Citroën C2 HDI

9 Enero, 2008, modificada el 24 Enero, 2011 por

Sus emisiones, de sólo 119 gramos de dióxido de carbono/km, le liberan del impuesto de matriculación, a lo que se suma su buen rendimiento y poco consumo.

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El nuevo Citroën C2 dotado del brillante motor diésel 1.6 HDi de 110 CV nace «con un pan debajo del brazo». Y es que sus emisiones, de sólo 119 gramos de dióxido de carbono por kilómetro, le liberan del impuesto de matriculación y, por tanto, su precio baja. Ésa es la vertiente fiscal. La otra, la que tiene que ver con el rendimiento, también resulta de lo más satisfactoria. Porque el utilitario galo anda muy bien y gasta bastante poco.


Desde el 1 de enero, los españoles no sólo debemos fijarnos sólo en la estética del coche, en su equipo de seguridad, en las prestaciones o en el consumo, Ahora también cuenta, y mucho, el nivel de emisiones, vinculado lógicamente al valor de gasto medio oficial y que determina el impuesto de matriculación a pagar. Y si las emisiones no superan los 120 gramos de CO2 por kilómetro la tasa es 0, cuando hasta ahora los coches menos gravados soportaban un 7 por ciento sobre el precio franco fábrica.


Eso quiere decir que nuestro protagonista aterriza en el mejor momento, pues esos 4,4 l/100 km de gasto medio anunciados se traducen en 119 gramos de dióxido de carbono. Así, los 15.620 euros de su factura en diciembre se quedan en 14.620 euros.

  • Comportamiento



  • Prestaciones



  • Equipamiento



Comportamiento

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En cuanto al rendimiento, la buena relación peso/potencia –cada caballo mecánico debe mover menos de 11 kilos– y un par máximo de 24,5 mkg a sólo 1.750 rpm hacen de este maniobrable cuatro plazas –mide sólo 3,67 metros de largo– un utilitario polivalente de verdad, capaz de enfrentarse al denso tráfico urbano y a los cascos antiguos con la misma gallardía que ataca viajes por autovía o tramos de montaña.


Porque acelera de 0 a 100 km/h en menos de 10 segundos y emplea 8,4 para recuperar de 80 a 120 km/h, garantía de adelantamientos seguros. Eso sí, que nadie espere un cohete, porque este C2 es muy ágil pero nunca empuja tanto como para incomodar o como para poner en apuros las bondades de un chasis que auna confort, eficacia y seguridad. La guinda en tan suculento pastel, un gasto medio real de 5,9 litros.

prestaciones

Vayamos con el producto en sí, un modelo casi único en el mercado porque apenas hay utilitarios de cuatro plazas con una mecánica diésel tan enérgica –110 CV– y de tanta cilindrada –1,6 litros–. El Twingo de Renault, por ejemplo, se queda en los 65 CV de su 1.5 dCi; y el Fiat Panda, en los 70 de la versión 1.3 JTD. Y decíamos «casi único» porque también el Peugeot 1007 1.6 HDI y el Mini Cooper D, que comparten motor con el C2, cumplen esos requisitos, pero ambos son más caros y sólo el segundo responde a los criterios de deportividad que Citroën ha conferido a su C2 diésel más potente.


De hecho, se liga el HDI 110 al acabado VTS, vinculado hasta hoy en exclusiva al rabioso propulsor 1.6 de gasolina, de 125 CV. Eso se aprecia en la imagen externa, pues equipa de serie llantas de aleación de 16 pulgadas, pero también dentro, ya que el pedalier es de aluminio con apliques de goma. Y como en el nivel VTR inferior, el volante está forrado en cuero, hay faros antiniebla, el alerón es del color de la carrocería y el portón trasero está dividido en dos partes.


Lo que no es de serie, y parece recomendable, es la segunda fila compuesta por dos butacas independientes, deslizantes y abatibles, que da mucho juego a la hora de administrar el espacio.

Equipamiento

El C2 es un coche muy agradable en el uso diario, pues el acabado es sencillo pero de suficiente robustez, y tanto la dirección como el cambio se manejan bien. En este sentido llama la atención la extraña ubicación de los elevalunas eléctricos –en la zona baja de la consola central, por delante de la palanca de transmisión– o la escasa practicidad de una instrumentación compuesta por el velocímetro digital, el indicador de combustible y un cuentavueltas que si de día ya se lee mal, de noche es «invisible».


Al menos, el ordenador de viaje es de serie. Como de serie son el aire acondicionado, el ESP o los airbag frontales y laterales –los de cortina están «vetados » para esta versión–. Y más ausencias en el equipo de serie: el radio CD y los revisteros de los respaldos. Un C2 tan ambicioso merece mejor dotación.

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