Focus / Peugeot 308 / Mégane / Seat León

20 Febrero, 2008, modificada el 11 Enero, 2011 por

No están todos los que son ni son todos los que están. Pero estos cuatro modelos acaparan la mayor parte de las ventas del segmento. Elegir uno u otro es cuestión, en muchos casos, de pequeños matices. El Focus lideró el mercado en 2007. ¿Aguantará el tipo con su última puesta al día?

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Todos forman parte del segmento con más peso específico del mercado español: el de los compactos. Su gran equilibrio entre lo que ofrecen y lo que cuestan les hace ser objeto de un amplísimo abanico de compradores.


El Focus fue el líder del mercado en 2007 y ahora llega con una completísima actualización para mantener el tipo. El Peugeot 308 aterrizó no hace mucho y día a día se incrementan sus ventas. El Seat León lleva más carrerilla en este sentido y triunfa como pocos entre los más jóvenes y el Renault Mégane es un veterano que se mantiene plenamente en forma. Quizá se eche en falta al Citroën C4 o al VW Golf, pero las variantes Picasso del primero privan a las versiones de tres y cinco puertas de estar entre los más vendidos, y el segundo goza de un «status» hoy por hoy superior al de estos «generalistas».


Decantarse finalmente por uno u otro es cuestión de pequeños matices, pero no hay duda de que todos ellos convencerán a su manera al propietario, ya que cada uno esgrime argumentos sólidos como para no fallar en la elección. No obstante, en estas páginas trataremos de aclarar algunas dudas.


Ford Focus


Ha sido el último en llegar, tras someterse a una intensa cura de juventud. Mantiene la herencia del modelo anterior aunque, si se rasca por encima, sí se observa una evolución muy palpable. Los detalles estéticos del exterior se apuntan al personal estilo «kinetic» ya empleado en otros modelos de la marca del óvalo, como el S-Max o los nuevos Galaxy o Mondeo. El interior también recibe un fuerte impulso en forma de materiales y acabados de mayor calidad. Da sensación de coche bien hecho y eso ya es un triunfo.


Además, pese a no crecer en tamaño, sigue ofreciendo la mayor habitabilidad de esta comparativa en las plazas traseras (salvo en altura) y también el maletero más generoso, con 396 litros, aunque para ello apueste por un kit reparapinchazos en lugar de por una rueda de repuesto.


Fiel a su ADN, el nuevo Focus mantiene una excelente nota en cuanto a dinámica se refiere. Su laborioso eje trasero Multilink Control Blade y su combinación con una dirección muy precisa y un cambio de tacto tirando a duro brindan a este modelo una agilidad y un aplomo espectaculares. Tanto en cambios de apoyo como en giros prolongados, al Ford Focus hay que obligarle mucho para que pierda «los papeles» y el control de estabilidad (ahora incorporado de serie) siempre estará vigilante para evitar contratiempos.


El propulsor 1.6 TDCi es el mismo que monta el Peugeot 308, pero en este caso resulta algo más evidente a nivel sonoro en el habitáculo. También los decibelios que provienen del asfalto a través del tren de rodaje son más palpables. El rendimiento del propulsor es brillante, pero la apuesta por unos desarrollos del cambio más largos que los de sus rivales le pasan factura en la nota final, sobre todo, a la hora de valorar las recuperaciones. Esta nueva situación brinda unos consumos más ajustados. Además, el trabajo realizado sobre esta mecánica consigue que la cifra de CO2 se fije en 119 g/km, quedando por tanto exento de tributar en el impuesto de matriculación.


También el equipamiento se beneficia de los últimos avances de la marca, como el llenado de depósito sin tapón Easyfuel (de serie) que evita las equivocaciones a la hora de repostar o el botón de arranque Ford Power (opcional con nuestro acabado Trend), los faros bixenón adaptativos, los leds traseros, el sensor de presión de neumáticos, las nuevas opciones de infoentretenimiento, que incluye un sistema de navegación con tarjeta SD o un enchufe de 230 voltios, o sea, de verdad.


En definitiva, parece que el Focus tiene cuerda para rato. En Ford han sido claros: si algo funciona mejor no tocarlo, o hacerlo lo mínimo. Los cambios han sido muchos a nivel de acabado y equipamiento, pero la esencia real del vehículo, como es su dinámica y sus brillantes propulsores, se mantiene. El resultado: es el modelo más equilibrado de esta comparativa.


