Discovery 3 SE TdV6/Montero 3.2 Di-D

14 Marzo, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Mitsubishi ha ganado 12 veces el Dakar, pero el Discovery de LR resulta uno de sus mejores modelos. En esta lucha de titanes reunimos a los dos TT de 7 plazas más eficaces de su segmento.

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Mitsubishi ha ganado 12 veces el Dakar y las últimas 7 de forma consecutiva. Sin embargo, Land Rover lleva casi 70 años construyendo vehículos todoterreno y el último Discovery ha sido uno de los mejores modelos estrenados por la marca. En esta lucha de titanes reunimos a los dos TT de 7 plazas más eficaces de su segmento.


ELdía engaña. En el centro de la ciudad luce el sol, aunque la temperatura no supera a las nueve de la mañana los cinco grados. Sin embargo, a medida que nos acercamos a la montaña unos nubarrones negros que amenazan algo más que lluvia se ciernen sobre nosotros. El nuevo Montero se mueve decidido por la autovía. Y ya desde ese momento se aprecian las mejoras que ha recibido en esta cuarta generación. Resulta más silencioso, gracias a su moderno sistema de inyección diésel con raíl común y presiones de inyección de 1.800 bares, al aumento de aislantes en la carrocería o al parabrisas más grueso.


También ha mejorado su aplomo con una pisada todavía más convincente en carretera a alta velocidad. Pero la prueba por autovía dura poco. Cogemos el desvío hacia un puerto de montaña poco concurrido (los conductores lo atraviesan por un túnel) y las ruedas Dunlop Grand Treck del Montero pisan los primeros copos de nieve. En efecto, nieva, la temperatura ha bajado a dos grados bajo cero y los de la quitanieves todavía no han recibido la orden de raspar el negro asfalto disfrazado de pista de esquí. El Land Rover Discovery sube el puerto por la otra vertiente, que se encuentra en las mismas condiciones. Su motor V6 turbodiésel gira tan redondo que algún pasajero duda de su condición diésel, convencido de que la gasolina corre por sus venas.


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Y es que si el Montero ha disminuido su sonoridad, el Discovery no suena. El sonómetro no puede dejar las cosas más claras, con diferencias a favor del Land Rover de hasta ocho decibelios a media y baja velocidad. El modelo de la marca inglesa, perteneciente a Ford, ha llegado hasta el puerto por la autovía a buen ritmo, pero tras abandonarla, las primeras curvas han puesto de manifiesto que su mayor peso le pasa factura en forma de inercias e inclinaciones, a tener en cuenta a pesar de contar con sistemas como la suspensión neumática o el de antibalanceo. No es extraño, dada la confianza que transmite y lo a gusto que en general se conduce, que nos «comamos» alguna curva cerrada a un ritmo no apto que creíamos bien elegido, esto obliga a adecuar la forma de conducir a las características de un vehículo así.


Seguimos a bordo del Discovery y en cuanto llegan los repechos se aprecia enseguida que el Land Rover ha recurrido a una sexta relación de cambio demasiado abierta. E incluso cuando reducimos a quinta comprobamos también que el escalonamiento del cambio no es muy acertado. El V6 de 190 CV de origen PSA-Ford empuja como un poseso, pero tiene que luchar también con otro enemigo del que ya hemos hablado, el peso. Porque si el nuevo Montero ya nos parece excesivamente pesado, aunque se haya utilizado aluminio en el capó delantero (pesa 2.255 kilos), el Land Rover, con 245 kilos más en la báscula, se pasa diez pueblos y no hay endocrino inglés que haya conseguido ponerlo a régimen.


Esto se nota de tal manera sobre el asfalto que su rival japonés, con dos cilindros menos, medio litro de cilindrada por debajo e inferior en 30 CV casi le iguala en aceleración y le supera en los datos de recuperación desde baja velocidad sin reducir. Lo cierto es que el motor del Mitsubishi Montero, al que se le ha incorporado raíl común pero se le ha mantenido el bloque antiguo, no es tan refinado, pero consigue una relación prestaciones/ consumo más que convincentes. Lástima que no se le haya montado un turbo de geometría variable como a su hermano de cambio automático. Daría diez caballos más, hasta los 170 CV, lo que le habría mejorar en muchos aspectos.


