Ford Mondeo 2.2 TDCi

22 Julio, 2008, modificada el 24 Enero, 2011 por

Concebido para recorrer largas distancias sin aparente esfuerzo, la versión 2.2 TDCi de 175 CV se sitúa en lo más alto de la gama diésel del Mondeo. El rendimiento de este propulsor, unido a una economía de uso destacable, casi obliga a no detenerse nunca y devorar kilómetros sin descanso. El acabado Titanium S añade un toque deportivo algo más picante que gusta al volante.

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Más información en hoyMotor16, número 1293


Es cierto que entre los límites de velocidad cada vez más vigilados, el carné por puntos y las bonificaciones para los vehículos más limpios se está creando, poco a poco, una atmósfera cada vez menos favorable a los modelos de alta cilindrada y grandes prestaciones. Pero, por fortuna, igual que los fabricantes apuestan por versiones modestas y económicas, no se olvidan de completar sus gamas por la parte de arriba con variantes más potentes destinadas a los que buscan refugio en un mayor rendimiento de su coche.


El Ford Mondeo estaba un tanto descolocado en materia diésel en este sentido. Su gama TDCi se limitaba hasta hace poco a un 1.8 de 125 caballos y a un 2.0 de 140 CV. Es decir, por abajo se quedaba alto frente a sus rivales y por arriba no llegaba a los valores de potencia de muchos de ellos. El listón mínimo sigue tal cual, pero la incorporación del propulsor 2.2 TDCi de 175 CV ha dado nuevos bríos a esta modelo.


El Mondeo más viajero de la gama, con permiso del potente 2.5 de 220 caballos gasolina, ofrece un confort de marcha sobresaliente y el nuevo propulsor le otorga un rendimiento ideal para completar largos desplazamientos a velocidades de crucero elevadas casi sin despeinarse. Su hábitat natural son los espacios abiertos, donde el propulsor puede desplegar sus sólidos argumentos, eso sí, siempre atentos a las limitaciones de velocidad, porque con nada las superaremos ampliamente.

    Comportamiento

    Una vez analizada la novedad, el propulsor, el Mondeo encandila con el resto de sus argumentos. Su comportamiento dinámico aprueba con nota alta. Existen pocos modelos que tengan un equilibrio tan neutro entre eficacia y confort. En zonas sinuosas se desenvuelve con una facilidad impropia de su tamaño y corpulencia, más aún con la unidad probada, que presume del nuevo acabado deportivo Titanium S.


    Éste apuesta de serie por una suspensión rebajada 10 mm y unos reglajes de amortiguadores y muelles más duros y consistentes que le permiten aumentar considerablemente la estabilididad en marcha sin repercutir seriamente en el confort de los ocupantes La dirección está bien, pero sin enamorar, los frenos presumen de unos registros aceptables, aunque el tacto del pedal es mejorable, y el cambio sí brilla por su precisión y buen tacto.

    prestaciones

    Sus prestaciones ya son considerables: 225 km/h de velocidad punta o 9,4 segundos en el 0-100 km/h. No acelera mal, pero se muestra más cómodo a la hora de hablar de recuperaciones, avaladas por un par máximo muy generoso. Así, sólo necesita 6,3 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta velocidad y 8,5 en quinta. Adelantar, pues, no es una maniobra demasiado difícil con esta versión.


    Otro dato, las diferencias con el modelo 2.0 TDCi de 140 caballos siempre recortan, en el peor de los casos, los dos segundos en materia de recuperaciones, o lo que es lo mismo, en caso de un adelantamiento con el 2.2 TDCi nos exponemos un 25 por ciento menos de tiempo en el carril izquierdo. No hay secreto para estas buenas cifras, o mejor dicho, sí.


