Dodge Journey 2.0 CRD

24 Febrero, 2010, modificada el 9 Febrero, 2011 por

Por silueta rivaliza con los SUV, mientras que habitáculo y precio “muerden” a modo el duro segmento monovolumen. Sus puntos flacos son asumibles.

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Por precio, motor y tamaño –longitud de 4,89 metros y altura de 1,67-, el Journey puede ser la alternativa de compradores que tenían en mente un monovolumen de 7 plazas: desde los compactos tipo Citroën Grand C4 PicassoFord Grand C-MaxMazda5, Opel Zafira, Peugeot 5008, Renault Grand Scénic, Toyota Verso y Volkswagen Touran, a los de talla grande como los Ford Galaxy, Kia Carnival, Renault Espace o Volkswagen Sharan. Sus formas también le permiten hacerse con parte de aquellos que habían pensado en todocaminos, también con 7 asientos, como los Hyundai Santa FeMitsubishi Outlander o Peugeot 4007.


De hecho, en Estados Unidos, su país de origen, el Journey se ofrece con tracción total, además de con motores de gasolina, si bien a España sólo llega con el propulsor CRD de gasóleo analizado y tracción delantera. Pero de alguna forma navega entre varios segmentos. Ojo, no está ideado para campo, y puesto que su enfoque es familiar el grueso de sus competidores se centra más en la parcela monovolumen de uno u otro tipo.

Interior

Dodge, como Jeep propiedad del grupo Chrysler, es una marca popular en América. Esto supone que sus productos, auténticos consumibles a aquel lado del charco, no viven en la élite, y por ello el compacto Caliber o la berlina Avenger aterrizaron en Europa con una calidad discutible. No es el caso del Journey, mejor hecho que el SUV Nitro y con el que la marca tomó nota para evitar rechazos, dotándolo de un habitáculo que, si bien tiene puntos a mejorar, no desmerece.


Por ejemplo, la consola cuenta con plásticos acolchados, un frontal decorativo de aluminio, diversos cromados y una posición de conducción notable a partir de amplios ajustes de asiento -con poco apoyo lateral, pero firme- y volante -grueso y bien situado-. Sí, hay algún mando algo perdido, como el módulo del radio-CD, a la altura de las rodillas, pero el volante tiene botones para manejarlo, en conjunto todo se localiza a la primera y los ajustes parecen sólidos.


Por otra parte, es un auténtico “queso gruyére”, con “mil” cofres y guanteras. Sólo en el cuadro hay 3, a los que suma el hueco tapado entre los asientos delanteros, otro bajo la banqueta del acompañante, 2 más a los pies de los pasajeros intermedios -con interior extraíble para meter hielo y bebidas, y luego limpiar con facilidad-, y un tercero en el maletero para ocultar enseres de valor, ya que la cavidad para maletas carece de estor.

Y es versátil: 7 plazas, con una tercera fila que según la posición de la segunda -regulable en sentido longitudinal 20 cm– admite 2 adultos -si estos asientos no se usan, se pliegan y guardan con facilidad en el maletero-. Además, las plazas intermedias -la central justa para un adulto- llevan respaldo seccionado 20/20/40, y pliegan y arrastran sobre raíles en porciones 60/40, como los asientos de algunos cines, lo que permite un acceso razonable al fondo del coche. En cuanto al maletero, parte de 167 litros con el aforo a tope, sube a 758 (soberbio) con 5 plazas ocupadas, y escala a 1.461 abatiendo todos los asientos salvo el de conductor y acompañante, de modo que no hay bicicleta que se le resista.


Ahí no acaba la cosa, pues va bien equipado. Hay algunos elementos no disponibles, como el xenón, sensores de lluvia y luces o sofisticaciones como el aviso por cambio involuntario de carril, keyless o alerta de obstáculos en ángulos muertos, pero en nivel SXT -el más completo- climatizador de 3 zonas -con regulación independiente en la segunda línea de asientos-, el citado audio-CD -con toma para iPod en la guantera-, ESP, airbag de cortina para todos los ocupantes laterales, llantas de 17 pulgadas y ordenador son de serie. Por 377 euros añade manos libres u Connect -con Bluetooth y mando verbal para funciones de sonido-, por 700 más techo solar, y por 600 euros pintura metalizada.

A tener en cuenta: como accesorios de concesionario, ofrece elementos de interés como un DVD situado en el techo para los ocupantes traseros. También se puede añadir la decoración Route 66, que le da un aire más deportivo.

Comportamiento y Prestaciones

El Journey rueda sobre un chasis con suspensiones delantera y trasera independientes. La calibración del tándem muelle/amortiguador limita cabeceos ante fuertes frenadas, pero los balanceos son perceptibles en curvas porque el coche pesa -tanto como 1.895 kg-, su centro de gravedad es elevado y, por encima de todo, prima el confort, que sobresale sobre baches y rotos; la estabilidad direccional es razonable.


A nuestro juicio, la asistencia de la dirección es demasiado elevada, aunque se la coge el aire. A fin de cuentas, es un automóvil para llevar a ritmo moderado. Sobre los frenos, monta 4 discos que cumplen apoyados en cubiertas 225/60 -por cierto, de la prestigiosa Yokohama-, pero al menos en la unidad probada provocaban ligeras vibraciones del pedal cuando se les exigía a elevada velocidad.


El motor, que pronto será relevado por un 2.2 EU 5 de 163 CV y origen Mercedes-Benz, es el 2.0 turbodiésel de 4 cilindros y 16 válvulas con alimentación directa bomba-inyector fabricado por Volkswagen, común al Caliber y a otros como el Outlander. Rinde 140 CV y un abultado par máximo -véase ficha adjunta desplegable-, y empuja con ganas hasta desde parado, pero si lo dejamos caer de vueltas sentiremos falta de “punch” a menos de 1.800 rpm -el par máximo llega a 1.750 rpm-.


Sus prestaciones son buenas, aunque la fuerza disponible está más pensada para viajar cargados a un buen ritmo y con reserva de fuerza que para “volar”. Puede solicitarse con caja automático secuencial de doble embrague -similar a la TC-SST del Outlander-, si bien nuestro Journey llevaba la manual de serie. Suma 6 relaciones bien ajustadas -sexta de 48,4 km/h-, pero también un tacto del selector -muy largo- duro y aparatoso.


Curiosamente, el consumo se mueve en cifras razonables, pues si bien anuncia 6,5 litros de promedio en nuestro recorrido habitual de pruebas no hemos pasado de 8,5 moviéndonos con “alegría”. Eso sí, el motor suena mucho, hasta caliente. Tampoco ayudan los retrovisores, que permiten silbiditos, aunque el conjunto se siente robusto y tan práctico como satisfactorio para el día a día.

Destacable

– Motor enérgico. Consumo adecuado.
– Interior versátil y capaz.
– Precio atractivo. 

Mejorable

– Mecánica rumorosa.
– Ciertos elementos no disponibles (xenón…)
– Respuesta del motor por debajo de 1.800 rpm.

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