Chevrolet Orlando: Siete plazas a buen precio

29 Agosto, 2011, modificada el 6 Septiembre, 2011 por

Interesante propuesta de monovolumen de siete plazas, motor turbodiésel, cambio automático y equipamiento tope LTZ. Cuesta 25.800 euros y a mí, tras muchos kilómetros, me ha convencido como coche familiar: cómodo, fácil de conducir y práctico.

No valorado

Destacable

  • Precio atractivo.
  • Buen equipamiento.
  • Motor con fuerza.

Mejorable

  • Comodidad de asientos.
  • Polivalencia interior.
  • Suspensión seca.

Un monovolumen desconocido, pero interesante

La familia crece y el coche que adquiriste en su día pide el cambio. Te planteas: ¿qué comprar para viajar todos los fines de semana con los tuyos, la escapada anual a la playa y que sirva en el día a día? El presupuesto, en torno a los 25.000 euros, cantidad con la que puedes hacerte con una buena berlina media o un familiar bien equipado. Una tercera opción puede ser este Chevrolet Orlando, un monovolumen de siete plazas que, en su versión de gasolina más económica, sale por 20.000 euros.

El Orlando lleva poco tiempo entre nosotros, desde principios de año. Como no puede ser de otra manera en un vehículo norteamericano, este Chevrolet llama la atención gracias a su imponente planta. Con una base que deriva de la berlina Cruze, la carrocería es alta y de formas planas y cuadradas. Mide 4,65 metros de longitud y cuenta con un poderoso frontal, decorado con el emblema de la marca en grandes dimensiones. Los laterales también impactan por los enormes pasos de rueda, llantas de 18 pulgadas y línea de cintura elevada. A diferencia de otros monovolúmenes, la figura del Orlando está más cerca de la de un SUV o todoterreno ligero, ya que la zona del capó está perfectamente diferenciada de la del habitáculo.

Motor de 163 CV con cambio automático

La unidad que he conducido lleva el propulsor 2.0 VCDi (y está dotada del equipamiento “tope” LTZ), un motor turbodiésel de 163 CV asociado a un cambio automático de seis velocidades, cuyo precio final es de 25.800 euros. De las tres mecánicas a la venta -hay una gasolina de 141 CV y otra turbodiésel de 131 CV-, ésta de 163 CV es la única disponible con transmisión automática, elemento imprescindible para mí en un vehículo de este tipo. Dentro de los monovolúmenes de grandes dimensiones, otras opciones son el Citroën Grand C4 Picasso, Ford Galaxy, Peugeot 5008, Renault Grand Scénic o Volkswagen Sharan, todos ellos quizá un punto más elaborados y sofisticados, pero también más caros.

El Orlando está lejos de sus rivales en cuanto a refinamientos tecnológicos y de equipamiento. Cuenta con una dotación completa en la que prima el lado práctico y funcional: sensores de luz, lluvia y aparcamiento trasero, climatizador, control de velocidad, navegador, seis airbags y controles de estabilidad y tracción. Un equipamiento bastante interesante, pero alejado de la de algunos de sus competidores, que hacen gala de exquisiteces tales como detectores de ángulo muerto o cámaras de televisión, entre otras virguerías. Eso sí, en el Orlando echo de menos los faros de xenón, no disponibles ni en opción.

Interior funcional, aunque mejorable

El generoso tamaño de la carrocería permite un habitáculo amplio y funcional, sobre todo gracias a sus siete plazas. La tercera fila posee dos asientos independientes válidos para niños, aunque pueden dar cabida a dos adultos de hasta 1,80 metros, que viajarán sin dar con la cabeza en el techo, pero con las rodillas demasiado elevadas, ya que las banquetas están en una posición muy baja. El acceso resulta bastante cómodo, ya que se hace plegando la segunda fila, que al bascular proporciona un generoso hueco.

Esta segunda fila cuenta con tres asientos juntos, no independientes, carentes de regulación longitudinal, aunque sí se puede modificar la inclinación de los respaldos. La plaza central es idéntica a la de una berlina: estrecha y algo dura, un tanto incómoda para viajar sobre ella. Tanto la segunda fila de banquetas como la tercera se pueden plegar completamente para dejar un suelo plano, de modo que el maletero ofrezca una capacidad máxima de 1.500 litros. Este límite no se amplía, ya que los asientos no se pueden extraer por completo.

En configuración de cinco plazas, el maletero consigue unos pobres 485 litros -medidos hasta la ventanilla-, mientras que, con las siete, atrás sólo hay unos ridículos 89 litros. El acceso a la zona de carga es incómodo, ya que el borde está bastante alto. Se echa de menos que en el Orlando no se pueda utilizar accesorio alguno para evitar que el equipaje pueda colarse en el área destinada a los pasajeros. Tampoco hay muchos sitios para introducir objetos menudos, ni en la segunda, ni en la tercera fila de asientos. En el maletero hay una trampilla que da acceso a un hueco en el que llevar los triángulos obligatorios y alguna cosa más. No hay rueda de repuesto, sino un kit reparapinchazos, guardado en uno de los laterales.

Cómodo y de consumo limitado

Al volante del Orlando, todo es comodidad. Los mandos están perfectamente a mano y la calidad y los ajustes de los elementos, sin ser excepcionales, se encuentran en un acertado término medio. Los asientos delanteros son confortables, aunque tras varios cientos de kilómetros conduciendo se echa de menos un mayor ajuste lateral. En ciudad hay que ir con precaución, dadas las dimensiones del coche, lo que obliga a elevar la banqueta, mediante una palanca, para tener una mejor visibilidad. Hay varios huecos para portar objetos, entre los que destaca uno muy original que se encuentra detrás del equipo de audio. Para acceder a él hay que empujar hacia arriba una pequeña pieza de plástico, lo que hace que la consola pivote y dé acceso a una zona ideal para dejar la cartera o el teléfono móvil. Aquí se encuentran dos entradas auxiliares del sistema de sonido, una tipo USB y otra, minijack.

Una vez arrancado, el motor turbodiésel de 163 CV -el mismo que monta el Opel Insignia, entre otros-, es una delicia a bajas revoluciones, donde siempre dispone de fuerza, y su funcionamiento es suave y hasta cierto punto, silencioso. La caja de cambios automática, de seis velocidades, actúa perfectamente para circular sin esfuerzo alguno, ya que los engranajes se hacen siempre de manera precisa. Dicha transmisión no es un prodigio en cuanto a rapidez y posibilidad de llegar a regímenes altos, comportamientos deportivos a todas luces fuera de lugar en un vehículo familiar como el Orlando.

Al salir de la ciudad, este propulsor 2.0 resulta más que suficiente para viajar con soltura, sin renunciar a realizar adelantamientos de manera ágil. El cambio actúa perfectamente y permite unos consumos en carretera, reales, de unos 7,5 litros. No está nada mal en un monovolumen tan grande, pesado y aerodinámicamente limitado. La suspensión es algo dura y seca, lo que supone una cierta incomodidad para los ocupantes cuando se circula sobre firmes mal asfaltados, aunque aporta la ventaja de sujetar bastante el balanceo de la carrocería en curvas.

Si todavía tienes dudas sobre qué coche comprar, haz un hueco al Orlando entre tus opciones. Posiblemente no sea el mejor monovolumen de siete plazas del mercado en cuanto a materiales empleados y sofisticaciones tecnológicas, como te he explicado antes. Ahora bien, si quieres ir a lo práctico, gastar lo justo y disponer de una buena mecánica, este Chevrolet puede ser todo un acierto. Y recuerda que cuenta con tres años de garantía o 100.000 kilómetros.

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