Ford Focus 2.0 TDCi Titanium 5p

5 Febrero, 2008, modificada el 11 Enero, 2011 por

En 2007 el Focus fue el coche más vendido de la categoría. Pero la competencia aprieta de lo lindo, de modo que para mantener tan codiciado cetro la firma del óvalo lo ha sometido a una profunda revisión estética que apareja mejoras en calidad e insonorización. Con motor 2.0 TDCi, ahora más progresivo, mantiene intacto su innegable dinamismo.

1

Dicen en Ford que el Focus es un producto impecable y la verdad es que, sin riesgo a exageración, no andan desencaminados. Habrá otros compactos más refinados –por ejemplo, el VW Golf–, pero pocos como él pueden presumir de una relación precio/producto tan favorable o de una dinámica tan eficaz. Además, acaba de ser sometido a un profundo «lavado de cara» que apareja una prestancia y una calidad superiores, parcelas en las que el coche que venía vendiéndose no era malo, aunque no llegaba a igualar el estándar de pesos pesados al estilo del propio Golf.


Pues bien, como ahora veremos las cosas han mejorado notablemente en ese y otros capítulos. Por lo pronto, la remozada carrocería se sumerge de lleno en el llamado «Kinetic Design» que Ford estrenó en los S-Max/Galaxy, luego extrapoló al C-Max y últimamente ha hecho extensivo a la reciente generación Mondeo. Este lenguaje estético, que en el caso del Focus afecta a todos los paneles de la carrocería salvo el techo, se caracteriza por unas líneas más musculadas y tensionadas que transmiten mayor dinamismo, hasta en parado.


  

    En marcha

    En lo dinámico, las cosas siguen tal cual: se mantiene como uno de los grandes referentes de la categoría y da igual que lleve ruedas más pequeñas –las de serie con este motor son unas 205/55 R16– o más grandes –en nuestra unidad de pruebas 225/40 R18, a 500 euros cada neumático de sustitución– porque siempre va sobre raíles sin merma aparente de confort.


    Toda la gama lleva de serie programa de estabilidad –bien calibrado–, que parece innecesario por lo bien que va y lo alto de sus límites. Y es que para descolocarlo o perder la trayectoria hay que conducir de forma despiadada, pues las ruedas pisan con rotundidad, el incisivo eje delantero obedece con prontitud acompañado del trasero y, como mucho, sólo muestra una controlable –soltando gas y a base de volante– tendencia subviradora cuando se apura más de la cuenta cerrando la trayectoria en virajes tipo «paella».

    prestaciones

    Sus frenos cumplen por potencia y resistencia –ahora activan el warning en caso de parada extrema–, aunque a nuestro juicio no les iría mal un mordiente más intenso. Claro que para intensos el reprís y la aceleración del propulsor turbodiésel 2.0 TDCi de 136 CV. Sí, los hay más enérgicos, como el TDI de 170 CV del VW Golf, y también más suaves y equilibrados, al estilo del 1.6 TDCi de la gama que nos ocupa, pero a los mandos de este Focus no se añora más fuerza.


    Esencialmente idéntico al que se vendía hasta la fecha, recibe mejoras –mapa de encendido, manguitos del circuito de refrigeración y línea de escape remozados…– que posibilitan una respuesta más progresiva. De hecho dibuja una línea de par más plana, lo que se aprecia al instante porque, además de menos abrupto, se nota más lleno a bajas vueltas. Cierto: pierde tempestividad desde 2.000 rpm, lo que algunos echarán de menos. Pero pasajeros y neumáticos –menos tirones, menos desgaste– lo agradecerán.


    Y sigue siendo rápido, hasta el punto de despachar los adelantamientos en menos tiempo, pues ahorra cuatro décimas con la cuarta engranada, una en quinta y hasta 3,5 segundos si circulamos en sexta. Eso sí, el consumo, que en uso fino es razonable –6,7 l/100 km reales–, sube de forma alarmante si nos animamos sobre el pedal derecho, algo a lo que invita de continuo.

    Interior y maletero

    Dentro rezuma una prestancia próxima a la que caracteriza a los productos más modernos de la marca. En la versión que protagoniza estas páginas, la 2.0 TDCi con nivel Titanium –uno de los más completos–, mejora hasta el tapizado del techo y también recibe una insonorización más completa, entre otros, con moqueta más gruesa.


    Asimismo, la consola, más ligera, va revestida de una gruesa goma acolchada y presenta nuevos mandos para la climatización o el equipo de audio. Tapizados inéditos y otros revestimientos se suman a un profundo cofre central delantero en el que entra una botella de litro y medio. En ese hueco, y con sobrecoste, añade desde una toma jack para conectar reliquias tipo walkman para casetes –ideal para seguidores de Juanito Valderrama– hasta un puerto USB para iPod, etc. Cubre el cofre un reposabrazos deslizable hasta ocho centímetros para mejorar el confort de todas las tallas.


    Sobre la instrumentación, ahora iluminada en rojo, recibe detalles decorativos de efecto cromado y un generoso display digital, también rojo, que visualiza informaciones relativas al ordenador de consumos, ciertas configuraciones –es el único sitio donde apagar el ESP–, el monitor de presión de neumáticos –opcional–, la temperatura…

    Equipamiento

    Así, no sólo cambian elementos tan aparentes como el frontal, que recibe una gran parrilla inferior trapezoidal y faros rasgados tipo Mondeo –mejoran el haz de luz, que gana 14 metros de profundidad y tres de anchura–, sino que también lo hacen otros, a priori, más discretos, como el capó o los paneles de las puertas, todos con marcadas nervaduras.


    Junto a una toma de repostaje «Easy Fuel» –elimina el tapón y evita errores con mangueras equivocadas–, recibe paragolpes más esbeltos –la marca lo llama efecto Venturi– y llantas de nuevo cuño con medidas que oscilan entre las 15 y las 18 pulgadas, según variantes. Asimismo, se beneficia de llamativas novedades, como los grupos ópticos traseros con tecnología «led», opcionales e integrados en un paquete que apareja faros direccionales AFS, por cierto incompatibles con el alumbrado bi-xenón también previsto en la carta de opcionales.


    El equipamiento, en este acabado, comprende lo necesario –climatizador, radio-CD, llantas, cuatro elevalunas, cierre con mando, sensores de lluvia y crepuscular…– y puede completarse de forma ostensible con precios más o menos razonables: vidrios traseros oscurecidos, pack fumador, arranque/acceso sin llave, cambio robotizado de doble embrague –implica filtro de partículas, pero ya hablaremos de él cuando aterrice en primavera–, faros de xenón o direccionales –no los dos a la vez–, mando de órdenes verbales V2C, dos tipos de navegador… La realidad es que el remozado Focus recupera la forma para seguir mostrándose como uno de los productos globalmente más recomendables de su tipo, sobre todo, con este motor.

    Puesto conducción

    En todo caso, el puesto al volante sigue siendo ergonómico y confortable y, como el salpicadero es más alto, el conductor se siente más envuelto, con todo más próximo.

    Suscríbete a nuestro boletín

    Al suscribirse aceptas las condiciones del Aviso legal y la Política de privacidad de Autocasion.com

    Ir arriba