Jaguar XF 2.7D Premium Luxury

2 julio, 2008, modificada el 24 enero, 2011 por

Durante muchos años, los motores diésel estuvieron ligados a palabras como humo, sonoridad, aspereza, lentitud y trabajo. Pero de un tiempo a esta parte han empezado a asociarse con ecología, silencio de marcha, elasticidad, prestaciones y diversión. Cuando estos términos se elevan a grado superlativo surge el refinamiento y la sofisticación, que es lo que ofrece la versión turbodiésel del nuevo Jaguar XF.

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Más información en hoyMotor16, número 1290


Corría el año 2003 cuando muchos usuarios, echándose las manos a la cabeza, acusaban a Jaguar de herejía, porque había ensuciado su nombre montando un motor diésel en el vano del X-Type. Pero a ese modelo, uno de los primeros frutos Jaguar bajo dominio Ford e inicio de la gama, todavía se le podía perdonar. Otra cosa es que el estreno se hubiese producido en el S-Type, un modelo carismático en la ‘escudería’ británica. No eran buenos tiempos y, dos años más tarde, llegaba el motor 2.7D al citado automóvil sin que absolutamente nadie dijera ni pío.


Ahora que los británicos han perdido su segunda ‘joya’ –la primera fue India, en 1947– a manos de Tata y parece que ante Jaguar se vislumbran unas expectativas cargadas de futuro, con nuevos modelos como el XFR y el XKR, en 2009; XJ, en 2010; F-Type, en 2012, o XF Coupé, en 2013; pues bien, ahora, los augurios son magníficos, gracias a modelos como éste, que podría lucir la leyenda de ‘el diésel más sofisticado del mundo’ bajo brillantes neones.


Estética » Llamativo por dentro y por fuera


Si, en sus comienzos, la era Ford revolucionó Jaguar con estrenos como las mecánicas diésel o la carrocería familiar, se despide tal y como empezó, con otro importante paso adelante, al sustituir al ‘clásico’ S-Type por el XF, al que, entre otras cosas, dota de una atractiva carrocería de corte deportivo y un interior futurista y tecnológicamente avanzado, que traslada a la marca británica de la época colonial a pleno siglo XXI.


Así, vemos que el XF luce unos grupos ópticos de una sola pieza, pero que nos retrotraen al pasado cuando nos acercamos y observamos con atención las tradicionales formas circulares de los faros que siempre han distinguido a estos automóviles. El frontal está lleno de vida, del dinamismo y atractivo de los XJ6 de 1975, mientras que el lateral y la zaga parecen inspirados en el Coupé XK, que recibió herencia deportiva del XJ220, durante algún tiempo, el coche de serie más veloz sobre la faz de la Tierra.


Es, en suma, esencia Jaguar aderezada por los lápices de Ian Callum, director de diseño de la marca. Buen trabajo el suyo, que obtiene un coeficiente Cx de 0,29 en la lucha contra el viento, aunque a la altura de los montates delanteros podría mejorar, pues restan visibilidad en curvas, lo mismo que la rumorosidad, que se deja sentir a partir de 120 km/h.

    Comportamiento

    Mecánicamente, nuestro XF equipa el conocido motor 2.7D usado en otros modelos de la propia Jaguar, de Ford y del grupo PSA. Eroga 207 CV y trabaja solidario a una caja de cambios automático/ secuencial de seis marchas. Nos ha gustado la posición y tamaño de las palancas, una para subir y otra para bajar marchas, pero nos ha dejado un tanto desencantado que el cambio, tanto en posición ‘D’ como ‘Sport’ y manual sea tan conservador con la mecánica, recortando el régimen de giro en exceso.


    Aún así, el equilibrado conjunto motor/cambio consigue elevar la velocidad máxima hasta 230 km/h, acelerar de 0 a 100 km/h en 8,9 segundos e invertir sólo 6,2 segundos en el paso de 80 a 120 km/h. Y todo, con un gasto medio de 7,5 l/100 km. Unas excelentes cifras si tenemos en cuenta que el XF pesa 1.846 kilos, a pesar de haberse aligerado con el empleo de 25 tipos de acero, aluminio y magnesio.


    Un peso que se sustenta sobre suspensiones independiente de tarado suave en ambos ejes, de manera que en autopistas y autovías, con curvas de amplio radio de giro, es como un tren de alta velocidad, rápido, bien sujeto al suelo y muy cómodo. En cambio, el peso se traduce en inercias al retorcerse la carretera y, si vamos ligeros, la sucesión de curvas se le acaban atragantado, a la vez que el ESP (desconectable) trabaja sin descanso cuando el tren trasero, que recibe la fuerza del motor, tiende a deslizar, lo cual no deja de ser ‘naturalmente’ divertido, pues al fi n y al cabo es lo que buscamos con una conducción así. Los frenos, muy eficaces en condiciones normales, acusan fatiga cuando se les somete a trabajo intenso. Y de trabajo se van a hartar en Jaguar, porque el XF es una magnífi ca berlina, justa sucesora del S-Type.

    Equipamiento

    Un primer vistazo al salpicadero nos deja un tanto perplejos, porque no hay palanca de cambio, ni salidas de aire, ni un tirador para abrir la guantera, ni un interruptor para encender las luces del techo… En cambio, las palpitaciones de una luz roja en la consola central nos llama. Es el botón de arranque. Presionamos y a la puesta en marcha del motor se une, por arte de ‘magia’, la asombrosa aparición del selector del cambio y de las salidas de aire. Antes de partir, dejamos el mapa en la guantera, que se abre al pasar la yema de los dedos sobre un sensor, mismo procedimiento que se emplea para las luces del techo.


    Desvelados los misterios, ajustamos eléctricamente el volante y el asiento en altura y profundidad hasta adaptar el puesto de conducción a nuestro gusto. Todo está a mano: las levas del cambio, tras el volante, son grandes para facilitar su uso incluso en plena curva; el volante aloja el control de velocidad de crucero, una rueda que hacia delante sube la velocidad y hacia detrás, la baja (simple y fácil de usar, como debe ser); la pantalla táctil facilita el control de buena parte de funciones; los mandos del excelente equipo de audio Bowers&Wilkins de 440 W (opcional); las funciones principales del climatizador… Y es que el equipamiento de serie de nuestra versión Premium Luxury tiene de todo, de ahí su elevado precio (58.870 euros), pero es que Jaguar, además, nos lo ha prestado cargado hasta las trancas, con opciones por valor de 8.557 euros, ¡casi nada!


    Desde asientos ventilados de piel hasta llantas de 19’’ Auriga, faros bi-xenón o monitor de ángulo muerto y sensores de aparcamiento, además del espectacular equipo de audio, entre otras cosas. No extraña, por tanto, que nos encontremos como en el salón de casa, al menos, en las plazas delanteras, porque detrás encontramos dos asientos bien definidos, capaces de acoger a dos adultos, y una tercera plaza de ficción, que carece, incluso, de reposacabezas, lo que nos lleva a desaconsejar que viaje un adulto ahí o recomendar que la ocupe un niño, que podrá apoyar la cabeza contra el respaldo. Eso sí, se abaten por partes asimétricas y amplían el maletero de 500 a 920 litros, si bien la angosta boca de carga no facilita la entrada y salida de objetos voluminosos.

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