Bugatti Veyron / Koenigsegg CCX

22 Julio, 2008, modificada el 24 Enero, 2011 por

Coja los 1.807 caballos del Koenigsegg CCX y del Bugatti Veyron, un tramo del desierto árabe de asfalto y a nuestro avezado piloto de pruebas. Luego, póngase cómodo, ya que la batalla de los superdeportivos acaba de comenzar.

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Más información en hoyMotor16, número 1293


¿Cómo se pueden comparar los mejores superdeportivos del mundo? Pues muy sencillo: haciéndolo bien. Te los llevas a la mejor carretera que puedas imaginar, les das el tiempo y el espacio necesarios para alcanzar velocidad, haces que la policía cierre la carretera para evitar problemas y esperas a que aparezca Stig, el probador del programa de la TV británica Top Gear, cuya identidad se mantiene en secreto.


Y, por supuesto, apareció. No parecía que le afectasen mucho los 45 grados de temperatura ambiente y avanzó por el desierto desde Ayn al-Faydah hacia la falda de la montaña Jebel Hafeet. Esta montaña de 1.220 metros es uno de los lugares más espectaculares del Golfo Arábigo. Se eleva por encima de la ciudad de Al Ain, que se encuentra dos horas al este de Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos.


El vuelo número 8 de Etihad aterrizó puntualmente a las 7,20 horas, después de un trayecto de 4.800 kilómetros desde Francfurt. Cuando los pasajeros bajaron del avión y se dirigieron a la sala de llegadas del aeropuerto de Abu Dhabi, ninguno se imaginaba lo que contenía la bodega de su Airbus A340… Nada menos que un reluciente Koenigsegg CCX rojo. Un superdeportivo sueco de 575.000 euros. La compañía tuvo la amabilidad de trasladarlo para nosotros porque ninguno de lo cuatro Koenigsegg del Golfo estaba disponible. Poco después, su motor ya estaba rugiendo fuera del aeropuerto, de camino a Al Ain para encontrarse con el superdeportivo por excelencia de Oriente Medio – y de cualquier parte del mundo – el Bugatti Veyron.


Dejando a un lado el americano Shelby SSC Ultimate Aero, cuya producción todavía no ha empezado, el Veyron y el CCX son los coches más rápidos del mundo. Koenigsegg afirma haber corrido con un CCX-R a 419 km/h en pruebas privadas, mientras que la velocidad punta oficial del Veyron, el superdeportivo de 1,1 millones de euros, es de 407 km/h. El Koenigsegg ‘sólo’ tiene 806 CV comparados con los 1001 CV del Veyron, pero eso no es nada, teniendo en cuenta que el bólido sueco es considerablemente más ligero, 1.473 kg contra 1.888 kg, y también se desliza mejor. El Koenigsegg no le tiene miedo a su rival alemán.


Primero hablaré del Veyron. Seguramente ya hayan leído algo sobre él o lo hayan visto por la tele corriendo por Europa y ganándole a los cazas Eurofighters. Pero nada de eso puede prepararles para el shock que produce la aceleración cuando se pisa el pedal derecho y se liberan cerca de 1.000 CV y 1.246 Nm de par motor. Alcanza los 160,9 km/h en 5,5 segundos y pasa de 0 a 241,3 km/h en 9,8 segundos. Más o menos el mismo tiempo que tarda un Lexus IS-F en llegar a los 160,9 km/h. Es una auténtica locura. El Bugatti es increíblemente rápido, y despliega su furia en un gigantesco empuje turbo. Su motor de 16 cilindros en W con ocho litros de cilindrada tiene un impresionante rendimiento sin necesidad de utilizar los cuatro turbos. Sin embargo, los tiene. Es genial.


