Galaxy 2.0 TDCi/S-Max 2.0 TDCi

12 Enero, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Alumbrados por la misma madre, Ford, las pocas diferencias las encontramos en su comportamiento dinámico, el espacio y el precio

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Los dos han sido alumbrados por la misma madre, Ford, y ambos cuentan con los mismos genes. Primero vio la luz el S-Max y luego, partiendo de su chasis, se creó el Galaxy. Comparten multitud de elementos mecánicos, tienen capacidad para siete pasajeros y montan idéntico motor 2.0 TDCi de 140 CV. Las pocas diferencias las podemos encontrar en su comportamiento dinámico, el espacio para los pasajeros y el precio final. La decisión no va a ser fácil.


El segmento de los automóviles, al igual que el del resto de productos, se especializa más día a día, dividiendo el mercado en parcelas cada vez más pequeñas. Los grandes monovolumen fueron los primeros en aparecer, llegando a Europa procedentes de las Américas. Y aunque al principio triunfaron, como los casos del Chrysler Voyager o el Renault Espace, los gustos del Viejo Continente por tamaños más comedidos dieron como resultado la aparición de los denominados compactos, que, incluso con siete plazas, resultaban igualmente versátiles e incluso más económicos. De este modo nacieron el Opel Zafira o el reciente Citroën C4 Picasso. Ahora, la tortilla se ha dado la vuelta. Ford ha creado su nuevo Galaxy, separándose de sus antiguos socios de fabricación –Volkswagen Sharan y Seat Alhambra– para seguir en solitario y compartir la plataforma con el S-Max. Y claro, aquí vienen los problemas, porque… ¿cuál elegir?


Podríamos adelantar que el gran monovolumen de Ford es un S-Max sobreelevado y con más maletero, pero el tamaño, a veces, o al menos eso dicen, no importa. Y es que, en este caso, el Galaxy saca la mayor ventaja a su hermano en altura.Suele pasar en no pocas familias: que el hermano pequeño es más alto que el mayor. Lo decimos porque el Galaxy aventaja al primogénito en casi 7 cm, lo que redunda en una altura interior no siempre bien aprovechable pero que sí nos dará la sensación de mayor espacio disponible. Además, en Ford han sabido aprovechar muy bien este espacio extra, dotando al Galaxy de una consola central que recorre todo el techo, distribuida en cinco compartimentos que suman un total de 20 litros y que se añaden a los generosos espacios en las puertas, en la guantera convencional y en otra superior y en dos huecos situados en el suelo, compartidos todos ellos –menos los del techo– por su hermano pequeño, el SMax.


Muchos huecos que podrían haber aumentado en la consola central, ya que los dos montan freno de estacionamiento electrónico –opcional en el S-Max y de regalo promocional en el Galaxy–. A pesar de ello, en esa zona no se ha ganado espacio extra. Ya que estamos con el interior, las similitudes son también obvias en las butacas, todas individuales y con una capacidad modular impresionante que permite hasta 32 configuraciones diferentes. Las butacas delanteras son realmente cómodas, las de la segunda fila cuentan con regulación longitudinal y respaldos reclinables y las de la tercera son fijas. Para montarlas o esconderlas –en el suelo del maletero– hay que realizar dos maniobras, mientras que en otros modelos se realiza de una sola tacada. Pero hay curiosas diferencias en el espacio para los ocupantes.


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El hecho de que nos sintamos más cómodos en el S-Max nada más ponernos a sus mandos no es casual. Su butaca delantera es algo más ancha en banqueta y respaldo y, a pesar de ser sólo unos pocos milímetros mayor, la sensación de confort aumenta con el paso de los kilómetros. Si nos vamos a las plazas traseras, obviamente la cosa cambia y el menor espacio disponible en el S-Max es el precio que hay que pagar por una línea exterior más deportiva y en la que el techo descendente marca una menor altura interior, sobre todo en la tercera fila. También la mayor longitud del Galaxy (5 cm) le permite una superior capacidad de maletero, cubicando desde 308 litros con las tres filas dispuestas hasta 2.325 con todas abatidas, mientras que el S-Max va de 285 hasta 2.100 litros.


