Honda Accord 2.0 I-VTEC Executive

24 Junio, 2008, modificada el 24 Enero, 2011 por

El nuevo Honda Accord es un vehículo muy serio. Ha ganado en apariencia, habitabilidad, dinámica, seguridad, confort…

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Más información en HoyMotor16, número 1289


Su conducción engancha por su precisión y nobleza y el motor de acceso en gasolina ofrece un gran equilibrio entre prestaciones y consumos. No hay duda de que se trata de una especie de «tapado» al que miran ya con cierto temor los denominados premium.


Hace apenas un par de meses tuvimos ocasión de protagonizar por tierras austriacas la primera toma de contacto con el Honda Accord. Por entonces, ya nos gustó. Ahora hemos tenido la oportunidad de «convivir» una semana y nos ha cautivado, tanto que se convierte en una de nuestras alternativa preferidas de su segmento. Este modelo siempre ha sido un gran producto, pero en su última puesta en escena lo borda.

En Honda posicionan su producto un escalón por debajo del segmento premium. Quizá no tenga la dinámica purista del BMW Serie 3, el atractivo diseño del Audi A4 o el «caché» de la Clase C de Mercedes, pero poco o casi nada tiene que envidiar a estos. Por otra parte, tiene más empaque de coche que un Volkswagen Passat, un Mazda 6, un Saab 9-3 o un Alfa 159, vehículos considerados ‘sub-premium’, ya que parten de una mayor cualificación, en ocasiones en entredicho, que los generalistas tipo Ford Mondeo, Citroën C5, Renault Laguna o Peugeot 407.
 
Es decir, se encuentra en tierra de nadie, pero en un cuerpo a cuerpo a bayoneta calada con cualquiera de ellos aguantaría la refriega hasta el final, eso seguro. El Honda Accord es un vehículo bien hecho, está bien equipado, todos sus motores ofrecen un rendimiento extraordinario, su comportamiento es fantástico… y ahora ofrece una habitabilidad muy mejorada, uno de los puntos grises en la generación anterior. En su transición hacia la plena madurez ha crecido en todos los sentidos. Físicamente, es casi 60 mm más largo, la distancia entre ejes también aumenta 35 mm y la cota de anchura es 80 mm superior. Estas ganancias salpican exclusivamente a la habitabilidad porque el maletero, al que luego analizaremos, sigue tal cual.

Diseño »
Ha ganado músculo y presencia

El Accord mantiene la línea de diseño del modelo anterior, pero basta un vistazo para comprobar rápidamente que ha pasado por el gimnasio, porque su musculatura y corpulencia son eminentemente superiores. Eso y el hecho de ser más ancho y bajo han potenciado su espíritu deportivo y dinámico. En el interior todo convence por su rigor ergonómico y por el tacto exquisito que ofrece todo lo que se puede «palpar». La visibilidad es francamente buena y las butacas delanteras de matrícula, por tamaño, confort y eficacia a la hora de sujetar el cuerpo.

La terminación ha ganado en calidad, con un cuadro mucho más vistoso y actual y un salpicadero bien resuelto que no renuncia a materiales acolchados. Sólo la pantalla superior arroja algún incómodo reflejo en días claros. Detrás se comprueba la ganancia de espacio si miramos por encima del hombro. Dos adultos irán de cine y sólo al que le toque la plaza central no estará de acuerdo, porque, como ocurre casi siempre, está sobreelevada, el respalsdo está duro y la consola central prácticamente roza con las piernas.

Por su parte, el maletero se mantiene prácticamente inalterable, con 464 litros. No es el mejor ni por capacidad ni por ergonomía. La boca de carga no es demasiado generosa, no cuenta con ganchos para bolsas y la parte superior no está tapizada, dejando a la vista cables y altavoces. Sin duda, lo menos atractivo del vehículo. Honda es el mayor fabricante del mundo de motores. A veces cantidad y calidad son términos opuestos, pero no en este caso. Ya comentamos en nuestra toma de contacto del nuevo Accord las bondades del nuevo y refinado propulsor diésel i-DTEC de 150 caballos.