    El Mondeo asociado a esta mecánica presume de un par máximo de 40,8 mkg a 1.750 vueltas, una cifra muy superior a la de todos sus rivales. Para colmo, en caso de máximo esfuerzo y de forma transitoria, puede llegar hasta los 42,8 mkg gracias a una gestión del turbo variable que permite gozar por unos instantes de mayor presión, pero que no hay que confundir con la función overboost. La verdad es que resulta muy agradable comprobar como en cuanto la aguja del tacómetro acaricia las 1.500 revoluciones el vehículo comienza coger pulso. Los latidos se disparan ya poco después, para alcanzar su momento dulce entre las 3.500 y 4.000 vueltas. En caso de querer forzar, el motor subirá hasta las 4.800 rpm y sin síntomas de taquicardia, aunque no merece la pena tanto esfuerzo para tan escaso rendimiento en ese tramo fi nal.


    En la práctica, todo esto se traduce en que, por ejemplo, en cuarta velocidad podemos pasar desde los 60 km/h hasta los 170 km/h de una manera progresiva y constante. Lo dicho, adelantar es coser y cantar en algunas ocasiones. Ya hemos comentado que el Mondeo 2.2 TDCi es un depredador del asfalto, un auténtico devorador de kilómetros y, lo más importante, los digiere sin que a los ocupantes les pase factura. La introducción de un sistema common rail de tercera generación presenta inyectores piezoeléctricos con siete orificios que permiten una combustión perfecta en función de la carga del motor, aspecto que repercute en un mayor refinamiento por la reducción sonora y de vibraciones. 


     El nuevo propulsor lleva asociado un filtro de partículas DPF de mantenimiento cero, que le permite cumplir con las normas Euro IV. Precisamente, en materia de emisiones los 165 g/km de CO2 le sitúan por debajo de modelos como el Citroën C5 2.2 HDI o el Renault Laguna 2.0 dCi 175 CV, pero supera a rivales como el Peugeot 407 2.2 HDI o el VW Passat 2.0 TDI 170 CV, ambos por debajo de la barrera de los 160 g/km, aspecto que les permite beneficiarse de un ahorro del cinco por ciento en el impuesto de matriculación frente a los tres primeros. Ya hemos comentado que el rendimiento de esta nueva versión es netamente superior al 2.0 TDCi de 140 CV y, sin embargo, los consumos no se disparan. Al menos, en parte. Nos explicamos. A velocidades constantes en autopista o por carretera las diferencias son casi testimoniales (a 120 km/h el motor actúa a unas cómodas 2.200 vueltas), pero sí son más palpables si nos introducimos sin miramientos en la gran ciudad, donde las diferencias superan con nada los 0,6 litros.

    Interior y maletero

    En el interior, la habitabilidad es francamente buena, sobre todo en la cota de anchura o espacio para las piernas en las plazas traseras. Sólo la altura en la plaza central queda algo comprometida, debido a la severa caída del techo y al duro mullido de la banqueta. Nada que objetar al confort y a la sujeción de las butacas delanteras, parcialmente de piel y con las costuras de los marcos rematados en hilo rojo, al igual que la funda de la palanca del cambio y el volante para acentuar el espíritu deportivo del mencionado acabado Titanium S. También la estética exterior queda marcada por unos faldones laterales y un espectacular difusor de aire trasero, al más puro estilo de competición, que deja entrever la doble salida de escape.

    Equipamiento

    El equipamiento de serie de nuestra unidad contempla elementos como el climatizador bizonal, sensor de luces y lluvia, retrovisor interior antideslumbramiento, llantas de aleación de 18’’, faros adaptativos, faros antiniebla y una rueda de repuesto de emergencia. Si se desea una de tamaño convencional hay que pagar 50 euros por ella, algo aconsejable, ya que no compensa la mínima pérdida de espacio en un maletero ya de por sí muy generoso por la seguridad que transmite en caso de un pinchazo en un largo desplazamiento.


    En definitiva, la versión 2.2 TDCi de 175 CV es la opción más viajera de la gama Mondeo, por rendimiento y economía. Se trata de un auténtico «Titán» que mima a sus ocupantes, a pesar de contar con unos reglajes de talante más deportivos.

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