Y aunque en este último los pasajeros delanteros disfrutarán de un mayor confort, el Galaxy trata mejor a los ocupantes traseros y añade un extra denominado Skylight, que, como su nombre indica, supone un auténtico tragaluz gracias a cuatro techos de cristal individuales que confieren una gran luminosidad al habitáculo. Un extra que en el S-Max nos supondrá un desembolso de 800 euros. Similares genes los que tienen estos dos hermanos, que se manifiestan en la misma plataforma, esquemas de suspensión, distancia entre ejes, ancho de vías o propulsor. Este último es el 2.0 TDCi de 140 CV. Construido en acero (bloque) y aluminio (culata) presume de inyección directa por conducto común de segunda generación. Este propulsor se muestra un tanto perezoso hasta las 1.600 rpm, tanto que en ocasiones, sobre todo en frío, hay que darle «vidilla» al acelerador para evitar que se vaya abajo.


Pero una vez situados en las 2.000 rpm y hasta superar las 4.000 muestra toda su energía, apadrinada además por un aporte extra de hasta 4,1 mkg de incremento transitorio (función «overboost»), un gran aliado en momentos puntuales como un adelantamiento. Con las mismas mecánicas y peso, sólo las relaciones más cortas del cambio del S-Max le dan una ligerísima ventaja en aceleraciones –sólo décimas–, que se vuelve del lado del Galaxy en recuperaciones largas, cifras en todo caso, al igual que las demostradas en frenadas o consumos, muy parejas, y aunque son favorables al SMax, la mínima diferencia no nos harán decantarnos por uno u otro.


Además, el cambio de seis velocidades funciona igual de bien en los dos, con una palanca ubicada en la consola, muy a mano y de inserciones precisas y recorridos cortos. Otro cantar va a ser el comportamiento, mucho más aplomado y neutro para el S-Max y con menores inercias en virajes que las mostradas por el Galaxy. Y eso que ambos comparten los esquemas y soluciones en la suspensión, es decir, columnas McPherson delante y un conjunto independiente multibrazo Control Blade detrás. Eso sí, en el «grande» se ha suavizado el tarado de los amortiguadores con el fin de primar algo más el confort de los pasajeros. La gran distancia entre ejes (casi tres metros) y el ancho de vías de ambos les confiere una estabilidad en rectas digna de berlinas de lujo.


Y aunque sorprende la eficacia de estos dos Ford en tramos virados, el agarre y la estabilidad es mayor en el S-Max. Digamos que su comportamiento es más cercano a un turismo y el límite está un poco más allá. Eso sí, el asfalto debe mantenerse en buenas condiciones, ya que si está roto el control de estabilidad IVD –opcional en el S-Max– se muestra algo más intrusivo de lo estrictamente necesario. La dirección también es algo más desmultiplicada en el Galaxy, por lo que las mejores sensaciones las ofrece el tacto más directo del volante en el S-Max. En el equipamiento de serie de los dos hermanos no faltan los nueve airbags –incluido el de rodilla para el conductor, el climatizador bizona, las llantas de aleación de 17 pulgadas, la radio CD con cargador o el asiento del conductor con ajuste eléctrico.


El Galaxy, además, incorpora de serie la tercera fila de asientos (750 euros en el SMax) y el control de crucero (300 euros), además de regalar el paquete Ghia (véanse opciones). Esto, junto a sus centímetros extra, representa un aumento en su factura de casi 4.000 euros. Lo que está claro es que ambos conductores tendrán espacio, pero el que busque algo más de deportividad y sensaciones al volante disfrutará más con el S-Max. Sólo el que prefiera o deba llevar a su numerosa familia con mayor asiduidad, además de los trastos correspondientes, verá compensado el, a nuestro juicio, excesivo gasto extra.

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