Chrysler 300 C Touring SRT8

1 Febrero, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

Hay lobos con piel de cordero y corderos con piel de lobo. Pero el 300 C Touring SRT8 es un auténtico lobo con piel de lobo

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Hay lobos con piel de cordero y corderos con piel de lobo. Pero el 300 C Touring SRT8 es un auténtico lobo con piel de lobo. Su aspecto no puede ser más agresivo y llamativo. Y lo que esconde su piel es un corazón de verdadero depredador.

  • Prestaciones



  • Equipamiento



prestaciones

Hacer un coche con tecnología casi de carreras adaptado a su utilización por la calle. Por eso, a la mecánica más mimada por la marca, la V8 HEMI de 5,7 litros normal, se le ha aumentado la cilindrada hasta los 6.059 centímetros cúbicos con una compresión más alta y una potencia y par aumentados considerablemente. También los colectores son de nuevo diseño, el bloque está reforzado y cuenta con un mayor flujo de refrigerante, las bielas son de alta resistencia y el colector de aceite se ha modificado para que no haga espuma… Hombre, no han llegado a los niveles del preparador Geigecars, que le ha montado a este mismo motor un compresor, un intercooler y nuevos colectores con el resultado de 556 caballos, pero los 432 de serie se nos antojan más que suficientes para cualquier cosa. Esta mecánica se ha asociado a un cambio automático-secuencial Autostick que, aunque se defiende a capa y espada con el par y la potencia de este berraco, no deja de quedarse algo anticuado con sus cinco marchas y sin levas en el volante, si lo comparamos con el 7G-Tronic de Mercedes, por poner un ejemplo. Afortunadamente, en secuencial mantiene la marcha elegida aunque se llegue a tope de vueltas, lo que resulta positivo cuando se circula por zonas viradas y uno quiere utilizar el cambio de forma realmente manual.

En primera, el SRT8 alcanza los 80 km/h y en segunda llega hasta los 120 km/h, siempre llevando la aguja hasta las casi 6.000 rpm en un suspiro y sin altibajos de potencia. Apurando así la mecánica, el consumo puede llegar a ser un problema incluso para el propietario de una gasolinera, aunque la verdad es que tampoco a velocidades legales el SRT8 es un prodigio de ahorro. Como se pueden imaginar, el sonido del V8 a partir de las 3.000 rpm es más un bramido que transmite poder, una sensación que engancha. Pero, en cualquier caso, este familiar de película puede ronronear plácidamente a 1.500 rpm por ciudad en quinta sin que sea necesario hundir el pie derecho en el acelerador para disfrutar al volante. Aunque donde se disfruta realmente con el 300 C SRT8 es circulando por mares de curvas (preferiblemente sin familia ni bultos en el maletero). En este escenario destacan más las modificaciones aportadas por la división SRT. Los amortiguadores Bilstein de firmeza específica, los muelles más cortos (el coche es 13 mm más bajo que un 300 C normal), el ESP de tarado especial para que actúe algo más tarde y, sobre todo, unos frenos Brembo de carreras con cuatro pistones que detienen las dos toneladas de familiar en 52 metros circulando a 120 km/h, la mejor cifra del segmento con mucha diferencia. Además, se ha conseguido un equilibrio bastante sensato entre estabilidad y comodidad, sobre todo pensando en que el propietario va a viajar habitualmente acompañado por su familia. Lo que está claro es que, con ella o sin ella, el 300 C SRT8 está diseñado para disfrutar.

Equipamiento

Hay tres productos americanos a la venta en España que tienen enamorados a tres cuartas partes de la población infantil y juvenil y a un porcentaje elevadísimo de conductores aburridos de sus berlinas. Estos tres exponentes del exceso norteamericano, pero a la vez portadores de los sueños de muchos entusiastas de la potencia, la deportividad o la exageración con ruedas son el Dodge Viper, el Hummer en cualquiera de sus variantes y este imponente 300 C Touring SRT8. Y ninguno de los tres se anda con chiquitas a a la hora de decir «aquí estoy yo». En el caso de nuestro protagonista hay que hablar de más de cinco metros de longitud y una potencia de 432 caballos envuelto en una carrocería «cañera», con un frontal rompedor y agresivo que deja huella por donde pasa. Y es que realmente el coche impone. Como lo hace cuando se gira la llave de contacto, cuando se pega el primer acelerón o cuando se recorren los primeros metros al volante de semejante «batmóvil». Las siglas SRT (Street and Rácing Technology) son una clara declaración de intenciones de lo que han pretendido los responsables de esta división dentro de la marca americana.

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