El Land Rover Freelander 2 ED4 SE 2WD 2013, a prueba28

El Land Rover Freelander 2 ED4 SE 2WD 2013, a prueba

12 Junio, 2013, modificada el 9 Agosto, 2017 por

El Land Rover Freelander 2 es un clásico entre los SUV, pertenece a una de las marcas más míticas del mundo del 4×4, aunque en esta prueba sometemos a examen la versión con sólo dos ruedas motrices y el acabado SE.

No valorado

Destacable

  • Imagen de marca.
  • Acabados.
  • Aspecto robusto.

Mejorable

  • Motricidad.
  • Consumos.
  • Peso.

Es oír Land Rover y a la cabeza me vienen dos imágenes: un coche amarillo barro con agua y lodo hasta el parabrisas avanzando en el Camel Trophy y un chasis largo, de 109 pulgadas, con una cuadrilla forestal y el agujero para la toma de fuerza en el travesaño trasero, junto al estribo, para subir a las 4 plazas “bis a bis” posteriores. Así, ¿qué se siente al ver el Land Rover Freelander 2 ED4?

La marca británica reaccionó rápidamente tras el lanzamiento del primer Toyota Rav4 y puso en el mercado el primer Freelander, con una imagen muy robusta y un planteamiento “de asfalto”. Para una marca tan asociada al mundo del todo terreno puro y duro como es Land Rover, supuso que muchos de sus compradores no supieran entender que se trataba de un producto completamente distinto de un Discovery o un Defender; esperaban del Freelander las cualidades off road típicas de la marca.

Prueba Land Rover Freelander 2 ED4 SE, Bueu, Rubén Fidalgo28
Las cualidades off road del 2WD están muy limitadas.

Con la llegada del Freelander 2 se incorporaron más “genes Land Rover” y tanto su aspecto como su capacidad todo terreno se acercaron más a sus “hermanos”, sobre todo, el Discovery.

El año pasado se actualizó el modelo con algunas mejoras en los acabados, detalles estéticos como los nuevos grupos ópticos y equipamiento, y así llegamos a la unidad de la prueba, que hemos elegido con tracción exclusivamente delantera porque es la más demandada en el segmento de los SUV.

Land Rover Freelander 2 ED4 SE: imagen y tradición

Nada más acercarme a este Freelander, me encuentro con un coche de estética claramente identificada con la marca. Tiene un frontal contundente, unos buenos acabados y ese toque de “clase” que sólo los ingleses consiguen en sus vehículos.

Prueba Land Rover Freelander 2 ED4 SE, Sanabria, Rubén Fidalgo28
Land Rover es una marca icónica.

El Freelander 2 me parece atractivo con sus cuadradas formas y la generosa superficie acristalada, que además proporciona un interior de lo más luminoso, algo que se ve reforzado por el hecho de contar con asientos de piel en color claro. Precisamente, esa proporción de cristal tan grande me recuerda a los primeros Range Rover.

En el interior me encuentro con unos acabados que me gustan y que hacen que me apetezca subir (nunca mejor dicho, porque está bastante alto) al Land Rover. La postura de conducción es de un todo terreno clásico, vas sentado muy alto, dominando las 4 esquinas del coche. El habitáculo resulta elegante y el tacto de los mandos me ha impresionado, especialmente el del volante y las palancas de los intermitentes y limpiaparabrisas. Siempre digo que los elementos que tocamos con frecuencia deben tener un buen aspecto y tacto, eso eleva la sensación de calidad de todo el vehículo, y aquí lo han bordado.

Los asientos resultan muy cómodos y la sensación general es la de estar en un coche de gama alta, algo que no se desvanece al poner en marcha el motor diésel de 150 CV, que afortunadamente está bien aislado y no ensombrece esta sensación de lujo.