El encuentro de ambos modelos se produce en lo alto del puerto, con cinco grados bajo cero, el suelo nevado y una visibilidad reducida. El camino de tierra comienza allí y, como va descendiendo, rezamos para que la nieve vaya desapareciendo al ir bajando la cota de altura. Eso sí, mientras tanto nos divertimos de lo lindo abriendo camino sobre unos tímidos diez centímetros de manto blanco. Suficientes para ir estableciendo comparaciones. En el Montero insertamos la posición «4HLc» o tracción total con diferencial central bloqueado del sistema SS4, cuya novedad radica en la posibilidad de bloquear el diferencial trasero para situaciones de gran dificultad. El Mitsubishi se sube por las paredes si hace falta y además notamos que los nuevos tarados de suspensión disminuyen considerablemente (un 25 por ciento, asegura la marca) los cabeceos del Montero en caminos con badenes o baches.


Cuando más adelante, ya sin nieve pero con barro para parar un tren, se complican las cosas, el Montero nunca pierde los papeles, pero algunos obstáculos, zonas embarradas o profundas roderas siempre hay que superarlas con un punto más de inercia que con su rival para no tener problemas. Aunque todo hay que decirlo, el Discovery juega con la ventaja de una suspensión neumática regulable, mucha electrónica de por medio (aunque siempre más expuesta a posibles malfunciones), mejores ángulos de ataque y ventral y un sistema Terrain Response que pone en bandeja al más novato el superar sin riesgo situaciones de conducción off-road que nunca se habría planteado. La tendencia en el Montero es a utilizar todos los recursos ante cualquier zona delicada (grandes surcos, barro, una trialera de gran inclinación) y el coche responde con garantías, aunque se trate de bajar una fuerte pendiente embarrada con algo de inclinación.


Y es que el nuevo Montero incluye ya de serie un control de asistencia al freno motor en descensos que, al igual que el HDC de Land Rover, permite superar este tipo de situaciones con tranquilidad y seguridad. Con el Discovery no hace falta encarar los obstáculos con tanta inercia, la electrónica cumple su labor y saca del atolladero al coche sin que la mayoría de las veces el conductor haya tenido que utilizar más que parte de los recursos disponibles. La rueda mágica del Terrain Response, con apoyo gráfico en el cuadro de la combinación que se está eligiendo en cada momento, sirve de gran ayuda, pero sólo se le saca partido de verdad realizando excursiones que vayan más allá de la típica cacería, el paseo por un camino de tierra o la subida a una estación de esquí nevada. Lo mismo ocurre con la suspensión neumática regulable.


El interior del Montero ha mejorado ostensiblemente y no tiene nada que envidiar a la presentación del Discovery. Sin embargo, no han rematado del todo la faena. Por ejemplo, un conductor de talla elevada no termina de alcanzar la mejor posición, debido a que el volante sólo se regula en altura. Hay que destacar la posibilidad de reclinar el respaldo de la segunda fila en el Montero, un punto de comodidad del que carece el Land Rover. Sin embargo, el Montero no aventaja en muchas más cosas a su rival a nivel ergonomía, versatilidad o confort. La tercera fila está mejor resuelta en el inglés, sin que esto quiera decir que lo está mal en el japonés.


La rueda de repuesto del Mitsubishi, aunque ahora centrada y situada un punto más bajo para ver mejor por el retrovisor, sigue siendo un poco estorbo y obliga a reforzar el portón trasero. Los ingenieros del Discovery la han escondido bajo el maletero y, aunque resulta bastante antiestética (se ve mucho desde atrás), limita bastante el ángulo de salida en las cotas TT y es casi obligado echarla al maletero si uno se mete por zonas complicadas (porque de pinchar empanzado resultaría casi imposible desmontarla), lo cierto es que libera un espacio muy valorado. Los casi 9.000 euros de diferencia entre ambos modelos se hacen bastante cuesta arriba si se analizan superficialmente. Pero se justifican claramente por refinamiento del motor, tecnología 4×4 y amplitud o versatilidad. La tecnología 4×4 del Montero es menos sofisticada, pero puede que más fiable a la larga. Y seguro que seguirá ganando el Dakar

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