Fiat 500 1.3 M-Jet Lounge

2 Octubre, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

A la estela del Mini, Fiat recupera el 500 –Cinquecento, en italiano– que vio la luz hace medio siglo y que, por cierto, fue el precursor de nuestro querido Seat 600.

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Y lo hace respetando el «ADN» original aunque, como es lógico, primando criterios técnicos y de seguridad del nuevo milenio. El caso es que tras conducirlo unos días nos ha llegado al corazón…


Primero fue Volkswagen con el New Beetle, luego llegó el turno para el Chrysler PT Cruiser, mientras BMW recuperaba Mini del ostracismo para convertirlo en un filón de oro. Nos referimos, claro, a ese pujante negocio que algunas marcas han encontrado en la fabricación de «remakes» no exclusivamente dirigidos al público que en su momento condujo los originales, sino a una joven clientela que responde a gustos y criterios similares a los de hace 40 y hasta 50 años. Ahora, Fiat se suma a esta nostálgica corriente con su caprichoso 500, un pequeño automóvil que no sale barato ni lo pretende, pero que cubre un creciente hueco «premium» por debajo del codiciado Mini.


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Para hacerse a la idea, y aun con menos motor, cuesta alrededor de 6.000 euros menos que el británico. Eso sí, visto en directo, tan redondito, resulta un auténtico capricho –sobre todo a los ojos de ellas– y además responde milimétricamente al diminuto modelo creado por Dante Giacosa en 1957, fecha en que se motorizó, entre otros, el pueblo italiano. Haciendo memoria, aquel se llamaba Nuova, sucedió al legendario 500 Topolino y supuso el punto de partida de nuestro querido y por muchos añorado Seat 600.

  • Comportamiento



  • Prestaciones



  • Interior y maletero



  • Equipamiento



Comportamiento

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Para esta primera prueba hemos optado por analizar a fondo el rendimiento del primer 500 de la historia con motor de gasóleo. Cuesta 2.000 euros más que su equivalente de gasolina –1.2 de 69 CV–, que no es poco, pero brilla como para pensárselo. Y es que hablamos del «alegre» 1.3 Multijet «common rail» presente en tantos y tantos modelos de la órbita Fiat/GM/Suzuki, carente de una respuesta fulminante a bajas vueltas, pero con suficientes reprís y capacidad para evolucionar sin descanso hasta casi 5.000 rpm.


Cómo cambian las cosas: su «abuelo», del que se vendieron casi 3,7 millones hasta 1975, andaba despacito –no más de 85 km/h– con su pequeño propulsor de 475 c.c. y 13 CV. Volviendo al nuevo, cuenta de momento y como única opción –a medio plazo lo habrá automático– con un cambio manual de cinco marchas bien ajustado y de movimientos precisos –manejarlo es una delicia–. La realidad es que el coche se mueve de maravilla con sólo 75 CV e incluso logra llanear a casi 170 km/h de marcador. Y todo con un consumo de lo más razonable: 5,5 l/100 km de media real –los 4,2 anunciados por Fiat son, por lo menos, optimistas–.


Hagan cuentas, pues el Nuova requería 4,5 l/100 km, más de lo que homologa su «nieto» y con muchas más emisiones –éste añade filtro de partículas libre de mantenimiento–. Es decir, tolera sin pegas un uso mixto ciudad/carretera sin grandes ambiciones, pero sin abultados complejos. Sobre la dinámica, sorprende lo bien que se sujeta. El sencillo chasis –McPherson frontal y barra de torsión posterior– cumple de maravilla, si bien el tarado muelle/amortiguador es sensiblemente más blando que en un Mini –un coche de mejor pisada– y el eje trasero es seco y rebotón pisando firmes bacheados o al pasar sobre «guardias tumbados».


En cuanto a la dirección, es suave y precisa –lleva el consabido modo «City» de otros Fiat para ablandarla aún más en parado–, mientras que los frenos, con tambores traseros y, a priori, dosificables, muestran capacidad pero también tendencia a sobrecalentarse si nos da por abusar de ellos en una conducción digamos «animada». Por cierto, el ESP es opcional e incluye asistente «Hill- Holder» para arrancar en cuesta.

prestaciones

Evidentemente, el recién llegado ya no lleva el motor en la trasera: ahora va en el morro y, cómo no, incluye refrigeración líquida. Además, su carrocería, que por cierto se asienta sobre la base del Fiat Panda, ha sido dibujada conforme a modernos criterios funcionales, aerodinámicos –Cx de 0,33, muy bueno para un automóvil de este tipo– y de seguridad –acaba de hacerse con las cinco estrellas del «crash-test» de EuroNCAP y parece que podría cosechar la sexta que se baraja para un futuro próximo–.