El Land Rover Freelander 2, en el día a día

Como siempre, la prueba empieza por la ciudad, sacando el vehículo de las instalaciones de la marca. La postura tan alta y la superficie acristalada lo convierten en uno de los automóviles modernos con mejor visibilidad. Como la dirección gira bastante y tampoco es un coche tan largo como pueda parecer, se callejea bastante bien con él.

El sistema Stop&Start apaga el motor a la mínima, aunque no es tan rápido poniéndose en marcha. Si nos despistamos un poco en el semáforo y queremos meter primera muy rápido, a veces no enciende y tenemos que volver a punto muerto. Es mejor pisar el embrague a fondo y esperar a que el propulsor se encienda antes de iniciar el movimiento con la palanca. Así no fallamos nunca, aunque perdemos unos instantes que algunos impacientes de turno nos recriminan con su claxon.

  • Prueba Land Rover Freelander 2 ED4 SE, interior, Rubén Fidalgo28
    El interior del Freelander es bastante lujoso.

    La caja de cambios tiene un tacto impecable y el motor empuja bien, así que nos movemos con soltura entre el tráfico. El problema lo tendremos en los parkings (por las dimensiones del modelo, sobre todo la anchura) y en los repostajes: debido a su elevado peso,  en ciudad es fácil ver consumos por encima de los 10 litros.

El maletero no acaba de ser acorde al tamaño del Freelander; tiene poca profundidad. Si levantamos la tablilla del suelo, vemos el motivo rápidamente: una enorme rueda de repuesto, perfecta para evitar quedarnos tirados en el campo, pero que resta mucho espacio de carga.

Una vez fuera de la ciudad, el Freelander saca a relucir sus dotes de buen rutero. Es un coche muy silencioso y confortable y te encuentras rodando a buen ritmo en una calma notable, arropado por unos asientos y un habitáculo muy acogedores.

El motor 2.2 de 150 CV mueve muy bien el modelo y, aunque éste es pesado (supera las dos toneladas en orden de marcha), coronamos sin problemas los puertos. Eso sí, el lastre se nota en los consumos, que llegan a los 8 l/100 km a una velocidad constante de 120 km/h. La cifra baja drásticamente si nos metemos por carreteras secundarias a cruceros de 70-90 km/h, lo cual demuestra que, además de los kilos, la aerodinámica supone un freno notable al avance del Freelander.

Prueba Land Rover Freelander 2 ED4 SE, San Rafael, Rubén Fidalgo28
El Freelander está a punto de pasar a la tercera generación.

La unidad de pruebas cuenta con neumáticos de invierno, así que, pese a tratarse de un 2WD (tracción delantera), decido aventurarme y probar sus cualidades subiendo hacia el Lago de Los Peces, en Sanabria, donde la lluvia y el granizo forman una capa muy resbaladiza. Mientras esté en una zona llana, no hay problema, el control de tracción y los neumáticos de invierno me permiten avanzar siempre que tenga algo de precaución. La cosa cambia en cuanto la carretera se inclina. En ese caso, el eje delantero pierde la motricidad y se ve incapaz de “trepar” con la tremenda “mochila” que cuelga de él. Si necesitamos seguir subiendo, tendremos que hacerlo marcha atrás, con el fin de que el peso proporcione mejor tracción.

Las aptitudes off road con esta configuración son pocas. Tenemos un coche con unas buenas suspensiones, de recorridos generosos, capaz de pasar por zonas algo complicadas gracias a su altura libre, pero con sólo un eje motriz… mejor no aventurarse.

Continuamos viaje en un día muy desagradable, con mucha lluvia y viento que hacen que me dé cuenta de un detalle que no me convence. Al llegar al peaje y bajar la ventanilla, el agua de la lluvia cae directamente sobre la botonera de los elevalunas, que van en una posición muy cómoda, pero claramente expuesta a mojarse. Y (por muy bien que estén hechos los interruptores) el agua y la electricidad no se llevan nada bien…

En carreteras secundarias, me sorprende lo bien que va el Freelander pese a su elevado centro de gravedad. No se sujeta nada mal y la iluminación que proporcionan sus enormes faros es excelente, incluidos los antinieblas que, a diferencia de otros modelos donde son prácticamente ornamentales, proporcionan una buena visibilidad.

