BMW Z4 Roadster sDrive35i DKG

15 Junio, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

En hoyMotor nos subimos al tope de gama del nuevo Z4. Un conjunto redondo de diseño mejorado con líneas curvas y suaves, pero que mantiene la imagen agresiva de morro infinito y posición de conducción retrasada. ¡Conócelo al detalle!

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Desde su llegada hace 6 años -aproximadamente- para sustituir al Z3, heredero directo del mítico BMW Z1, el Z4 ha consolidado la posición de la firma bávara en el segmento de los roadster prestacionales. Su antecesor llegó de la forma más continuista y purista posible -con capota de lona, cuando ya muchos incorporaban techo escamoteable, y manteniendo el concepto de los primeros representantes de la hélice con esta carrocería-.


Ahora la marca alemana ha decidido apostar por la renovación, prueba de ello es que la versión cabrio del Serie 3 es de techo rígido. Y como el nuevo BMW Z4 no podía ser menos, también llega con imagen coupé cabrio -matando dos pájaros de un tiro y acabando con la versión coupé-, pero mantiene el apellido Roadster. Entre sus rivales, los ya conocidos Audi TT Roadster, Honda S2000, Mercedes-Benz SLK y el Porsche Boxster, además del inminente Nissan 370Z Roadster.


En hoyMotor nos subimos al tope de gama que comparte motor con sus hermanos de las Series 1 y 3, y el X6. Un conjunto redondo de diseño mejorado con líneas curvas y suaves -sobre todo en la zaga-, pero que mantiene la imagen agresiva de morro infinito y posición de conducción retrasada. ¡Conócelo al detalle!

Interior

La verdad es que entrar y salir del nuevo BMW Z4 es un ejercicio de flexibilidad por la escasa distancia que le separa del suelo. De todas formas el techo se esconde -y vuelve a cubrir sus 2 plazas– en tan sólo 20 segundos, si mantenemos el botón de apertura de la llave apretado -por supuesto, esta operación se puede realizar desde el interior-, lo que nos facilita bastante el acceso. 


La terminación Pure White -un extra- de nuestra unidad nos da la bienvenida para sentarnos en unos asientos deportivos de napa y alcántara con reposacabezas integrados -que sujetan muy bien y evitan un calentamiento excesivo mediante un tratamiento opcional, al igual que este tipo de butacas-. Los mismos materiales presentan los guarnecidos de las puertas y el salpicadero -que se combinan con detalles en madera Fineline, también en el túnel de la transmisión-.


Tan espacioso como lujoso, el nuevo Z4 crece en batalla –2.496 mm-, longitud y anchura –4.239 mm y 1.790 respectivamente, y 1.291 mm de alto-. La calidad de los materiales y sus ajustes sólo se pueden definir como perfectos.


El maletero cubica 310 litros de capacidad en carrocería coupé -muy aprovechables- y 180, si optamos por disfrutar de la conducción a cielo abierto. Además, tras los asientos y bajo el reposabrazos central encontramos pequeños huecos portaobjetos perfectos para la cartera y otros habitantes cotidianos de nuestros bolsillos.


Elementos como los faros bixenón, el freno de mano electromecánico, EfficientDynamics -incluye neumáticos run-flat con sensores de presión e  indicador de cambio de marcha en el salpicadero-, los 4 airbags -los laterales son de cabeza y tórax-, los arcos antivuelco -entre los que opcionalmente se puede poner un cortavientos-, el radioCD reproductor de MP3, el volante de cuero multifunción y el climatizador bizona, entre otros, vienen de serie por los 51.800 euros que hay que pagar por el acabado más “humilde” del 35i.


La factura de nuestro protagonista, con una lista interminable de extras que añadir a los ya mencionados -entre los que destacan los sensores de luz y lluvia, el control de velocidad, navegador, cargador de 6 DVD’s, bluetooth y cambio de doble embrague de 7 velocidades-, asciende a 74.054 €.

Comportamiento y Prestaciones

El motor que anima al BMW Z4 Roadster sDrive35i es el archiconocido y premiado 6 cilindros en línea con dos turbos -uno para cada tres- y 3 litros de cilindrada que rinde 306 CV a 5.800 rpm.


Así este deportivo de propulsión acelera hasta los 100 km/h en 5,1 segundos y alcanza su velocidad punta a los 250 km/h. Estas prestaciones se benefician de la inmediatez en la inserción de las 7 velocidades del cambio de doble embrague DKG -que hace de nuestros deseos órdenes, al igual que todas las transmisiones de este tipo que han pasado por nuestras manos-, y de los 400 Nm disponibles entre las 1.300 y las 5.000 rpm.


Para completar la deportividad esperada en todo BMW, el sonido no puede ser más redondo. Presente desde el arranque, mantiene su gravedad en todo el margen de utilización -aunque se percibe más ronco en la parte baja del tacómetro de las revoluciones-, incitando constantemente debido a las reducciones instantáneas y los dobles embragues que realzan la acústica mecánica.


Los consumos de este misil descapotable no son tan irracionales, y menos en esta versión secuencial con opción automática, que anuncia un gasto más ajustado frente a su versión manual. 9 litros en ciclo mixto -9,4 el manual-, 6,9 en carretera -7 para la transmisión de 6 relaciones- y 12,6 en ciudad -13,5 litros con cambio manual-, todos a los 100 km.


Aunque si algo destaca en el nuevo Z4 es la polivalencia, por su carrocería convertible y por su comportamiento configurable. Este roadster coupé cabrio ofrece en la versión que nos ocupa el sistema Driving Dynamics, ya visto en el M6 y el 750 Li, que permite elegir entre los modos de uso normal, sport y sport+ -variando la respuesta del acelerador, el cambio, la dirección, la suspensión adaptativa que viene en opción junto con el chasis M Sport, y la intromisión del control de estabilidad DSC-.


La última opción –sport+– es sólo para los más hábiles y situaciones muy concretas, ya que desconecta los controles y la trasera se vuelve nerviosa, sobre todo en las marchas más cortas exigiendo manos al conductor.


La dirección es todo lo exacta que debe, en parte por su dureza cuando buscamos los límites y elegimos cualquiera de los programas sport, y se completa con unas levas muy cómodas para su utilización en zonas viradas.


En posición normal es confortable y permite pasear tranquilamente entre el tráfico, además de maniobrar con facilidad -como vamos sentados sobre el eje trasero y nos precede semejante capó, la sensación es de que las ruedas traseras giran realmente-. A esto se une una transmisión perfecta que en modo automático regala transiciones suaves y progresivas.


Por todo esto el BMW Z4 Roadster sDrive35i es el capricho perfecto para los amantes de la perfección, o para los más indecisos, ¿coupé o cabrio? Tan confortable como efectivo, depende de la pericia de su conductor. Es todo lo racional que puede ser un modelo de un segmento tan pasional, y en esta última entrega encima mejora.

Destacable

– Motor y cambio DKG.
– Comportamiento y prestaciones adictivos.
– Imagen proporcionada con y sin techo.

Mejorable

– Precio elevado.
– Equipamiento de serie justo.
– El cortavientos es opcional y se quita manualmente.

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