Pero de hecho, su creador, el genial Frank Stephenson –hombre de origen malagueño y a su vez autor del exitoso Mini–, ha sabido conjugar como nadie los vigentes requisitos con las soluciones, la silueta y hasta la «savia » de aquel popular 500 Nuova.


 

Interior y maletero

Por ello, nuestro protagonista, de 3,55 metros de longitud –2,97 medía el original–, recoge sus viejos paragolpes y faros circulares, ahora enrasados –no pueden llevar xenón ni capacidad direccional, pero sí luz diurna–, el capó cortado sobre las aletas en los flancos anteriores, cromados aquí y allá, una curiosa y apaisada zaga o las ópticas traseras verticales «remasterizadas», cubiertas por una pantalla transparente y bordeadas por un nervio cromado al estilo Mini… Dentro, más de lo mismo; y por cierto, todo bueno.


El volante, únicamente regulable en altura –lástima que no lo sea también en extensión–, puede ser blanco imitando el original de baquelita –el cubo central es, cómo no, negro–, mientras que el pomo del cambio, esférico y lacado en negro, luce las grafías de las marchas grabadas en blanco, igual que el «pelotilla». También la instrumentación agrupada imita la del Nuova: es circular –¿se acuerdan que la del 600 era igual?– y con esferas concéntricas para velocímetro y cuentavueltas. En el centro, un display digital aporta modernidad y visualiza informaciones del ordenador –de serie–, la emisora, la fecha, la hora y la temperatura exterior, entre otros.


Otro «guiño» a la austeridad original es el ancho revestimiento que cubre el salpicadero: de plástico brillante, es del mismo tono que el exterior del coche y que el mando a distancia de la llave –parecida al de un MP3–. La calidad, pese a carecer de gomas acolchadas, es excelente a partir de unos revestimientos convincentes y de unos ajustes francamente rigurosos. Y hasta el tapizado de paño de los asientos está bien traído: es robusto e incluso un pelín basto al tacto, pero remite al de los coches de época; otro acierto.


Claro que también hay «peros»: una profunda guantera que incomprensiblemente carece de tapa; unos asientos que recogen bien el cuerpo –el de conductor permite ajustar la altura de la banqueta–, pero que carecen de memoria para recuperar la posición tras abatirlos… Incluso unas plazas traseras justitas, sobre todo en altura, aunque con pasajeros delanteros de hasta 1,70 metros bien situados detrás pueden acomodarse otros dos ocupantes de talla similar –ojo, homologa cuatro plazas–.


Acierto pleno en el maletero: de acuerdo, sólo cubica 185 litros básicos –160 el Mini– pero esconde bajo el plano de carga la rueda de repuesto –de tipo «galleta»– y, además, es ampliable a 550 litros abatiendo el respaldo trasero simétrico. El acceso es confortable a través de un portón que nunca tuvo su antecesor y que, como «guinda», añade apertura eléctrica y limpialuneta.

Equipamiento

Fiat propone un programa de personalización «ad doc» para el 500. Por una parte, contempla extras de fábrica como el techo panorámico «Skydome » –es abrible eléctricamente y simula el de lona del original–, llantas de aleación, sensor posterior de parking o climatizador automático. Por otra, accesorios de concesionario al estilo de diversos cromados y adhesivos para los flancos o el techo.


Con todo, el acabado analizado Lounge, el más alto de la gama, suma de serie automatismos para limpiaparabrisas, ventanillas y cierre, además de antinieblas y radio-CD/MP3 con puerto USB y «Blue&Me». Así que, de una u otra forma, podemos hacernos con un 500 a la medida, casi casi único. Una fórmula archiprobada por Mini, de excelente resultado comercial y que bien puede catapultar a un modelo para el que, al menos en Italia, hace meses que existen reservas con dinero sobre la mesa.

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