El Land Rover Freelander 2, sobre la pista de pruebas

Una vez más, el día en el circuito de A Pastoriza amaneció con muchísima lluvia, lo que dificultó poder tomar imágenes del momento, pero sirvió para comprobar las bondades de los neumáticos de invierno sobre una pista absolutamente anegada.

Prueba Land Rover Freelander 2 ED4 SE, Bueu, Rubén Fidalgo28
La superficie acristalada del Freelander es generosa.

Algo que me ha sorprendido muy gratamente es que, pese a tenerlo todo en contra por su elevado peso y alto centro de gravedad, el comportamiento dinámico del Freelander es mejor de lo esperado. El coche se sujeta bastante bien y el balanceo no es tan acusado como a priori pudiera parecer. Los frenos detienen correctamente en distancia y con un buen tacto del pedal. El control de estabilidad corta de raíz cualquier movimiento extraño y, aunque es muy intrusivo, no le queda más remedio que serlo si quiere controlar las enormes inercias de esta mole.

La maniobra de esquiva presenta los problemas típicos de cualquier SUV: las rápidas transferencias de masas hacia los lados descolocan la carrocería, obligando a que los controles y el conductor trabajen.

Lo que menos me ha gustado de este modelo es su límite de motricidad. El eje delantero no acaba de asumir el par de esta mecánica y, por lo tanto, impide el correcto avance de un cuerpo tan pesado. No he podido comprobarlo con la precisión que me hubiese gustado, pero todo apunta a que las estabilizadoras se han hecho muy rígidas para contener el balanceo y esto compromete la capacidad de mantener las ruedas “aplastadas” contra el asfalto. Así, el control de tracción hace acto de presencia cada vez que damos gas al salir de las curvas.

El Land Rover Freelander 2 ED4, SE en vídeo

Conclusión

El Land Rover Freelander 2 es uno de los SUV más veteranos que hay en el mercado actualmente; aunque se ha puesto al día recientemente, su base tiene ya algunos años y se nota frente a rivales más modernos.

Prueba Land Rover Freelander 2 ED4 SE, Bueu, Rubén Fidalgo28
Las ópticas traseras son muy llamativas.

Este segmento se ve envuelto en una auténtica revolución por parte de las marcas, que entran en una guerra muy dura, con nuevos lanzamientos mes tras mes. Donde más acusa esta veteranía el Freelander es en su concepción técnica: mientras sus adversarios están más enfocados al asfalto, este Land Rover tiene un chasis casi de auténtico todo terreno, muy robusto, pero se dispara en la báscula y se nota a la hora de parar en la gasolinera.

Estéticamente, el Freelander 2 mantiene el tipo con una imagen muy elegante y con cierto aire a los Range Rover clásicos, lo que le aporta un plus de caché, al igual que sus interiores.

Mientras que en otros SUV la versión 2WD puede ser la más racional, en el caso del Freelander, no la recomiendo. Este coche tiene un planteamiento casi de auténtico 4×4, con un chasis robusto y pesado, una altura libre al suelo muy generosa, suspensiones de gran recorrido… con sólo dos ruedas motrices, está en clara desventaja frente a sus rivales, pero con tracción total, es más que probable que se cambien las tornas y el Freelander 2 supere a sus competidores.

El motor ED4 de 150 CV es más que suficiente para mover con soltura esta “mole”, los kilos se notan más en el consumo que en las prestaciones.

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Rubén Fidalgo

1 Comentario

Rubén Fidalgo 12 Junio, 2013

La verdad es que estéticamente tiene un empaque del que carecen sus rivales

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