Ford Focus Sportbreak S 2.0 TDCi 136 CV

La versión Sportbreak S del Focus recibe una serie de cambios estéticos que le dotan de un aire más deportivo

La versión Sportbreak S del Focus recibe una serie de cambios estéticos que le dotan de un aire más deportivo, que se refuerza con una suspensión rebajada de tarado más firme y un equipamiento de seguridad y de confort más completo.


Paragolpes iguales a los del deportivo ST, alerón trasero y tiradores de puerta del color de la carrocería, retrovisores termorreflectantes y llantas de 17 pulgadas (en opción las de 18) marcan el diseño más llamativo, estilizado y dinámico de la versión «S» del Focus familiar. El interior también muestra elementos diferenciadores agrupados bajo el kit S, que incluye asientos deportivos, volante de cuero de cuatro radios y control de velocidad, a lo que se añade el consabido climatizador bizona, el encendido automático de faros, el limpiaparabrisas automático…


Y en materia de seguridad, no faltan 8 airbag, además del paquete IVD, que incorpora programa electrónico de estabilidad, control de tracción y ABS con asistente a la frenada de emergencia. Pero no basta con parecer, también hay que ser. Por eso, los cambios estéticos y mejoras a todos los niveles se completan con una suspensión deportiva rebajada con tarado más firme y con el potente y eficaz motor turbodiésel 2.0 TDCi de 136 CV. Todo para que este versátil modelo siga conquistando por su brillantez mecánica y de comportamiento, en el que hasta el precio, 23.305 euros, tiene un enorme atractivo.


Sin cambios en las cotas, el Focus Sportbreak S presume de amplitud en las plazas delanteras y traseras, aunque la central no está definida ergonómicamente y resta comodidad al pasajero que la utiliza. Habitabilidad para los pasajeros y capacidad para la carga, ya que puede albergar 475 litros de equipaje con cinco pasajeros y alcanzar los 1.525 si sólo viajan dos. Y si la pinta es buena, las intenciones, que demuestra con un comportamiento dinámico notable, son mejores. Para ello cuenta con un agradable motor diésel de inyección directa –aunque algo ruidoso a alto régimen–, al que se acopla una caja de cambios de seis marchas con unos desarrollos bien escogidos y que imprimen carácter y mesura al Focus. ç


Carácter traducido en unas prestaciones de primer orden, como atestiguan esos 9,8 segundos que refleja el crono en la aceleración de 0 a 100 km/h o los 6,7 que invierte en el simulacro de adelantamiento en cuarta (80 a 120 km/h). Y mesura en el gasto de combustible,con una media de 6,6 l/100 km. Y ambos al tiempo cuando de lo que se trata es del comportamiento dinámico, con un fluir cómodo y asentado por autopistas y autovías, ágil en el callejeo urbano y deportivo en los trazados virados, demostrando su genética Focus en la fidelidad con que traza, la nobleza con que vira y la rapidez que imprime a sus movimientos.


Además, restringe a la mínima expresión los balanceos de la carrocería, sin restar confort en exceso, y frena en pocos metros. Transmite tal sensación de seguridad que a los pocos minutos de conducirlo estaremos totalmente acoplados a su entorno, como una pieza más del conjunto.

    Comparte este artículo

    Suscríbete a nuestra newsletter

    Recibirás en tu email las últimas noticias, novedades y pruebas del mundo del motor

    * He leído la Política de privacidad

    Tus datos serán incorporados en las bases de datos de Autocasión para gestionar los envíos de comunicaciones. Más información en la Política de privacidad

    Comenta este artículo

    * He leído la Política de privacidad

    Ir arriba