Golf 1.4 TSi DSG GT Sport

1 julio, 2008, modificada el 24 enero, 2011 por

Sin soltar las manos del volante y de un simple toque con los dedos, el Golf TSI DSG engrana velocidades y reduce como el rayo. Sus siete marchas garantizan diversión.

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Más información en hoyMotor16, número 1290


Cinco años después de que el primer cambio DSG de doble embrague llegase al mercado, más de un millón de vehículos circulan con él por el mundo. Su demostrada eficacia por rapidez y suavidad en el paso de marchas atrapa a los clientes más escépticos. Volkswagen lo sabe y ha decidido extender el invento, entre otros, a los Golf TDI de 105 CV y 1.4 TSI de 122 CV.


En estas páginas lo analizamos a bordo del último que, como en el TDI, presenta siete marchas en vez de las seis habituales. La nueva caja –como siempre lleva una velocidad metida y otra preparada o en «stand by»– funciona en seco y, puesto que no requiere aceite para su refrigeración, prescinde del filtro de aspiración y del refrigerador de aceite. El único aceite empleado es el que lubrica el dentado y los cojinetes, lo que reduce la capacidad de su depósito a sólo 1,7 litros.


Diseñada para soportar un tope de 25,5 mkg de par máximo, ofrece los habituales modos automático «D», automático deportivo «S» –apura más las marchas– y manual/ secuencial a través de movimientos de palanca o de un toque en las levas ancladas a izquierda y derecha del volante.


De nuevo, en la última modalidad, que también puede practicarse en las posiciones «D» y «S», se apura más el motor, aunque no se llega al corte de encendido porque antes el coche cambia por sí solo. Las siete marchas son un buen invento para apurar la energía de unos propulsores brillantes, pero más bien «modestos» en cuanto a potencia y, además, aseguran diversión a los amantes de la conducción. Pero también obligan a llevar la cuenta mental de la velocidad engranada –o en su defecto a mirar de reojo el display que lo muestra en el cuadro– para saber cómo circulamos.


Y es que, sobre todo al principio, es habitual atacar una curva con una relación por encima de la idónea después de haber reducido varias veces. Un caso habitual es pensar que entramos en el viraje en segunda cuando en realidad viajamos en tercera…


El cambio también apareja de serie función «Auto-Hold» para evitar que el coche recule en rampas arrancando desde parado. La marca anuncia un consumo y un nivel de emisiones más favorable que en sus equivalentes manuales. Por ejemplo, para el TSI que nos ocupa homologa 139 g/km de CO2 a partir de un promedio de 5,9 l/100 km. No hemos llegado a una cifra tan ajustada pero, ojo, los 7,2 l/100 km de media real que refleja la ficha técnica son los mismos que en su día obtuvimos del Golf 1.4 TSI 122 CV con cambio manual de seis velocidades.


Precisamente, esta mecánica de gasolina dotada de turbocompresor sigue sorprendiendo por su buen hacer general y la intensidad de empuje que despliega, con una proverbial capacidad para mover al conjunto desde pocas vueltas, pese a no contar, como los TSI de 140 y 170 CV, con compresor. Su capacidad para recuperar velocidad, como cuando toca adelantar o afrontar un largo repecho de autovía, es de primera, algo a lo que ayuda la acusada desmultiplicación del cambio, que selecciona la mejor opción posible al acometer la maniobra.


En resumen, sin llegar a ser un «tiro», este Golf anda bien y se siente suficientemente ágil, como demuestra su excelente paso de 0 a 100 km/h: 8,6 segundos.


Ni que decir tiene, su estándar de calidad es realmente satisfactorio. Es más, la llegada de rivales más modernos y el ocaso comercial del propio Golf V –el VI se dejará ver a finales de año– no han hecho mella en un automóvil que mantiene la forma a pesar de los años. Un buen consejo: si le interesa el acabado GT Sport de estas páginas, con chasis endurecido y buen equipamiento de serie es el que mejor le sienta al conjuntado tándem TSI/DSG.

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