Fiat 500 1.2 Lounge Dualogic

21 Enero, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

La recreación del modelo de antaño llevada a cabo por el ex diseñador del Mini, Frank Stephenson, hace gala de una vasta aceptación comercial. Encandila por su exclusiva estética y por lo coqueto de su habitáculo. Un auténtico capricho.

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Por concepto, y para los más puristas, el exclusivo Fiat 500 encuentra su sitio en la cúspide del segmento B, con permiso de solicitados utilitarios como los Ford Fiesta, Peugeot 207, Seat Ibiza y Volkswagen Polo, menos singulares aunque más baratos. Su exquisitez amaga con ponerle las cosas difíciles al selecto Mini One (ver comparativa con el 500 Sport), si bien esta valoración, para nada descabellada, le viene grande mecánicamente hablando, que no como producto de culto. Sea como fuere, es en el rincón del sibaritismo donde tienen cabida modelos de diseño como el que nos ocupa. 


Para lograr un coche que entrase por los ojos en una categoría en la que también habita el Lancia Ypsilon, Fiat, que de por sí atesora una larga tradición en la fabricación de modelos ciudadanos, contrató al ideólogo del Mini, Frank Stephenson. El objetivo era dotar a su nuevo urbanita de una receta parecida, por coqueta. El resultado se aprecia en multitud de guiños como las ópticas traseras, de carcasa transparente y borde cromado. Del éxito de la recreación habla claro una vasta aceptación comercial por parte de un público que ha leído a la primera la figura del 500 original, responsable de la motorización del pais transalpino en los años 50.


A todo ello, el 500 ofrece nada menos que 500.000 posibilidades de personalización, tres niveles de acabado –Pop, Lounge y Sport– y otras tantas mecánicas. Nosotros hemos disfrutado de la versión 1.2 en su variante más elegante (Lounge), asociada a un cambio automático y secuencial que, por cierto, acarrea una cierta controversia. Ahora os lo contamos.

Interior

El habitáculo del 500 es todo un capricho. Si su estética exterior provoca admiración, el interior no le va, para nada, a la zaga. De hecho podemos confirmar que se trata del mejor acabado Fiat de todos los tiempos. Muy bien ensamblado, la calidad de los materiales es correcta -no hay plásticos acolchados por ninguna parte-. Vaya, de lo mejorcito del segmento.


Abundan los guiños retro, como el color del salpicadero a juego con la carrocería -en nuestro caso, todo verde-, o el volante revestido de cuero -de serie- blanco, que rememora el anillo del modelo original, aquel de baquelita. También hay bordes cromados en los pulsadores del warning  y los antinieblas, anhelos de tiempos pasados. La instrumentación es de diseño concéntrico, toda bajo una capilla, igual que en el modelo de antaño.


Resumiendo: el habitáculo emboba. Y lo hace porque sitúa a los ocupantes en el túnel del tiempo transportándoles hasta aquellos maravillosos años. Hablamos de un interior funcional equipado con recurrentes espacios portaobjetos. La habitabilidad es superior a la del Mini, especialmente en las plazas traseras. Es más, no tiene mayor problema en acomodar a cuatro adultos de talla media –homologa cuatro plazas-, aunque la cota de altura no es apta para ocupantes que superen 1,75 m.


De entre las múltiples combinaciones ofertadas, con un sinfín de posibilidades, 19 packs y más de 100 accesorios, nuestra unidad aparejaba techo panorámico fijo -hay que añadir 300 euros si se desea que abra eléctricamente-, climatizador bizonal, faros antiniebla y control de estabilidad ESP. También siete airbag -sumado el de rodilla para conductor- y carcasa personalizada de la llave en color carrocería; todo un lujo para tratarse de un utilitario. Reserva a la carta de opciones una exquisita tapicería de piel en tonos cremados -por 900 euros-, y el sensor acústico de parking trasero, que se pone en 250.


Sacrificado por la estética, el maletero no ofrece una capacidad de carga extraordinaria, pero sus 185 litros resultan aprovechables y el acceso es cómodo por lo generoso del portón. Además, los asientos de las plazas traseras son abatibles por secciónes simétricas, ofrece más espacio que un Mini y no descuida una rueda de repuesto tipo galleta bajo el plano de carga.

Comportamiento y Prestaciones

La valoración de esta parcela, por atrevido que parezca, queda en un segundo plano. El coche es adictivo por imagen y refinamiento, y muy mal tendría que desenvolverse sobre el asfalto para tirar por tierra la empatía que genera con el público. Pero es que además no es el caso.