Peugeot 308


Si alguien busca calidad, confort y sensación de amplitud, el 308 es la mejor elección. Es el modelo de la comparativa que más coquetea con el concepto monovolumen. Esto se traduce en un puesto de conducción más elevado, un salpicadero situado en un plano inclinado y una palanca del cambio ubicada más cerca del volante, amén de una mayor superficie acristalada.


La versión Sport que nos ocupa presume de los acabados de mayor calidad del cuarteto comparado y los asientos delanteros, los que mejor sujeción profesan. En las plazas traseras se sitúa por detrás del Focus en habitabilidad, aunque curiosamente es el que peor altura al techo ofrece. El maletero también ocupa la segunda plaza, con una capacidad de 348 litros, aunque en este caso sí encontramos una rueda de repuesto, aunque sea de emergencia. En calidad y en confort de marcha también es el mejor de estas páginas.


Como ya hemos comentado, el propulsor 1.6 HDi de 110 CV es el mismo que monta el Focus, pero en este caso parece más refinado en su puesta a punto y la insonorización está más trabajada. En cuanto a prestaciones es el que mejor registros consigue en aceleraciones puras, pero en recuperaciones sucumbe ante el empuje del León TDI y el Mégane dCi. Y eso que cuenta con el aporte extra de la función overboost, que permite incrementar el par máximo durante unos instantes (de 24,5 a 26,5 mkg). También el Focus.


Sí sería conveniente que los ingenieros se pusieran a trabajar para reducir las emisiones de CO2, ya que en este modelo se sitúan en 125 g/ km (119 en el gemelo TDCi del Focus), acción que le evitaría pagar el 4,75% en el impuesto de matriculación.


El 308 resulta muy fácil de conducir y eso que en situaciones comprometidas la carrocería tiende a balancear debido a su mayor peso y corpulencia. Sin embargo, es muy previsible de reacciones y en el paso por curvas de radio prolongado se muestra tremendamente rápido. De hecho, en esa situación y en igualdad de condiciones con sus rivales, es el que más aguanta sin que entre en acción el control de estabilidad, por cierto el único que lo ofrece en opción. Este se puede desconectar para asegurar la motricidad en situaciones específicas, pero a partir de 50 kilómetros por hora vuelve a estar latente.


Todo lo dicho anteriormente tiene mucho mérito si analizamos el eje trasero semirrígido, frente al multibrazo del Focus o León. En materia de seguridad es el único que apuesta por un airbag de rodilla en el lado del conductor. La dirección presenta un buen tacto, aunque quizás esté demasiado asistida y el cambio no es lo mejor, pero se ha mejorado el tacto respecto al 307.


Renault Mégane


El tiempo no pasa en balde y el Mégane no es ajeno a ello. Si la veteranía es un grado, en este caso no es así y aunque sigue siendo una opción tremendamente atractiva, a los puntos sucumbe ante sus rivales.


Su agresivo diseño ha sido un gran reclamo para llamar la atención, pero a estas alturas el habitáculo se ha quedado pequeño frente a la competencia. También la presentación y calidad de los interiores está un escalón por debajo de Ford Focus, Peugeot 308 y Seat León. El mayor handicap son unas plazas traseras algo justas. No es costumbre utilizar el vehículo con las cinco plazas ocupadas, pero si así fuera es el que menor espacio ofrece en cota de anchura y espacio para las piernas. Sin embargo, y pese a ser el más «bajito» por fuera, ofrece la mayor altura al techo en esas plazas. También la capacidad del maletero es más bien justita (330 litros), aunque en su defensa hay que señalar que es el único de esta comparativa que se digna ofrecer una rueda de repuesto convencional.


El Mégane también es el modelo que apuesta por una mecánica más modesta en cuanto a cilindrada se refiere, pero la eficacia de este 1.5 dCi de 105 caballos es realmente espectacular. Aún así, buena parte de ese gran rendimiento recae al incorporar una caja manual de seis relaciones, por cierto el único que lo hace (cinco en sus rivales). Esta ventaja le permite homologar unos consumos más atractivos y unas prestaciones que, en muchas mediciones, ponen contra las cuerdas a sus competidores. Lástima que no acompañe del todo el tacto de la palanca, demasiado esponjoso e impreciso en ocasiones.


