Laguna dCi/Mondeo TDCi

15 Octubre, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Gracias a sus poderosas mecánicas diésel se convierten en auténticas devoradoras de kilómetros sin descuidar el bolsillo.

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…podrás disfrutar de estas dos berlinas medias de última generación, amplias, seguras, tremendamente dinámicas y tecnológicamente a la última. Gracias a sus poderosas mecánicas diésel se convierten en auténticas devoradoras de kilómetros sin descuidar el bolsillo. El Laguna llega ahora. El Mondeo lo hizo un poco antes. Tanto monta, monta tanto…


El Renault Laguna siempre ha sido uno de los vehículos más considerados en el segmento de las berlinas medias. Por eso había mucha expectación por comprobar el alcance de su tercera generación. Y no defrauda lo más mínimo, aunque tampoco creemos que esté en condiciones de catalogarse como Premium y «tutearse » con todo una Serie 3 de BMW, como en su día se insinuó.


De hecho, el salto cualitativo dado por este modelo es significativo, situándose en el grupo de vanguardia, aunque no puede en un cuerpo a cuerpo con otra de las caras nuevas del segmento, el Ford Mondeo, un vehículo que hace tan sólo unos meses sufrió una metamorfosis más radical que la protagonizada ahora por el francés. Para cumplir con el primer mandamiento de todo vehículo nuevo que se tercie, el Laguna también recurre a un considerable crecimiento en centímetros.


Así, estira ocho centímetros su longitud y tres más la anchura. Sin embargo, este incremento no resulta directamente proporcional en el interior, ya que comprobamos que el espacio destinado para las piernas en las plazas traseras es «sólo» 20 mm más holgado y en buena parte viene motivado por un respaldo del asiento delantero bastante más delgado.


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La pregunta es inmediata: ¿dónde se han utilizado? Pues como «colchón» entre el vano motor y el habitáculo, para optimizar los crash test donde, ya adelantamos, el Laguna repetirá la máxima puntuación EuroNCAP. A pesar de presentar una estampa más poderosa, el Laguna se ha sometido a una rigurosa cura de adelgazamiento, con una reducción de hasta 60 kilos en la báscula con respecto al modelo anterior. Y para concluir con el análisis de entrada, el maletero también incrementa en 20 litros su capacidad, hasta alcanzar los 462, una cifra que se sitúa por debajo de la media de su segmento.


Si nos fijamos en el Mondeo, la imagen de la versión 5 puertas que nos ocupa es mucho más poderosa que su rival, por tamaño (8,3 centímetros más largo, 7,5 más de ancho y 5,5 más de alto) y por apariencia. Esa ventaja se detecta en algunas cotas de habitabilidad. Por ejemplo, en el mayor espacio destinado para las piernas detrás o en el ancho a nivel de hombros en esas mismas plazas, aunque empata en la cota de altura sobre la cabeza. Otro tanto ocurre con el maletero.


Oficialmente anuncia 540 litros, pero con el kit reparapinchazos de serie. Si optamos por una rueda de uso temporal (sin cargo y tal y como hace el Laguna) la cifra se establece en 528 litros, o lo que es lo mismo, 66 litros más que su rival. Además, el portón trasero es más amplio, factor que facilita la introducción de grandes objetos. En ambos casos, la capacidad se puede aumentar abatiendo el respaldo trasero asimétrico, aunque en el caso del Mondeo el piso de carga queda completamente plano (tras abatir la banqueta) y en su rival queda un pequeño e incómodo «escalón».


Si examinamos la calidad de terminación no hay duda: el Laguna está bien hecho. Mantiene una línea continuista, aunque de corte más actual, pero poco se puede objetar. El conjunto es vistoso y está bien rematado con materiales acolchados (hablamos del acabado Privilege). En frente nos encontramos con un Mondeo de aspecto más sólido y apariencia más deportiva debido a la terminación metálica del acabado Titanium, muy vistosa pero que no se lleva demasiado bien con el sol, ya que produce en ocasiones molestos reflejos. A pesar de ser vehículos de corte eminentemente familiar, ninguno defraudará al «papá» que quiera disfrutar al volante.


El Laguna hereda el esquema de suspensión del modelo anterior (McPherson delante y un eje semi-independiente en H detrás), pero retoca algunos aspectos. Así los muelles han aumentado su rigidez (un 20 por ciento delante y hasta un 50 por ciento detrás) y las barras estabilizadoras de ambos ejes también son más gruesas. El resultado es un chasis que consigue reducir considerablemente el balanceo, aumentando por tanto la confianza del conductor. Se puede ir endiabladamente rápido y no da apariencia de ello. Si tuviéramos que destacar algo sería la facilidad con la que se conduce, incluso en tramos sinuosos, donde el eje trasero ayuda a cerrar la curva con naturalidad.


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También, en este sentido, se ha mejorado el tacto de la dirección –ahora es más directa– y el de la caja de cambios manual de seis relaciones que, no obstante, sigue resultando en ocasiones algo imprecisa (sobre todo al reducir de 6ª a 5ª). Para evitar contratiempos, el control de estabilidad está siempre vigilante y decimos siempre porque se puede desconectar, pero a partir de los 40 km/h vuelve a quedar activado automáticamente. En el Ford, la dinámica es muy similar, protagonizando un comportamiento que brilla con luz propia. En este caso, la dirección responde con mayor rapidez y el cambio también resulta más preciso y rápido. En curva, el morro obedece marcialmente (como en su rival), pero en este caso el tren trasero no acompaña tan fielmente.


Digamos que en el Laguna todo son facilidades y todo se hace casi sin darse cuenta, mientras que en el Mondeo se siente, transmite más al conductor todo lo que pasa en la carretera. Aunque el precio del diésel se iguala a pasos agigantados con el de la gasolina, en España las ventas del primero siguen apabullando. En esta ocasión nos hemos decantado por el 2.0 dCi 150 CV, en el caso del Renault, y del 2.0 TDCi 140 CV, en el Ford. Con estos propulsores ambos se convierten en grandes rodadores, con unas prestaciones sobresalientes y unos consumos realmente atractivos. En el Laguna, el propulsor es un primor por su suavidad y progresividad, sobre todo, al superar las 1.900 vueltas. Si apuramos acaricia las 5.000 rpm, pero renta más cambiar apenas superemos las 4.000.


Además, es silencioso y vibra poco. Muy similar se muestra la mecánica del Mondeo. También goza de inyección directa common rail y turbo de geometría variable, aunque se queda algo más corto de potencia. También es inferior el par motor, aunque con la función overboost iguala por unos instantes los 34,7 mkg de su rival. En prestaciones, el Laguna se muestra superior en aceleraciones y a la hora de efectuar adelantamientos; es decir, lo más importante en carretera, mientras que el Mondeo recupera mejor desde muy abajo y nos evitará tener que cambiar en algún repecho pronunciado. Las cifras de consumo son muy similares, tanto que no son influyentes en el veredicto final.


Tampoco lo es el precio, pues los 344 euros que nos ahorramos en la factura del Mondeo son insignificantes. No obstante, el Laguna contraataca con un equipamiento de serie superior y, salvo «lagunas» como el airbag de rodilla, sí que cambia las tornas y consigue que su rival le supere en la factura final en 1.100 euros a igualdad de equipamiento. En definitiva, un duelo muy equilibrado que se decanta por el Mondeo debido a su mayor habitabilidad y maletero, a su mayor aporte tecnológico y a un tacto general más conseguido. El Laguna, por su parte, es uno de los vehículos más fáciles de conducir que recordamos, confortable, seguro y muy bien equipado.

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