestacionales -hace el 0 a 100 en 11,7 segundos y alcanza 181 km/h de punta- y unos consumos agradecidos (7,1 litros en ciudad, 5,4 en carretera y 6 litros de media, todos a los 100 km) para pasar de los 1.700 kg de peso. A mí, el ordenador no me bajó de 8,5 litros por ciudad, carretera abierta y de montaña; eso sí, exprimiéndolo al máximo. Por otra parte, frena con eficiencia y progresividad -sólo monta discos ventilados delante-.

En marcha, este tracción delantera pisa con confianza y es muy estable, sólo subvira levemente al límite. La dirección es cómoda y exacta y el cambio manual de 6 velocidades es eficaz en su manejo. Sólo tiene “peros” en autopista y curvas rápidas, en las que el volante se me antoja demasiado blando e inmediato, lo que provoca algún bandazo -normal en un coche de sus cotas- si no eres muy fino con él, o ante una situación inesperada. Por eso el 4×4 me parece más redondo, aunque también es algo más caro.

El sistema Stop/Start funciona bien, pero no soy amigo de llevarlo siempre activo (de hecho, la mayoría de las veces lo suelo apagar; excepto si el coche en cuestión lleva cambio automático, se me hace menos incómodo). Además, no creo que el ahorro sea tan relevante; sin embargo, gracias a él, las emisiones se quedan en unos ridículos 158 gr/km.

El Land Rover Freelander 2 2.2 eD4 4×2 Stop/Start, como todocamino -a pesar de los 50 cm de vadeo y los 31º, 23º y 34º de ángulo de ataque, ventral y de salida que ofrece, respectivamente-, es un valor seguro para el uso habitual y actual de este tipo de coches. Encontrarás pocos tan buenos y con semejante relación entre calidad y precio.

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