El comportamiento dinámico del Mégane también es sorprendente. Realmente es milagroso cómo equilibra el compromiso entre confort y eficacia. Tampoco recurre a la complejidad de los esquemas de suspensión trasera del Focus o el León, pero resulta sumamente efectivo, con una zaga que se muestra prácticamente inamovible. Su mayor laguna viene motivada por el uso de una dirección eléctrica que, pese a haber sido recalibrada hace tiempo, sigue siendo un tanto «artificial» cuando se circula por zonas sinuosas a ritmo elevado. En ciudad o con una conducción relajada no habrá mayores problemas.


Nada que objetar tampoco a la eficacia de su sistema de frenado. El precio y el equipamiento de serie son atractivos extra. Parte con el precio más barato y la dotación de serie es sumamente completa. La presentación interior es algo más pobre que en el resto y la situación de algunos mandos, como el regulador/ limitador de velocidad no parece la más indicada. Los mandos del equipo audio son pequeños y difíciles de manejar, pero a la hora de ser práctico recurre a huecos impensables en sus rivales, como los situados bajo los pies en la plazas delanteras, por ejemplo. En diciembre llegará el nuevo Mégane con innovadoras soluciones.


Seat León


Su diseño afilado ya da una idea de sus pretensiones. El Seat León no esconde sus intenciones y se convierte en la opción más clara para los que buscan un compromiso más deportivo y pasional al volante. No hay duda en este aspecto. Con el crono en la mano, las diferencias no son demasiado palpables, pero el conductor sí pasa un mejor rato.


El denominado chasis ágil no es simple literatura. El tren trasero multibrazo con ligero efecto dirección ayuda a redondear la curva sin necesidad de «trabajar» tanto en el volante. Circulando muy rápido, la zaga no se muestra tan estable como la del Focus, pero nunca actuará de manera agresiva. Este modelo pide tramos con curvas, hábitat en el que las inercias son menos palpables que en sus rivales. El cambio es rápido y preciso e invita a utilizarse continuamente. Cuando nos hemos querido dar cuenta se ha terminado el trayecto. No es que se haya mostrado mucho más rápido que el resto, pero sí es cuestión de sensaciones, algo que se valora muy mucho cuando se buscan marcados tintes deportivos en un vehículo.


El propulsor 1.9 TDI de 105 caballos es el que presume de una mayor cilindrada y eso se traduce en unos consumos algo más elevados. La brusca salida de potencia del sistema bomba- inyector no le sirve para ser el más rápido en aceleraciones, pero a los puntos sí es el que el más brilla en el apartado de las recuperaciones, avalado también por su mayor par motor. De todas formas habrá que analizar los registros de las nuevas versiones Ecomotive, las únicas que desde ahora se comercializan con esta motorización y que seguro penalizarán los tiempos.


La rumorosidad y refinamiento del propulsor es inferior al de los discretos common rail de sus rivales, porque las vibraciones se transmiten al volante, pero si analizamos el tacto de la dirección y del cambio, el León se queda sin competidores.


Si en marcha es el que más sensaciones ofrece, en parado cede terreno. El interior penaliza a las plazas traseras, muy similares en habitabilidad a las del Mégane. Tampoco la capacidad del maletero enamora, con 341 litros. Además, la terminación interior, siendo sumamente correcta, no llega a los niveles de 308 o Focus. También se muestra algo espartano en este sentido. Los guiños a facilitar las cosas a los ocupantes también son menores. Así, la guantera es pequeña y no existen bolsas en las puertas traseras para dejar objetos. Da igual, porque lo tiene claro. Le gusta sentirse libre y presumir del comportamiento más deportivo.


Conclusión


La estética y el precio son dos de los principales reclamos más apreciados en este segmento. Frente a una elección pasional o económica poco se puede hacer. Sin embargo, sí podríamos dividir a nuestros cuatro protagonistas atendiendo a sus principales cualidades para decantarse por uno u otro en caso de duda.


Digamos que el equilibrio mejor logrado lo asume el Ford Focus. Comportamiento, calidad y una relación precio/equipamiento muy atractiva le convierten en la elección mejor meditada.


No obstante, los que busquen una mayor calidad interior, un confort de marcha superior y una dinámica también de primera sería conveniente que apostarán por el concepto más de «señorito» del 308.


Las sensaciones al volante, el espíritu deportivo sin contemplaciones y a los buscan sin descanso curvas y más curvas, no lo duden, el Seat León es su coche.


Por último, los que prefieren un compromiso entre confort y dinámica de primera, un precio sumamente atractivo y la habitabilidad trasera o el maletero no les quita el sueño su elección sería el veterano Mégane, un modelo que pese a sus años se mantiene tremendamente joven. Lo dicho, para todos los gustos.

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