En esta ocasión, y con la gasolina ganando adeptos debido a su menor precio, nos hemos decantado por la versión de acceso 2.0 i-VTEC, un motor ya conocido en la generación anterior, pero cuidadosamente actualizado. Ahora ofrece 156 caballos de potencia y aumenta el par hasta los 19,6 mkg y a un menor números de vueltas. Y lo más curioso: se ha reducido el consumo.

Motor »
eficiente puesta a punto

Para ello se ha aumentado el diámetro de las válvulas de admisión y se ha optimizado la alzada y distribución de éstas para conseguir mayores volúmenes de aire. El sistema i-VTEC de Honda, ya conocido, ajusta la duración de elevación y apertura de las válvulas y se complementa con la distribución variable, que tiene en cuenta la carga del motor y controla la fase del árbol de levas en admisión. Esta es la teoría. La práctica es menos académica y mucho más divertida. Ese aporte tecnológico permite al Accord 2.0 i-VTEC presumir de unos buenos bajos y medios.

Si incrementamos el ritmo y actuamos en el margen 4.000-7.000 rpm, el talante es otro, se vuelve más deportivo y hasta cambia el sonido, ya sí perceptible en el interior, porque a ralentí o con una conducción suave parece que está parado. Este propulsor no es un tiro, ni mucho menos, pero arroja unas prestaciones realmente notables para un conjunto que en la báscula y con ocupantes supera con creces la tonelada y media.

Y, sin embargo, el consumo es más que razonable. La incorporación de una nueva caja manual de seis relaciones (antes cinco) ha ayudado en este sentido, ya que, además de sacar un mayor rendimiento, desahoga el nivel de revoluciones a velocidad de crucero. Así, las cifras apenas su peran los cinco litros y medio en carretera a 90 km/h y no llegan a los siete litros por autopista. Por cierto, por 2.000 euros esta versión se puede combinar con una caja automática de cinco relaciones con modo secuencial.

Pero si el motor nos gusta, todo lo que le rodea nos encandila. El tacto del cambio invita a meter marchas sin descanso, como ya hemos comentado, ahora con seis velocidades; y la palanca, de tamaño reducido, ya la firmaría algún deportivo. Su tacto es exquisito por su precisión y los recorridos, bastante cortos. También la dirección enamora por su precisión y porque retransmite fidedignamente todo lo que ocurre sobre el asfalto. El tamaño y tacto del volante invitan a no soltarle. Por cierto, en él encontramos los mandos del equipo del sonido, del manos libres, del ordenador de viaje y del control de velocidad de crucero, todos ellos, elementos de serie.

Dinámica »
Más ‘bajito’ y más estable

El incremento del tamaño y su mayor pisada quizá haya restado algo de agilidad a la dinámica del vehículo, aspecto que sólo percibirán los más puristas. Sin embargo, su menor altura, un centro de gravedad más bajo, un ancho de vías más generoso le otorgan un mayor aplomo. Su nobleza ofrece una confianza al conductor impagable, ya que hay que forzar mucho para provocar que la carrocería balancee. Y no digamos nada para que actúe el control de estabilidad (VSA).

Por cierto, de serie también se ofrece esta tecnología para el remolque (TSA). Y todo ello sin repercutir en el confort general, en parte debido a la incorporación de unos nuevos amortiguadores que permiten un paso del fluido en su interior más rápido, suavizando la típica sacudida que se produce a ritmos elevados en la fase de compresión.

Por último, el nivel de equipamiento Executive que nos ocupa es realmente generoso (ver fichas), pero si se echa algo en falta más vale que sea exclusivamente la pintura metalizada, porque la política de opciones brilla por su ausencia. Si se quiere algo más hay que subir al nivel de acabado Luxury, que no está disponible con el 2.0 i-VTEC y sí con el 2.4 i-VTEC. Vaya lío…

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