Monta un pequeño y probado propulsor de gasolina de 1.2 litros y 8 válvulas que libera 69 CV. Ojo, porque pese a lo contenido de la cifra es alegre y vivo, aunque los datos oficiales le otorguen 12,9 segundos en la progresión de 0 a 100 km/h y sólo 160 km/h de máxima. Lógicamente no es una flecha, pero se muestra reactivo cuando se actúa con ganas sobre el acelerador, lo que eleva el placer de conducción. Es más, con metros por delante consigue cruceros solventes hasta que aparecen largos repechos. También transmite confianza al ejecutar adelantamientos no comprometidos, salvo que circulemos en el modo E -ecológico- que agrupa la caja automática y secuencial Dualogic de 5 velocidades, montada en nuestra unidad de pruebas. Cuesta 800 euros, o 900 si se incorporan levas en el volante.


Hemos analizado en profundidad cómo actúan sus dos modos de trabajo, y en un primer momento cuesta diferenciar cuándo se circula en posición ecológica, ya que tanto en funcionamiento normal como en la posición más respetuosa para el medio apura la aguja del cuentavueltas hasta casi 5.000 rpm. A todo ello, los desarrollos son un pelín largos, aspecto al que no ayudan las llantas de 16 pulgadas de nuestro 500. Ya se sabe, un peaje estético que merma la respuesta y de paso añade 189 euros a la factura.


Sin embargo, una vez cogido el aire las diferencias entre los modos E y normal son palpables, sobre todo en aceleración pura: si pisamos a fondo en modalidad normal el coche baja hasta dos marchas para apurar al máximo las revoluciones y generar mejor respuesta. No es igual en ecológico: se torna manso, apenas reduce una velocidad y no concede todo lo que se pide. No podemos dejar al margen un constante e ingrato vaivén originado por el cambio Dualogic en los tránsitos de marcha en cualquiera de las dos posiciones -parece que acumulase fuerza como si fuese más potente-. Vaivén que invita a decantarse por la opción secuencial, donde casi desaparece -sobre todo si ahuecamos el pie del acelerador al pasar de relación, acompañando la maniobra- y además la respuesta es más precisa.


Las contenidas dimensiones del coche –3.546 mm de largo y 1.627 de ancho– hacen, como cabía esperar, que se desenvuelva con soltura en territorio urbano. Su chasis es sencillo pero efectivo. Sorprende porque lo sujeta de maravilla, incluso ante virajes comprometidos atacados a buen ritmo. Hay que reseñar que calza una suspensión firme -para algunos excesivamente firme- que contiene el balanceo que podría ocasionar su elevado centro de gravedad -fruto de una altura de 1.488 mm– a cambio de provocar una apreciable tendencia a saltar verticalmente cuando encuentra baches, lomos de autovía o pronunciadas juntas de dilatación -por ejemplo en los puentes- a su paso. Por cierto, comparte plataforma con los Fiat Panda y Ford Ka actuales, y su dirección servoeléctrica es agradable. Al respecto, y como es norma en los coches pequeños y medios de la casa, añade una posición City -se activa pulsando un botón del cuadro- que la suaviza aún más para facilitar las maniobras en parado.


El consumo oficial es de 5,1 litros a los 100 km en ciclo mixto, que son 6,4 en ciudad. En la práctica, el segundo nos resultó algo más elevado: cerca de 7 litros en las atestadas calles de Madrid. En cualquier caso, los valores de la marca y los reales no difieren en exceso, buena señal. Exento del impuesto de matriculación, el 500 sólo emite 119 gr/km


En suma, nos situamos ante un modelo que encadila por caprichoso, coqueto y bien hecho. Un seductor de comportamiento solvente ideal para driblar en la jungla urbana. No nos ha convencido el cambio Dualogic, pues si bien persigue el confort de conducción genera inercias incómodas. Con todo, es una opción a tener en cuenta, y además uno acaba haciéndose a su idiosincrasia. Por otra parte, los argumentos de su más que resolutivo chasis juegan a su favor, como la exclusividad que destila por los cuatro costados.


El precio de la unidad probada ronda 15.000 euros, que se quedan en 12.790 tal cual viene de fábrica, de por sí con notable equipamiento. Bueno, precioso -a juzgar por los comentarios que hemos recabado durante los días de la prueba-, e incluso competitivo para tan exclusivo nicho de mercado.

Destacable

– Estética y exclusividad.
– Acabado interior y equipamiento.
– Chasis resolutivo.

Mejorable

– Inercias del cambio Dualogic.
– Suspensión demasiado firme.
– Las llantas perjudican el confort y las prestaciones.

2 Comentarios

visit 27 Septiembre, 2012

It really is a fantastic and useful bit of information. I’m satisfied that you just shared this convenient info along with us. Please stay up-to-date like this. Thanks for sharing.

sistem 30 Agosto, 2014

me quedo con mi Renault clio 1.2 16 v ,el 500 es una porquería ,el clio posee 75 cv ,y llega a los 163 km ,este con 6 caballos menos llega a 160?mm me parece que el test esta comprado por la gente de fiat auto,no creo llegue a los 152 km

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