Deslizándose por la carretera de Jebel Hafeet, avanzando gracias a la extremadamente rápida y efectiva caja de cambios secuencial, no tuve ninguna duda de que este coche tiene mucho más que un buen rugido. Su chasis de tracción a las cuatro ruedas le dota de un agarre descomunal en las curvas, aunque la luz del control de estabilidad comienza a parpadear instantáneamente en el caso de que se vaya demasiado rápido. Pero aún más impresionante es la forma en la que cambia de dirección. Se puede sentir bastante bien lo que hacen los neumáticos y te da una abrumadora sensación de ‘fortaleza’, una solidez derivada de miles de horas de pruebas de maestros de la ingeniería en las que el dinero no supone un problema. El volante parece un poco muerto, al estilo Mercedes, pero el peso está bien. El Veyron es maravillosamente silencioso y sofisticado. Se nota el motor, pero en ningún caso es ruidoso ni molesto. Se podrían recorrer cientos de kilómetros y seguiríamos sintiéndonos cómodos.


Koenigsegg: coche de carerras

El Koenigsegg es un ejemplar totalmente distinto y en pocos segundos comprendí por qué tantos propietarios de un Koenigsegg también tienen un Veyron. Es la combinación perfecta. El Veyron lo puedes utilizar para todo y en el Koenigsegg eres un piloto de carreras.


Es una máquina sueca, dura, agresiva, ruidosa hasta el punto de poder dañarte el oído cuando sube de revoluciones. Su implacable naturaleza es la de un coche de carreras. He mencionado que es ruidoso, ¿verdad? Lo es y mucho. ¿Pero por qué no iba a serlo? Es un superdeportivo, no un carrito de la compra, y su motor V8 con doble compresor volumétrico y 4,7 litros de cilindrada no suena precisamente mal. Suena maravillosamente bien, sin el bramido sobrecargado que suelen desprender estos motores. Sencillamente, es un grito al estilo V8.


Si presionas el pie violentamente sobre el acelerador, el coche sale disparado en un instante, ¡bang! Si haces eso mismo en el Veyron, el ordenador del coche lo procesará rápidamente, los turbos liberan su potencia y pasas a una nueva dimensión. Todo ese proceso no lleva nada de tiempo, pero lo notas, y el pedal del acelerador es algo torpe. Por el contrario, el pedal del acelerador del Koenigsegg es delicado y exacto y se puede ajustar a los más mínimos niveles si lo necesitas. Es el coche de un conductor nato.


Pero lo que impresiona aún más es lo que hace. Es mágico. Me topé con algunas secciones con bastantes baches en la falda de la montaña, y el coche sueco se deslizó con facilidad por encima de ellos. Es muy cómodo. Es una máquina de diseño que me sorprendió muchísimo.


Y, sobre todo, es asombrosamente rápido. El motor hace un ruido ridículo… si tenemos en cuenta la increíble velocidad a la que se mueve. Una prueba reciente de 0-300 km/h realizada por una revista alemana calculó que el tiempo que tardaba el CCX en alcanzar esa velocidad era de 29,2 segundos. Ningún Veyron estaba presente. Recuerden que Bugatti no se presta a ese tipo de pruebas, así que el siguiente coche más rápido fue el McLaren SLR 722. Él y el Koenigsegg estuvieron muy igualados en el tiempo de 0 a 200 km/h, pero entonces, entre los 200 y los 300 km/h, la fiera sueca fue 6,5 segundos más rápido que su rival. Una diferencia que lo dice todo sobre el fantástico rendimiento del coche.


Puede que siga sin ser tan rápido como el Veyron, pero seguro que no anda lejos. Aunque más importante que la velocidad es lo que se siente al conducir el CCX. Tiene una dirección bien compensada, un toque extremadamente ligero y exacto con el chasis al pasar por las curvas y su conducción es mágica. Es una fantástica obra de arte que no deberíamos subestimar.


¿Y cuál de los dos gana en el cara a cara? Definitivamente, el Veyron, porque probablemente sea la mayor obra de ingeniería de la historia del automóvil. Sí, gasta mucho, y no es respetuoso con el medioambiente, pero es rápido y combina su gran velocidad con un lujoso interior y un ambiente interior tranquilo y silencioso cuando no tienes prisa. Si por casualidad ven pasar un Koenigsegg cuando estén en su Bugatti, sabrán que su conductor se está divirtiendo más y está viviendo una experiencia más emocionante, pero les dará igual. Porque si quisieran, también podrían tenerlo. El Veyron es el mejor. Y probablemente siempre sea así.

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